Vino con todos sus ungüentos
Vino fingiéndose la luz,
Vino demócrata y con cruz.
La virgen de Occidente.
A propósito del fin de la Universidad moderna, que describe Rodrigo Karmy, en La Universidad estallada. Palestina y el devenir de las humanidades, y la desesperación impotente del juicio, la crítica y del discurso universitario respecto de la implosión de la academia, que muestra el fin de una frontera entre un interior/ exterior, expresada en el agotamiento del vínculo moderno entre inteligencia universitaria y mundo social, que habría sido establecido por la soberanización del pensamiento en la Universidad estatal del sujeto moderno, a decir de Thayer, en “La crisis no moderna de la universidad moderna”1, y las nuevas formas de hegemón financiero fundado por las políticas neoliberales a partir de los setentas en gran parte de las sociedades contemporáneas. Nos proponemos aquí, entonces, a partir de una cierta modalidad de diálogo con el texto de Rodrigo Karmy, interrogar la aporía analítica de pensar, el estatuto de la crítica y su relación con la axiomática del capitalismo global integrado, atendiendo a la pregunta; ¿de cuán universitario es también el capital financiero, en tanto que tecnología y administración académica del pensamiento? En ese escenario discursivo, la discusión que Karmy abre respecto de la implosión de la razón universitaria, en el contexto de la violencia genocida del fascismo sionista en Palestina, nos invita a pensar y problematizar, también: ¿Cuál es el lugar de la universidad y la crítica hoy?, ¿qué derroteros epistémicos le esperan al pensamiento, en el paradigma de lo que podríamos denominar; “la caída de la crítica en la facticidad de la violencia equivalencial?”.
Las Universidades no son espacios exclusivos para la puesta en obra del rasero analítico, esta afirmación, es también otro lugar común, otro cliché del pensar la crítica como forma de la resignación ingenua del pensamiento; el reverso especular, el negativo mercantil del estatuto normativo de “las tecnologías de la crítica”, pues, si la insistencia del pensamiento se instala en “la ceguera anterior de un no saber cómo límite de la escena de su saber”; como punto ciego de la filosofía, en palabras de Thayer, entonces, la pregunta intempestiva que acompaña a la crítica en este texto, es; ¿qué significa pensar las tecnologías de la crítica en el entramado de fuerzas que la misma tradición del pensamiento habilita para leer el mundo y ubicarse en él?
La pista para arriesgar una hipótesis reflexiva a la pregunta por el pensar, que porta “el no saber” de “la dimensión escritural de la crítica”, en la era de la universidad estallada, en el momento del agotamiento categorial de la modernidad y la propia institucionalidad del pensamiento disciplinar; en la época del fascismo automatizado, ligado al despliegue cibernético de la acumulación y a la razón colonial del genocidio, podría ser asumida desde un gesto de interrogación, dispuesto a cuestionar radicalmente el estatuto mismo de la crítica en la etapa de su imposibilidad “y antes de convertirse en el núcleo de una nueva fantasía teórica en el mercado universitario”.2 Y es, en esa misma línea problemática, en el momento de la interrupción de la razón imperial universitaria, que la “dimensión escritural” de la crítica, en tanto que textura del mundo, e intensidad menor –indeterminada- de la impugnación al intercambio planetario, que no se deja domesticar y que pone en tensión una erótica del encuentro, que altera el dispositivo inmunitario de la lengua académica, es que el campo crítico que abre la singularidad de la dimensión escritural del pensamiento, en la institucionalidad fosilizada de la crítica equivalencial del valor y la mercancía, activa también una ética de las distintas forma de vida; una disposición existencial y política de la cual está hecho el mundo en común y sus modos de resistencia.
“El pensamiento en rigor, no es otra cosa que escritura”, una pasión indeterminada, múltiple; un campo de intensidad crítica no domesticable”. Lugar de riesgo parresiasta. Conversaciones con Rodrigo Karmy”. 2025.
