Rodrigo Karmy Bolton / El golpe oligárquico

Filosofía, Política

Hay viejos culiaos que no creen en nuestro amor

¡No importa oh!

Mauricio Redolés.

Desde el 12 de diciembre de 2022 no hay más “proceso constituyente” sino Restauración Conservadora. El Congreso Nacional devoró a la Convención Constitucional y, con ello, el poder constituido hizo desaparecer al poder constituyente. En la medida que asistimos a la consumación de una Restauración Conservadora, ella se urdió desde un proceso puramente fáctico que articuló diversas tácticas a favor de una sola estrategia, múltiples mecanismos para lograr un solo objetivo: destruir al lugar de enunciación popular abierto desde la revuelta de 2019 y restituir al lugar de enunciación oligárquico propio de la forma “portaliana” de concebir la política. En la medida que el proceso de Restauración Oligárquica se ha sostenido en la articulación de diversas tácticas en base a esa sola estrategia, en realidad, debe ser entendido como un “golpe civil y parlamentario” agenciado esencialmente desde el Congreso Nacional. Este último, terminó por apropiarse del proceso político clausurando, vía un “acuerdo” oligárquico, las posibilidades de transformación abiertas en 2019. El solo hecho que el mal poeta haya sido convocado a firmar el famoso “acuerdo” muestra el carácter deslegitimado con el que nace el proceso en curso. Un mal poeta, ahora vocero de un partido puramente fáctico, que habla el lenguaje del pastor mientras actúa como lobo.

Giorgio Agamben / Libertad e inseguridad

Filosofía, Política

John Barclay, en su profética obra Argenis (1621), definió en estos términos el paradigma de la seguridad que más tarde adoptarían progresivamente los gobiernos europeos: «O se da a los hombres su libertad o se les da seguridad, por la que abandonarán la libertad». La libertad y la seguridad son, pues, dos paradigmas antitéticos de gobierno, entre los que el Estado debe elegir cada vez. Si quiere prometer seguridad a sus súbditos, el soberano tendrá que sacrificar su libertad y, a la inversa, si quiere libertad tendrá que sacrificar su seguridad. Michel Foucault ha mostrado, sin embargo, cómo debía entenderse la seguridad (la sureté publique), que los gobiernos fisiocráticos, a partir de Quesnay, fueron los primeros en asumir explícitamente entre sus tareas en la Francia del siglo XVIII. No se trataba entonces -como ahora- de prevenir las catástrofes, que en la Europa de aquellos años eran esencialmente hambrunas, sino de dejar que se produjeran para intervenir inmediatamente después para gobernarlas en la dirección más útil. Gobernar recobra aquí su sentido etimológico, es decir, «cibernético»: un buen piloto (kibernes) no puede evitar las tormentas, pero cuando se producen debe ser capaz de gobernar su barco según sus intereses. Lo esencial en esta perspectiva era difundir un sentimiento de seguridad entre los ciudadanos, mediante la creencia de que el gobierno velaba por su tranquilidad y su futuro.

Mauro Salazar / Modernización y negacionismo. Una genealogía del rechazo

Filosofía, Política

a tu presencia, con la alegría de las plantas.

Transcurría 1989 y nuestro valle se preparaba para ingresar a la “democracia pactada” bajo el swing del arco-iris y cumplir el mandato galáctico del mundo OCDE. El cúmulo de afanes modernizantes, untados en memorias del trauma, presagiaban una saga de impunidades y pillajes que la coalición del arcoíris (Tironi, Correa, Schilling, et al) debía gestionar visualmente administrando una gobernabilidad estetizante que desterrara épicas, rebeldías y militancias. Todo el tren del progreso modernizador implicaba fragmentar la vida cotidiana en escenas testimoniales, hedonismos estetizantes y consumos culturales.

Ariel Fazio / El concepto de antiproducción y el problema de la vitalidad del capitalismo

Filosofía, Política

Siguiendo la hipótesis de Lazzarato, la creciente incidencia de la antiproducción en el aparato productivo llevaría a cuestionar el carácter «progresista» del capitalismo, visión compartida tanto por el liberalismo como por el marxismo cuando asocian la lógica del capital al desarrollo de las fuerzas productivas. Se propone la exploración de esta tesis –el problema de la vitalidad del capitalismo– por medio del desarrollo del concepto de antiproducción, el cual es rastreado a través de sus fuentes –Deleuze y Guattari, Baran y Sweezy– y puesto en relación con el bagaje teórico del propio Marx.

Mauro Salazar J. / Revuelta y rechazos. Post-representación y restauración de los expertos

Filosofía, Política

a Carlos Ramírez Vargas

a la internacional de los humillados…

Apruebo-Dignidad (AD) debe abandonar la pereza cognitiva y la “fantasía popular” (resabios del pueblo gramsciano) para explicar su “derrota electoral” -04 de septiembre- bajo la invectiva portaliana. Admitir la derrota del Tík Tok no implica ocultar el déficit pedagógico de los «identitarismos» hacia el polo que inicialmente apoyaba las transformaciones. Según las vocerías del nuevo progresismo se habría impuesto el Rechazo en virtud de una abundancia de fake news («fake new sismo») sin establecer distinciones entre pueblo como categoría política, pueblos post-populares, o bien, una demografía sociológica de consumos culturales que articulan modernización, redes digitales y una subjetividad cuyo reciclaje no reconoce en su cotidianidad las políticas institucionales (mainstream). Bajo el campo post-representacional las fronteras de sentido del mundo popular (distopía o acceso) han mutado en sus múltiples alcances y filiaciones que aún perviven bajo la «economía cultural» de la modernización autoritaria (hegemonía cultural).

Rodrigo Karmy Bolton / Libertad

Filosofía, Política

El 30 de septiembre de 1975 tres fascistas del barrio de Parioli matan a una chica, María del Rosario López y hieren a otra, Donatella Colasanti. En este momento Pier Paolo Pasolini interviene en una entrevista crucial: “En realidad –dice- la criminalidad de los neofascistas del Parioli y de los hampones subproletarios tiene el mismo origen: la destrucción de los valores tradicionales debida no a un revolución intelectual y obrera sino a la revolución derechista del consumismo.” En esta misma órbita el propio Pasolini había subrayado la existencia de una mutación antropológica de los italianos que condicionaba un período de homogeneización y docilización brutal de las poblaciones y que, siendo diferente a las formas de ejercicio tradicional del poder, Pasolini denomina el “Poder” –con mayúscula para situar la dimensión nueva e impersonal de la nueva realidad. Pero sin vacilar, esa mutación antropológica devenida por la “revolución derechista del consumismo”, Pasolini calificó de “fascismo”. No porque dicha realidad sea igual a los años 20 o 30, sino porque, a pesar de su diferencia, se resuelve bajo un poderoso aparato de homogeneización capaz de reducir la existencia humana al consumo. Pasolini escribe durante la primera mitad de los años 70.