Aldo Bombardiere Castro / Delfines

Literatura

Porque no engraso los ejes

Me llaman abandona`o

Si a mí me gustan que suenen

¿Pa`qué los quiero engrasa`os?

(Atahualpa Yupanqui)

El vaivén del microbús resultaba insoportable. Irregular, entrecortado, no dejaba de sacudir y acrecentar el malestar despertado por las olas de calor que asediaban a la ciudad. Lo único mínimamente rescatable era la distancia existente entre los pasajeros. Dispuestos en lejanía unos de otros, como accidentales piedrecillas desperdigadas en lo inacabable del desierto, la distancia entre aquellos cuerpos cansados erigía la barrera de un tenue anonimato. El bús circulaba lento. La ventilación era nula. A través de los cristales se dejaba ver el monocorde cemento de las calles, las invasivas coloraturas de los semáforos y centros comerciales, así como la desoladora ausencia de transeúntes. Todo ello despertaba en los pasajeros la sensación de soledad, de encierro y, sobre todo, de sopor. Un extraño malestar empañado por el desgano y la indiferencia. Pero había algo peor: el ruido. El autobús, evidentemente sucio y deteriorado, parecía librar sus últimas horas de utilidad, por lo cual emitía un ruido metálico tan tembloroso como el movimiento que le acompañaba. Ruido agudo, de tornillos desgastados o necesitados de lubricación, el cual por instantes, pese a su marcada arritmia percusiva, hilvanaba una efímera continuidad melódica, para inmediatamente volver a entregarse a la tiranía del ruido.

Paola Caridi / Cómo escribir en tiempos de genocidio

Filosofía, Literatura, Política

El corazón alrededor del cual nos atormentamos habla una lengua ya atravesada a lo largo de la edad contemporánea. Cómo escribir en tiempos de genocidio, del genocidio de Gaza. Es una pregunta que excava en lo profundo. En el caso de quien, palestina, mira Gaza desde fuera de Gaza, dentro de Palestina y en la diáspora, porque es espectadora y, al mismo tiempo, víctima. Víctima histórica y cotidiana, porque el genocidio va más allá de Gaza: es el exterminio intentado y buscado de Palestina y de los palestinos. En mi caso, la pregunta es: ¿cómo escribir si eres espectadora y, además y por si fuera poco, estás del lado de los culpables, responsables, verdugos? Y sobre todo, nos recuerda Adania Shibli en su lectio de 2026 de la Cátedra Virginia Woolf de la Universidad para Extranjeros de Siena, ¿cómo escuchar las voces que ya no están, borradas por los verdugos? ¿Cómo podemos arreglárnoslas sin las palabras de los 263 periodistas asesinados en Gaza por Israel, y junto a ellos sin los poetas, las poetisas, los artistas, las artistas, los docentes, las maestras, las profesoras? ¿Cómo escuchar sus voces en la Aradhi Muwat, la «tierra muerta» incluida en la legislación agraria otomana, tierra considerada muerta porque no se oye voz humana por muy extensa que sea y por no estar habitada ni cultivada?

Aldo Bombardiere Castro / Getzsheim

Literatura

No imaginé que sería así. Mis vacaciones no tendrían por qué haber sido así.

El mar se ondeaba calmo y silencioso, desplazándose como un racimo de nubes al atardecer. La ausencia de autos y edificaciones daba lugar a una soledad irrefutable, la cual, sin embargo, parecía inmediatamente colmada por un magnetismo espectral. Las aves dibujaban su silenciosa aureola en el tapiz del cielo y, mientras caminaba por el borde costero, mis pies yacían acariciados por el terciopelo arenoso. Me hallaba a kilómetros de la zona de casinos y resort que, desde hace años, no deja de proliferar. Yo quería conocer el mundo.

Alejandra Castillo / Me creas una ventana. Una nota sobre Marciano de Nona Fernández

Filosofía, Literatura, Política

“En mi celda de Brasil aprendí a jugar ajedrez mentalmente. Cerraba los ojos y dibujaba un tablero imaginario en mi cabeza. Un gran cuadrado trazado por ángulos rectos, que a la vez se conformaba de sesenta y cuatro cuadrados pequeños que hospedarían a una pieza, también imaginaria, en algún momento del juego”. (Nona Fernández, Marciano)

Contar una historia como quien vuelve a una partida de ajedrez que ha quedado congelada en el tiempo. Repasar los movimientos de memoria, una y otra vez, avanzar por las mismas casillas advirtiendo salidas donde se pensaba un fin de camino. O, quizás, contar una historia solo para trazar cuatro ángulos rectos que en su unión abren una ventana para mirar el mar y desde ese lugar ver a Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Nona Fernández crea esa ventana en su novela Marciano1.

Efrén Giraldo / Un ensayo de mirada

Estética, Filosofía, Literatura

Sobre La mirada disyecta de raúl rodríguez freire, Santiago de Chile: Mimesis, 2024.

El más reciente libro de raúl rodríguez freire ejemplifica la manera en que, desde la reflexión y la creación, en América Latina se siguen desarrollando nuevas formas y modos del ensayo. La mirada disyecta. Corpoficción es una obra que trata de responder a la extraordinaria movilidad que el género de Montaigne ha empezado a tener en contextos que parecerían distantes de la literatura. Y también, da ocasión para discutir el punto que han alcanzado los cruces entre edición, imagen y ensayo.

Ahora bien, antes de discutir los perfiles ensayísticos que se insinúan en este libro, valdría la pena referirse a la relación entre mirada y ficción que se plantea desde el primer capítulo, un texto “redondo” sobre La invención de Morel, la célebre novela de Adolfo Bioy Casares. En este capítulo, rodríguez freire se ocupa de algo más bien desatendido: el modo en que la novela Bioy hace suyas algunas preguntas cruciales sobre la mirada. Desde el prólogo de Borges hasta el libro aquí reseñado, pasando por el ensayo de Blanchot y la película de Resnais, podemos darnos de cuenta de un tema que ha permanecido, hasta cierto punto, en la sombra: que la novela de Bioy es una ficción sobre el mirar. Esto, como se sabe, ya estaba en el referente fundamental de la novela: El castillo de los Cárpatos, una novela de Verne publicada en 1892 que reelabora una larga tradición que se remonta hasta el mito de Pigmalión. O, incluso, hasta el mito de Pandora, que recientemente ha sido reelaborado por películas como Her de Spike Jonze y, un poco antes, por novelas como La ciudad ausente de Ricardo Piglia. Este mito no es otro que el de la mujer imaginaria, proyección de un hombre.

Alejandro Palavecino / Alfonso Alcalde, réplicas de un temblor de tierras

Literatura

Hay una foto de ese día. Un autoretrato junto a un columpio. El ministro de fe era un viejo y sabio profesor de un barrio tomecino. Alfonso fue el padrino. La madrina, la abuela del infante. Todos, menos ella, ateos declarados.

— “Te bautizo y recibo en nombre de los hombres de buena voluntad: Darwin Rodríguez”, pronunció el improvisado bautizador. Así el pequeño Darwin, a la sombra de las ruinas de una vieja construcción de adobe, en el cerro Frutillares de Tomé, recibió su nombre y lo ató para siempre a su padrino: Alfonso Alcalde, quien, para inmortalizar el evento, sacó un par de fotografías del niño y una de él mismo, junto a un columpio, la soga alrededor del cuello.