La mímesis disruptiva implica una comprensión no restringida de la mímesis—entendida tradicionalmente como mera copia pasiva o reproducción subordinada al original— al transformarla en un espacio de intervención crítica, desestabilización y reconfiguración no identitaria. Este giro, anticipado por Walter Benjamin mediante su apelación a una facultad mimética ligada a las correspondencias mágicas y la experiencia profana, es también elaborado conceptualmente por Philippe Lacoue-Labarthe, quien desmonta la ontología de la presencia al definir la mímesis como una inestabilidad que es, a su vez, constitutiva del sujeto. En los ámbitos político y cultural, esta fuerza disruptiva se operacionaliza a través de la concepción de la performance de Judith Butler, donde la repetición paródica del género subvierte y expone el carácter construido de las normas hegemónicas; de la mimesis colonial (colonial mimicry) de Homi Bhabha, que describe la imitación de los colonizados como un simulacro defectuoso y amenazante (un “casi lo mismo, pero no del todo”) que fisura la autoridad colonial; y del entramado de mímesis y alteridad en Michael Taussig, donde el acto mimético es una facultad encarnada que permite asimilar lo ajeno, fusionando la copia con el poder del otro para subvertir las divisiones cartesianas occidentales. La mímesis disruptiva puede ser pensada también en relación con la noción de repetición de Gilles Deleuze, donde el acto mimético deja de ser una copia subordinada a un supuesto “original” para convertirse en la producción de una diferencia. En esta dinámica, la repetición no reproduce lo mismo, sino que desposee al original de su autoridad y libera la potencia del simulacro (las potencias de lo falso), generando devenires múltiples que subvierten las jerarquías de la representación clásica a través de un juego constante de variaciones e intensidades.
Existencia
Giorgio Agamben / El primer amigo y el primer enemigo
FilosofíaComo me escribe un amigo científico al que le gusta reflexionar, el acontecimiento fundamental en la historia del ser vivo fue la aparición de un microorganismo capaz de sentir dolor. Esta tesis debe precisarse, por supuesto, anteponiendo —o añadiendo— a «dolor» «placer». Si relacionamos esta capacidad fundamental del ser vivo con lo que Aristóteles escribe sobre la percepción de la sensación de existir («sentir que vivimos es de por sí dulce, porque la vida es un bien y es dulce sentir que un bien semejante nos pertenece»), podemos decir entonces que la forma primordial de la capacidad de sentir placer o dolor se refiere al hecho mismo de existir, al sentirse vivir. A la sensación de la dulzura del vivir corresponde, en efecto, aquella, simétricamente opuesta, en la que por alguna razón —o incluso sin ninguna razón aparente— sentirse vivir resulta doloroso.
Giorgio Agamben / Minúscula y mayúscula
Filosofía, Sin categoríaMe ha pasado en el pasado escribir con mayúscula una palabra a la que quería dar una importancia o un significado particular. Ahora sé que me equivocaba. Es mejor ver todo en minúscula, la mayúscula impide ver. E impide entender, casi como si, una vez subrayada la prioridad o la importancia, comprender ya no fuera necesario. Más en general, si algo —aunque sea el término dios, o, peor aún, la palabra estado— necesita la mayúscula, significa que no se cree lo suficiente en su primacía. Como ha escrito maravillosamente la poeta griega Kikì Dimulà: «Si la lluvia cae en mayúscula / la miro; si cae en minúscula / la amo». En minúscula vemos, en minúscula vivimos y, si dios y el estado no nos lo imponen, sin mayúsculas nos iremos de esta minúscula y amable tierra.
Javier Agüero Águila / La herida en vida. Sobre una frase de Pablo Oyarzún
FilosofíaPerdido en otras búsquedas encontré, por azar, esta cita del filósofo Pablo Oyarzún Robles: “[…] el sujeto sólo es posible en la inminencia de su pérdida”1. Y en una suerte de fuerza inercial, de esas que no se ven venir –y que se enganchan con los senderos múltiples por los que nos puede llevar la escritura y frente a los cuales no tenemos la más absoluta capacidad de decidir nada–, la reflexión de Oyarzún se estrelló contra mi propio texto.
Mi asombro no se relaciona, en este pasaje específico, con algún punto filosófico original tocado por Pablo Oyarzún; este tipo de idea escatológica y poética relativa al sujeto siempre sensible a su disolución la encontramos en distintos autores contemporáneos (Bataille, Derrida, Benjamin o Cioran, en fin. El etcétera sería largo). Sin embargo, el impacto vino por la simpleza de la reflexión y el pórtico al que habría; de una manera tan sencilla y estructural a la vez, y en el que al enfrentarlo no pude sino comprenderme en la desolación de una existencia siempre acechada, bajo asedio, mas, y aquí la radicalidad en la profundidad escritural del filósofo chileno, aquí es donde se reafirma algo; el pasar por un mundo que, en su variabilidad total respecto de la experiencia humana, tiende a hacernos más conscientes de la vida cuando todo está por pulverizarse, extinguirse, borrarse.
Tariq Anwar / El trabajo muerto, el genocidio
Filosofía, PolíticaLo que Karl Korsch percibió con lucidez cristalina a principios del siglo pasado, y que hoy se nos presenta con una evidencia intolerable, es que el trabajo muerto no domina solamente en la fábrica o en los circuitos del capital, sino que ha colonizado la totalidad de nuestras formas de consciencia. No se trata ya de que el capital, como trabajo pasado cristalizado, ejerza su tiranía sobre el trabajo vivo — esta es apenas la superficie visible del iceberg. La verdadera catástrofe reside en que las formas jurídicas, políticas, educativas, culturales, todas ellas son ya prolongaciones espectrales del trabajo muerto que gobierna nuestros cuerpos y, esto es lo decisivo, la posibilidad misma de pensar una alternativa.
Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Filosofar la filosofía
FilosofíaPhysis y Kosmos
Suele decirse que «la física está en todo». Tal proposición resulta innegable. Si concebimos el todo como un conjunto absoluto cuya característica esencial consiste en reunir la totalidad extensiva de los entes intramundanos materialmente constituidos, la física, en cuanto ciencia que estudia las leyes universales que rigen sobre el decurso material de los fenómenos empíricos, ha de expresar su dominio sobre todos y cada uno de aquellos entes. Así, el objeto de estudio de la física, el reino de lo físico, manteniendo su connotación etimológica originaria, esto es, el sentido de la noción de “naturaleza”, propia de la physis griega, no tan sólo representa, sino que constituye materialmente la objetualidad fenoménica de los entes circunscritos bajo la idea de naturaleza.
