Javier Agüero Águila / Polvo

Filosofía

Escribe Leonard Cohen en el poema “Lot” aparecido en el libro Flores para Hitler (1964):

“Devuélveme mi lista de la infancia,

le susurré al polvo cuando se terminó el sendero”

Y entonces todas las preguntas posibles y las que no llegarán nunca –mas no por esto imposibles– Primero ¿cuál es esa lista de la infancia? ¿Se está refiriendo aquí, Cohen, a toda la batería de recuerdos que resguardó de su natal Westmount y en donde descubrió, por primera vez y en la guitarra de un tocador de flamenco callejero, que su destino era la poesía y la música? ¿O bien se trata de lo que no pudo retener? ¿De todo aquello que se evaporó en la rapsodia de una vida por venir repleta de (sin)sentidos, de literatura, de excesos y depresiones?

Mauro Salazar J. / Santiago trizado. Modernización tanática y ciudad sin voz

Filosofía, Política

La ciudad se ha enamorado de rufianes. Roberto Arlt

Santiago no expulsa de cualquier manera: reordena el «exilio interno» que inviste la ciudad gestional-operativa con imágenes capaces de tornar aceptable la administración del daño que producen sus dispositivos. Lo que fue «casa parronal» pasó a ser departamento estudio o loft. Antes, mucho antes, la barrialidad del siglo XX hizo de la vecindad un pliegue de reconocimiento; hoy, devenida estética compulsiva de extracción de información, convierte esos cuerpos, nombres y trayectorias en materia de una datología que organiza la visualidad misma de la modernización.  Pero toda visualidad del progreso deja fuera de campo aquello que desplaza.

Ya nadie sube a un tren con maletas aunque el destierro ocurra, cotidiano y administrado con boleta digital; la revuelta de 2019 fue la suspensión del Santiago henchido en conexiones. Fue el desplome del último pliegue imaginal (neoliberal) que se contaba a sí misma como modelo (fort export) y que desde entonces sobrevive como escenografía de su propia clausura; se llama «exilio interior» a esta forma de irse sin partir, y conviene tomarlo sin dulzura, porque no designa un duelo sino una operación de silencios: algo es quitado de su sitio mientras el cuerpo permanece en él, y ahora esa operación se cumple. Además, en una ciudad de plataformas, sin escena ni aduana visible, de modo que este texto recorre, capa por capa, cómo se fabrica un destierro sin fronteras. El Santiago operario, empapado de servicios modernizantes, termino por develar que la noche administrativa nunca consigue ser total.

Dionisio Espejo / I. El recinto de la violencia. La Isla, el castillo, o como el sueño se ha convertido en pesadilla

Filosofía, Política

Este texto explora la persistencia de un arquetipo espacial en las representaciones modernas de la violencia: se trata del recinto cerrado —castillo, isla, mansión, jardín— como condición material para la suspensión de la ley y la transformación del cuerpo en objeto de poder. A través de un recorrido que va desde Sade hasta Pasolini, pasando por Schreker y Kubrick, y que culmina en el caso Epstein, se sostiene que la violencia absoluta no comienza con la maldad de un individuo, sino con la construcción de un espacio de excepción donde el miedo se convierte en deseo y el deseo en ley. La ópera moderna —especialmente Los estigmatizados de Schreker y Bomarzo de Ginastera— revela cómo el arte puede convertirse en coartada de la barbarie, pero también en herramienta de resistencia, al mostrar el mecanismo del poder y volverlo visible. La tesis central es que el recinto no es una metáfora, sino una condición material del poder soberano: un lugar donde la ley se suspende, los cuerpos se cosifican y la violencia se organiza como espectáculo, desde el castillo de Silling hasta la isla de Epstein y la finca de Mar-a-Lago.

Mauricio Rojas / El leve deslizamiento de palabras, la transparencia del desastre

Filosofía, Literatura

Así esta tarde que consideras similar a una tarde del fin del mundo más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida en la memoria: el espejo de la Naturaleza. Bolaño, Lluvia.

