Una forma extremadamente curiosa de llevar las posiciones “etnodiferencialistas” de la Nueva Derecha francesa1 al límite es la de los denominados “etnocaceristas” del Perú, creación de los Humala (Isaac y sus hijos Ollanta y Antauro) que condujo a la formación de un movimiento político integrado primeramente por militares; una curiosa variedad de populismo radical según algunos2, que a mi juicio bien podría ser considerada una forma de postfascismo andino.
Los etnocaceristas reivindican la “raza cobriza” (una de las cuatro que según ellos existen en el planeta, junto a la blanca, amarilla y negra), el Imperio Inca, al general Andrés Avelino Cáceres -héroe antichileno de la Guerra del Pacífico- y al gobierno militar del general Velasco Alvarado. El movimiento fue creado por Issac Humala, abogado que había militado en el Partido Comunista del Perú y luego en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y sus hijos militares, Ollanta y Antauro, que en 1989 formaron el movimiento clandestino Militares Etnocaceristas (MEC). El objetivo del MEC era “estudiar la realidad peruana, la historia militar del país y su situación étnica, para elaborar una forma de lucha contra el terrorismo del Sendero Luminoso diferente de las brutales represiones ejercidas por las autoridades estatales, no sólo contra los senderistas sino también contra la población civil de los Andes”3. En el proceso los Humala fueron acuñando la idea de una revolución militar que arrebate el poder a los civiles occidentalizados, la que fueron fundiendo con la reivindicación de un nacionalismo étnico del Tahuantinsuyo.
El 29 de octubre del año 2000 el etnocacerismo salta a la palestra cuando Ollanta y Antauro junto a 66 militares se sublevan en Locumba, Tacna, en contra del presidente Alberto Fujimori. Los sublevados ocuparon la mina de Toquepala, propiedad de Southern Perú Copper Corporation, anunciando a los mineros que “su ejército se pone nuevamente al lado de su pueblo”. Además, enviaron delegados a las comunidades campesinas a explicar el movimiento, ganando bastante apoyo, y durante un mes recorrieron el sur de los Andes peruanos tratando de establecer una “zona etnocacerista” y crear un Nuevo Ejército Peruano. Sumaron apoyos de otros grupos de militares, incluyendo veteranos del combate contra la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso. Depusieron el movimiento armado luego de que Fujimori huyera a Japón y el 22 de noviembre se designara un nuevo presidente. Los dirigentes de la rebelión fueron encarcelados y procesados, pero finalmente se les amnistió.
Para el tercer aniversario del “locumbazo” Ollanta Humala fundó junto a su esposa Nadine Heredia el Movimiento Nacionalista Peruano, que reivindicaba simultáneamente a Mariátegui, Haya de la Torre y Velasco Alvarado, y se dedicó a difundir decenas de miles de copias del pasquín “Ollanta”, dirigido por su hermano Antauro, explicando su pensamiento.
El 1 de enero de 2005 Antauro junto a 160 reservistas volvieron a sublevarse en la localidad de Andahuaylas, movimiento al que denominaron “Marcha de Remembranza Etnocacerista anunciada por la Rebelión Militar del 29 de octubre del 2000”. Su objetivo era la renuncia del presidente Toledo, acusado de ser un traidor “neocriollo”, representante del “globo-colonialismo” que “gobierna para los extranjeros contra el Perú y contra los peruanos”4, y exigir la derogación de la Constitución fujimorista de 1993 para que vuelva a regir la de 1979, considerada como la verdadera constitución. El “andahuailazo”, en que murieron cuatro policías y dos reservistas, generó una división entre Antauro y Ollanta, que se encontraba en Corea del Sur y primero apoyó el movimiento, para luego desmarcarse. Pese a ello Antauro declaró públicamente que Ollanta era el principal organizador del levantamiento. A partir de ahí, tal como explicó otro hermano, Ulises, “surgen dos vertientes que se van separando poco a poco: una es la que sostiene que los cambios radicales que necesita el país tienen que hacerse por la vía revolucionaria [camino tomado por Antauro], y la otra considera que es posible realizar algunas mejoras en la situación del país por la vía típicamente reformista, por la vía electoral [camino tomado por Ollanta]”5.
