Sergio Villalobos-Ruminott / Sobre mímesis disruptiva

Filosofía, Política

La mímesis disruptiva implica una comprensión no restringida de la mímesis—entendida tradicionalmente como mera copia pasiva o reproducción subordinada al original— al transformarla en un espacio de intervención crítica, desestabilización y reconfiguración no identitaria. Este giro, anticipado por Walter Benjamin mediante su apelación a una facultad mimética ligada a las correspondencias mágicas y la experiencia profana, es también elaborado conceptualmente por Philippe Lacoue-Labarthe, quien desmonta la ontología de la presencia al definir la mímesis como una inestabilidad que es, a su vez, constitutiva del sujeto. En los ámbitos político y cultural, esta fuerza disruptiva se operacionaliza a través de la concepción de la performance de Judith Butler, donde la repetición paródica del género subvierte y expone el carácter construido de las normas hegemónicas; de la mimesis colonial (colonial mimicry) de Homi Bhabha, que describe la imitación de los colonizados como un simulacro defectuoso y amenazante (un “casi lo mismo, pero no del todo”) que fisura la autoridad colonial; y del entramado de mímesis y alteridad en Michael Taussig, donde el acto mimético es una facultad encarnada que permite asimilar lo ajeno, fusionando la copia con el poder del otro para subvertir las divisiones cartesianas occidentales. La mímesis disruptiva puede ser pensada también en relación con la noción de repetición de Gilles Deleuze, donde el acto mimético deja de ser una copia subordinada a un supuesto “original” para convertirse en la producción de una diferencia. En esta dinámica, la repetición no reproduce lo mismo, sino que desposee al original de su autoridad y libera la potencia del simulacro (las potencias de lo falso), generando devenires múltiples que subvierten las jerarquías de la representación clásica a través de un juego constante de variaciones e intensidades.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: el otoño de la modernidad

Filosofía, Política

Entre la niebla, preso en la lejanía, un abrigo abandonado contribuye a entristecer la escena. Descansa sobre el único de una plaza desierta. Visto desde cerca, el abrigo adopta la forma de un hombre acurrucado, como si se abrazara a sí mismo. Sus ojos también yacen vacíos, raptados por el huracán del mismo otoño que ha vaciado la plaza. Ni el hombre ni el abrigo resultan suficientes para atenuar el frío: ningún hombre ha redimido a la humanidad, ni queda Dios en el cual abrigar esperanza. Tal vez esta escena representa el más equívoco símbolo de la impotencia, incluso ella, derrotada. Un río inmóvil no deja de ahogar los surcos de la tierra; el polvo y las piedras han terminado por revelar la inapelable eternidad de las caídas.

Aldo Bombardiere Castro / Segunda divagación acerca de la máquina: noción-esperanza

Estética, Filosofía, Política

Si en el texto anterior, Primera divagación acerca de la máquina: imagen-musgo, nos interrogamos por la imagen primigenia que nos despierta la noción de máquina, ahora elaboraremos esa misma pregunta, empero, en términos invertidos.

En efecto, ya no empezando por lo más cercano, por la imagen, sino terminando por lo más lejano, ¿cuál es la primera noción que nos despierta la imagen de una máquina, sino aquella marcada por la planificación, esto es, por el poder administrativo de diseñar, calcular, pronosticar, producir, reproducir y distribuir porciones de lo real, bajo cuyo marco el mundo ha de reducirse al planisferio de su desmundanización?