Rodrigo Zuñiga: “Rebajar o suspender la libertad de expresión sería desastroso”

Filosofía

1. ¿Puede verse el atentado a Charlie Hebdo como un enfrentamiento entre “terrorismo islámico” y “libertad de expresión”? ¿Debe ser ilimitado el derecho de la libertad de expresión, si supone ofender a personas por su ideología creencia y etnicidad?

Caeríamos en un grueso error si alentamos la tesis del enfrentamiento intercultural. Sería la victoria definitiva de la doctrina Bush-Rumsfeld y de sus actuales adláteres, los Netanyahu, los Le Pen, que ya se están frotando las manos. Tengo esperanza de que el gobierno de Hollande, pero sobre todo los intelectuales, los líderes de opinión y los medios de comunicación de izquierda, buscarán la manera de evitar caer en reduccionismos y polarizaciones peligrosas. Es importante en este sentido lo que va a ocurrir en las próximas horas. El manejo discursivo de Hollande está en la mira. En lo personal, me niego a denominar “islámicos” a un grupo de criminales inmisericordes. Las comunidades musulmanas, afortunadamente, se están haciendo oír también con fuerza en este mismo sentido.

El derecho a la libertad de expresión, a mi juicio, DEBE ser ilimitado. Si tu insinuación apunta a la necesidad de la auto-inhibición, mi respuesta sería “No”. Por supuesto, siempre es necesario ejercer esas libertades con la mayor responsabilidad. Si acaso alguien se siente ofendido por alguna razón, dispondrá del expediente de la réplica, del rechazo, del disenso, del debate de ideas, incluso de la interpelación directa por el hecho de sentirse pasado a llevar. Lo terrible sería presuponer, a la luz de la premisa planteada, que los caricaturistas de Charlie Hebdo han sobrepasado los límites de manera irresponsable y que precipitaron su propia muerte. He escuchado algunas voces en esa línea y considero esa lectura no sólo cobarde y ramplona, sino de una indignidad intelectual que me provoca espanto. El género satírico siempre se ha movido en caudales peligrosos, susceptibles de provocar esta clase de reacciones homicidas, ¡pero no podemos culpar a los acribillados de haber sido acribillados! Ningún profesante del Islam echaría mano a ningún argumento deletéreo para justificar una matanza. Por eso, este caso no puede ser reducido al problema religioso o a un supuesto irrespeto heterodoxo; sería inaceptable. Nuestra responsabilidad es no caer en el fraude de la mala consciencia.

2. Es inevitable repudiar un asesinato masivo a sangre fría a periodistas. Pero la violencia del grupo islámico ¿no invita a pensar la violencia discursiva ejercida desde los medios y la violencia estructural presente en las sociedades occidentales? 

Por supuesto, pero debemos distinguir los planos del análisis. Comparto el concepto de que la violencia incita a la violencia. Pero aún vivimos en un mundo en que el humor gráfico, por corrosivo que resulte, incluso por ignominioso que pueda ser para algunas sensibilidades, no es equiparable a una matanza planificada a sangre fría. ¡Ése es el mundo que quieren imponernos quienes atentaron contra Charlie Hebdo! Para ellos, un dibujo es un disparo directo al cuerpo.

Por otro lado, se hace urgente distinguir y precisar qué entenderemos por violencia estructural. Charlie Hebdo es un ejercicio de libertad contextualizada que se sitúa en las antípodas del imperialismo militar de Occidente y de todas las formas de intolerancia. Decir otra cosa es simplemente desconocer lo que han hecho sus caricaturistas durante décadas. Charb, Cabu, Wolinski no eran agitadores neocoloniales, sino humoristas libertarios. De ahí mi insistencia: me niego a la trampa neocolonial de presuponer que pagaron con sangre la “culpa” de haber ofendido a una religión. Esta trampa neocolonial abunda en algunos planteamientos bienpensantes que suponen que el Islam es sinónimo de fanáticos descerebrados. ¿No se dan cuenta de hasta qué punto ésta sola premisa resulta ofensiva para un universo cultural de una riqueza incomparable y llena de matices? Las personas asesinadas, especialmente los artistas que fueron el blanco directo de este ataque, no murieron por ofender al Islam; fueron víctimas de fanáticos desalmados que quieren hacer del Islam algo que evidentemente no es, no ha sido ni será jamás.  

3.  Hay ateos militantes identificados con las víctimas (“todos somos Charlie”). Hay religiosos no islámicos que descargan su ira contra el mundo musulmán y olvidan la intolerancia de sus propias iglesias. El atentado a Charlie Hebdo se produjo en un marco de creciente intolerancia social, religiosa y cultural. ¿Qué estrategias y agentes se deben considerar para descomprimir el escenario de tensiones que origina este tipo de atentados? ¿Qué secuelas imagina en una Europa en crisis?

Al momento de responderte esta pregunta estamos viendo algunos signos desalentadores, como el ataque a mezquitas o a barrios de musulmanes. Hasta ahora han sido casos puntuales y tengo la esperanza de que la reacción del pueblo francés, a diferencia de lo sucedido en Norteamérica en los oscuros tiempos de Bush, se encauzará a medida que transcurran los días. En estas horas las señales del gobierno de Hollande y de la Comunidad Europea serán cruciales. Uno quisiera que los medios y los comunicadores fueran muy responsables en el ejercicio de la palabra y en la elaboración discursiva, a fin de rebatir anticipadamente cualquier esfuerzo desatado que apunte a criminalizar la inmigración, al control fronterizo y al ejercicio policial bajo estados de excepción.

Sobre todo, el riesgo cierto es que el Frente Nacional y las fuerzas de extrema derecha irradien más aún por Europa. Por cierto, no hay una receta magistral para evitar estos riesgos mayúsculos. Un desenlace por esta vía sería desastroso. En mi opinión, hablando desde una posición laica y atea, es menester no caer en el amedrentamiento de tener que rebajar o suspender las condiciones de la libertad de expresión. Fue lo que sucedió en Estados Unidos y ya vimos los resultados. Es la vocación democrática lo que debe reforzarse en estos momentos y eso pasa, también, por resistirse a las voces agoreras que claman una guerra intercultural de baja intensidad. De ahí mi premisa: este no fue un ataque perpetrado “por el Islam” por ofensas “contra el Islam”. Somos los miembros de la sociedad civil en su conjunto, formada por ateos, musulmanes, católicos y miembros de toda clase de comunidades, los que debemos defender irrestrictamente el derecho a la opinión y al debate. Para mí eso pasa por profundizar los valores del laicismo; para otros, pasará seguramente por profundizar en la fe y el respeto; para todos, en cualquier caso, pasará por reivindicar el derecho a expresar opiniones de cualquier tipo sin necesidad de poner en riesgo la vida personal.

Rodrigo Zúñiga (Santiago, 1974), es filósofo, académico y profesor investigador del Doctorado en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte, del Magíster en Artes Visuales, del Magíster en Teoría e Historia del Arte y del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Ha sido profesor visitante en la Universidad de Caldas, Colombia, y en la Universidad Paris VIII. Autor, entre otros libros, de La demarcación de los cuerpos. Tres textos sobre arte y biopolítica (Metales Pesados, 2007) y La extensión fotográfica. Ensayos sobre el triunfo de lo fotográfico (Metales Pesados, 2013).

Fuente: Factor 302.4

Imagen principal: Pascale Taurua, Je suis CHARLIE

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