Sherena Razek / Intifada Elemental: cómo Palestina deshace el Antropoceno

Filosofía, Política

Escribí sobre el río y el mar, sobre el mañana y el sol,
y nada se obtuvo de ello.
Escribí sobre la opresión y la depravación —también sobre la pureza.
Dormí sin probar bocado de pan.
Soñé sin sueños.
Desperté sin echar de menos mis manos ni mis pies ni mi reflejo en el espejo
ni la cosa que llamo mi alma.
Morí y viví. Me prendí fuego a mí misma. Me apagué con mis propias cenizas,
y nada se obtuvo de ello.
Soy todos estos elementos, oh Dios: fuego, tierra, viento y agua.
Su quinto es un dolor que las canciones ciegas no pueden ver, su sexto es esta inmensa
soledad, y su séptimo, desde mi matanza, es la sangre.
Cuando ardí, habité las letras de mi nombre libre como una mariposa:
P A L E S T I N A
— Ibrahim Nasrallah, «Palestina», traducción al inglés de Huda Fakhreddine

La tierra es el único archivo al que acudo, y habita en mi cuerpo. Habla a través de mí en fuego, en árabe, en ausencias, en piedra, a través de hijas y de flores brotadas de la sangre de los mártires. He estado en Palestina solo dos veces en mi vida. La última vez, puse en práctica lo que había aprendido de otras mujeres palestinas sobre el arte de cargar con una patria. Introje clandestinamente dos pequeños recipientes de Palestina en mi equipaje: un contenedor de tierra recogida en Ein Karem, ungida con agua del manantial natural al que llegué a través de un mar de turistas bíblicos parlanchines —fuera de lugar y desconectados—, para mi hermano elegido en el exilio, que debía haber estado allí en lugar de ellos. El otro, de Burqa, era para mí. Cuando entregué unos puñados de Ein Karem a mi amigo más querido, hundió el rostro en la tierra y la respiró. A través de su aroma, regresó.

Mauricio Amar / Encontrar

Filosofía

Como se sabe, la lengua árabe no utiliza la cópula «ser» tan presente en las lenguas indoeuropeas (que no significa que no exista el concepto ser). Si quiero decir «yo soy filósofo» digo «anā [yo] failasūf [filósofo]». Esto significó un dolor de cabeza para más de un traductor cuando se trataba de traspasar el Ser aristotélico a la lengua árabe. La palabra preferida por los filósofos para el Ser, al menos desde Ibn Sina, fue al-wujūd [الوجود], cuya raíz ([و-ج-د] w-j-d) indica principalmente «encontrar», «hallar». Como salta a la vista, en la traducción el sentido de un concepto parece florecer, como si cada palabra estuviese habitada por puntos de fuga. Si hay razón en la idea de Werner Hamacher de que «una lengua es lengua solo en la medida en que ella es lengua para otra lengua –no en lugar de otra lengua, sino con miras a esta», debemos pensar en una nueva posibilidad para el ser que quizá está indicada en el encontrar. Porque encontrar es en realidad siempre una tarea fracasada, alegremente fracasada; en el momento mismo en que algo se afirma como verdad ha devenido otra cosa, se ha lanzado fuera de sí desde puntos imprevisibles. Encontrar implica haber buscado, haber corrido un velo, pero lo velado no es una simple relación entre lo que existe y lo que no existe, sino la condición misma de lo existente. El Ser, en este sentido, nunca es una esencia ni una sustancia, sino lo que exige la búsqueda, una necesidad que ha caída en el olvido, pero que no por ello deja de reclamar.

Federico Ferrari / Peregrinatio. La extrañeza como contrapoder

Filosofía, Política

Nos hemos dejado engañar por la hipnótica fábula del apocalipsis. El discurso público, intoxicado por el espectáculo de la ruina inminente y por el narcisismo de la catástrofe, continúa contándonos que vivimos el fin de los tiempos. Un fin que se prolonga hasta el infinito, como en una serie de Netflix bien estructurada en la que el epílogo se pospone siempre al episodio siguiente. En realidad, la narración apocalíptica de masas no es sino una forma anestésica: sirve para enmascarar la única verdadera tragedia del presente, es decir, que nada cambia en el gran continuum de la historia de la opresión y que las cosas continúan deslizándose, sin perturbación alguna, por los rieles de su desmoronamiento político y social.