Si la cita es oportuna, entonces estaríamos apostando aquí a una cierta desarticulación, desde la dimensión “escritural del pensamiento”, a las formas fosilizadas e equivalenciales de la crítica universitaria, para abrir, desde el mismo cuerpo docilizado de la filosofía un hiato que interrumpa la totalidad unificante de la violencia política y metafísica del reparto, la circulación y la ganancia, como comprensión absoluta del mundo, pues, la cita crítica a la economía política del pensamiento y a la representación mercantil de la vida como valor, que desde la “dimensión escritural del pensamiento” se desliza como una impugnación performática a la derivada de la filosofía de la historia del capital, queda expresada en la formulación explícita que articula la pregunta fundamental del texto: la pregunta por la crítica y su lugar de enunciación; “la crítica como juicio, atribución de culpa”; “como exigencias de garantías” de la propia crítica, que impide el riesgo del lugar de enunciación y la voz que la pronuncia, que como registro normativo de los saberes que la ejercen, elabora al mismo tiempo la garantía de su eventual posición de control y dominio bajo el principio del intercambio generalizado.
A la contra de esta tradición normativa y masculina del juicio, de lo que se trata en cambio es de experimentar desde la aventura escritural del pensamiento, la radicalidad insumisa del pensar habitados por la coyuntura material del evento y la insurrección inminente del acontecimiento; entrar a una tradición heteróclita del ejercicio crítico para desbordar- desde ese lugar constelado- los modos del pensar, nutridos por los discursos maestros de la filosofía y el saber burocratizado, desde donde se apuntalan los poderes hegemónicos de turno, y que a modo de transformación en plusvalía de la teoría, reproducen bajo la tutoría del aparato universitario una lectura de lo real desde donde se ha erigido también la historia de la explotación y la exclusión.
La dimensión escritural de la crítica, se anuncia desde ese “no lugar” de riego y falta de garantía, no elabora una moral de la superioridad de un sujeto sacerdotal y soberano, para luego entrar al reino de la emancipación diurna y el progreso civilizado, esa es precisamente la trampa teológica del historicismo destinal, que impide la interrupción radical “de un orden nihilizado bajo la regla colonial del dominio , la conquista y la expansión, que parece contar a su favor con la precarización, la desposesión y la catástrofe”.
La inscripción de los cuerpos y la vida de los pueblos, tabulados y capturados en las agencias digitalizadas y descentralizadas de la gestión cibernética automatizada y funcionaria de la máquina de guerra capitalista, requiere de la resistencia general, como huelga y desacato destructivo de los comandos bio soberanos de la dominación, la facticidad de la miseria y el sufrimiento en la reproductibilidad sacrificial de la muerte como religión.
Sublevarse, abrazar el instante erótico de la dimensión escritural y rebelde de los pueblos, habilita una ética de lo común, en la carcajada mundana del comunismo como exterioridad radical de lo que se nos impone como única realidad. «El comunismo como la interrupción escritural del mundo, tal como es ahora, aquí y en todas partes», cómo movimiento nomádico y animal de los que no tienen más que el huérfano deseo de su rebelión, como única posibilidad de sobrevivir, en los límites de sus vidas arrasadas por la prepotencia imperial y la pedagogía humanista de la gubernamentalidad civilizatoria.
Hay que estar y confrontarse cotidianamente en el afuera-adentro de la miseria del pensamiento facturado por las equivalencias del saber institucionalizado, y siempre compinche del genocidio generalizado de los condenados de la tierra. Y es ahí donde cabe la pregunta por Palestina; ¿como pensar el genocidio palestino y el estallido del mudo, intensificado en la matanza de un pueblo, que no puede ser pensado ya por la razón domesticada en el espectáculo del exterminio y la estética de la religión civil de la filosofía contemporánea?. Es Palestina la imposibilidad de pensar, pues, no calza en la filosofía de la mediación general y el principio transcendental de la distancia crítica, son los pueblos haciendo acampe en el exilio de la dimensión escritural del pensamiento los que piensan palestina, es la palestinización de los pueblos del mundo los que se miden éticamente con los oprimidos de la historia. Escuchar a los pueblos, encontrarse con la dimensión múltiple, desbordada y existencial de su conatus, es hoy pensar Palestina, es coincidir con la topología irreductible de la intifada del pensamiento y la revuelta de la teoría, es la instancia imaginal para pensar las condiciones de sublevación general de la crítica, es la disputa contra el vasallaje maquinal del exterminio sionista y los flujos planetarios del saqueo neocolonial.