El relato de Bolaño Últimos atardeceres en la tierra, de su libro Putas asesinas de 2001, presenta en su forma narrativa el dispositivo perceptivo elaborado entre el lenguaje, la relación y el conocimiento. El relato indaga en su viaje, sobre las condiciones del conocimiento desde la poesía, la narrativa y la afección existencial; la percepción y su vaciamiento de sentido. Ahí emerge su estructura, lo no sensible de lo sensible. En el texto vemos como la construcción de una escritura conlleva la puesta en evidencia de las condiciones de la relación que es el elemento constitutivo de la cognición. En esa instancia la inminencia, el viaje, las imágenes, los signos que sostienen el relato se vinculan generando una plasticidad estructural en cuyo centro, un ánimo meláncolico, registra la mirada que se sostiene en el lenguaje narrativo, en el que emerge la relación como mediación que constituye el tiempo del conocer que afecta a la consciencia. De este modo, el análisis es un seguimiento delimitado por la puesta en evidencia de esta relación entre escritura y conocimiento, de los aspectos que la entrelazan. La escritura demarca esos pasos. De ahí que, nociones pensadas en el imaginario literario de Bolaño surgen como desplazamiento de una perspectiva que se intensifica como distancia crítica de la sensibilidad que, acompaña el conocer y lo expone a sus bordes con imágenes que anuncian el desastre o nos previenen de lo que no se puede contar. El desastre es entendido como aquello que no entra en el relato de la consciencia narrativa, pero configura sus bordes como el pliegue de la relación consigo misma. Esto se da en la figura de B, el signo que recorre y es recorrido por un movimiento en estado de extrañamiento.

Paloma Castillo / Perder la memoria duele

Filosofía

Creo que pasé gran parte de mi vida preocupada por el tema de la memoria. Mi abuela tuvo arterioesclerosis y siempre tuve miedo de que mi padre terminara así sus días. Busqué durante mucho tiempo una “solución” para mi preocupación: veneno de alacrán, sangre de rana morada, pata de araña y cuanto producto mágico encontraba o alguien me recomendaba. Llegaba a su casa y él, que según mi madre solo me obedecía a mí, se los tomaba sin chistar. O eso me decía.

(¿Veneno de alacrán eso no era para el cáncer? No importa- lo llevo igual. De algo servirá)

Nunca me pregunté cómo se suponía que el veneno de un alacrán iba a sostener algo dentro de la cabeza de mi padre. Uno sabe que esas cosas no funcionan. Y sin embargo insistía, con una seriedad de procedimiento, como si el gesto de ir a buscarlo y la obediencia de él al tomárselo hicieran por sí solos el trabajo. Ahora pienso que ese era el punto. No era un tratamiento, era un rito. Yo administraba algo y él lo recibía, y mientras eso ocurriera estábamos haciendo algo.

Aldo Bombardiere Castro / Cuerpos ausentes: invocaciones y respuestas. Reflexiones en torno a “Murmullos de agonía” de Janet Toro

Arte, Estética, Filosofía

La bruma entre los espinos y entre los espinos las espinas adheridas a la tela. Crucificados y sin coronas, les niñes han dejado el zumbido de sus cuerpos colgado del ramaje. Una ventisca ha de llorar antes que la lluvia. Y cuando llueve, buscamos creer que las lágrimas de los niños coinciden con nuestras lágrimas; deseamos creer, deseamos convencernos, siempre erróneamente, que Palestina nos ha perdonado. Entonces el barro susurra a nuestro oído mudo de espinas: “no, no les he perdonado”. Y mientras lloramos, la tempestad de espinos guarda silencio por un segundo, y acto seguido agrega: “no les he perdonado porque no hay nada que perdonar: éste es mi cuerpo”. Les niñes de Gaza, mártires entre los mártires, son el hilo de sangre capaz de hilvanar la dignidad inapelable del genocidio contra el pueblo palestino con aquella infancia que persevera en la misma resistencia de todos los pueblos del mundo. Al no existir banderas ni colores, el blanco instalado por Janet Toro, evocado e invocado por Janet Toro, además de un suspiro sagrado y una señal de inocencia, hace visible el abrazo que reúne todos los colores. Nuestro murmullo del alma, aunque nunca termine por llegar a Gaza, también proviene de Gaza. Y, tal vez, algún día eterno, sea capaz de arrullar a les niñeces de Gaza.