Rodrigo Karmy Bolton / Intifada. Una apostilla

Filosofía, Política

En la segunda presentación de mi reciente libro “INTIFADA. Una topología de la imaginación popular” organizada amablemente por la Comunidad Palestina de Chile y a cargo de Valentina Fajreldin y Emilio Dabed quienes generosamente hicieron el denodado y milenario trabajo de comentar, quisiera detenerme especialmente, en dos preguntas que formuló Emilio en su presentación y que, por el tiempo dispuesto en el panel, no pude responder. Emilio lee perfectamente el singular argumento del texto, suscribe gran parte de las tesis ahí formuladas y formula dos cuestiones: 1) ¿qué significa la emancipación en el tiempo en que nos hemos emancipado de todo, en que vivimos en una “sociedad libre”? y 2) ¿para qué sublevarse? Aparejadas a estas preguntas Emilio, entendiendo perfectamente que INTIFADA provee o intenta proveer de un vocabulario singular para comprender la revuelta, no deja de preguntar si acaso en dicha apuesta ¿no habría, de mi parte, una suerte de “estetización” del fenómeno?

Luis Durán Guerra / La nueva normalidad

Filosofía, Política

“Nueva normalidad” es la expresión que se ha acuñado desde el poder para describir la realidad que nos ha tocado vivir tras la aparición de la pandemia de coronavirus en marzo de 2020. ¿En qué consiste esta “nueva normalidad”? En su Plan para la transición hacia la nueva normalidad, publicado el 28 de abril de 2020, el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España afirma: “Terminan las restricciones sociales y económicas, pero se mantiene la vigilancia epidemiológica, la capacidad reforzada del sistema sanitario y la autoprotección de la ciudadanía”. Dos son las palabras de este texto que me gustaría destacar: vigilancia y autoprotección.

Sergio Villalobos-Ruminott / La opacidad de lo moderno. Bolívar Echeverría y el engendro barroco

Filosofía, Política

El monstruo mestizo ha tenido a su cargo el dinamismo de la historia de la cultura; ha transitado siempre, de ser primero despreciado como una malformación, a ser finalmente consagrado como modelo clásico. Sólo que esta secuencia, que en épocas premodernas sucedía en escenarios acotados y en un ritmo tan lento que ocultaba su contingencia y llevaba a que se lo creyera único y definitivo, tiene lugar ahora –en medio de la gravitación generalizada que nos lleva a todos más allá de la modernidad— como un proceso abierto al escenario mundial y a la intervención de otros procesos similares. El monstruo mestizo aparece ahora, en cada caso, combinando su singularidad con otras, alterando sus contenidos a medio camino y cambiando el ritmo de su ciclo; está integrado en una historia global de diversificación, sobre un piso que no tiene ya, como antes, la solidez de un territorio, sino la inestabilidad de las aguas de un río que no se sabe a dónde lleva.

          Bolívar Echeverría, Ziranda

I. – Actualidad de un pensador intempestivo

El lamentable deceso de Bolívar Echeverría el año 2010 ha producido, de manera esperable, una revisión de su obra y una ponderación de sus contribuciones a los debates políticos y culturales a nivel regional.[1] Dicha revisión, todavía en curso, además de necesaria no debería conformarse con el establecimiento de sus obras completas o con la ordenación de sus intensidades e intereses. Se trata de una tarea mayor que consiste en entreverarse con un trabajo intelectual y crítico singular cuya pertinencia es innegable. En vez de hacer ingresar su nombre al panteón de “nuestros clásicos”, quizás sea mejor reparar en que su pensamiento todavía se nos ofrece como una interrogación de nuestra misma actualidad, sobre todo cuando aquello que caracteriza a esta actualidad es la brutal intensificación de una serie de procesos de devastación ya pensados por el mismo Echeverría. Habría que leerle entonces como nuestro contemporáneo, esto es, no como un pensador limitado a pensar la consabida condición periférica de la modernidad latinoamericana, sino como un pensador abocado a desentrañar las dinámicas profundas que estructuran el mundo neoliberal y globalizado en el que estamos domiciliados.[2]

Mauricio Amar / Nuestros espectros

Filosofía, Política

Leyendo durante la pandemia a Fabián Ludueña Romandini (2016). Principios de espectrología. La comunidad de los espectros II. Buenos Aires: Miño y Dávila.