“Si el borramiento de la causa Palestina de los campus universitario, y el aplastamiento del clinamen escritural del pensamiento, que agónico permanece asediado por las diversas políticas neoliberales alrededor del orbe”, como lo plantea Karmy en su texto, significa la consumación del triunfo de la americanización del mundo, y la universidad humanista de articulación imperial, entonces, la domesticación del pensamiento y la crítica, no será más que el síntoma de la subsunción real de la vida a los imperativos del capital global financiero, en la era de la violencia fascista globalizada, sin que por ello tengamos que caer en la destinalidad fatal de la des-historización de los procesos políticos , que nos exigen la proliferación del ejercicio de la radicalidad de la crítica y el pensamiento planetario.
La guerra civil planetaria- la lucha de clases- promovida por los dueños del mundo y la soberanía estridente de la riqueza, acomoda los sables de la extinción de las distintas formas-de-vida, para expandir su dominio esclavizante por todos los rincones de la tierra. El porvenir de la “potencia imaginal de los pueblos” – su palestinización escritural -, siempre a riesgo de no venir, y a la contra de la expropiación general del tiempo y de la vida, presionan desde la stasis residual de su combate, el orden de las polis y sus formas bio-sofisticadas de opresión.
La violencia sobre la cual se ha afirmado la tradición de los opresores, es un ejercicio de humillación civilizatoria sobre los olvidados de la historia, es por esta razón, que Fanon, en “Los Condenados de la tierra”, afirmará que todo proceso de emancipación colonial es al mismo tiempo un programa de “desorden absoluto”- profanación imaginal- y así, podríamos decir con él, entonces, que todo momento stasico como ejercicio escritural de desobediencia y subversión del orden dominante, implica una desorganización general de los cuerpos, inscritos en un programa de de-negación absoluta de su potencia . Desarticular, entonces, los distintos modos de dominación, implica, también, un gesto de “alteración an-arquica de los sentidos”, un des-programarse del régimen escópico y vigilante, que los perímetros calculantes de los saberes cuantificados del poder, trazan como katejon para el insistente desvío de la potencia de lo vivo, pues, la materialidad de la miseria que trae consigo toda empresa de explotación capitalista, es una planificación gestional, destinada a la conducción sacrificial y productiva de los cuerpos, en la performance oikonomica del paradigma civilizatorio que la expansión del necro-capital porta consigo.
El destello de la intifada general de los pueblos, que impugna los saberes soberanos del paradigmas normativos de la episteme universitaria, y su geopolítica del conocimiento, interpela también, los modos de “la crítica moderna” en el mismo horizonte de realización del nihilismo, en tanto que consumación de la burocratización mercantil y servil de la crítica, subordinada al principio equivalencial del reino neoliberal, que territorializa la disposición incalculable del pensamiento y condiciona los contornos alborotados “de la dimensión escritural de la crítica”, al dispositivo académico de la capitalización intelectual . Y es que el discurso de la “mediación general inmunizada”, como archivo-régimen del logos mandante, captura y ahoga la inanticipabilidad del pensar, su respiro, en el agenciamiento maquínico de los pactos del capital y sus lenguas transicionales.
