Comité Invisible / ¡Fuego contra el cuartel general de la senilidad!

Filosofía, Política

Desde hace una semana, os hemos estado viendo tambalearse, gesticular y delirar. Decís tonterías, entráis en pánico y estáis en total levitación. Solo han podido estar hablando a vosotros mismos y a vuestro público de jubilados cautivo frente a la televisora. Vuestra autoridad es inexistente y, para ser respetado, primero hay que ser respetable. La aterradora verdad es que llevan una semana intentando encubrir es simple hecho: el 17 de octubre fue la insurrección más alegre, desenfadada, jovial y educada que jamás haya existido. Hasta vuestros propios policías lo dejaron escapar: describieron esta insurrección como una “combinación entre la Comuna de París y el Black Friday”. Han tenido tanto miedo que, desde hace una semana, nos perdéis dando vueltas en el vacío para intentar intimidarnos, aterrorizarnos y entristecernos. Bien podéis resucitar a la ORTF (Oficina de Radiodifusión y Televisión Francesa), todo el mundo ve claramente que el rey está desnudo.

Marina Weinberg / Sobre Ficciones geológicas de raúl rodríguez freire

Filosofía, Política

Quisiera comenzar esta presentación situando el lugar desde el cual leí Ficciones geológicas. Cosmografía de un país-mina y desde el cual hoy quiero hablar.

Vivo en San Pedro de Atacama, el corazón del desierto de Atacama. Es un lugar que tiene una condición bastante paradójica. Si una lo mira en el mapa, aparece como un lugar aislado, distante de los grandes centros urbanos y de muchas de las infraestructuras que organizan y facilitan la vida cotidiana en otras partes del país. Pero San Pedro es también, por el turismo y sobre todo por la minería, uno de los lugares más conectados de Chile.

El aeropuerto más cercano, El Loa en la ciudad de Calama, ubicado a unos cien kilómetros del pueblo, recibe entre veinticinco y treinta vuelos diarios, y despacha una cantidad similar. Aunque una fracción de sus pasajeros son turistas que van a San Pedro, el mayor volumen de ese movimiento está asociado a los ritmos de la minería y a la conmutación laboral: el constante ir y venir de trabajadores entre el desierto y otras ciudades del país.

Giorgio Agamben / El pueblo innumerable

Filosofía, Política

Uno de los problemas políticos fundamentales —si no el más urgente— es cómo pensar una multiplicidad (o una multitud) no numerable. Como concepto político, el pueblo solo tiene sentido a condición de no ser numerable; si se puede contar, entonces lo decisivo ya no es el pueblo como tal, sino una cantidad numérica, la llamada mayoría, en la que el pueblo se disuelve según el perverso dispositivo de las elecciones o de los plebiscitos. El pueblo —como también el género humano— no es un conjunto constituido por singularidades numerables: el carácter «popular» o «genérico» —es decir, el carácter político— debe pertenecer integralmente al singular como tal. Es lo que Marx intentó pensar con el concepto de Gattungswesen («ser genérico»), que define a cada hombre y no a una cantidad numerable. En tanto cada hombre «se refiere a sí mismo como al género presente y vivo», este no puede ser una suma numérica de individuos, sino que es una realidad esencial y plenamente presente en cada uno. Si el pueblo, como el ser genérico, se numera, se divide no solo en una mayoría y en una minoría, sino también en facciones, entre las cuales se establece necesariamente una guerra civil. Hobbes, en el Leviatán, intentó salir de esta aporía, hipotizando una multitud numerable, que llama multitudo disunita, la cual se constituye en unidad en el cuerpo del soberano; pero esto significa que el pueblo no tiene unidad sino aboliéndose en la persona artificial del soberano.

Mauro Salazar J. / Chile, las palabras que no llegan

Filosofía, Política

Chile atraviesa, bajo el «gobierno de emergencia», una ceremonia fúnebre sin difunto: una sociedad vestida de negro que no sabe a quién vela, y no puede pensar el sentido del velatorio. Se administra la urgencia como quien custodia la contabilidad del presente: se declara una lengua permanente. Todo se vuelve excepción y, por lo mismo, nada se explica. La emergencia, como lengua neutralizadora del deseo, no promete salir de la emergencia, sino su continuación ordenada. Al tiempo que se expande el expediente iliberal como inmunización retórica.

Se dirá que las «emergencias» pasan. Las que pasan, en verdad, no son «emergencias»: son accidentes. Giorgio Agamben (2004) lo formuló con una exactitud incómoda: la excepción que se invocaba como provisoria se instala como «paradigma de gobierno», y la ley aprende a convivir con su propia suspensión, como con un vecino de toda la vida. Chile habita esa zona de indeterminación donde lo extraordinario se hace «domicilio», una manera de residir en el pánico por costumbre y no por convicción.

Giorgio Agamben / Esperanza y deseo

Filosofía

Nuestra condición, en cuanto a la esperanza y el deseo, se asemeja a la de aquellos que, en la Comedia dantesca, permanecen suspendidos en el limbo y que, en palabras de Virgilio, desean sin ya esperar (sanza speme vivemo in disio). También nosotros, como los habitantes del limbo, estamos suspendidos entre deseo y esperanza: hemos perdido la esperanza en un mundo mejor y, sin embargo, seguimos vanamente deseándolo y no podemos prescindir de ello. Para salir de esta condición liminal, es necesario dirigir la esperanza no a un bien que nos falta y queremos poseer, sino a aquello que ya tenemos, al bien que está en nosotros, para que siga vivo y nos haga vivir. Y si la fe es, en palabras del apóstol, la existencia de las cosas esperadas [cf. Hebreos 11,1], éstas están presentes en nosotros y ante nosotros, y el deseo de un bien en el que creemos está siempre ya satisfecho. La esperanza en lo que tenemos es, luego, una forma especial de memoria, que no se limita a recordar un bien pasado, sino que incesantemente obra para que éste permanezca presente y vivo. Y esta inversión de la esperanza en memoria es el pensamiento, la vida de la mente.

Roque Farrán / ¿Milei está loco? De la vergüenza ajena al atravesamiento de la propia locura

Filosofía, Política

En torno a todas estas discusiones sobre si Milei está loco o no, y si eso es determinante para la política o no, quiero ser bien claro. No importa si Milei está efectivamente loco, podría tratarse de una performance actoral o una estrategia política (personalmente no lo creo, pero no importa), el problema es que el efecto que produce resulta concreto y real: el enloquecimiento de las relaciones sociales. Sus ostensibles contradicciones a nivel discursivo, la pobreza argumental de sus alocuciones, como la crueldad o el desprecio constante que demuestra hacia los demás, resultan completamente destructivas para el conjunto de la sociedad. Incluso para quienes puedan sentirse identificados con algunas de sus posiciones ideológicas o hasta quienes se benefician con su política económica. No es solo cuestión de imagen o lenguaje, sino algo mucho más básico: la ruptura del lazo social y la desconfianza brutal en el Otro como lugar simbólico de intercambios elementales. No debería sorprendernos porque de algún modo expone la verdad cruda del capitalismo: la disolución de todos los lazos sagrados en las frías aguas del cálculo y la ganancia. La novedad es que hasta ahora ningún personaje lo había encarnado de manera tan patética y cabal.