La tradición de pensamiento en que aún vivimos, ha buscado por todos sus medios conjurar a los espectros. Aquello que podría ser característico de la ciencia y la filosofía contemporánea en su búsqueda por dar con una inmanencia absoluta que destrone a la metafísica de su sitial, en realidad, es una tarea que dichos campos de producción del conocimiento han heredado de la propia metafísica y de la fuerza teológica que la habita. Pero el espectro, los espectros, siguen ahí, con una insistencia recalcitrante. No son demonios, ni fantasmas, aunque estos pueden ser sus nombres a veces, cuando justamente esta larga y reinante tradición de lo visible ha intentado hacer fisiognomía de los espectros. En realidad, el espectro no tiene rostro, como el espectro que recorre Europa de Marx, cuyo cuerpo es lo común en movimiento, un no-cuerpo, un no-rostro por excelencia, que sin embargo es muy real. Se desplaza, invade, perturba. El espectro es la perturbación.

Rodrigo Karmy Bolton / Velocidades mutantes 7. Nada está en su lugar

Filosofía, Política

Pedazos de palabras, ritmos ensordecidos, cuerpos encerrados; el presente ha llegado a la boca del lobo. Los pasajes que presentamos a continuación son derivas de un “gran encierro” que contempla a través de la ventana la mutación radical y veloz del mundo en el que vivimos.

Nada está en su lugar

Un virus y una revuelta atraviesan al país. Un microorganismo de material genético que se inserta al interior de una célula y la infecta; una irrupción popular dentro de un Estado que no la acoge; virus y revuelta son, en realidad, dos nombres para el siglo XXI. Células invadidas por un extraño que les amenaza; Estados maltrechos atravesados por extranjeros que les destituyen, virus y revuelta son el nombre de la misma espectrología. Un virus no es una célula, sino un ensamble molecular. Es algo que no alcanza a estar “vivo” en la medida que la célula -y solo ella dirá el saber biológico- constituye su unidad más primordial. Una revuelta no es un partido ni tampoco un régimen.

Jorge Andrés Gordillo López / Historicidad y revueltas: comentario a Asedios al fascismo, de Sergio Villalobos-Ruminott

Filosofía, Política

Impartida por Theodor W. Adorno en 1959 ante el Consejo de Coordinación para la Colaboración Cristiano-Judía[1] “¿Qué significa elaborar el pasado?” es una conferencia cuya actualidad provoca planteamientos críticos acerca de cómo producir vínculos con los pasados en sociedades hechizadas por la administración y la minoría de edad. La producción de discursos acerca de los pasados genera formas de socialización y experiencias de mundo. La importancia de las tecnologías con las que se relata, la relación que se establecen con y en ellas, de no estar cargadas por una autorreflexión inmanente, desatan sus versiones devastadoras vía la razón instrumental. En este sentido, no es gratuito que Adorno haya preparado el texto para una institución que, inaugurada tras la Segunda Guerra Mundial por dos monoteísmos en alianza con el Estado y otras organizaciones, promovió la construcción de la República Federal de Alemania (1949-1990) apelando, sobre todo, a “la culpa histórica” de la “destrucción de la vida judía” sistematizada por el nacionalsocialismo. La urgencia y el cuidado del pensamiento histórico no puede ser ingenuo ante la historicidad de las condiciones de posibilidad del fascismo, pero tampoco frente a las de su actualización, las retóricas de su “superación” y las formas de confrontar su proliferación. La domesticación del pensamiento separa este problema de su concreción histórica vía resoluciones de expertos y análisis ilegibles e infumables. Ceder a la obediencia de sus formulas es asentar la dominación que viene. En palabras de Adorno: