Paul Goodman, uno de los pensadores anarquistas más radicales del siglo XX, llegó a definirse una vez como un «conservador neolítico». E Ivan Illich, que creía mantener un pie en la tradición católica y el otro en el barro de su época, decía que su ortodoxia era tan antigua y completa que resultaba revolucionaria. Esto significa que para comprender y eventualmente deshacer el tiempo histórico en que vivimos es necesario mantener un pie en la prehistoria. Esta situación en el umbral o en el límite entre dos épocas inconmensurables es exactamente lo que nuestro tiempo demuestra ser incapaz de habitar. No solo piensa en una sola dimensión, sino que ha perdido toda relación con su propio pasado, sin el cual todo acceso al presente resulta imposible. Por eso solo puede mirar hacia un futuro, que en realidad no es sino la consecuencia de un pasado del que está totalmente a oscuras y que lo mueve con sus hilos como a una marioneta. Solo quien se mantiene en pie sobre dos piernas entre el pasado y el presente puede hacer frente a ambos sin quedar determinado por ellos de manera inconsciente. Solo un conservador neolítico puede ser suficientemente revolucionario para abrir un nuevo espacio al pensamiento y a la acción.
Memoria
Giorgio Agamben / Esperanza y deseo
FilosofíaNuestra condición, en cuanto a la esperanza y el deseo, se asemeja a la de aquellos que, en la Comedia dantesca, permanecen suspendidos en el limbo y que, en palabras de Virgilio, desean sin ya esperar (sanza speme vivemo in disio). También nosotros, como los habitantes del limbo, estamos suspendidos entre deseo y esperanza: hemos perdido la esperanza en un mundo mejor y, sin embargo, seguimos vanamente deseándolo y no podemos prescindir de ello. Para salir de esta condición liminal, es necesario dirigir la esperanza no a un bien que nos falta y queremos poseer, sino a aquello que ya tenemos, al bien que está en nosotros, para que siga vivo y nos haga vivir. Y si la fe es, en palabras del apóstol, la existencia de las cosas esperadas [cf. Hebreos 11,1], éstas están presentes en nosotros y ante nosotros, y el deseo de un bien en el que creemos está siempre ya satisfecho. La esperanza en lo que tenemos es, luego, una forma especial de memoria, que no se limita a recordar un bien pasado, sino que incesantemente obra para que éste permanezca presente y vivo. Y esta inversión de la esperanza en memoria es el pensamiento, la vida de la mente.
Javier Agüero Águila / Polvo
FilosofíaEscribe Leonard Cohen en el poema “Lot” aparecido en el libro Flores para Hitler (1964):
“Devuélveme mi lista de la infancia,
le susurré al polvo cuando se terminó el sendero”
Y entonces todas las preguntas posibles y las que no llegarán nunca –mas no por esto imposibles– Primero ¿cuál es esa lista de la infancia? ¿Se está refiriendo aquí, Cohen, a toda la batería de recuerdos que resguardó de su natal Westmount y en donde descubrió, por primera vez y en la guitarra de un tocador de flamenco callejero, que su destino era la poesía y la música? ¿O bien se trata de lo que no pudo retener? ¿De todo aquello que se evaporó en la rapsodia de una vida por venir repleta de (sin)sentidos, de literatura, de excesos y depresiones?
Mauro Salazar J. / Santiago trizado. Modernización tanática y ciudad sin voz
Filosofía, PolíticaLa ciudad se ha enamorado de rufianes. Roberto Arlt
Santiago no expulsa de cualquier manera: reordena el «exilio interno» que inviste la ciudad gestional-operativa con imágenes capaces de tornar aceptable la administración del daño que producen sus dispositivos. Lo que fue «casa parronal» pasó a ser departamento estudio o loft. Antes, mucho antes, la barrialidad del siglo XX hizo de la vecindad un pliegue de reconocimiento; hoy, devenida estética compulsiva de extracción de información, convierte esos cuerpos, nombres y trayectorias en materia de una datología que organiza la visualidad misma de la modernización. Pero toda visualidad del progreso deja fuera de campo aquello que desplaza.