Ollanta Humala gobernó el país como presidente electo entre 2011 y 2016, a la cabeza del Partido Nacionalista Peruano, generalmente partícipe de alianzas electorales con la izquierda. Actualmente está preso, acusado de corrupción y lavado de activos. Fujimori también, aunque lo acaban de indultar. Antauro, condenado a 25 años de cárcel por la rebelión de Andahuaylas, se dedicó a desarrollar el etnocacerismo junto a su padre y otros miembros de la familia Humala. Tras los conflictos con Ollanta, le cambiaron el nombre al periódico central del movimiento, que pasó a llamarse “Antauro”, con el subtítulo de “prensa etnonacionalista que el Perú necesita”.
Como resume Ostrowska, este órgano de prensa distribuido profusamente por sus batallones de reservistas, “con un lenguaje simple y directo idealiza el imperio incaico, se pronuncia contra la república gobernada por Alan García y sus instituciones, subraya la importancia de las Fuerzas Armadas en la vida de la nación y llama a que se fusile a los políticos, empresarios y homosexuales”. Las bases etnocaceristas en todo el país difunden consignas como “¡Viva el Tawantinsuyu carajo!”, “¡Etno-revolución o muerte!”, “¡Viva la gran revolución etnocacerista!” o “¡La furia etnocacerista es una necesidad nacional!”, llegando con facilidad a sus potenciales destinatarios, a quienes “hacen creer que el etnonacionalismo de los Humala es la única salvación para el Perú” 6.
Desde la cárcel Antauro fundó organizaciones aún muy activas como el Frente Patriótico o el Partido Etnocacerista Revolucionario Unido (P.E.R.U.), integrado recientemente en la alianza electoral Unión por el Perú, y ha luchó por presentarse como candidato a pesar de estar privado de libertad y con sus derechos políticos suspendidos. Finalmente fue puesto en libertad el 20 de agosto de 2022, tras cumplir 17 años y 7 meses de prisión, y de inmediato inició una gira por el sur del país, con el objetivo de inscribir el Partido Etnocacerista Revolucionario Unido y la Alianza Nacional de Trabajadores, Agricultores, Universitarios, Reservistas y Obreros (Antauro).
La ideología etnonacionalista es elaborada por el Instituto de Estudios Etnogeopolíticos (IEE) fundado por Isaac Humala en 1997, y que dirige junto a su esposa. En esta visión, pertenecen a la raza cobriza todos los descendientes de los indios, “en cuyas venas corre la sangre de los habitantes de Tahuantinsuyo”. Por consiguiente, “la integran no sólo los nativos andinos, sino también los mestizos (cobrizo con blanco), los zambos (cobrizo con negro) y los injertos (cobrizo con amarillo)”7. El hombre occidentalizado es visto como malo, codicioso y explotador. Como no resulta factible expulsarlo, lo que se propone es una “segregación inversa” en que sólo los cobrizos serían considerados nacionales, aunque al resto de todos modos se le reconocerían derechos. Según declaró Antauro al periódico El Comercio: “Lo que estamos viendo es que en el Perú, como en una etnonación, los nacionales –por su sangre– tienen que ser los cobrizos andinos. El resto serán ciudadanos con derechos”8. Isaac, por su parte, ha reconocido sin ambages el racismo de su postura: “Por supuesto, somos racistas”.
Otras muestras de este ideario se encuentran en su propaganda: “Nuestra nación”, o sea la “patria sagrada tahuantisuyana”, se opone a lo “extranjero”: al “gobierno criollo traidor neocolonialista” de la “republiqueta” del Perú, “usurpador”, compuesto por “presidentillos” y “hampones extranjeros, alias inversionistas” (Batallón de Reservistas Etnocaceristas del Perú).
La Nueva Generación Etnocacerista llama a cumplir “el deber patriótico”: “ahorcar hasta el último inversionista extranjero, si es chileno mejor, con las tripas del último congresista criollo”9, a peruanizar el Perú y a “volver en una nación a esta colonia”, gobernada actualmente por “toda una manada de traidores y delincuentes profesionales made in extranjero” (Comando Universitario Etnocacerista Nueva Generación) 10.
