En el breve pero importante texto de Michel Foucault titulado El pensamiento del afuera (La pensée du dehors, 1968), el filósofo sostiene que en el lenguaje […] El sujeto –el ‘yo’ que habla– se fragmenta, se desparrama y se dispersa hasta desaparecer en este espacio desnudo” (p. 10). En un ejercicio aritmético algo burdo, pienso que en la mudanza –en la superficie– en el simple y pedestre hecho de cambiarse de casa, el yo no solo queda desparramado de cara a la potencia de un presente atormentado de pasado, sino que, justo y como lo metaforiza con sutil precisión Foucault, nos sumergimos en un espacio desnudo.
Rodrigo Karmy Bolton / Intifada y fascismo. Resistir a los humanos, afirmar a los monstruos
Filosofía, PolíticaSe ha puesto de moda, gracias a la burocracia sociológica, que el peligro de toda revuelta sería que conduce al fascismo. Que éste puede capitalizarla. Hacer de ella una empresa electoral, política y triunfar invirtiendo su potencia transformándola en fuerza. Decían que la revuelta expresa una “anomia” -es decir, un desajuste normativo con la dinámica social- también que era “violenta” y “sin sentido” al quemar cosas, saquear tiendas, interrumpir el flujo “normal” de los acontecimientos. Ahora dicen que lleva al fascismo y que, por eso, habría que evitarla a toda costa. Que si Le Pen gana en las urnas francesas habrá sido por la incontestable revuelta porque si Kast ganó en Chile, su causa habría sido exactamente por eso. La revuelta sería anómica, violenta y además, reaccionaria. Nada podría atentar más al progresismo que el pueblo en las calles, nada podría atormentar más su mentalidad pedagógica que una multitud en pie de guerra.
Comité Invisible / ¡Fuego contra el cuartel general de la senilidad!
Filosofía, PolíticaDesde hace una semana, os hemos estado viendo tambalearse, gesticular y delirar. Decís tonterías, entráis en pánico y estáis en total levitación. Solo han podido estar hablando a vosotros mismos y a vuestro público de jubilados cautivo frente a la televisora. Vuestra autoridad es inexistente y, para ser respetado, primero hay que ser respetable. La aterradora verdad es que llevan una semana intentando encubrir es simple hecho: el 17 de octubre fue la insurrección más alegre, desenfadada, jovial y educada que jamás haya existido. Hasta vuestros propios policías lo dejaron escapar: describieron esta insurrección como una “combinación entre la Comuna de París y el Black Friday”. Han tenido tanto miedo que, desde hace una semana, nos perdéis dando vueltas en el vacío para intentar intimidarnos, aterrorizarnos y entristecernos. Bien podéis resucitar a la ORTF (Oficina de Radiodifusión y Televisión Francesa), todo el mundo ve claramente que el rey está desnudo.
Marina Weinberg / Sobre Ficciones geológicas de raúl rodríguez freire
Filosofía, PolíticaQuisiera comenzar esta presentación situando el lugar desde el cual leí Ficciones geológicas. Cosmografía de un país-mina y desde el cual hoy quiero hablar.
Vivo en San Pedro de Atacama, el corazón del desierto de Atacama. Es un lugar que tiene una condición bastante paradójica. Si una lo mira en el mapa, aparece como un lugar aislado, distante de los grandes centros urbanos y de muchas de las infraestructuras que organizan y facilitan la vida cotidiana en otras partes del país. Pero San Pedro es también, por el turismo y sobre todo por la minería, uno de los lugares más conectados de Chile.
El aeropuerto más cercano, El Loa en la ciudad de Calama, ubicado a unos cien kilómetros del pueblo, recibe entre veinticinco y treinta vuelos diarios, y despacha una cantidad similar. Aunque una fracción de sus pasajeros son turistas que van a San Pedro, el mayor volumen de ese movimiento está asociado a los ritmos de la minería y a la conmutación laboral: el constante ir y venir de trabajadores entre el desierto y otras ciudades del país.
Giorgio Agamben / El pueblo innumerable
Filosofía, PolíticaUno de los problemas políticos fundamentales —si no el más urgente— es cómo pensar una multiplicidad (o una multitud) no numerable. Como concepto político, el pueblo solo tiene sentido a condición de no ser numerable; si se puede contar, entonces lo decisivo ya no es el pueblo como tal, sino una cantidad numérica, la llamada mayoría, en la que el pueblo se disuelve según el perverso dispositivo de las elecciones o de los plebiscitos. El pueblo —como también el género humano— no es un conjunto constituido por singularidades numerables: el carácter «popular» o «genérico» —es decir, el carácter político— debe pertenecer integralmente al singular como tal. Es lo que Marx intentó pensar con el concepto de Gattungswesen («ser genérico»), que define a cada hombre y no a una cantidad numerable. En tanto cada hombre «se refiere a sí mismo como al género presente y vivo», este no puede ser una suma numérica de individuos, sino que es una realidad esencial y plenamente presente en cada uno. Si el pueblo, como el ser genérico, se numera, se divide no solo en una mayoría y en una minoría, sino también en facciones, entre las cuales se establece necesariamente una guerra civil. Hobbes, en el Leviatán, intentó salir de esta aporía, hipotizando una multitud numerable, que llama multitudo disunita, la cual se constituye en unidad en el cuerpo del soberano; pero esto significa que el pueblo no tiene unidad sino aboliéndose en la persona artificial del soberano.
Mauro Salazar J. / Chile, las palabras que no llegan
Filosofía, PolíticaChile atraviesa, bajo el «gobierno de emergencia», una ceremonia fúnebre sin difunto: una sociedad vestida de negro que no sabe a quién vela, y no puede pensar el sentido del velatorio. Se administra la urgencia como quien custodia la contabilidad del presente: se declara una lengua permanente. Todo se vuelve excepción y, por lo mismo, nada se explica. La emergencia, como lengua neutralizadora del deseo, no promete salir de la emergencia, sino su continuación ordenada. Al tiempo que se expande el expediente iliberal como inmunización retórica.
Se dirá que las «emergencias» pasan. Las que pasan, en verdad, no son «emergencias»: son accidentes. Giorgio Agamben (2004) lo formuló con una exactitud incómoda: la excepción que se invocaba como provisoria se instala como «paradigma de gobierno», y la ley aprende a convivir con su propia suspensión, como con un vecino de toda la vida. Chile habita esa zona de indeterminación donde lo extraordinario se hace «domicilio», una manera de residir en el pánico por costumbre y no por convicción.