Ya nadie sube a un tren con maletas aunque el destierro ocurra, cotidiano y administrado con boleta digital; la revuelta de 2019 fue la suspensión del Santiago henchido en conexiones. Fue el desplome del último pliegue imaginal (neoliberal) que se contaba a sí misma como modelo (fort export) y que desde entonces sobrevive como escenografía de su propia clausura; se llama «exilio interior» a esta forma de irse sin partir, y conviene tomarlo sin dulzura, porque no designa un duelo sino una operación de silencios: algo es quitado de su sitio mientras el cuerpo permanece en él, y ahora esa operación se cumple. Además, en una ciudad de plataformas, sin escena ni aduana visible, de modo que este texto recorre, capa por capa, cómo se fabrica un destierro sin fronteras. El Santiago operario, empapado de servicios modernizantes, termino por develar que la noche administrativa nunca consigue ser total.
Dionisio Espejo / I. El recinto de la violencia. La Isla, el castillo, o como el sueño se ha convertido en pesadilla
Filosofía, PolíticaEste texto explora la persistencia de un arquetipo espacial en las representaciones modernas de la violencia: se trata del recinto cerrado —castillo, isla, mansión, jardín— como condición material para la suspensión de la ley y la transformación del cuerpo en objeto de poder. A través de un recorrido que va desde Sade hasta Pasolini, pasando por Schreker y Kubrick, y que culmina en el caso Epstein, se sostiene que la violencia absoluta no comienza con la maldad de un individuo, sino con la construcción de un espacio de excepción donde el miedo se convierte en deseo y el deseo en ley. La ópera moderna —especialmente Los estigmatizados de Schreker y Bomarzo de Ginastera— revela cómo el arte puede convertirse en coartada de la barbarie, pero también en herramienta de resistencia, al mostrar el mecanismo del poder y volverlo visible. La tesis central es que el recinto no es una metáfora, sino una condición material del poder soberano: un lugar donde la ley se suspende, los cuerpos se cosifican y la violencia se organiza como espectáculo, desde el castillo de Silling hasta la isla de Epstein y la finca de Mar-a-Lago.
Mauricio Rojas / El leve deslizamiento de palabras, la transparencia del desastre
Filosofía, LiteraturaAsí esta tarde que consideras similar a una tarde del fin del mundo más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida en la memoria: el espejo de la Naturaleza. Bolaño, Lluvia.
El relato de Bolaño Últimos atardeceres en la tierra, de su libro Putas asesinas de 2001, presenta en su forma narrativa el dispositivo perceptivo elaborado entre el lenguaje, la relación y el conocimiento. El relato indaga en su viaje, sobre las condiciones del conocimiento desde la poesía, la narrativa y la afección existencial; la percepción y su vaciamiento de sentido. Ahí emerge su estructura, lo no sensible de lo sensible. En el texto vemos como la construcción de una escritura conlleva la puesta en evidencia de las condiciones de la relación que es el elemento constitutivo de la cognición. En esa instancia la inminencia, el viaje, las imágenes, los signos que sostienen el relato se vinculan generando una plasticidad estructural en cuyo centro, un ánimo meláncolico, registra la mirada que se sostiene en el lenguaje narrativo, en el que emerge la relación como mediación que constituye el tiempo del conocer que afecta a la consciencia. De este modo, el análisis es un seguimiento delimitado por la puesta en evidencia de esta relación entre escritura y conocimiento, de los aspectos que la entrelazan. La escritura demarca esos pasos. De ahí que, nociones pensadas en el imaginario literario de Bolaño surgen como desplazamiento de una perspectiva que se intensifica como distancia crítica de la sensibilidad que, acompaña el conocer y lo expone a sus bordes con imágenes que anuncian el desastre o nos previenen de lo que no se puede contar. El desastre es entendido como aquello que no entra en el relato de la consciencia narrativa, pero configura sus bordes como el pliegue de la relación consigo misma. Esto se da en la figura de B, el signo que recorre y es recorrido por un movimiento en estado de extrañamiento.