El pensamiento de Antauro ha sido expresado en algunos libros que ha escrito desde la cárcel: Etnonacionalismo, izquierda y globalidad; Conversaciones; Ejército peruano: milenarismo, nacionalismo y etnocacerismo, conocido popularmente como “el Vademécum del etnocacerismo”.
De la guerra etnosanta a la iglesia Tawantinsuyana: la reivindicación de los «demonios» y el color insurgente de la fe es otro libro, publicado el 2012. En él Antauro expresa su concepción del “choque de civilizaciones” que comienza en 1532, como un aplastamiento del pachakamismo, la religión tradicional del Tahuantinsuyo, por parte del cristianismo. La obra fue lanzada en la feria del libro de Lima del año 2012, por su padre Isaac y el entonces presidente Ollanta Humala, quienes a pesar de las diferencias se han seguido dando apoyo electoral o mediante actos como este, pues -como se señala en la presentación- Antauro es consciente de las “graduales concesiones al globoneoliberalismo criollo para acceder al ‘sillón de Pizarro’” que tuvo que hacer su hermano.
A pesar de que el libro fue tildado de “anticristiano”, lo cierto es que en él se afirma que al pachakamismo ha sobrevivido por debajo de la fachada de la religión de los conquistadores que el pueblo cobrizo ha adoptado. Según indica en el prólogo Isaac Humala, en tanto Director del IEE, la religión es el elemento constitutivo de la nación, y por eso resulta necesario despojarse de la religión ajena y recobrar la propia. Sólo así se puede hacer realidad el sueño etnocacerista de “convertir a Perú en la nación mundial de todos los cobrizos del mundo”. De todos modos, Antauro parece estar en contra del cristianismo como religión occidental, pero reivindica una figura alternativa de Cristo. Con base en investigaciones como las de Michael Baigent sobre la vida de Jesús, en este libro Antauro denuncia la falsedad de la versión Vulgata de las Sagradas Escrituras, y bajo el título de “Jesús el violentista”, propone una interpretación etnonacionalista de la vida de Cristo.
Baigent ha denunciado la versión bastante interesada difundida por el cristianismo oficial que presenta a Jesús como un salvador dócil, un manso cordero que recomienda poner la otra mejilla. La verdad sería muy diferente, pues se habría tratado de “un líder y libertador severo y muy marcial, muy dispuesto a defender sus derechos por la fuerza y a emplear la violencia revolucionaria contra sus enemigos”11. En base a esa lectura Antauro concluye que Jesús y su séquito “en concordancia con lo que se espera del Mesías, eran ‘etnonacionalistas’ militantes que no retrocedían ante la violencia”12. Cualquier nacionalista de izquierda o partidario de la Teología de la Liberación podría estar básicamente de acuerdo, pero Antauro es claro en señalar que su nacionalismo es étnico, es decir “de ADN” y lo opone radicalmente al “nacionalismo falaz del DNI” (documento nacional e identidad).
La hasta ahora escasa obra dedicada a estudiar al etnocacerismo lo ve como una forma extrema de populismo, y sus críticos oscilan entre clasificarlo como un partido de extrema izquierda (por su discurso anticapitalista y antiimperialista) o una forma específicamente andina de fascismo. “El etnonacionalismo religioso ha de ser necesariamente fundamentalista” nos dice Antauro, con lo cual queda claro que su proyecto es teocrático y totalitario. Además, concibe al “judeosionismo” como promotor de la “globo-economía imperial, liquidadora de las soberanías nativas”, con lo cual estarían de acuerdo varios representantes del neo y posfascismo, influidos por las ideas y síntesis de la Nouvelle Droite.
¿Cómo podríamos catalogar esta corriente política e ideológica tan radical, mesiánica, homofóbica, racista y “anti-occidentalista”?
