Los 145 automóviles catalogados en Notebook Volume 38 (1991) del artista libanés Walid Raad no son los vehículos que explotaron, sino sus sustitutos visuales: misma marca, mismo modelo, mismo color. Los originales fueron destruidos y por eso no pueden aparecer. Lo que Raad construye es entonces un archivo de ausencias: cada página repite la misma imposibilidad de poseer el acontecimiento traumático como imagen plena. Esto significa que el aura no solo se disuelve en la obra de arte reproducida técnicamente, sino en el evento histórico mismo, que regresa únicamente como serie, como dato, como nomenclatura fría. Un Volvo 820 azul, Trípoli, 79 muertos, 150 kg de TNT. La catástrofe se vuelve catálogo.
burocracia
Dionisio Espejo Paredes / Kindertotenlieder. El testamento de Magda Goebbels
Filosofía, PolíticaI. El abismo entre el duelo y la abstracción: Mahler, Puccini y la carta de Magda Goebbels
Del búnker berlinés de Hitler salió, el 28 de abril de 1945 —apenas tres días antes de su suicidio—, una carta dirigida a Harold1, el hijo que Magda Goebbels había tenido en un matrimonio anterior y que entonces se encontraba en una prisión británica. En ella escribía:
«El mundo que vendrá después del Nacionalsocialismo es uno en el que no merece la pena vivir, y por esa razón me he llevado a los niños también. Son demasiado buenos para la vida que vendrá cuando nos hayamos ido, y un Dios misericordioso me entenderá si los libero yo misma».
Estas palabras, escritas antes de asesinar a sus seis hijos y suicidarse junto a su esposo Joseph Goebbels, condensan de forma aterradora la lógica profunda del sujeto totalitario y su concepción del sentido del individuo y de la comunidad.
La muerte de un hijo es una de las experiencias límite de la existencia humana. Ante ella, las culturas han desarrollado formas de duelo, memoria y consuelo que intentan preservar algo de sentido allí donde la vida parece haberse vuelto incomprensible. Gustav Mahler y Giacomo Puccini han explorado ese dolor extremo en obras que figuran entre las cumbres de la tradición musical europea: los Kindertotenlieder (1901-1904) y Suor Angelica (1918). La comparación entre estas obras y la carta de Magda Goebbels permite observar dos actitudes radicalmente opuestas ante la muerte de los hijos: una que transforma el dolor en duelo y memoria, y otra que convierte la muerte en una decisión ideológica.
Mauro Salazar / Capitalismo académico y colonialismo intensivo en el Reyno de Chile
Filosofía, Políticaa la orfandad hermenéutica de nuestro presentismo
Es un lugar común afirmar que la sociedad chilena experimentó (años 80′) la configuración de un «sistema terciario», masificación acelerada, al decir del mainstream, traducido en la consolidación de un “rubro rentable” para la iniciativa de agentes privados que pavimentaron el camino de la «Universidad del incentivo». Aquí se erigió un sector neo-extractivista de servicios educacionales que se benefició (empresarialmente) de la dinámica de los “mercados emergentes” vinculados a la irrupción de la gobernanza promovida por el BID y el Banco Mundial. Todo ello bajo el dictum de la llamada Nueva Gestión Pública y la economía política del management. Bajo la intensificación del aceleracionismo (acumulación de capital humano) quedó sellada la suerte de la Universidad republicana -estatal/nacional- y sus piochas de bronce. En medio de los lúgubres procesos burocráticos impuestos por la “dominante neoliberal”, la irrupción del paper, devenido en el dinero de la academia, hemos visto la transformación del propio léxico universitario moderno en una “gramática managerial” donde la actual Universidad porta una melancolía insalvable. Hoy el mapa universitario no sabe cómo reorganizar la orfandad hermenéutica ante el despliegue de tecnólogos y métricas homogenizantes.
