Giorgio Agamben / El bastón y la mano

Filosofía, Política

«¿Se jactará acaso el hacha contra quien corta con ella, o la sierra se enorgullecerá contra quien la maneja? Como si el bastón quisiera dirigir a quien lo empuña, como si la vara quisiera levantar a quien no es de madera» (Isaías 10). Las palabras del profeta describen exactamente lo que hoy está ocurriendo. Los dispositivos tecnológicos son el bastón que pretende dirigir y, de hecho, dirige a quien lo maneja o, más bien, cree manejarlo. Y la inteligencia artificial aparece en el momento en que el hombre, ya incapaz de dominar las herramientas que él mismo ha creado, cae presa de lo que Günther Anders definió como la vergüenza prometeica y, renunciando a pensar, se somete al bastón que se le ha escapado de las manos.

Mauro Salazar J. / Ultraderecha. Emergencia post mortem

Política
  1. La «emergencia» como concepto estratificado

Antes de trazar las escenas del desplome narrativo (gubernamental), es necesario detenerse en la arquitectura del término mismo. La «emergencia» que el Partido Republicano instaló como eje de su programa de gobierno no es una palabra: es una construcción de cuatro pisos (heterogéneos) que el uso político aplana en uno solo, confundiendo deliberadamente sus niveles para que cada uno refuerce a los otros sin que ninguno deba responder por lo que los otros no pueden sostener.

La primera dimensión es global. Más allá de lo provinciano, en su plano más abstracto y más real, la «emergencia» nombra una condición estructural del capitalismo financiero contemporáneo: la tendencia a gobernar mediante la excepción, a transformar la crisis en modo de administración permanente y a extraer de la urgencia declarada las condiciones que el debate ordinario no toleraría. No es una invención del Partido Republicano ni una ocurrencia chilena. Es el script disponible globalmente para sistemas políticos que ya no pueden producir consenso mediante la deliberación y que encuentran en la amenaza —el migrante, el terrorista, el gasto descontrolado, el caos institucional— el sustituto de la legitimidad que la promesa redistributiva ya no puede ofrecer. El Democracy Index 2024 del EIU registra el mínimo histórico del índice democrático mundial —5,17 sobre 10—, con sesenta regímenes autoritarios, ocho más que una década atrás, y apenas el 6,6% de la población mundial bajo democracia plena. La investigación comparada documenta cómo Orbán, Milei, Bukele y Modi son capítulos nacionales del mismo texto político que el capital financiero transnacional encuentra más manejable que las democracias de masas con sus costosas exigencias redistributivas. La teoría de la securitización —de Schmitt a Wæver— describe el mecanismo: el discurso de excepción convierte demandas sociales en problemas de orden, instala la gobernanza extraordinaria como forma permanente de administración de lo ordinario y produce la suspensión del debate sobre las causas estructurales de lo que se declara amenaza. Este primer nivel no tiene caducidad interna: no expira porque no promete acabar. Muta bajo otros nombres, en otros gobiernos, con otros enemigos disponibles.

Mauro Salazar J. / El PC. Metal y sombra. Obediencia y orfandad de sustancia

Política

Un partido que desorienta por lo que ya no permite saber: ¿es un partido obrero sin obreros, social-demócrata, un partido popular sin pueblo, un partido de izquierda que administra lo que la izquierda impugnaba? La pregunta no encuentra respuesta porque «el partido mismo ha dejado de saberlo». Tal ignorancia —serena, institucionalizada, presupuestada— es quizás su rasgo más definitorio.

Hay una pregunta que esta nota no formula porque no puede formularla sin implicarse en lo que pregunta: ¿qué ocurre cuando un partido —de rojo amanecer— que se definió durante un siglo por su distancia radical con el orden existente decidió, en un momento que llama estratégico, ingresar a la modernización como si existiera un territorio vacante para reformas populares? La pregunta no es retórica. Es la pregunta que el mundo post-Recabarren debería haberse hecho antes de responderla con los hechos, antes de que los hechos respondieran por él con una elocuencia que ningún congreso partidario habría aprobado y que ninguna glosa keynesiana tiene actualmente el coraje de leer en voz alta ante sus bases. Hay convicciones que solo se sostienen mientras no se las examina. Esta coalición examinó las suyas demasiado tarde, o demasiado rápido, que en política suele ser lo mismo.