La experiencia Palestina, es hoy, el nombre- desterritorializado de la resistencia general contra el fascismo-sionista, que recorre sin pudor los distintos lugares de enunciación de la crítica liberal humanista, y la escena intelectual contemporánea, subsumidas en la lógica del marketing y la politología experta neoliberal, que expone- impune, a través de la pauta de la razón “mediarquica”: los paneles televisivos, el despliegue gráfico y la jerga técnica, desde una supuesta neutralidad engañosa- Traverso- la estupidez y la bajeza epistemológica, como criterio de verdad democrática, que bajo la hermenéutica pastoral del “sujeto libre”, eximido de cualquier “vicio ideologizante”, exuda la deriva totalizante del exterminio neocolonial.
Si la intensidad de la dimensión escritural del pensamiento, en la implosión del límite entre universidad/ sociedad, insiste en operar como una cierta “topología de la desistencia comunista”, que se articula en contra de la administración biopolítica del “asunto común del pensar, para activar una genealogía de “la verdad de la democracia”- Nancy–, -en tanto esta sea entendida como principio de valoración y dominación económica- y mantengamos viva la fuga de la diferencia como fractura fantasmal de la textura escritural del mundo, contra el fármaco institucional de la crítica y la filosofía de la historia, en tanto máquina de producción de signos del poder, para ensayar una crítica profana de la propia racionalidad “del arte de gobernar”, que la misma democracia equivalencial precipita como mera forma de distribución y régimen del pensar, entonces, el “contra-desbordamiento” de los territorios identitarios de la estrategia humanista del poder, desmantelados por la deriva otra, que abre la posibilidad de una “topología escritural” del pensar, despliega una cierta exterioridad migrante de la crítica que acampa en fuga de los territorios totalizantes de la filosofía y “la verdad de la democracia del capital”.
“La verdad de la democracia”, que no es más- o tal vez más- que el gobierno y la dirección productiva de la transparencia constitutiva de la consumación radical de una acumulación sin resto- Moreiras– que se expresa en el propio develamiento genealógico que ejerce la desistencia de “la topología inatrapable de un comunismo escritural”, ensayado desde la alteridad radical que habita en la discontinuidad entre humanidad y política; como revuelta de la onto-politicidad-destinal que abre el libre juego de las distintas formas-de-vida y la interrupción radical de la historia, “sea dentro del régimen de representación, para dislocarlo, sea desde fuera para asediarlo”, como anota Karmy en Stasiología, el devenir comunista de la exterioridad radical de la escritura, tendrá que “destituir” cada vez que pueda la “politicidad-destinal” del nómos policial del pensamiento.
El paso atrás que propone la “topología de un comunismo escritural del pensamiento planetario”, como posibilidad infrapolítica de una nueva relación con la historia, si se quiere, y como suspensión an-arquica de la sutura antropológica que presupone ya siempre la relación normativa entre teoría y práctica- pensamiento y política- y la soberanizante identidad principial entre democracia, crítica y acumulación, desestabiliza el mandato político de la traductibilidad absoluta de toda hegemonía. La interrupción an-hegemonica que supone la irrupción de la “topología escritural comunista” y la palestinización de los pueblos del mundo, como contra desborde de la afición subyugante del dispositivo policial del pensamiento, desestabiliza y altera la “guardia inexpugnable”, que es la trampa gubernamental de la razón colonial y su maquinación total de la existencia”.
No hay otra forma de amar a Palestina que no sea bajo el nombre de la justicia y la lucha contra el fascismo-sionista, que azota a todos los pueblos del mundo. Palestina es hoy, el nombre de los pueblos del mundo. Gaza grita en la cara del hierro colonial y sus átomos de sangre la resistencia alzada contra la razón blanca y almidonada de su exterminio. Palestina es hoy, en el medio de la complicidad nihilista y espectral de la crítica, el desquiciamiento de las humanidades y las soberanías, ante todos los usos posibles del pensar.
NOTAS
1 Willy Thayer. La crisis no moderna de la universidad moderna. Ediciones mimesis. 2019.
2 Sergio Villalobos Ruminott. Poema de la universidad: nihilismo e infrapolítica