Aldo Bombardiere Castro / Cuerpos ausentes: invocaciones y respuestas. Reflexiones en torno a “Murmullos de agonía” de Janet Toro

Arte, Estética, Filosofía

La bruma entre los espinos y entre los espinos las espinas adheridas a la tela. Crucificados y sin coronas, les niñes han dejado el zumbido de sus cuerpos colgado del ramaje. Una ventisca ha de llorar antes que la lluvia. Y cuando llueve, buscamos creer que las lágrimas de los niños coinciden con nuestras lágrimas; deseamos creer, deseamos convencernos, siempre erróneamente, que Palestina nos ha perdonado. Entonces el barro susurra a nuestro oído mudo de espinas: “no, no les he perdonado”. Y mientras lloramos, la tempestad de espinos guarda silencio por un segundo, y acto seguido agrega: “no les he perdonado porque no hay nada que perdonar: éste es mi cuerpo”. Les niñes de Gaza, mártires entre los mártires, son el hilo de sangre capaz de hilvanar la dignidad inapelable del genocidio contra el pueblo palestino con aquella infancia que persevera en la misma resistencia de todos los pueblos del mundo. Al no existir banderas ni colores, el blanco instalado por Janet Toro, evocado e invocado por Janet Toro, además de un suspiro sagrado y una señal de inocencia, hace visible el abrazo que reúne todos los colores. Nuestro murmullo del alma, aunque nunca termine por llegar a Gaza, también proviene de Gaza. Y, tal vez, algún día eterno, sea capaz de arrullar a les niñeces de Gaza.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones para una política de los amantes

Estética, Filosofía, Política

Los ojos se desviaron de las pantallas. Un imperceptible desliz desajustó el algoritmo. Las líneas de fuga cayeron más abajo que las líneas del vagón; y sobrevivieron. Esta kuffiyeh se trenzó en tu aliento, como los pueblos se entrelazan con el mundo por el cual viven y mueren. Nada fue casual. O todo lo fue. Un encuentro en el metro, la suerte echada en la micro, un el rencor informe de un perfume antifascista, los libros de guerra desplegando su guerrilla. Durante semanas, todo ocurrió en la calle. Días pasados pero eternos, donde los inclementes tiempos del capital abolió la subjetividad del capital: las dominaciones modularon a formas impensables. Brotaron guerras civiles entre cuerpos en proceso de incivilización. La utilidad extravío sus funciones. El clamor de las barricadas condensó los espejos y, desnudos, retorcimos nuestros dedos sobre cristales nunca vistos. Un diluvio de revueltas sacudió la capa del globo; mientras, en vano -siempre en vano-, los planisferios se empeñaban en traspasarnos su vergüenza. Las arrugas fueron industrias de inéditas adolescencias. Nuestros hombros hoy portan cicatrices que, invencibles, revivirán otros amantes: aunque no lo quisimos, hemos renunciado a ser celópatas policías hundidos en cólera. El dinero ya no precisó de valor de cambio, pues el cambio por din asumió el heraclíteo sitial de su tiranía. Dicho en una palabra -en una palabra que, como el espelma de vela, no deja de humear en nuestra boca- por algunas semanas habitamos la revolución que harán otros pueblos. Demos las gracias a ellos. Porque durante un segundo cada día encarnamos el alba de la revolución en infinito porvenir.

Alejandra Bottinelli / La palabra viva de los jóvenes de Gaza

Literatura, Política

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! […]

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Cesar Vallejo, Los heraldos negros

Hay palabras que son aviso: una sonrisa se está perdiendo para siempre y cae a nuestros pies: ¡tómenla, cuídenla, no la dejen morir!

Hay palabras que son como sombras que se quedan rondando nuestras cotidianeidades, como dobles de lo que somos en nuestros días de todos los días, y nos encuentran cuando, como al hombre del poema de Vallejo, alguien nos llama con una palmada por sobre el hombro y nos volteamos a ver nuestra mirada buscando otra mirada. Palabras sombras de las nuestras, que hacen figura con nosotros, que no nos dejan y se quedan a vivir junto a nosotros.

Hay palabras que son conjuro, de la estirpe de esas capaces de reunir a los astros y volverlos al tiempo, son palabras de fe, esto es, palabras-confianza, fidelidad, lealtad. Palabras fuertes que reposan en la promesa de seguir siendo, de permanecer a tu lado, de no soltarte, de no dejarte a ti misma, a ti mismo; palabras-confianza: la promesa misma que te constituye.