Mauricio Rojas / El leve deslizamiento de palabras, la transparencia del desastre

Filosofía, Literatura

Así esta tarde que consideras similar a una tarde del fin del mundo más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida en la memoria: el espejo de la Naturaleza. Bolaño, Lluvia.

El relato de Bolaño Últimos atardeceres en la tierra, de su libro Putas asesinas de 2001, presenta en su forma narrativa el dispositivo perceptivo elaborado entre el lenguaje, la relación y el conocimiento. El relato indaga en su viaje, sobre las condiciones del conocimiento desde la poesía, la narrativa y la afección existencial; la percepción y su vaciamiento de sentido. Ahí emerge su estructura, lo no sensible de lo sensible. En el texto vemos como la construcción de una escritura conlleva la puesta en evidencia de las condiciones de la relación que es el elemento constitutivo de la cognición. En esa instancia la inminencia, el viaje, las imágenes, los signos que sostienen el relato se vinculan generando una plasticidad estructural en cuyo centro, un ánimo meláncolico, registra la mirada que se sostiene en el lenguaje narrativo, en el que emerge la relación como mediación que constituye el tiempo del conocer que afecta a la consciencia. De este modo, el análisis es un seguimiento delimitado por la puesta en evidencia de esta relación entre escritura y conocimiento, de los aspectos que la entrelazan. La escritura demarca esos pasos. De ahí que, nociones pensadas en el imaginario literario de Bolaño surgen como desplazamiento de una perspectiva que se intensifica como distancia crítica de la sensibilidad que, acompaña el conocer y lo expone a sus bordes con imágenes que anuncian el desastre o nos previenen de lo que no se puede contar. El desastre es entendido como aquello que no entra en el relato de la consciencia narrativa, pero configura sus bordes como el pliegue de la relación consigo misma. Esto se da en la figura de B, el signo que recorre y es recorrido por un movimiento en estado de extrañamiento.

Alejandra Bottinelli / La palabra viva de los jóvenes de Gaza

Literatura, Política

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! […]

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Cesar Vallejo, Los heraldos negros

Hay palabras que son aviso: una sonrisa se está perdiendo para siempre y cae a nuestros pies: ¡tómenla, cuídenla, no la dejen morir!

Hay palabras que son como sombras que se quedan rondando nuestras cotidianeidades, como dobles de lo que somos en nuestros días de todos los días, y nos encuentran cuando, como al hombre del poema de Vallejo, alguien nos llama con una palmada por sobre el hombro y nos volteamos a ver nuestra mirada buscando otra mirada. Palabras sombras de las nuestras, que hacen figura con nosotros, que no nos dejan y se quedan a vivir junto a nosotros.

Hay palabras que son conjuro, de la estirpe de esas capaces de reunir a los astros y volverlos al tiempo, son palabras de fe, esto es, palabras-confianza, fidelidad, lealtad. Palabras fuertes que reposan en la promesa de seguir siendo, de permanecer a tu lado, de no soltarte, de no dejarte a ti misma, a ti mismo; palabras-confianza: la promesa misma que te constituye.

Paola Caridi / Cómo escribir en tiempos de genocidio

Filosofía, Literatura, Política

El corazón alrededor del cual nos atormentamos habla una lengua ya atravesada a lo largo de la edad contemporánea. Cómo escribir en tiempos de genocidio, del genocidio de Gaza. Es una pregunta que excava en lo profundo. En el caso de quien, palestina, mira Gaza desde fuera de Gaza, dentro de Palestina y en la diáspora, porque es espectadora y, al mismo tiempo, víctima. Víctima histórica y cotidiana, porque el genocidio va más allá de Gaza: es el exterminio intentado y buscado de Palestina y de los palestinos. En mi caso, la pregunta es: ¿cómo escribir si eres espectadora y, además y por si fuera poco, estás del lado de los culpables, responsables, verdugos? Y sobre todo, nos recuerda Adania Shibli en su lectio de 2026 de la Cátedra Virginia Woolf de la Universidad para Extranjeros de Siena, ¿cómo escuchar las voces que ya no están, borradas por los verdugos? ¿Cómo podemos arreglárnoslas sin las palabras de los 263 periodistas asesinados en Gaza por Israel, y junto a ellos sin los poetas, las poetisas, los artistas, las artistas, los docentes, las maestras, las profesoras? ¿Cómo escuchar sus voces en la Aradhi Muwat, la «tierra muerta» incluida en la legislación agraria otomana, tierra considerada muerta porque no se oye voz humana por muy extensa que sea y por no estar habitada ni cultivada?

