Alessandro Stella / Las lecciones de los estudiantes secundarios en revuelta

Política

Lección sorpresa. Fue la sorpresa de la vuelta a clases, que nadie había visto venir y mucho menos predicho. Mientras todo el mundo parecía resignado a esperar las próximas elecciones del presidente-monarca para aspirar a un cambio, los estudiantes secundarios irrumpieron en el primer plano de la escena y trastornaron todas las agendas políticas. Partida de algunos liceos de la periferia parisina, la revuelta se difundió rápidamente por toda Francia. Sin ninguna organización dirigente, sin un partido ni un sindicato detrás de la maniobra. Solo grupos de estudiantes secundarios que se autoorganizan, que bloquean la entrada de su escuela y que difunden la información a su alrededor y en las redes sociales. Señal de que bajo las cenizas las brasas comenzaban a reavivarse y solo esperaban una chispa para desencadenar el incendio.

Mathías Martínez González / La constituyente en tiempo y modo oportuno. Un comentario al libro de Jaime Bassa

Política


Sobre La Constituyente de Jaime Bassa. Voces Opuestas Ediciones, Valparaíso, 2026.

TIEMPO

“La Constituyente” aparece en tiempo oportuno. Un tiempo caracterizado por el repliegue de los imaginarios democráticos, en el que los discursos de “regeneración de la nación” o de “reconstrucción” van produciendo nuevos mitos y sensibilidades reaccionarias. “La Constituyente” asoma como una intervención crítica frente a una gramática de la catástrofe, hábilmente utilizada por nuestro actual presidente y por las nuevas derechas contemporáneas. Este es claramente un tiempo de restauración oligárquica, donde aparecen nuevamente en el escenario los nombres de Jaime Guzmán, Sergio De Castro, Diego Portales, fantasmas que buscan clausurar las sensibilidades igualitarias. Es precisamente contra esa constelación política discursiva que “La constituyente” interviene en tiempo oportuno. Frente a todo ese fracaso “La constituyente” nos recuerda otra alternativa. Por eso pienso que tal vez, no había mejor momento para volver a poner en circulación estas ideas.

Paloma Castillo / La justicia no vive ahí

Política

Tras la absolución definitiva del oficial acusado de cegar a Gustavo Gatica, el problema no es el fallo: es el nombre del edificio que lo dictó, y todo lo que ese nombre nos hace esperar y esperar y esperar…

El lunes 3 de agosto, la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó por unanimidad anular el juicio que absolvió a Claudio Crespo, el ex teniente coronel de Fuerzas Especiales acusado de disparar los perdigones que dejaron ciego a Gustavo Gatica en noviembre de 2019. El tribunal que lo absolvió en enero juzgó los hechos de 2019 con un estándar que en 2019 no existía: el de la legítima defensa privilegiada que incorporó al derecho chileno la Ley Nain-Retamal, dictada años después. Gatica portaba una piedra. Un hombre con una piedra frente a un oficial con una escopeta. La resolución es inapelable. No hay más instancias. Eso que llamamos justicia terminó.

Sergio Villalobos-Ruminott / Sobre mímesis disruptiva

Filosofía, Política

La mímesis disruptiva implica una comprensión no restringida de la mímesis—entendida tradicionalmente como mera copia pasiva o reproducción subordinada al original— al transformarla en un espacio de intervención crítica, desestabilización y reconfiguración no identitaria. Este giro, anticipado por Walter Benjamin mediante su apelación a una facultad mimética ligada a las correspondencias mágicas y la experiencia profana, es también elaborado conceptualmente por Philippe Lacoue-Labarthe, quien desmonta la ontología de la presencia al definir la mímesis como una inestabilidad que es, a su vez, constitutiva del sujeto. En los ámbitos político y cultural, esta fuerza disruptiva se operacionaliza a través de la concepción de la performance de Judith Butler, donde la repetición paródica del género subvierte y expone el carácter construido de las normas hegemónicas; de la mimesis colonial (colonial mimicry) de Homi Bhabha, que describe la imitación de los colonizados como un simulacro defectuoso y amenazante (un “casi lo mismo, pero no del todo”) que fisura la autoridad colonial; y del entramado de mímesis y alteridad en Michael Taussig, donde el acto mimético es una facultad encarnada que permite asimilar lo ajeno, fusionando la copia con el poder del otro para subvertir las divisiones cartesianas occidentales. La mímesis disruptiva puede ser pensada también en relación con la noción de repetición de Gilles Deleuze, donde el acto mimético deja de ser una copia subordinada a un supuesto “original” para convertirse en la producción de una diferencia. En esta dinámica, la repetición no reproduce lo mismo, sino que desposee al original de su autoridad y libera la potencia del simulacro (las potencias de lo falso), generando devenires múltiples que subvierten las jerarquías de la representación clásica a través de un juego constante de variaciones e intensidades.

Mauro Salazar J. / Revuelta y kastización

Filosofía, Política

Octubre de 2019 no produjo un sujeto político. Produjo, más bien, una acumulación alterada de gestos —la evasión masiva del torniquete, la caceroleada, el estandarte improvisado, el meme que circula antes de que nadie lo firme— que la crónica política, apurada por encontrarle un nombre a lo que estaba viendo, bautizó como «estallido social». Llamarlo estallido (aunque más alienta decir revuelta) presupone una acumulación de presión bajo una superficie lisa, un adentro contenido que finalmente revienta hacia afuera. Lo que en realidad emergió esos días fue otra cosa: un archipiélago de «tribus» y de grupos socializados en la gramáticas del mercado, que sin proponérselo como programa articularon una crítica radical a la modernización chilena y a los mitos del progreso, sin necesidad de apelar —y este es el punto que interesa sostener aquí— al mandato de ninguna hegemonía.

Carlos Henrickson / El don de la pregunta correcta

Filosofía, Política

Entre la multitud de intentos de comprender el estallido social de 2019, lo más valioso (más allá de la voluntad intelectual de lectura, que como todo lo hecho de palabras, tiende a ser gratuito) es ese mismo carácter de multitud, que demuestra la extrema resistencia que puso el acontecimiento para su comprensión. Acaso un relativo consenso (ya que la pretensión de que existió una organización y orientación definida aún ocupa una que otra cabeza medio vacía) es que el término más acogedor podía ser, más que el pesadamente metafórico estallido, el acostumbrado y más inmediato de revuelta (que de todos modos guarda su secreto).

La (re)vuelta del carnaval (Valparaíso: Agua Derramada, 2025), de Sergio Guerra (Santiago, 1989), no surge desde la conciencia limpia del académico que proyecta su palabra como lectura precisa y neutralizada por el acto hermenéutico: tiene un antecedente obligatorio en su novela Tracción a sangre (Valparaíso: Schwob, 2023). Ahí, en lo que constituía una proyección de la revuelta en un escenario alucinado y futurista, se planteaba ya lo inaprensible de esta para una conciencia racional, forzosamente instalada frente a ella -en este caso desde el lugar del lector-, y la posibilidad única de vivirla solo a través de la experiencia misma. Lo común se presentaba en el momento mismo de esa revuelta, “coordinada” desde una conciencia superior: el personaje de Eva, quien establece una red telepática que mantiene integrados a sus participantes. La propia estructura de la novela señalaba, de algún modo, el extremo carácter de acontecimiento, un evento que no se configura en un proceso ni define las reglas de lo que viene tras él; cito lo que escribí en su momento: