¿Cómo explicar –o simplemente tratar de comprender– lo que está sucediendo en Estados Unidos? ¿Cómo dar razón del hecho – en apariencia realmente inexplicable – de que la nación que hasta ayer dominaba el mundo en la última década haya sido y esté todavía regida por un presidente técnicamente demente? Quizás la única respuesta posible es que Estados Unidos se encuentra en una situación histórica a la que solo la demencia es adecuada. Cuando un país alcanza el estadio último del desmoronamiento espiritual, ninguna decisión racional que intente hacerle frente es ya accesible. Solo se puede precipitar por todos los medios el colapso ya inevitable, y la demencia –real o simulada– es el instrumento de gobierno ciertamente más adecuado para tal fin.
Estados Unidos
Aldo Bombardiere Castro / Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Tres casos de música nacionalista en torno a la noción de patria
Estética, Filosofía, Música, PolíticaLa música no requiere de imágenes. Ella, en su esencial caudal de sucesiones sin sucesos, excede la clausura de la lógica representacionalista. Sin embargo, esto no significa que pueda, de manera circunstancial, contener o donar o despertar imágenes. Exceder no es carecer, sino superar el reduccionismo de la efectividad de los elementos meramente donados. Tales elementos, tales imágenes que la música suscita en nuestra imaginación, sólo puede ser posible, gracias a su esencia imaginal, sin nunca agotarse en la mera imaginación reproductiva ni en las imágenes que de ésta se desprenden. Caudal de sucesiones sin sucesos necesarios, sucesiones sin sucesos determinantes pero, no obstante, capaz de suscitar a ojos de nuestra consciencia una polifonía de imágenes. El acto contingente de suscitar imágenes que se puede desencadenar en la experiencia musical no resiste restricciones ni ataduras. Fuente absoluta y esencial desde la cual pueden llegar a fluir imágenes infinitas y polimorfas, abiertas a la irrefrenable exposición del devenir, fuente de imágenes innecesarias, pero, sin embargo, siempre posibles más allá de la mera facultad imaginativa, la música resuena como la imagen de lo irrepresentable.
Gerardo Muñoz / La verdadera gnosis: una postal desde el norte
Filosofía, PolíticaLas figuras deambulan de un lado a otro sin saber muy bien a dónde ir, si es que hay que ir a algún lado o permanecer a la espera. Ahí está la pareja de Martín Soto, uno de los huelguistas detenidos del centro de detención, que lleva puesta una camisa remangada y un chaleco de obrero. En el área de espera, muy cerca de la entrada para vehículos, se pasea un niño pequeñito, de unos ocho o nueve años, que lleva mascarilla puesta y alza una pancarta “Fuck ICE”. Otra pancarta se eleva a su derecha en la que leemos “Chinga la Migra”. Los chicos de la militancia autónoma con sus balaclavas se desplazan como pequeñas hormigas levantando adoquines del perímetro para trasladarlos a una pequeña barricada que en pocos minutos va tomando forma. Otros conversan, se saludan, o se acercan a preguntar; y con cierta frecuencia pasan los camiones y rastras que hacen presencia con sus cláxones. En una carpa blanca aguardan aquellos encargados de primeros auxilios y meriendas, porque tal o temprano, llegada la noche también llega el hambre. Todos asumen la necesidad de hacer otra cosa con un tiempo que permanece fuera de sí y que pareciera escurrirse a lo largo de la estirada Avenida Doremus.
Gerardo Muñoz / El gesto de Ben Morea
ArteAyer nos llegó la noticia de que Ben Morea (1941-2026) falleció en alguna parte de Norte América. Quizás ganados los ochenta es impropio hablar de la muerte en la breve vida del hombre, ya que desde esa altura sólo se divisan las conquistas relativas a lo que uno ha podido llegar a ser. Es una formulación del poeta Gottfried Benn sobre la vejez, y que ahora me acecha tras la desaparición física Ben Morea, pero que sin pudor alguno bien podría haber enunciado este curioso personaje itinerante que parecía sacado de otro mundo. Era de otro mundo, o quizás a la espera de otros mundos. O ambas cosas. No estoy en condiciones de escribir una necrológica informada de los caminos emprendidos de Ben, pero sí puedo dar testimonio de su presencia a través de algunos encuentros esporádicos y azarosos, nunca planeados con antelación, en los que tuvimos la suerte de cruzar alguna que otra palabra, o simplemente caminar por un trillo al aire libre del Midwest norteamericano. Desde entonces los nombres de los lugares los ha ido limando el tiempo, y está bien que sea así.
Mauricio Amar / Palantir y la idiotez sofisticada
Filosofía, PolíticaPalantir ha lanzado un manifiesto y el mundo queda estupefacto ante lo que ya era evidente. Quizá lo que resulta terrorífico para la mayoría es que aquello que está inscrito en la cibernética desde su origen se vuelva nuevamente, esta vez con el objetivo específico de desarrollar la Inteligencia Artificial, autoconsciente. De pronto la estupidez y vulgaridad de Trump se evidencian como adornos superfluos de un poder soberano que entiende que el circo de los deseos más básicos debe seguir funcionando, pase lo que pase, para asegurar la distracción. Ahora, bajo esta capa se asoma abiertamente la otra, que convence a los idiotas más sofisticados, que ya desde hace tiempo venían alegando la degradación del proyecto imperial estadounidense a causa de la introducción de una cultura moralmente liberal. Pero Palantir, con su falsa intelectualidad, llega tarde. Estados Unidos ha entrado en una fase de decadencia irrefrenable y la causa– cosa que el sionista Alex Karp jamás entenderá– no es la cultura Woke, la teoría de la deconstrucción o la crítica del orientalismo, sino la destrucción del propio capitalismo industrial por el neoliberalismo. La paradoja es que Palantir no es hijo del capitalismo industrial, que fue el marco en el que se dio el proyecto Manhattan, tan nostálgico para Karp, sino de su teoría económica destructiva que ha hecho surgir, incluso, una subjetividad macabra como las de estos CEO’s autodenominados filósofos.
Giorgio Agamben / Quem Deus vult perdere dementat
Filosofía, PolíticaConviene reflexionar sobre un hecho tan increíble que se intenta a toda costa apartarlo, y es que el Estado que se declara el más poderoso del mundo lleva años gobernado por hombres que son técnicamente dementes. No se trata de dar así una forma extrema a un juicio político: que Trump —como sin duda Biden antes que él— deba ser considerado demente en el sentido patológico del término es una evidencia ya compartida por muchos psiquiatras, y que cualquiera que observe su modo de expresarse no puede dejar de compartir.Va de suyo que lo que aquí nos interesa no es el caso clínico de los individuos llamados Trump y Biden; más bien, la pregunta que no podemos dejar de plantearnos es: ¿cuál es el significado histórico del hecho de que un país como Estados Unidos —que en cierto modo está al frente de todo Occidente— sea gobernado por un enfermo mental? ¿Qué radical decadencia espiritual y moral, antes aún que política, puede haber conducido a una consecuencia extrema semejante?Que el destino de Occidente estuviera marcado por el nihilismo es algo que Nietzsche ya había diagnosticado hace más de un siglo junto con la muerte de Dios; pero que el nihilismo tuviera que adoptar la forma de la demencia no era algo descontado. Quizá sea de algún modo por compasión y piedad por lo que Dios, que quiere perder a Occidente, lo conduce a su fin no en la conciencia y la responsabilidad, sino en la inconsciencia y la locura.