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Sobre de una deriva ficticia de la literatura latinoamericana

Filosofía, Literatura

Una deriva. Solamente una. Podrían haber muchas. De hecho, las hay: existe una multiplicidad de derivas, reales y potenciales, ignoradas o al borde de quedar expuestas, cada cual con su significación y sus acentos, cada cual recalcando los lamentos de sus caídas o esmerándose en tejer las proyecciones de sus deseos. Hablamos de una deriva, entre muchas otras, sufrida por la literatura latinoamericana.

En efecto, la deriva que abordaremos ostenta un carácter interpretativo, o mejor dicho, doblemente interpretativo. Se trata de una interpretación donde lo interpretado ya constituye, a nivel esencial, una interpretación: la ficción es interpretación que, dichosamente, se ha desprendido de su principio de realidad y de la jactancia enunciativa de la verdad, de una sola verdad. Pero, paradójicamente, en la desenvoltura de tal ficción siempre termina por revelarse la máxima verdad. No la deslavada verdad de los hechos, sino aquella que acompaña e impulsa a vivir a cada ser humano: el deseo de la felicidad, la cual, cargada de angustias, se plasma en imaginación.

Miguel Valderrama / Sobre la extrañeza de no seguir siendo chino. Una modesta proposición

Filosofía, Literatura, Política

¿Cómo hacer justicia a Huidobro y la literalidad, de Zeto Bórquez? Cómo leer sin detenerse no en la letra, no en el texto, si no en el acto mismo de la lectura en tanto técnica, en tanto tecnogénesis que da lugar a una existencia, a una criptogénesis que aún no hemos terminado de aprehender y que, sin embargo, parece ya algo del pasado, propio de una existencia técnica devenida ruina, testimonio mudo de una obsolescencia maquinal. Pues, en efecto, si tomamos en serio la tesis historiográfica del libro que aquí presentamos, si tomamos en serio la doble sesión o la doble ilustración que esa tesis promete, Huidobro y la literalidad es un libro cuyo “horizonte” de inscripción no es otro que aquel que Pier Paolo Pasolini identificó en los años cincuenta del siglo pasado con la tesis de una “mutación antropológica” y el advenimiento de un “mundo posthistórico”. Por supuesto, esta tesis es modulada en el libro a partir de otras referencias teóricas, a través de un ingenio archival que se organiza casi exclusivamente alrededor de los nombres propios de Vicente Huidobro y Gilbert Simondon. Nombres que en una primera aproximación parecerían remitir a la literatura y la filosofía, a una literatura que por mediación de la firma del poeta buscaría poner en juego la propia vida expuesta en tanto creación, así como encontraría en la filosofía el precipitado de una elaboración paciente derivada de una interrogación detenida en torno a aquello que habitualmente suele identificarse con la vida, la invención y la existencia. Nombres que en el retardo de una aproximación que en su misma demora pareciera perder a la literatura y la filosofía, conjugarían un tiempo en donde la lectura sería desplazada por la cuestión del objeto literario, por el modo de existencia que ese objeto literario reclama para sí en tanto creación o invención.

Aldo Bombardiere Castro / Getzsheim

Literatura

No imaginé que sería así. Mis vacaciones no tendrían por qué haber sido así.

El mar se ondeaba calmo y silencioso, desplazándose como un racimo de nubes al atardecer. La ausencia de autos y edificaciones daba lugar a una soledad irrefutable, la cual, sin embargo, parecía inmediatamente colmada por un magnetismo espectral. Las aves dibujaban su silenciosa aureola en el tapiz del cielo y, mientras caminaba por el borde costero, mis pies yacían acariciados por el terciopelo arenoso. Me hallaba a kilómetros de la zona de casinos y resort que, desde hace años, no deja de proliferar. Yo quería conocer el mundo.