Cuando el Presidente José Antonio Kast dijo que las investigaciones financiadas con fondos públicos terminaban en «libros preciosos, empastados, en la biblioteca», no cometió un desliz sino que realizó una declaración espartana contra el campo crítico. La frase no fue un infortunio medial sino su programa político explícito. Reveló, desde una tosquedad deliberada, el desprecio profundo por el conocimiento desinteresado, por la investigación que se niega a ser productiva en términos de ganancia, por todo aquello que no se pueda convertir inmediatamente en números, en empleos, en plusvalía extractible. Pero lo que José Antonio Kast dijo sin saberlo es esto: existe algo que el poder político no puede comprar, que no puede reducir a mercancía, que no puede traducir en la gramática del capitalismo cognitivo. Y eso lo asusta. Porque un libro precioso, empastado, en una biblioteca pública, es un síntoma de lo inapropiable. El líder de Republicano entiende perfectamente eso. Por eso lo ataca. Porque sabe que esos libros contienen preguntas que amenazan el orden existente, que contienen herramientas de pensamiento que pueden ser usadas para imaginar lo diferente. Porque comprende que la investigación humanista, la ciencia básica, la teoría crítica, son precisamente los lugares donde germina la posibilidad de cuestionar.
mercantilización
Aldo Bombardiere Castro / Tercera divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: lo imposible
Filosofía, Poesía, PolíticaDentro del contexto de producción capitalista, y particularmente a medida que se agudiza el paradigma neoliberal hasta su fase neofascista, el concepto de “publicidad” se identifica con el plano del marketing. Esto no sólo ocurre a raíz de un proceso de subsunción real de la vida social bajo la maquinaria del tardo capitalismo intensificado, sino también en virtud de la apropiación economicista y privatizante de una significación política. En efecto, la idea de publicidad, en cuanto esencia significativa que concentraría las notas fundamentales inherente a la categoría de lo público (su sentido político y deliberativo, así como el entramado discursivo, valórico, cultural y lingüísticamente compartido que define a la ciudadanía), resulta capitalizada por el capitalismo, convirtiéndola en un espacio social al servicio del marketing privado. Dicho en términos gramaticales, la significación de los adjetivos y predicaciones capaces de cualificar diversos tipos concretos de publicidad (por ejemplo, publicidad científica, publicidad política, publicidad artística), desde hace mucho tiempo se ha visto capturada por la dinámica del capital, haciendo de la publicidad ya no una esencia ideal, sino un sustantivo, substancial y naturalizado, bajo el cual queda inmediatamente contenida su primaria referencia al mercado.