Jaime Pettit / Notas sobre un campo de ICE

Política

Uno se tarda una hora y treinta y cinco minutos en viajar desde la costa de Connecticut hasta las profundidades del infierno. Pon un podcast de tu elección en el bluetooth de tu coche para el viaje y podrás ver cómo las idílicas casas y apartamentos enclavados en las costas del estado se transforman lentamente en una prisión en el fin del mundo. El Centro de Detención de Inmigrantes Delaney Hall está situado en la desembocadura de la Bahía de Newark, junto a un centro de detención estatal al norte y casi paralelo en latitud a Ellis Island al este. El horizonte de la ciudad de Nueva York es visible desde la franja industrial donde se encuentra, de pie a cierta distancia en la calle, puedes ver la Torre de la Libertad a tu derecha y la prisión a tu izquierda. De propiedad privada de GEO Group, una empresa penitenciaria con fines de lucro, éste es uno de los dos centros de detención de inmigrantes que actualmente albergan a presuntos inmigrantes indocumentados en Nueva Jersey.

En septiembre, se podía oler antes de verlo: el agua salobre, el diésel, el betún y los desechos humanos de todo tipo. Estos últimos eran cortesía de un tren intermitente que transportaba vagones de basura camino de un vertedero cercano hacia el sur, donde un viento lo suficientemente fuerte o una sacudida en las vías provocaba una lluvia de desechos que se derramaba sobre la carretera paralela a las instalaciones. Si decides aparcar el coche en la calle, tendrás que tener cuidado dónde pisas, no sea que se te pegue un pedazo de papel higiénico en la suela de los zapatos. El complejo en sí mismo tiene una especie de diseño austero; sus muros están compuestos de piedras sombrías y grises interrumpidas por ventanas tintadas. Es imposible verlos más de cerca; solo se puede llegar hasta una sección del aparcamiento antes de verse obstaculizado por las altas mallas metálicas que rodean la prisión. Las letras de bronce que forman «Delaney Hall» cuelgan sobre la entrada central con una tipografía típica de instituto estadounidense. Anteriormente una prisión con fines de lucro en desuso, la instalación de 1000 camas reabrió en mayo de 2025, después de que el Grupo GEO firmara un contrato de quince años por 1000 millones de dólares con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) para procesar y alojar exclusivamente a inmigrantes detenidos. La reutilización de la prisión formaba parte del plan más amplio de la administración reelecta de Trump para cumplir las promesas de campaña más difundidas: deportar a más de un millón de migrantes por cualquier medio necesario.

Dionisio Espejo Paredes / Kindertotenlieder. El testamento de Magda Goebbels

Filosofía, Política

I. El abismo entre el duelo y la abstracción: Mahler, Puccini y la carta de Magda Goebbels

Del búnker berlinés de Hitler salió, el 28 de abril de 1945 —apenas tres días antes de su suicidio—, una carta dirigida a Harold1, el hijo que Magda Goebbels había tenido en un matrimonio anterior y que entonces se encontraba en una prisión británica. En ella escribía:

«El mundo que vendrá después del Nacionalsocialismo es uno en el que no merece la pena vivir, y por esa razón me he llevado a los niños también. Son demasiado buenos para la vida que vendrá cuando nos hayamos ido, y un Dios misericordioso me entenderá si los libero yo misma».

Estas palabras, escritas antes de asesinar a sus seis hijos y suicidarse junto a su esposo Joseph Goebbels, condensan de forma aterradora la lógica profunda del sujeto totalitario y su concepción del sentido del individuo y de la comunidad.

La muerte de un hijo es una de las experiencias límite de la existencia humana. Ante ella, las culturas han desarrollado formas de duelo, memoria y consuelo que intentan preservar algo de sentido allí donde la vida parece haberse vuelto incomprensible. Gustav Mahler y Giacomo Puccini han explorado ese dolor extremo en obras que figuran entre las cumbres de la tradición musical europea: los Kindertotenlieder (1901-1904) y Suor Angelica (1918). La comparación entre estas obras y la carta de Magda Goebbels permite observar dos actitudes radicalmente opuestas ante la muerte de los hijos: una que transforma el dolor en duelo y memoria, y otra que convierte la muerte en una decisión ideológica.