Federico Ferrari / Peregrinatio. La extrañeza como contrapoder

Filosofía, Política

Nos hemos dejado engañar por la hipnótica fábula del apocalipsis. El discurso público, intoxicado por el espectáculo de la ruina inminente y por el narcisismo de la catástrofe, continúa contándonos que vivimos el fin de los tiempos. Un fin que se prolonga hasta el infinito, como en una serie de Netflix bien estructurada en la que el epílogo se pospone siempre al episodio siguiente. En realidad, la narración apocalíptica de masas no es sino una forma anestésica: sirve para enmascarar la única verdadera tragedia del presente, es decir, que nada cambia en el gran continuum de la historia de la opresión y que las cosas continúan deslizándose, sin perturbación alguna, por los rieles de su desmoronamiento político y social.

Javier Agüero Águila / Lavidalamuerte

Filosofía

El seminario impartido por Jacques Derrida en la Escuela de Altos Estudios de París, entre 1975 y 1976, se tituló La vida la muerte. Y ya en el nombre, sin necesidad de entrar en las 14 sesiones que componen este curso, es posible detenerse y acaso sumergirse en los estuarios múltiples de la deconstrucción. 

Tampoco sería requisito para un texto como éste acercarse a la manera excepcional en que el argelino hace hablar a los que serán los “ejes” del seminario (Hegel, Nietzsche, Heidegger, Canguilhem, Freud o Jacob). Simplemente va de hacer la pausa, corromperse en el no-paso, olvidar todas las pistas de caza y abrazar la distorsión a la que pueden llevar estas cuatro palabras: La vida la muerte. 

Miguel Ángel Hermosilla / Acerca de la deconstrucción de las mitologías fascistas de Sergio Villalobos Ruminott. Un comentario de texto

Filosofía, Política

Deconstruir las mitologías fascistas implica cuestionar la tradición logocéntrica y su entrelazamiento entre política, metafísica y tecnología. Sergio Villalobos Ruminott.

Si ajustamos una aproximación critica de la mentada cuestión fascista, tendríamos que pensar en hacerla coincidir con la idea de que la interrogación al orden del capital, tendría que ver con un cuestionamiento radical a la racionalidad moderna, que siempre involucra ya un principio de razón; una apelación normativa que pulsa siempre en toda filosofía de la historia, como filosofía de la historia del capital, en tanto que semblante destinal del desarrollo histórico. Quien quiera pensar el fascismo, no puede no pensar el régimen moderno de lo político, como instanciación arcóntica de los patrones de acumulación capitalista y su articulación colonial planetaria, que tiende a simplificar el ethos mismo del habitar el mundo y la pluralidad de lo viviente en simples poblaciones administradas; a una serie de datos y cuerpos gestionados, expuestos a la precariedad y la violencia equivalencial de la mercancía.

Mauro Salazar J. / Crónica de una ciudad sin duelo. Servicios sin huella

Filosofía, Política

«Quien aquí entre, abandonad toda esperanza» Infierno, Dante. Comedia. Canto III, verso 9.

Santiago y sus grises anonimatos. La ciudad neoliberal tiene un modo particular de digerir la muerte: no la niega, la administra. No la esconde sino que la desplaza. El cadáver interrumpe el tránsito del Metro de Santiago y el transeúnte del andén se irrita. Lo que el enojo revela, en el fondo, es un pasajero sin derecho a duelo y el silencio pavoroso del que sigue vivo, explotado y no puede permitirse leer la escena como advertencia sin quebrarse él mismo. El enojo funciona entonces como mecanismo de distancia narrativa: convertir al otro en obstáculo o escombro, es más soportable que tolerar la imagen que devuelve el espejo. Entonces, es mejor cerrar los ojos. Vivos y muertos conviven, sin derecho a duelo, en el tiempo circular del andén.

Javier Agüero Águila / La ruina y el porvenir (Una imagen a partir de “La lengua del fin del mundo” de Mauricio Amar)

Filosofía, Política

Este texto está redactado en un teclado diseñado para escribir en otra lengua: “una que no es la mía”. Cada palabra -o casi cada palabra- que suelto nace “condenada” a la ruina; es malparida, la “q” es la “a”, la “d” es la “s”, los acentos no corresponden, las comas no son comas, la sintaxis no es reconocida y debo volver una y otra vez sobre una escritura arruinada desde antes de ser ruina. Y entonces no puedo sino pensar en esto y detenerme y apuntar que la ruina, antes de serlo, es siempre su todavía parcial e inexorable llegada. Ella va ahí donde no fue esperada, ni invocada o presentida; solo estuvo sin más, íntegramente diferenciada, en la espectralidad de una promesa que no por ser promesa deja de estar contenida en la ruina. 

Así es que es sobre esta suerte de escritura secundaria, resorte de un permanente error, que algo puede ser dicho; mas se trataría de un error que no fracasa, tampoco triunfa, sin embargo esva siendo y tiene sentido, todo el sentido en el tiempo y en el espacio porque tal como lo sostiene Jacques Derrida: “La ruina no ocurre como un accidente a un monumento ayer intacto. En el comienzo está la ruina” (Mémoire d’aveugle, 1990, p. 72).

Dionisio Espejo / I. El recinto de la violencia. La Isla, el castillo, o como el sueño se ha convertido en pesadilla

Filosofía, Política

Este texto explora la persistencia de un arquetipo espacial en las representaciones modernas de la violencia: se trata del recinto cerrado —castillo, isla, mansión, jardín— como condición material para la suspensión de la ley y la transformación del cuerpo en objeto de poder. A través de un recorrido que va desde Sade hasta Pasolini, pasando por Schreker y Kubrick, y que culmina en el caso Epstein, se sostiene que la violencia absoluta no comienza con la maldad de un individuo, sino con la construcción de un espacio de excepción donde el miedo se convierte en deseo y el deseo en ley. La ópera moderna —especialmente Los estigmatizados de Schreker y Bomarzo de Ginastera— revela cómo el arte puede convertirse en coartada de la barbarie, pero también en herramienta de resistencia, al mostrar el mecanismo del poder y volverlo visible. La tesis central es que el recinto no es una metáfora, sino una condición material del poder soberano: un lugar donde la ley se suspende, los cuerpos se cosifican y la violencia se organiza como espectáculo, desde el castillo de Silling hasta la isla de Epstein y la finca de Mar-a-Lago.