Giorgio Agamben / La gramática de Occidente

Filosofía, Política

En un ensayo de 1942, Louis Renou podía afirmar que «en la base del pensamiento indio hay razonamientos de orden gramatical». Las tres categorías en las que, según la filosofía india, se articula toda la realidad —sustancia, cualidad, acción— derivan indiscutiblemente del análisis gramatical del lenguaje: nombre, adjetivo, verbo. La gramática de la lengua sánscrita de Panini y el comentario de Patañjali preceden, de hecho, a la mayor parte de los textos filosóficos indios.

Cabe preguntarse en qué medida esto vale también para la filosofía griega que está en la base de nuestra cultura. A esta hipótesis parece oponerse la tradición que atribuía a Platón y Aristóteles el descubrimiento de las partes del discurso y, en consecuencia, la invención de la gramática. La oposición se atenúa y desaparece en cuanto se entiende que lo que de este modo se sugería era que, para poder ser filósofos, Platón y Aristóteles antes tuvieron que ser gramáticos.

Gerardo Muñoz / El coraje de llamarse Idris Robinson

Política

Comencemos por los hechos. A finales del mes de junio de 2024, el joven filósofo afroamericano Idris Robison participó junto a otro grupo de colegas en una mesa redonda sobre resistencia y liberación palestina en la ciudad de Asheville en Carolina del Norte. Durante el conversatorio un grupo de militantes proisraelíes interrumpieron el acto de la presentación con altisonantes vituperios y exclamaciones, celulares en mano. Ya desde ese momento las calumnias y las amenazas se dejaban escuchar con nitidez. Poco tiempo después el conversatorio se interrumpe y el conferencista se ve forzado a salir por la puerta de atrás. Se trataba de un conferencista que aludía a Walter Benjamin y a Franz Fanon, al Torah, al mesianismo y a la filosofía de la historia. Esta es la primera escena.

Exactamente un año después, ya hacia finales de mayo y comienzos de junio, aparecen en las redes sociales recortes audiovisuales de la presentación del profesor Idris Robinson que incitaban a contactar a su universidad con el objeto de sentar un escarmiento y dejarlo sin empleo. En un despliegue espectacular del asesinato de biografia, se identificaba con nombre y apellido a la figura, y se explicitaban nexos institucionales con el número de teléfono del rector y de la oficina del decanato de la universidad estatal de Texas. Sobre esos días, entonces, Robison fue formalmente aliviado de responsabilidades universitarias, y posteriormente advertido que sería despedido al año y un día; esto es, ahora en el próximo mes de mayo de 2026, interrumpiendo su proceso de permanencia, hasta hace muy poco una de las garantías sacrosantas de la universidad norteamericana.

Giorgio Agamben / La infancia de Adán

Filosofía

No se comprende la concepción que nuestra cultura se hace del ser humano si no se recuerda que en su base está un hombre sin infancia: Adán. Según la narración del Génesis, el hombre que el Señor crea y coloca en el jardín del Edén es un adulto, a quien Él habla y da mandamientos, y para el cual crea una compañera para que no esté solo. Y solo un adulto, y desde luego no un in-fante, podía dar un nombre a todos los animales del jardín.

No sorprende que un ser sin infancia no pueda permanecer inocente y esté fatalmente destinado a la culpa y al pecado. Quizá el pesimismo que condena al Occidente cristiano a remitir siempre al futuro la felicidad y la plenitud proviene de esta singular carencia, que hace de Adán un ser constitutivamente privado de infancia. Y acaso sea por esta falta más originaria que cualquier pecado que, por una parte, la infancia es para cada uno de nosotros el lugar de la nostalgia de la felicidad imposible y, por otra, en la organización social, una condición defectuosa que hay que disciplinar y amaestrar a toda costa. Y si el psicoanálisis ve en el niño al sujeto oculto de toda neurosis, ello se debe quizá precisamente a que en alguna parte actúa en nosotros el paradigma adánico de un hombre sin infancia.

uni.Sol_166 / 0303_multiverse5

Música, Sonido

Como práctica artística el collage sonoro permite la reproducción y recombinación de un enorme universo de materiales audibles. La creatividad se abre a la repetición y a la diferencia, el flujo y el corte, la proliferación superpuesta de archivos, bases disponibles y la intervención en vivo sin límites. Aquí, en Ficción de la razón presentamos 0303_multiverse5 del colectivo irlandés uni.Sol. Dos horas de sonidos para escuchar atentos.

Gonzalo Jara Townsend / Apuntes sobre el tiempo de la revuelta y sus implicaciones en la revolución y la reacción desde Furio Jesi

Filosofía, Política

El encanto de la revuelta radica ante todo en su inmediatez e inevitabilidad: debe suceder de manera ineludible. El tiempo está suspendido: lo que es, es de una vez por todas. Al igual que en la alquimia, si el experimento falla, significa que no se era lo suficientemente consciente y puro. Habrá otra suspensión del tiempo, mil otras suspensiones del tiempo, y tal vez alguna vez se será lo suficientemente consciente y puro. Furio Jesi, Lectura del barco ebrio de Rimbaud.

Existe un debate pendiente sobre el fenómeno de la revuelta, que debe ir más allá de su lectura romántica que se centra en los “afectos”. Para abordarlo, es necesario releer a Furio Jesi desde una perspectiva política, evitando la interpretación que lo separa completamente de la revolución o la reacción. Para comenzar, podríamos aseverar que la revuelta no puede entenderse como suspensión mágica del “tiempo histórico”, ni como un fenómeno explicable por una causa única o un origen determinado.

Desde un enfoque crítico, la revuelta debe ser analizada a partir de sus consecuencias concretas y posibles, no desde explicaciones causales abstractas. Buscar un “origen” —como el “neoliberalismo” o la “desigualdad”— simplifica un fenómeno complejo y limita su comprensión. En este sentido, se debe aceptar que la revuelta rompe con la lógica lineal de “causa” y “efecto”, exigiendo una evaluación “situada” en el tiempo y el espacio, que permita un análisis dinámico y no esencialista de su acontecer.

Gerardo Muñoz / Pintar el paraíso

Arte, Estética, Filosofía

El «Paraíso» (1445) de Giovanni di Paolo es un pequeño y poco conocido cuadro sobre madera que en algún momento formó parte de un retablo de la catedral de Santa Dominica de Siena. A pesar de sus proporciones diminutas, esta impactante imagen del paraíso nos sitúa ante una coreografía de encuentros con los muertos, como si el cielo no fuera una mera etapa superior en la secuencia de la salvación, sino un territorio que continúa cultivando, de forma ininterrumpida, el habla de “esta vida”. Mediante una composición sencilla y rítmica, rodeado de cítricos y vegetación y animales, Di Paolo ofrece al espectador un estado paradisíaco que no se centra en la gracia absoluta ni en un mundo bañado de una irresistible encantación; sino en algo que, en su pobreza aparente, revela la proximidad, cara a cara, con un otro, quizás un amigo, un amante, o un ángel. En ese encuentro el habla es silenciosamente redimida. Si recorremos con la vista todas las figuras del cuadro es como si se confirmara aquella bella intuición de Robert Antelme en cuanto a que “la única trascendencia es la relación entre los seres”, alma a alma. Y no otra cosa es la textura pictórica de este paraíso que trasciende la vida porque retorna al encuentro. Aquí podemos definir el paraíso terrenal como ese espacio donde se dispensa la trascendencia porque, ante todo, acoge el cometido de aquello que nos ha tocado.