Como se sabe, en árabe no existe el verbo «ser» tan presente en las lenguas indoeuropeas. Si quiero decir «yo soy filósofo» digo «anā [yo] failasūf [filósofo]». Esto significó un dolor de cabeza para más de un traductor cuando se trataba de traspasar el Ser aristotélico a la lengua árabe. La palabra preferida por los filósofos para el Ser, al menos desde Ibn Sina, fue al-wujūd [الوجود], cuya raíz ([و-ج-د] w-j-d) indica principalmente «encontrar», «hallar». Como salta a la vista, en la traducción el sentido de un concepto parece florecer, como si cada palabra estuviese habitada por puntos de fuga. Si hay razón en la idea de Werner Hamacher de que «una lengua es lengua solo en la medida en que ella es lengua para otra lengua –no en lugar de otra lengua, sino con miras a esta», debemos pensar en una nueva posibilidad para el ser que quizá está indicada en el encontrar. Porque encontrar es en realidad siempre una tarea fracasada, alegremente fracasada; en el momento mismo en que algo se afirma como verdad ha devenido otra cosa, se ha lanzado fuera de sí desde puntos imprevisibles. Encontrar implica haber buscado, haber corrido un velo, pero lo velado no es una simple relación entre lo que existe y lo que no existe, sino la condición misma de lo existente. El Ser, en este sentido, nunca es una esencia ni una sustancia, sino lo que exige la búsqueda, una necesidad que ha caída en el olvido, pero que no por ello deja de reclamar.
María Inés Zaldívar / Winétt de Rokha, bastante más que la esposa y musa de un famoso
Literatura“Cóncavo, con estalactitas y estalagmitas,/ todo blanco, como el dedo de la mañana,/ y un tapiz rojo, ensangrentado y repitiéndose,/ donde mi zapatilla es una sola pepa de sandía”1, es el primer cuarteto del poema “Escenario de melopea en antiguo”, y: “Frío plano, de exactas dimensiones,/ el siglo XX cabe en una cancha de tennis” (20), el inicio de “Carcoma y presencia del capitalismo”. Una verdadera poeta, “sin dulzainas gelatinosas, ni barro verde”, dijo Vicente Huidobro acerca de la creación de esta autora, y al leer estos versos me parece que no cabe duda sobre esta afirmación2.
Después de la lectura de su obra poética –y ya bastando el poemario Cantoral (1925-1936) de donde provienen los versos anteriores–, he tenido la certeza de que Winétt de Rokha fue mucho más que la esposa y la musa de Pablo de Rokha. Por lo mismo, no he podido dejar de sentir que su ausencia dentro del campo literario contemporáneo es una omisión lamentable ante la cual, de alguna manera, hay que hacer justicia. He ahí la primera motivación de este trabajo.
Aldo Bombardiere Castro / Delfines
LiteraturaPorque no engraso los ejes
Me llaman abandona`o
Si a mí me gustan que suenen
¿Pa`qué los quiero engrasa`os?
(Atahualpa Yupanqui)
El vaivén del microbús resultaba insoportable. Irregular, entrecortado, no dejaba de sacudir y acrecentar el malestar despertado por las olas de calor que asediaban a la ciudad. Lo único mínimamente rescatable era la distancia existente entre los pasajeros. Dispuestos en lejanía unos de otros, como accidentales piedrecillas desperdigadas en lo inacabable del desierto, la distancia entre aquellos cuerpos cansados erigía la barrera de un tenue anonimato. El bús circulaba lento. La ventilación era nula. A través de los cristales se dejaba ver el monocorde cemento de las calles, las invasivas coloraturas de los semáforos y centros comerciales, así como la desoladora ausencia de transeúntes. Todo ello despertaba en los pasajeros la sensación de soledad, de encierro y, sobre todo, de sopor. Un extraño malestar empañado por el desgano y la indiferencia. Pero había algo peor: el ruido. El autobús, evidentemente sucio y deteriorado, parecía librar sus últimas horas de utilidad, por lo cual emitía un ruido metálico tan tembloroso como el movimiento que le acompañaba. Ruido agudo, de tornillos desgastados o necesitados de lubricación, el cual por instantes, pese a su marcada arritmia percusiva, hilvanaba una efímera continuidad melódica, para inmediatamente volver a entregarse a la tiranía del ruido.
turquoise rabbit orchestra / Swapped Memories and Little Discoveries
Música, SonidoEntremos un rato en este mundo sonoro que nos ofrece el proyecto sonoro japonés turquoise rabbit orchestra. Evidentemente la música de loops forma parte de nuestra forma de vida, o mejor dicho, se podría decir que es un síntoma de ella. El loop trae consigo una retención que involucra a la memoria, pero, al mismo tiempo, indica una pérdida, un recuerdo que mecánicamente se repite con la misma intensidad y los mismos parámetros sonoros y, sin embargo, nunca puede ser escuchado de la misma manera. Swapped Memories and Little Discoveries indaga en el ejercicio de la memoria, que convertida en loops, repeticiones de fragmentos, comporta siempre una diferencia.
Federico Ferrari / Peregrinatio. La extrañeza como contrapoder
Filosofía, PolíticaNos hemos dejado engañar por la hipnótica fábula del apocalipsis. El discurso público, intoxicado por el espectáculo de la ruina inminente y por el narcisismo de la catástrofe, continúa contándonos que vivimos el fin de los tiempos. Un fin que se prolonga hasta el infinito, como en una serie de Netflix bien estructurada en la que el epílogo se pospone siempre al episodio siguiente. En realidad, la narración apocalíptica de masas no es sino una forma anestésica: sirve para enmascarar la única verdadera tragedia del presente, es decir, que nada cambia en el gran continuum de la historia de la opresión y que las cosas continúan deslizándose, sin perturbación alguna, por los rieles de su desmoronamiento político y social.
Javier Agüero Águila / Lavidalamuerte
FilosofíaEl seminario impartido por Jacques Derrida en la Escuela de Altos Estudios de París, entre 1975 y 1976, se tituló La vida la muerte. Y ya en el nombre, sin necesidad de entrar en las 14 sesiones que componen este curso, es posible detenerse y acaso sumergirse en los estuarios múltiples de la deconstrucción.
Tampoco sería requisito para un texto como éste acercarse a la manera excepcional en que el argelino hace hablar a los que serán los “ejes” del seminario (Hegel, Nietzsche, Heidegger, Canguilhem, Freud o Jacob). Simplemente va de hacer la pausa, corromperse en el no-paso, olvidar todas las pistas de caza y abrazar la distorsión a la que pueden llevar estas cuatro palabras: La vida la muerte.