Según Mariana Alvarado el etnocacerismo es una forma violenta y racista de populismo radical. En una larga línea de tiempo, ella entiende que tras la primera oleada de populismo, encarnada por líderes como Perón en Argentina y Vargas en Brasil, en los ochenta y noventa surgió un neopopulismo que representaron Fujimori en Perú y Menem en Argentina. El etnopopulismo sería una reacción nacionalista a las políticas neoliberales aplicadas por los regímenes neopopulistas. Algunas características del viejo populismo aparecen exacerbadas, como el personalismo de los líderes, y otras han sido modificadas: los componentes de lo que se considera el pueblo van cambiando a lo largo del tiempo, de acuerdo a los intereses de quien lo defina; el pueblo, al que el líder personifica, suele estar integrado por los indígenas, que pasan a ser considerados la esencia de la nación13.
La tentación de asociar esta corriente a una forma de fascismo o postfascismo es bastante grande, puesto que en efecto expresa un ultranacionalismo de base étnica, que apela a una construcción andina y religiosa del concepto de nación, se organiza en base a milicias (“batallones de reservistas”) e identifica por todas partes a múltiples enemigos. De este modo, calzaría con la definición de Griffin del fascismo como ultranacionalismo palingenésico que referimos al inicio. Claramente existe aquí “la voluntad utópica y revolucionaria de renacimiento colectivo, de arrasar el presente para fundar un orden y un ser humano nuevos, que expresen de forma directa y pura el carácter de esa ultra-nación”14.
Pero tampoco estoy totalmente convencido, pues al igual que todos, estoy acostumbrado a asociar fascismo con imperialismo, y cuesta un buen poco disolver el esquema mental tradicional para asumir que también puedan existir movimientos fascistas “tercermundistas” e incluso “indigenistas”. En todo caso, lo que guía este trabajo no es la obsesión o manía clasificatoria, sino que la intención de detectar e inventariar diversos fenómenos y problemas asociados a las nuevas formas de ideología y movimientos reaccionarios que se están produciendo en el mundo actual, sea que califiquen o no en rigor como una vieja o nueva especie de “fascismo”. No somos académicos ni científicos positivistas disectando un animal raro, sino que seres humanos que no renunciamos a la buena vieja causa de la emancipación humana e intentamos estudiar para destruir todos los obstáculos que en ese largo camino se nos interpongan.
El factor que más contribuye a dar una apariencia fascistizante al etnocacerismo es el hecho de que se trata de un movimiento autoritario personalista, en que es la familia Humala la que provee los líderes y la elaboración ideológica, al punto que las diferencias entre los dos líderes militares Ollanta y Antauro generó de inmediato una bifurcación entre el etnocacerismo revolucionario, y la adaptación “reformista” que encabezó Ollanta. El carácter familiar de esta empresa se comprueba en que, a pesar de estas diferencias, la colaboración se mantiene en el tiempo. En este sentido, la idea de un Padre fundador cuyo clan luego se escinde no es muy distinta a la división de los hijos de Marx & Lenin entre diversas tribus trotskistas, estalinistas, maoístas y un largo etcétera.
Acá se nos plantea como una importantísima cuestión de fondo la interrogante acerca del concepto de nación y su derivado, el nacionalismo, que como sabemos no necesariamente es conservador, sino que también puede presentarse como un movimiento revolucionario. Benedict Anderson ha analizado el origen del nacionalismo, destacando que el desarrollo del capitalismo y la tecnología impresa hicieron posible una nueva forma de “comunidad imaginada”, que preparó el escenario para la idea moderna de la nación. Así, las revoluciones de 1848 fueron acompañadas del surgimiento de nacionalismos populares basados en lenguas vernáculas, sobre los cuales posteriormente se construyeron los nacionalismos oficiales, como una reacción de adaptación ante este nuevo sentimiento que permitió la renovación de viejas dinastías como los Romanov en Rusia y los Hannover en Inglaterra. Estos nacionalismos oficiales se vincularon tanto al imperialismo como al racismo15, pero además generaron como efecto posterior el surgimiento de nacionalismos anticoloniales.
