Vivimos en nuestra lengua como ciegos que caminan al borde de un abismo… la lengua está preñada de catástrofes y llegará el día en que se volverá contra quienes la hablan. G. Scholem
Todos los pueblos de la tierra se hallan hoy suspendidos sobre el abismo de su lengua. Algunos se están hundiendo, otros están ya casi sumergidos y, creyendo usar la lengua, son en cambio, sin darse cuenta, usados por ella. Así los judíos, que han transformado su lengua sagrada en una lengua instrumental de uso, son como larvas en los infiernos que deben beber sangre para poder hablar. Mientras estaba confinada en la esfera separada del culto, esta les proporcionaba un lugar sustraído a la lógica de las necesidades económicas, técnicas y políticas, con las cuales se medían en las lenguas que tomaban prestadas de los pueblos entre los que vivían. También a los cristianos el latín les ofreció durante largo tiempo un espacio en el que la palabra no era solamente un instrumento de información y de comunicación, en el que se podía rezar y no intercambiar mensajes. El bilingüismo podía ser también interno a la lengua, como en la Grecia clásica, en la que la lengua de Homero —la lengua de la poesía— transmitía un patrimonio ético que podía de algún modo orientar los comportamientos de quienes hablaban cada día dialectos diversos y cambiantes.
