Aldo Bombardiere Castro / Delfines

Literatura

Porque no engraso los ejes

Me llaman abandona`o

Si a mí me gustan que suenen

¿Pa`qué los quiero engrasa`os?

(Atahualpa Yupanqui)

El vaivén del microbús resultaba insoportable. Irregular, entrecortado, no dejaba de sacudir y acrecentar el malestar despertado por las olas de calor que asediaban a la ciudad. Lo único mínimamente rescatable era la distancia existente entre los pasajeros. Dispuestos en lejanía unos de otros, como accidentales piedrecillas desperdigadas en lo inacabable del desierto, la distancia entre aquellos cuerpos cansados erigía la barrera de un tenue anonimato. El bús circulaba lento. La ventilación era nula. A través de los cristales se dejaba ver el monocorde cemento de las calles, las invasivas coloraturas de los semáforos y centros comerciales, así como la desoladora ausencia de transeúntes. Todo ello despertaba en los pasajeros la sensación de soledad, de encierro y, sobre todo, de sopor. Un extraño malestar empañado por el desgano y la indiferencia. Pero había algo peor: el ruido. El autobús, evidentemente sucio y deteriorado, parecía librar sus últimas horas de utilidad, por lo cual emitía un ruido metálico tan tembloroso como el movimiento que le acompañaba. Ruido agudo, de tornillos desgastados o necesitados de lubricación, el cual por instantes, pese a su marcada arritmia percusiva, hilvanaba una efímera continuidad melódica, para inmediatamente volver a entregarse a la tiranía del ruido.

Tariq Anwar / La visita de Farid

Literatura

En los laberínticos entresijos de la Bagdad del siglo X, se susurró la extraña historia de un hombre conocido solo por el nombre de Farid. De las ondulantes dunas de los parajes más solitarios emergió este anciano, vestido con una sencilla túnica y llevando en su agrietado rostro el peso de los siglos. La presencia de Farid despertó una peculiar inquietud. Un constante zumbido, como el aleteo de un millón de mariposas, acompañaba cada uno de sus pasos, una vibración sutil que parecía penetrar el aire y robarle toda quietud.

Tariq Anwar / El vértigo

Filosofía, Literatura

Existe un vértigo inicial, el vértigo de la existencia. En él nos encontramos rara vez. Es como esa imagen relampagueante de la que hablaba Benjamin. Imagen que no puede ser vista, mas condición de toda imagen. Es decir, el vértigo de la existencia es desde siempre una especie de inalcanzable al que toda mano tiende sin encontrar apoyo, un desdoblamiento perpetuo que crea la sensación de un yo firme y soberano, un caos al que tememos arrojarnos y preferimos montar sobre él un mundo cuadriculado. El vértigo de la existencia es temblor. Sacudida en la que el yo se encuentra a distancia de sí, se confunde con los otros. No hablemos de profundidades, o digamos mejor, se trata de la profundidad de la superficie, de lo expuesto.

Gregorio Torres Quintero / La sirena

Literatura

Fuente: El Barrio Antiguo

—¿Es cierto, Basilio, que existen las sirenas?

—Tan cierto es que existen como que me llamo Basilio —contestó el pescador.

—A mí no me parece que sea tan cierto, y en cuestión como esta, yo soy más desconfiado que Santo Tomás.

—¿Ver y creer? Pues yo vi y por eso creo.

—¿Tú has visto? ¿Has visto sirenas? No delires. Habrás sido juguete de un engaño.

—¡Juguete de un engaño! No, señor, ¡si lo recuerdo como si hubiese sido ayer!