Abdaljawad Omar / “La soga es solo para los árabes”: la nueva ley israelí de pena de muerte para palestinos recicla un manual colonial

Política

La imagen del ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, exultante mientras intentaba abrir una botella de champán en el pleno de la Knéset por la aprobación de una ley de pena de muerte para palestinos, quedará anclada en la historia como una de esas fotografías que no necesitan pie de foto.

Es la imagen de un país que nunca abandonó realmente el momento colonial en el que nació. No solo heredó prácticas británicas, sino que las mantuvo vivas durante más de 70 años. Ahora vuelve sobre sus pasos para recuperar una de las más oscuras de esas prácticas.

La nueva ley israelí de pena de muerte, que apunta exclusivamente a los palestinos, no surgió de la nada. Fue heredada de un patíbulo que los británicos ya habían construido en la misma tierra, probándolo sobre el mismo pueblo y bajo el mismo cielo. En su estudio sobre la “pacificación” británica de Palestina, Matthew Hughes, historiador militar de la Universidad Brunel, muestra cómo los tribunales militares establecidos por el Mandato Británico en noviembre de 1937 estaban diseñados, ante todo, para la rapidez: un terror ejecutado con tanta celeridad que nadie tenía tiempo de apelar ni de apartar la vista. El jeque Farhan al-Sa’di, anciano dirigente revolucionario qassamita y uno de los principales comandantes sobre el terreno del levantamiento de 1936, fue capturado un lunes, juzgado un miércoles y ahorcado un sábado. Es la misma ley que Israel ha reintroducido hoy.

Ramzi Salem / ¿Quién soy?

Poesía

¿Quién soy?
me preguntan los pájaros
girando sobre mi cabeza,
danzando en círculos con los errantes,
mirando fijamente las honduras de mis ojos,
hundiéndose en su brillante fulgor castaño,
y luego alejándose a través de mi mirada llena de lágrimas.

Buscan
los funerales de la memoria,
las tumbas de las rimas poéticas,
las salidas de los laberintos
y las entradas del anhelo.

Se esfuerzan por desenterrar mis secretos,
por traducir el cansancio de mis rasgos,
por interpretar la oscuridad bajo mis ojos,
por comprender el relato de mis lenguas
y la sombra dentro de mis palabras.

Aldo Bombardiere Castro / Tercera divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: lo imposible

Filosofía, Poesía, Política

Dentro del contexto de producción capitalista, y particularmente a medida que se agudiza el paradigma neoliberal hasta su fase neofascista, el concepto de “publicidad” se identifica con el plano del marketing. Esto no sólo ocurre a raíz de un proceso de subsunción real de la vida social bajo la maquinaria del tardo capitalismo intensificado, sino también en virtud de la apropiación economicista y privatizante de una significación política. En efecto, la idea de publicidad, en cuanto esencia significativa que concentraría las notas fundamentales inherente a la categoría de lo público (su sentido político y deliberativo, así como el entramado discursivo, valórico, cultural y lingüísticamente compartido que define a la ciudadanía), resulta capitalizada por el capitalismo, convirtiéndola en un espacio social al servicio del marketing privado. Dicho en términos gramaticales, la significación de los adjetivos y predicaciones capaces de cualificar diversos tipos concretos de publicidad (por ejemplo, publicidad científica, publicidad política, publicidad artística), desde hace mucho tiempo se ha visto capturada por la dinámica del capital, haciendo de la publicidad ya no una esencia ideal, sino un sustantivo, substancial y naturalizado, bajo el cual queda inmediatamente contenida su primaria referencia al mercado.

Tariq Anwar / Lo que está naciendo

Filosofía, Política

Que el mundo tal como lo conocíamos ha terminado es un hecho que no requiere demostración. Se percibe en el aire como pudredumbre, en las instituciones que se han derrumbado, en los cuerpos que migran, en las genocidios que los poderosos han decidido que no se llamen genocidios, en las imágenes que han sido despojadas de toda posibilidad de afirmar una verdad. Y sin embargo el error que cometemos es siempre el mismo: buscar el mundo nuevo en el futuro, como si debiera venir después del fin del viejo, como si la historia avanzara por sucesiones ordenadas y lo nuevo esperara pacientemente su turno entre bastidores. Es verdad precisamente lo contrario. El mundo que viene no viene del futuro: ya está aquí, oculto en los pliegues del viejo que se disuelve, legible en las formas mismas de la catástrofe. Así como el capitalismo no nació cuando la relación capital-trabajo dominó finalmente todo horizonte de la vida, sino que ya estaba operando mucho antes, silencioso y capilar, en las prácticas, en los hábitos, en los cuerpos — así también hoy las formas de vida no-capitalistas se están desenvolviendo ya. De forma silenciosa. Sin manifiesto, sin vanguardia, sin el ruido que esperaríamos de una revolución.

Mauricio Amar / Estamos preparados para la guerra

Política

Nuestras sociedades están preparadas para la guerra. Nuestros hijos desde la edad más temprana han podido asesinar de manera virtual, haciendo de la guerra no solo algo cotidiano, sino situada al interior de los espacios y tiempos comprendidos como privados. La guerra ha sido un juego tal como lo es para el soldado sionista que aprieta botones desde un lugar muy lejano, con total indiferencia a si su objetivo es un colegio de niñas, un hospital o una avenida. Ante el horror, surge la diversión. «Grok, es verdad o no que mentiste sobre el bombardeo israelí?». En la televisión los generales parecen masturbarse con operaciones a las que adosan racionalidad. «Una operación impecable la de Estados Unidos». Entretenimiento puro, mientras cientos de familias lloran frente a los cuerpos destruidos de sus hijas, mientras miles se agolpan en los hospitales para ser atendidos.

Paola Caridi / Orgullo colonial

Política

Los cinco siglos de nuestra culpa, la culpa occidental de haber colonizado el mundo, se convierten —para el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, en su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich— en la epopeya sobre la cual construir el futuro. «Durante 5 siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se expandió. Sus misioneros, peregrinos, soldados, exploradores fueron más allá de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes, construir enormes imperios que se extendieron por el planeta.»

Es el orgullo colonial, versión Tercer Milenio, después de un tiempo en el que hubo una admisión de responsabilidad. Aquí, en cambio, en Marco Rubio y no solo en él, no hay ningún sentimiento de culpa, solo el sentido de la fuerza total que se manifiesta en clave militar, cultural, económica y también religiosa (cristiana), como Rubio explica ampliamente. Aplastar, imponer, definir. Debemos «construir un nuevo siglo occidental», dice Rubio en Múnich. Escalofriante, la frase y el lugar designado. El Olimpo occidental de Marco Rubio incluye a Mozart (¿la música o los bombones?), Dante y Shakespeare, Miguel Ángel, los Beatles y los Rolling Stones, como un compendio del Occidente estereotipado. Y precisamente en ese orden. Al final, el condimento lo forman las bóvedas de la Capilla Sixtina y las «agujas imponentes» de la catedral de Colonia. Horizontal y vertical, como la Cruz, en definitiva.