Aldo Bombardiere Castro / Segunda divagación acerca del Mundial de fútbol 2026: espectáculo, verdad, alegría

Filosofía, Política

Espectáculo

El Mundial ha terminado. Pero el carácter mundial del Mundial recién amanece. En efecto, hoy la fiesta del fútbol también transparenta las políticas de muerte que él mismo se empeña en administrar. La banalización espectacularizante, la hipercomercialización ante la cual la FIFA se prostituye sin ninguna vergüenza y el intervencionismo exacerbado a favor de ciertas selecciones y en desmedro de otras, en este Mundial han terminado por concordar plenamente con la banalización del lenguaje político y la estupidez de los grandes medios de comunicación, con la privatización y expropiación de los derechos sociales y, finalmente, con un sistema-mundo capitalista que ha consumado su destino ontológico. El Mundial expone el derrotero cúlmine del capitalismo imperial, exposición donde el término “cúlmine” debe ser entendido en sus dos sentidos: por un lado, en cuanto consagración cúlmine de su proceso de acumulación y concentración de capital por explotación de los hombres y devastación de la naturaleza; por otro, en tanto colapso implosivo que marca la última etapa anterior a su muerte. El Mundial, al igual que tantos otros fenómenos actuales de escala global (como la destrucción del sistema del Derecho Internacional, de la diplomacia política o de la misma Naciones Unidas), se torna expresión de la dinámica neofascista.

Dionisio Espejo / Música, cultura de masas y resistencia: una cartografía del conflicto sonoro

Estética, Filosofía, Música, Sonido

Este ensayo propone una reflexión filosófica sobre la música como práctica cultural y política, alejándose de una comprensión puramente estética o historiográfica. Su tesis central sostiene que la modernidad ha desplazado progresivamente la música desde el ámbito de la presencia y del acontecimiento compartido hacia el de la representación, la reproducción técnica y la mercancía. A partir del diálogo con la crítica de la industria cultural —especialmente con Walter Benjamin, Theodor W. Adorno y Guy Debord—, así como con una concepción de la música entendida como praxis, se analiza el modo en que las transformaciones tecnológicas y económicas han modificado no solo las formas de producción y circulación musical, sino también las condiciones mismas de la escucha y de la experiencia comunitaria. El recorrido abarca desde las controversias estéticas de la modernidad hasta la cultura de masas y la inteligencia artificial, defendiendo que la cuestión decisiva no reside en la innovación técnica, sino en la sustitución del acontecimiento musical por su representación. Frente a esta dinámica, el ensayo reivindica la música como una práctica de presencia, conocimiento y resistencia cultural, capaz de constituir comunidad y de preservar espacios de creación no subordinados a la lógica del mercado.

Paola Caridi / Cómo escribir en tiempos de genocidio

Filosofía, Literatura, Política

El corazón alrededor del cual nos atormentamos habla una lengua ya atravesada a lo largo de la edad contemporánea. Cómo escribir en tiempos de genocidio, del genocidio de Gaza. Es una pregunta que excava en lo profundo. En el caso de quien, palestina, mira Gaza desde fuera de Gaza, dentro de Palestina y en la diáspora, porque es espectadora y, al mismo tiempo, víctima. Víctima histórica y cotidiana, porque el genocidio va más allá de Gaza: es el exterminio intentado y buscado de Palestina y de los palestinos. En mi caso, la pregunta es: ¿cómo escribir si eres espectadora y, además y por si fuera poco, estás del lado de los culpables, responsables, verdugos? Y sobre todo, nos recuerda Adania Shibli en su lectio de 2026 de la Cátedra Virginia Woolf de la Universidad para Extranjeros de Siena, ¿cómo escuchar las voces que ya no están, borradas por los verdugos? ¿Cómo podemos arreglárnoslas sin las palabras de los 263 periodistas asesinados en Gaza por Israel, y junto a ellos sin los poetas, las poetisas, los artistas, las artistas, los docentes, las maestras, las profesoras? ¿Cómo escuchar sus voces en la Aradhi Muwat, la «tierra muerta» incluida en la legislación agraria otomana, tierra considerada muerta porque no se oye voz humana por muy extensa que sea y por no estar habitada ni cultivada?

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: 90s

Filosofía, Política

Hemos vuelto a pensar en el polvo, la tierra y el barro.

Hubo años durante los cuales el metal de los espejos se clavó como un cuchillo mudo entre nuestros sueños, pero nada de eso nos dolió. El futuro ya había llegado, infinito e irrefutable, actualizante, liberado y compartiéndonos su libertad. En esas décadas, los sueños se armonizaban con las sonrisas de la realidad: no había sueño equivocado. La democracia era sinónimo de cultura. La humanidad era un caso de razón omnisciente, tanto en cumplimiento moderno como en ironía posmoderna. Fueron los 90.

Los socialismos reales desnudaban su iracunda realidad. El capitalismo capitalizaba toda fantasía. Aquellos sueños clavados por el metal de los espejos reflejaron, en lugar de su dolor, el deseo proyectado del torturador.

