En los últimos días la ciudad ha descorchado una cadena de muertes en las plataformas del metro de Santiago. Cuerpos que se lanzan contra el acero con una frecuencia que ha dejado de ser anomalía para convertirse en un hecho cotidiano: una regularidad que apenas despierta sorpresa, sin siquiera sopesar la dimensión política de tanta distopía. La máquina neoliberal sigue funcionando porque ha naturalizado las patologías de la individuación. El sistema administrativo apenas registra notas. Y el armatoste medial mantiene un silencio que no es accidental sino deliberado. Lo que está en juego en cada cadáver es una pregunta política: ¿a quién permitimos morir en medio de tanta visibilidad?
Neoliberalismo
Mauro Salazar J. / Revuelta y kastización
Filosofía, PolíticaOctubre de 2019 no produjo un sujeto político. Produjo, más bien, una acumulación alterada de gestos —la evasión masiva del torniquete, la caceroleada, el estandarte improvisado, el meme que circula antes de que nadie lo firme— que la crónica política, apurada por encontrarle un nombre a lo que estaba viendo, bautizó como «estallido social». Llamarlo estallido (aunque más alienta decir revuelta) presupone una acumulación de presión bajo una superficie lisa, un adentro contenido que finalmente revienta hacia afuera. Lo que en realidad emergió esos días fue otra cosa: un archipiélago de «tribus» y de grupos socializados en la gramáticas del mercado, que sin proponérselo como programa articularon una crítica radical a la modernización chilena y a los mitos del progreso, sin necesidad de apelar —y este es el punto que interesa sostener aquí— al mandato de ninguna hegemonía.
Mauro Salazar J. / Nuestro despojo. Por qué un país de apellidos no es un país
Filosofía, PolíticaUn archivo de la cuestión social
Empiezo por una sospecha: en Chile el apellido no nombra, clasifica. No dice quién es alguien; dice dónde va. Es una contraseña que se hereda, una carta de recomendación escrita antes de nacer o una condena firmada por otros. Un estudio leyó los apellidos de más de cuatro millones de santiaguinos y dibujó con ellos el mapa que el país no quiere mirar: el de una oligarquía que se enlaza solo consigo misma, que necesita cuatro saltos para tocar al resto de la ciudad, que vive cerca en el plano y lejísimos en la sangre. Tal lista se lee como se lee una trampa: por lo que atrapa y por lo que deja escapar. El estudio existe, tiene nombre y fecha, no lo inventé: se llama «Surname affinity in Santiago, Chile», lo firmaron Naim Bro y Marcelo Mendoza, y salió en 2021 en una revista científica, PLOS ONE, con todos sus números en regla —cuatro millones de habitantes, dos redes de apellidos, cuatro pasos de distancia entre los de arriba y los demás—. Un dato frío, revisado por pares, que sin proponérselo cuenta la novela policial de un país.
Mauro Salazar J. / Genealogía de un despojo. Qué sería privatizar hoy
Filosofía, PolíticaHay palabras que maduran sin que su superficie se altere. «Privatizar» es una de ellas: pronunciada hoy, parece decir lo mismo que decía hace medio siglo: transferir al mercado lo que estaba en manos del Estado. Pero bajo tal continuidad semántica ha migrado un desplazamiento radical que conviene rastrear. No para fijar un origen, sino para mostrar cómo un término técnico-económico (en sus estriados) fue mutando en dispositivo de dominación, y cómo su sentido actual ya no se deja contener por la gramática de la eficiencia que lo vio nacer. En suma, «Privatización» es una palabra trizada que ha desertado de su domicilio económico. Ya no nombra la transferencia de un activo, el traspaso contable de lo estatal a lo privado; nombra, bajo esa coartada técnica, un despojo que se rehúsa a comparecer con su nombre propio.
Mauro Salazar J. / Progresismo Expansiva. Genealogía de una tercera derecha
Filosofía, PolíticaLa década de los 90’ portaba el aliento de una estación de la esperanza. No la esperanza ingenua de quien no sabe lo que enfrenta, sino la de quienes lo saben y eligen actuar a pesar de eso. Los primeros gobiernos de la Concertación cargaban con una deuda profunda —con los cuerpos que la dictadura había destruido, con las vidas que había interrumpido; durante diecisiete años de violencia no solo física sino también simbólica, cultural, íntima. El panorama crítico oscilaba bajo las limitaciones que los enclaves autoritarios, disciplina de gobernabilidad, y la vigilancia de una derecha que había blindado constitucionalmente sus conquistas. Con todo, se levantaron esfuerzos desde un impulso que no admite reducción al verso bruto.
Mauro Salazar J. / Mercados del no ver. Oligopolio medial
Filosofía, Política, Sin categoría«Si acabamos todos ciegos, como parece que va a ocurrir, ¿para qué queremos la estética, y en cuanto la higiene, y dígame Doctor, qué higiene hay aquí. Probablemente, solo en un mundo de ciegos serán realmente las cosas lo que realmente son». José Saramago, Ensayo sobre la ceguera
En Ensayo sobre la ceguera (1995), todo empieza en una esquina sin nombre. Un chofer se detiene ante un semáforo y de pronto no ve: el rojo deja de significar, el blanco lo ocupa todo. No hay diagnóstico, no hay enemigo con rostro. La tragedia de Saramago no tiene frente ni retaguardia, y es precisamente eso lo que el lenguaje bélico, con su deleite por los sustantivos de guerra, no puede nombrar. Lo que sí tiene es una lógica: quienes resistieron fueron los que construyeron entre sí una forma precaria de comunidad, algo parecido a la comprensión mutua. En Chile, ese lugar ha sido reemplazado. No por la pandemia sino por algo anterior y más duradero: la «fosa común» que el aparato mediático concentrado cava cada día, confinando la experiencia de quienes no caben en el relato hasta volverla invisible para quienes sí caben.
