Julio Cortés Morales / Etnocaceristas: ¿populismo radical o postfascismo decolonial?

Filosofía, Política

Una forma extremadamente curiosa de llevar las posiciones “etnodiferencialistas” de la Nueva Derecha francesa1 al límite es la de los denominados “etnocaceristas” del Perú, creación de los Humala (Isaac y sus hijos Ollanta y Antauro) que condujo a la formación de un movimiento político integrado primeramente por militares; una curiosa variedad de populismo radical según algunos2, que a mi juicio bien podría ser considerada una forma de postfascismo andino.

Los etnocaceristas reivindican la “raza cobriza” (una de las cuatro que según ellos existen en el planeta, junto a la blanca, amarilla y negra), el Imperio Inca, al general Andrés Avelino Cáceres -héroe antichileno de la Guerra del Pacífico- y al gobierno militar del general Velasco Alvarado. El movimiento fue creado por Issac Humala, abogado que había militado en el Partido Comunista del Perú y luego en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y sus hijos militares, Ollanta y Antauro, que en 1989 formaron el movimiento clandestino Militares Etnocaceristas (MEC). El objetivo del MEC era “estudiar la realidad peruana, la historia militar del país y su situación étnica, para elaborar una forma de lucha contra el terrorismo del Sendero Luminoso diferente de las brutales represiones ejercidas por las autoridades estatales, no sólo contra los senderistas sino también contra la población civil de los Andes”3. En el proceso los Humala fueron acuñando la idea de una revolución militar que arrebate el poder a los civiles occidentalizados, la que fueron fundiendo con la reivindicación de un nacionalismo étnico del Tahuantinsuyo.

Julio Cortés Morales / Vegan Reich: acerca de viejos y nuevos ecofascismos

Filosofía, Política

El tema del ecofascismo tiene una larguísima data, puesto que las preocupaciones conservacionistas y llamadas a un “retorno a la naturaleza” eran bastante usuales hace un siglo en diversos entornos, incluida la izquierda del movimiento obrero.

En ese contexto, varios fascismos, entre ellos el alemán, se caracterizaron precisamente por desarrollar una serie de rituales, discursos y prácticas ligados a su idea de “suelo y sangre”1.

Como ha explicado Mario Sobarzo en base a los trabajos de Adorno y Fromm, la nostalgia por la vieja comunidad perdida es parte importante de la ideología fascista, pues “la tendencia al sometimiento y aceptación del sadismo y otras formas de violencia física y psicológica que el fascismo habría incoado como doctrina y práctica social, tienen su origen en el temor del hombre moderno a la soledad e inseguridad que se habrían producido por las transformaciones socioeconómicas del capitalismo y el abandono del esquema de solidaridad medieval”. A su vez, Sobarzo identifica en esta “imagen idealizada de una comunidad perdida -el estado paradisíaco-” la base de “la aceptación burguesa de un sistema tan crítico a la burguesía misma, como es el fascismo”2.

Mauro Salazar J. / Progresismo Expansiva. Genealogía de una tercera derecha

Filosofía, Política

La década de los 90’ portaba el aliento de una estación de la esperanza. No la esperanza ingenua de quien no sabe lo que enfrenta, sino la de quienes lo saben y eligen actuar a pesar de eso. Los primeros gobiernos de la Concertación cargaban con una deuda profunda —con los cuerpos que la dictadura había destruido, con las vidas que había interrumpido; durante diecisiete años de violencia no solo física sino también simbólica, cultural, íntima. El panorama crítico oscilaba bajo las limitaciones que los enclaves autoritarios, disciplina de gobernabilidad, y la vigilancia de una derecha que había blindado constitucionalmente sus conquistas. Con todo, se levantaron esfuerzos desde un impulso que no admite reducción al verso bruto.

I.T.A / Sobre el “Paradigma Gaza” y el Racismo de Estado. Notas a Palestina bajo fuego de Rodrigo Karmy

Filosofía, Política

El reciente libro de Rodrigo Karmy, estructurado por un conjunto de entrevistas realizadas al autor, moviliza reflexiones en torno a 2 grandes ejes: un diagnóstico del presente a partir del genocidio en Gaza y una anamnesis epocal que abastece claves de lectura para entender la política como un problema.

En dicha imbricación reflexiva, me parece que el libro consigue reconstruir la narrativa que organiza la historia reciente, al tensionar el dictum según el cual el nazismo constituiría una experiencia excepcional de interrupción de una tradición democrática y civilizada que caracterizaría a Occidente. Pese a esto, Rodrigo Karmy expone argumentos que permiten caracterizar al sionismo y su figura institucional (el Estado israelí) como un proyecto político racial, fundado en una distinción exclusiva y excluyente de la raza.

Julio Cortés Morales / La muerte del espíritu (o el espíritu de la muerte)

Filosofía, Política

Las ideas de la Nueva Derecha francesa han encontrado algún eco en España -a pesar de su neopaganismo, que espanta bastante a los nacional-católicos-, desde el Proyecto Cultural Aurora y su revista Hespérides creados por Javier José Esparza en los noventa, y luego en junio del 2002, cuando se dio a conocer el Manifiesto contra la muerte del espíritu (al que un año después se le agregó: y de la tierra), redactado por Javier Ruiz Portella y suscrito junto al escritor colombiano Álvaro Mutis, a los que se agregaron luego cientos de firmas, incluyendo intelectuales de derecha y de izquierda, hasta totalizar 1147. Ruiz Portella empezó a publicar luego la revista El Manifiesto, que además tiene un activo sitio web, autodenominado como “periódico política y socialmente incorrecto”1.

Mauro Salazar J. / Mercados del no ver. Oligopolio medial

Filosofía, Política, Sin categoría

«Si acabamos todos ciegos, como parece que va a ocurrir, ¿para qué queremos la estética, y en cuanto la higiene, y dígame Doctor, qué higiene hay aquí. Probablemente, solo en un mundo de ciegos serán realmente las cosas lo que realmente son». José Saramago, Ensayo sobre la ceguera

En Ensayo sobre la ceguera (1995), todo empieza en una esquina sin nombre. Un chofer se detiene ante un semáforo y de pronto no ve: el rojo deja de significar, el blanco lo ocupa todo. No hay diagnóstico, no hay enemigo con rostro. La tragedia de Saramago no tiene frente ni retaguardia, y es precisamente eso lo que el lenguaje bélico, con su deleite por los sustantivos de guerra, no puede nombrar. Lo que sí tiene es una lógica: quienes resistieron fueron los que construyeron entre sí una forma precaria de comunidad, algo parecido a la comprensión mutua. En Chile, ese lugar ha sido reemplazado. No por la pandemia sino por algo anterior y más duradero: la «fosa común» que el aparato mediático concentrado cava cada día, confinando la experiencia de quienes no caben en el relato hasta volverla invisible para quienes sí caben.