En el diario vivir todo era oportunidad, posibilidad de negocio, materia prima entregada a aquella orgullosa voluntad capaz de impulsarnos a través de olas y estrellas. Negación determinada del ocio, el intelecto se hacía práctico y expansivo, público para uso privado. Las ocurrencias se vistieron de promesas: expresiones hegelianas de una superación integrativa, las genialidades recuperaron su labor kantiana siendo un oasis pacificador a manos del comercio. Los sueños del individuo, vehiculizados por el neón de las empresas, sólo debían encontrar su lugar, por cierto preexistente, al interior del tejido económico y la cohesión social. Ese fue el acuerdo: un acuerdo firmado de antemano. La de locura poética y el mercado publicitario; la neutralidad de la ciencia y el expansivo y democrático avance tecnológico; la política consensuada fue definida en calidad de arte de lo -meramente- posible. Todo parecía en orden.

Tariq Anwar / La estupidez hegemónica del fascismo

Filosofía, Política

Hay una observación de Gramsci que merece ser releída con más lentitud de la habitual: que el poder hegemónico no se impone, se consiente. No es la fuerza lo que lo sostiene en última instancia, sino algo más perturbador: la capacidad de hacer que lo absurdo parezca sentido común, que lo grotesco parezca el único orden posible de las cosas. Trump no es entonces una aberración, no es el accidente que interrumpe el curso normal de la historia. Es, al contrario, su figura más transparente, el momento en que el sistema deja caer la máscara y muestra sin pudor lo que siempre ha sido. Lo más inquietante, sin embargo, no es Trump. Lo más inquietante es que ya no nos hace reír. Y no porque el fascismo sea demasiado serio para la risa —la risa ha sobrevivido a cosas peores— sino porque ha aprendido a ocupar él mismo el lugar del payaso, a anticipar la burla, a hacer del ridículo su propia coraza. Chaplin pudo reírse de Hitler porque Hitler todavía pretendía ser solemne. El fascismo de hoy no pretende nada: se ofrece directamente como espectáculo, se adelanta a su propia parodia. Y en ese movimiento nos roba algo que quizás no sabíamos que teníamos: la distancia necesaria para reír. La risa exige un afuera, un lugar desde el cual la farsa pueda verse como farsa. El fascismo contemporáneo trabaja metódicamente para clausurar ese afuera, para que no quede ningún punto de apoyo desde el cual el mundo pueda aparecer como lo que es.

Luis Ángel Campillos Morón / maninfecsto. la monstruosidad autista

Estética, Filosofía

preludio

Maninfecsto es un texto fragmentario, susurrante, tartamudo, desviado y testarudo. Los márgenes vibran y estallan. Los contornos de las letras se contonean, se desnudan y desaparecen. Emergen líneas después, de improviso. La raíz de manifestar alude a golpear (festus) con la mano (manus). Como cuando alguien golpea la mesa y manda callar. El sentido clásico del manifiesto supone precisamente eso, un golpe en la mesa-mundo, una llamada de atención y, en muchos casos, cierta amenaza. Pero no basta con mandar callar, evidentemente, pues ese es también ser el punto de inflexión hacia un nuevo orden autoritario. ¿Qué se quiere conseguir? ¿En qué sentido se pretende transformar el mundo? Alejándonos de cualquier forma de sistematización cerrada y opresiva, nos-otras hemos incluido ciertas anomalías. En primer lugar, en el propio término maninfecsto que trastorna el manifiesto clásico, una “n” para que pueda irrumpir el verbo infecstar, compuesto por infectar e infestar. La diferencia semántica entre estas dos acciones se basa en el criterio humano de la visibilidad. Infectan microorganismos como virus o bacterias, infestan macroorganismos como ratas. El primero sugiere una amenaza permanente, pues, a causa de los clásicos umbrales sensoriales humanos, no podemos percibir directamente estos seres minúsculos. El segundo resulta más evidente, salta a la vista, como es el caso de una plaga de langostas. “Este lugar está infestado de ratas”, decían los nazis. “Este lugar está infestado de palestinos”, dicen los sionistas. “Este lugar está infestado de inmigrantes, negros, transexuales…”, dicen Trump y sus esbirros. Sin embargo, no pueden decir, por lo menos todavía, que cierto lugar esté infestado de virus o bacterias. Por ello, convertirnos en estos seres minúsculos es clave. Devenir-minoritarios, en el sentido de Deleuze y Guattari. Debemos poder infectar el Sistema para que nuestros efectos devengan observables (mayúsculos), de ahí la importancia de la invisibilidad y el anonimato. Ahora bien, no solicitaremos derechos de propiedad de los logros obtenidos. Estos no son más que brechas, goteras, grietas, agujeros. No formaremos parte del espectáculo, no nos convertiremos en partido político. La impureza, la hibridación y la imperfección son nuestras señas no identitarias.