Roque Farrán / ¡Es el disfrute, estúpido! Sobre la naturaleza del mal y la Ilustración afectiva

Filosofía, Política

Estamos en un tiempo enloquecedor y bastante sobregirado que no necesita más diagnósticos e interpretaciones sino proposiciones simples, claras y directas que interpelen a ejercitarnos en concreto para pensar lo que nos pasa. A la vez estamos sometidos a una guerra desigual por la atención que compele continuamente a recurrir a términos o expresiones que generen cierto enganche. Sin desconocerlo, no tenemos que sucumbir fácilmente a ello; de igual modo que la claridad expositiva no renuncia a la complejidad en la que se sostienen los enunciados para hacer cuerpo el pensamiento. Así pues, resulta habitual apelar a la expresión del título (la fórmula genérica sería: ¡Es X, estúpidx!) para remarcar algo obvio que no está siendo considerado en los análisis sobre la política y la sociedad, esto es: la eficacia determinante de un factor o práctica específica. Al principio fue la economía, en la génesis de nuestra modernidad, pero dada la desorientación actual se suele variar el término en cuestión, de acuerdo al gremio o profesión de quien enuncia, sin reparar que la misma expresión ya supone un tratamiento del otro bastante descuidado: un insulto o menoscabo a su inteligencia.

Gerardo Muñoz / Algunas notas sobre Naza (2026)

Cine, Estética, Filosofía, Política

El documental Naza (2026), dirigido por Yuval Abraham and Rachel Szor que en estos días podía verse en el Festival de Cine de Nueva York introduce un concepto al léxico de la devastación en curso: “naza”, una abreviación de “nezek agavi” o daños colaterales a causa de los bombeardeos teledirigidos del ejército israelí sobre la población de Gaza. Si bien la noción de “daño colateral” no es ajena a las normas del derecho internacional de conflictos, la novedad de la noción de la naza es que ahora se limita al objetivo mismo del acto bélico. En varios de los testimonios – todos ellos grabados desde tejados del centro de Tel Aviv – queda claro que esta nueva fuerza tecnológica no busca simplemente aniquilar a un ciudadano específico, sino hacerse cargo de una “naza”, como si la vida humana sólo pudiera ser pensada como paquetes, tal y como lo determina la propia eficacia de su funcionamiento letal.

Paloma Castillo / Atmoterrorismos 1: Perdiendo la risa

Filosofía, Política

Hace un tiempo vengo notando algo en la consulta y en las conversaciones con colegas: un aumento que nadie termina de explicarse de los rasgos que la época agrupa bajo el nombre de neurodivergencia o TEA. Hipersensibilidad a los ruidos, intolerancia al contacto físico, desadaptación social, intereses focalizados hasta la obsesión y, el que más me llama la atención, la falta de comprensión del sentido del humor. Los manuales lo registran como déficit. Las familias viven muchas veces como alivio contar con una categoría diagnostica. Y en los espacios escolares puede ser broma, insulto o juego: “Es que soy TEA”, “¿Cómo tan TEA?” y otras variaciones. Para personas como yo la primera tentación es leer esto como resistencia.

Giorgio Agamben / Una desmovilización general

Filosofía, Política

En 1932 Ernst Jünger publica Der Arbeiter, El Trabajador (o, como quizá debería traducirse con mayor precisión, El Obrero —en Marx, Arbeiterklasse es «la clase obrera»—), obra en la que esta nueva figura de lo humano señalaba el nuevo orden del mundo. A la centralidad del trabajo corresponde el dominio de la técnica. Desarrollando conceptos que había expresado en el libro de dos años anterior, La movilización total, Jünger escribe: «la técnica es el modo en que la forma del obrero moviliza el mundo». El diagnóstico, que retomaba desde una perspectiva enteramente distinta los análisis de Marx, ejerció una influencia considerable tanto en la derecha como en la izquierda del espectro político.

Julio Cortés Morales / Bicicleta blanca

Filosofía, Política

1.-“My white bicycle” (Nazareth)

Los rockeros escoceses de Nazareth tuvieron uno de sus primeros grandes éxitos radiales en 1975 con la canción “My white bicycle”, que decía más o menos así:

Mi bicicleta blanca, mi bicicleta blanca

Pedaleando por la calle

Cuatro en punto de la mañana y todos duermen

No estoy cansado y es tan tarde

Moviéndose rápido todo se ve grandioso

Después glorifican la sensación de ir pedaleando sin importar la lluvia en la cara ni el viento que azota el pelo mientras pasan las gaviotas, y prosiguen refiriendo un encuentro con un agente del control social:

Un policía me grita pero no lo veo

Ellos son algo en que no creo

Busca acusarme y no se va

Alza las dos manos, su cabeza desgraciada

Ninguna luz me ilumina

A través de la oscuridad, seguimos avanzando

Mi bicicleta blanca y yo.

Mauro Salazar J. / «Chile Actual. Anatomía de un mito». El dolor de lo posible

Filosofía, Política

El célebre libro de Tomás Moulian (1997) duele, y no por lo que denuncia, que ya conocíamos, sino por lo que nos devuelve el espejo roto: la imagen de un país con épicas modernizantes que aprendió a llamar «realismo» a su rendición incondicional. «Chile actual» se lee hoy como se lee una fotografía antigua en la que descubrimos, demasiado tarde, que ya estábamos ahí, sonriendo, cuando el patrón sacudía la tapa del piano. Habitar la posdictadura fue aprender a vivir en una casa reformada sobre los mismos cimientos, con habitaciones clausuradas que nadie nombraba y la orden tácita de no abrir demasiado las puertas: una convivencia hecha de silencios administrados, de duelos postergados y de una normalidad exhibida como prueba de que todo había pasado. Lo que se cerró, en esa década (años 90’), fue menos una puerta política que una facultad, la de imaginar que el futuro podía ser distinto.