Se ha llegado a hablar de un “anarquismo independentista”16, y anarquistas destacados como Alfredo M. Bonanno han escrito sobre anarquismo y luchas de liberación nacional, concluyendo claramente que los anarquistas deben apoyar estas luchas, aunque sin suscribir el nacionalismo. En su visión, estas luchas son luchas reales que tienen un innegable contenido emancipatorio: “la liberación nacional va más allá de la simple descolonización interna y ataca la situación real del imperialismo del desarrollo capitalista, poniendo el objetivo de la destrucción del Estado político en una dimensión revolucionaria”. Por eso un anarquismo que no se involucre en ellas por fidelidad a la pureza de sus principios sería un anarquismo idealista, “que habla de revolución universal, actos de fe, iluminismo” pero que en definitiva “rechaza la lucha proletaria y está en contra de lo popular”. Este anarquismo filosófico deviene en “un humanitarismo individual y mitológico sin un contenido económico o social concreto” 17.
Desde Chile, donde parte de la herencia de la izquierda anti-imperialista y las luchas de liberación nacional ha sido transmitida al anarquismo local, son sobre todo las actuales luchas territoriales en el Wallmapu las que activan esta interrogante sobre los usos que desde ahí se le dan al concepto de nación. En principio las organizaciones de la resistencia mapuche, desde su diversidad se definen todas como anticapitalistas. Algunos de ellas son además antiestatales, o al menos se plantean en contra del Estado de Chile en su totalidad, incluyendo a la Convención Constitucional instalada el 2021, donde existe una bancada de “pueblos originarios”. Pero no me resulta tan claro qué se entiende en cada una de ellas exactamente por “pueblo-nación” mapuche, y el lugar que en esa cosmovisión y proyecto de sociedad se concede a los no mapuche, es decir, a los winka, blancos o no blancos, insertos de un modo u otro en la sociedad capitalista de origen occidental.
A modo de ejemplo, la Coordinadora Arauco Malleco, que define su lucha como “nacionalitaria”, hizo en su momento un llamado a las comunidades y en especial a los más jóvenes “a no aceptar propuestas ajenas, a no dejarse engañar con discursos rupturistas y a continuar con sus procesos de recuperaciones territoriales de forma autónoma, rechazando la intervención externa, la que no respeta los procesos propiamente mapuche”. La declaración fue hecha luego de acciones violentas en apoyo a la lucha mapuche reivindicadas con un discurso anarquista. Ante eso la CAM marcó su posición:
“Expresamos enfáticamente que existen diferencias en términos ideológicos y prácticos, entre la ideología mapuche y las ideologías revolucionarias occidentales (marxistas, maoístas, anarquistas, etc.), la lucha mapuche es distinta, nuestra organización es distinta, no nos organizamos bajo la lógica de las asambleas por ejemplo, pues respetamos a nuestros pu longko y pu machi, y a través de ellos y ellas a nuestros antepasados (la espiritualidad mapuche), insistiendo que nuestro avance debe estar basado en la reivindicación de lo propio, de nuestra historia, en el respeto a nuestras autoridades ancestrales y los ngenmapu, única forma para no equivocar el camino de lucha y resistencia”18.
Lo que resulta más desconcertante es que se critique el origen “occidental” de las dos principales corrientes emancipatorias e internacionalistas surgidas en el seno del movimiento obrero, pero se adopte sin mayor problema el concepto de “nación”, a pesar de que como decía Robert Kurz fue a partir del siglo XVI que surgen y se desarrollan en paralelo “con el moderno sistema productor de mercancías, los estados nacionales territoriales europeos, cuyo concepto de nación se expandiría al resto del mundo y determinaría toda la historia mundial”, hasta el día de hoy19.
En este punto resulta muy certero el camarada Lazzarato cuando critica las teorías poscoloniales actualmente en boga y las contrasta con la actitud de los colonizados de siglos anteriores que hicieron suya la “invención europea” de la Revolución. Mientras estos teóricos cuestionan las categorías elaboradas por el pensamiento europeo, los colonizados entendieron sin ninguna dificultad lo que ellos no pueden ver: a pesar de la voluntad “burguesa” de la revolución francesa en 1789, “ni las esclavas de Santo Domingo ni Olympe de Gouges con la Declaración de los Derechos de las Mujeres, ni los sans-culottes perdieron la oportunidad de rebelarse, incluso de hacer una verdadera revolución (Haití) que sentó las bases de las luchas por venir”. Cuando en el siglo XIX la revolución se volvió proletaria y Europa comenzó a producir teorías anticapitalistas y organizaciones revolucionarias, “los semicolonizados y los colonizados no se plantearon la cuestión de si las categorías de poder y subjetividad desarrolladas en Europa correspondían a su realidad: las usaron”. Y al dar aplicación a esta crítica práctica, sobre todo tras las revoluciones mexicana y rusa a inicios del siglo XX, “la revolución que se desplazó hacia el Este y luego se extendió por el Sur se transformó, criticando el historicismo marxista, rompiendo con su teoría de las etapas, reconfigurando la teoría del sujeto revolucionario por la inclusión del campesinado, revisando la teoría del partido (Fanon), de la clase (Amílcar Cabral), la relación entre estructura y superestructura, inventando una nueva función para la “cultura”, etc., pero siempre siguió siendo fiel al proyecto de superación del capitalismo”20.
