Daniel Rodríguez / A vueltas con la anarquía de la penumbra

Filosofía, Política


Sobre Pequeño tratado de cosmoanarquismo (2026), de Josep Rafanell i Orra

«Mis actos y pensamientos recuperaron su garra. No. La batalla no estaba ganada. Pero ya, por lo menos, podía actuar. Sabía cómo actuar. La compota me lo aclaró todo. Así como embarré la compota, convirtiéndola en una anárquica mezcolanza, así podía también aniquilar el modernismo de la colegiala, rellenándola con elementos ajenos y heterogéneos, mezclándola con cualquier cosa. ¡Cógelo, cógelo! ¡Adelante sobre el moderno estilo, sobre la hermosura de la moderna colegiala! Pero silencio…, silencio». W. Gombrowicz, Ferdydurke.

Quisiera agradecer a todos los amigos presentes que han acudido a la cita, y especialmente a Gerardo Muñoz por su invitación a participar en la conversación y por todas sus artes y mañas para lograrla. Aprovecho, asimismo, para saludar al resto de conversadores, con los que hacía algún tiempo que no coincidía virtualmente. Y, por supuesto, muchas gracias, Josep por estar aquí y por aceptar un diálogo que promete ser intenso y revelador. Quisiera comenzar haciendo alusión a algunos elementos circunstanciales de mi lectura de este Pequeño tratado de cosmoanarquismo; de la traducción del texto al castellano que desgraciadamente no está disponible, al menos por ahora, en la península ibérica; y sobre la importancia que este texto puede tener en el contexto actual, entre anarquistas y quizás no tan anarquistas, pero en cualquier caso entre quienes luchar contra este mundo Uno desde alguno de sus múltiples fragmentos, invisibles e irrepresentables, es una inclinación imperativa: una exigencia ineludible de su forma-de-vida.

Gerardo Muñoz y Philippe Theophanidis / ¿Por qué volver a la Rue Saint-Benoît? Conversación sobre un seminario

Estética, Filosofía

GM. Philippe, desde hace ya algún tiempo nos interesamos por la “escena” de la Rue Saint-Benoît, cuyo desenlace ha sido un seminario. Ya tengo muchas ganas de debatir cuestiones ciertamente apremiantes y difíciles. Me parece que el primer problema del Grupo Rue Saint-Benoît es cómo resiste las periodizaciones y categorizaciones propias de la historia literaria que siempre busca “restituir” al objeto para alejarlo aún más del pensamiento. En un tono abiertamente irónico, vale recordar que Dionys Mascolo, en una entrevista tardía, calificó la experiencia de Saint-Benoît como una especie de comunidad monástica [1]. Sin embargo, esto también parece insuficiente si nos aferramos a la idea de que los diferentes estilos de quienes circulaban en la escena de la Rue Saint-Benoît se unieron para poner en marcha un movimiento de pensamiento profundamente experiencial, arraigado en la vida y no sólo en la realidad o en la dimensión sensorial de la letra, por evocar el espíritu de Hugo de San Víctor. Ciertamente, la experiencia del grupo de Saint-Benoît se midió con el colapso de la política; de la transformación de la política en totalitarismo y en política extática de la que jamás saldría. Por supuesto, sabemos que el monasterio no tiene exterior, y sólo conoce reglas y obligaciones formativas para preparar el abandono del mundo. Creo que en Saint-Benoît había mucho más en juego. Mi hipótesis inicial es la siguiente: la insistencia de la Rue Saint-Benoît en las condiciones de la amistad en el pensamiento siempre tuvo como tonalidad fundamental confrontar la desconexión entre vida y mundo, por más efímero e intenso que pueda ser cualquier encuentro. La noción de “rechazo”, tan común a sus diferentes estilos y que sigue filtrando instituciones en nuestro presente; en principio, también fue un ejercicio contra todas las dispensaciones más o menos programáticas. De ahí que Mascolo dirá en los últimos años de su vida: “Todas las utopías se han transformado en cárceles” [2].