Volviendo al etnocacerismo, dejo planteada la interrogante algo provocativa acerca de que si el concepto de decolonialidad –tan popular en la izquierda posmoderna y academicista actual, e incluso en los movimientos sociales- tiene que ver con “pensamientos que se producen desde un conocimiento situado; desde identidades y espacios geopolíticos históricamente subalternizados, que imaginan y accionan otros modos de habitar el mundo”21, ¿sería entonces esta segregación inversa que proponen los Humala un racismo posmoderno que adopta políticamente la forma de un fascismo subalterno y decolonial?
NOTAS
1 https://cctt.cl/2022/04/18/francia-la-nueva-derecha-y-marine-le-pen/
2 Mariana Alvarado. “El etnocacerismo como populismo radical”. Revista de Ciencia Política y Gobierno Volumen 1 N°1, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2014.
3 Joanna Ostrowska. “Hombre andino contra hombre occidentalizado: el etnocacerismo de los Humala”. Itinerarios Vol. 11, 2020.
4 Ibid.
5 Ibid.
6 Ibid.
7 Ibid.
8 Antauro Humala, referido por Ostrowska, op. cit.
9 Notable “détournment” reaccionario de la famosa consigna situacionista de 1968: “La humanidad no será feliz sino hasta el día en que el último burócrata sea ahorcado con las tripas del último capitalista”. Se trataba ahí del mismo objetivo doble de la Zengakuren: Hantei Hansuta!, o sea el oponerse radicalmente al capitalismo en sus dos versiones rivales/complementarias: el capitalismo de las naciones imperialistas occidentales y el capitalismo de Estado/colectivismo burocrático del Este (o para Debord: espectáculo concretado vs. espectáculo difuso).
10 Referido por Ostrowska, op. cit.
11 Michael Baigent, El legado mesiánico. Citado por Antauro Humala, op. cit., pág. 242.
12 Antauro Humala, op. cit., pág. 249.
13 Mariana Alvarado, op. cit., pág. 7.
14 Juan Castillo Rojas-Marcos, “Los contornos de la bestia. Estado actual de los debates en torno a la caracterización del fascismo” (2021).
15 “Los sueños del racismo tienen efectivamente su origen en ideologías de clase más que en la de nación: sobre todo en las pretensiones de divinidad de los gobernantes y de sangre ‘azul’ o ‘blanca’ y la ‘crianza’ entre las aristocracias” (Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México, FCE, 1993, pág. 210).
16 https://es.wikipedia.org/wiki/Anarquismo_independentista
17 Alfredo Maria Bonanno, “Anarquismo y lucha de liberación nacional” (1976). En: https://machorka.espivblogs.net/2014/03/25/anarquismo-y-lucha-de-liberacion-nacional-a-m-bonanno/
18 Coordinadora Arauco Malleco, “La lucha mapuche no es marxista ni anarquista”. Mapuche Info, 1 de marzo de 2014. En: http://www.mapuche.info/print.php?pagina=4320
19 Robert Kurz, “Las metamorfosis del imperialismo” (capítulo I de La guerra de ordenamiento mundial, 2003). En: http://www.obeco-online.org/rkurz_es166.htm
20 Maurizio Lazzarato, El capital odia a todo el mundo. Fascismo o revolución. Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2020.pág.191-192.
21 http://subtramas.museoreinasofia.es/es/anagrama/decolonial
