Jorge Andrés Gordillo López / Historicidad y revueltas: comentario a Asedios al fascismo, de Sergio Villalobos-Ruminott

Filosofía, Política

Impartida por Theodor W. Adorno en 1959 ante el Consejo de Coordinación para la Colaboración Cristiano-Judía[1] “¿Qué significa elaborar el pasado?” es una conferencia cuya actualidad provoca planteamientos críticos acerca de cómo producir vínculos con los pasados en sociedades hechizadas por la administración y la minoría de edad. La producción de discursos acerca de los pasados genera formas de socialización y experiencias de mundo. La importancia de las tecnologías con las que se relata, la relación que se establecen con y en ellas, de no estar cargadas por una autorreflexión inmanente, desatan sus versiones devastadoras vía la razón instrumental. En este sentido, no es gratuito que Adorno haya preparado el texto para una institución que, inaugurada tras la Segunda Guerra Mundial por dos monoteísmos en alianza con el Estado y otras organizaciones, promovió la construcción de la República Federal de Alemania (1949-1990) apelando, sobre todo, a “la culpa histórica” de la “destrucción de la vida judía” sistematizada por el nacionalsocialismo. La urgencia y el cuidado del pensamiento histórico no puede ser ingenuo ante la historicidad de las condiciones de posibilidad del fascismo, pero tampoco frente a las de su actualización, las retóricas de su “superación” y las formas de confrontar su proliferación. La domesticación del pensamiento separa este problema de su concreción histórica vía resoluciones de expertos y análisis ilegibles e infumables. Ceder a la obediencia de sus formulas es asentar la dominación que viene. En palabras de Adorno:

Carlos Chacón / Hitler, hoy

Filosofía, Política

La noción de l’univers concentrationnaire, título que lleva la obra muy apreciada por Sartre de David Rousset sobre los campos de concentración en la Segunda Guerra, se actualiza a medida que abocamos prácticas cotidianas al consuelo integrador de cuadros, ya sean de cemento o de silicio, y cuando las autoridades parecen transgredir sus más razonados límites de intervención. Jean-Paul Sartre y Paul-Michel Foucault cruzaron, en 1972, y por medio de las páginas del periódico Le Mond, sus opiniones discrepantes al respecto: Foucault estaba convencido de lo inapropiado de la adopción de dicha analogía, mientras que Sartre la usaba para convocar una lucha contra el régimen de represión del Estado francés. Esa misma noción no deja de resultar actual, más allá de la mera analogía, y más acá de la represión estatal.

Daniel Tanuro / Una crisis global, sistémica y sin precedentes

Filosofía, Política

La naturaleza sistémica de este extraordinario acontecimiento es evidente por el origen del virus, su modo de propagación y sus efectos sociales.

En los últimos decenios se ha descubierto que los virus rompen la barrera de las especies, se adaptan y contaminan al Homo sapiens, causando zoonosis. El SARS-CoV2 no es una excepción: además del VIH, se han conocido el Ébola, el Chikunguniya, el Zika, el SARS1, el MERS, la gripe aviar y algunos otros. Sin embargo, existe un amplio consenso entre los especialistas en que el salto de especies es atribuible a la deforestación, a la industria cárnica, a los monocultivos agroindustriales, al comercio de fauna silvestre, al lavado de oro, etc. Es decir, en términos generales, la destrucción de los entornos naturales por el extractivismo y el productivismo capitalista. Por lo tanto, COVID-19 no es una maldición que nos lleva de vuelta a la Peste Negra y a otros flagelos de la salud de la antigüedad; por el contrario, nos proyecta hacia las pandemias del futuro. Aunque el virus desaparezca, aunque se desarrolle una vacuna (¡no hay certeza al respecto, el VIH y la hepatitis C lo prueban!), otras pandemias ocurrirán mientras no se hayan erradicado los mecanismos responsables de las mismas.

Rodrigo Karmy Bolton / Enemigo invisible. Guerra civil global y potencia de los cuerpos

Filosofía, Política

1.- Guerra.

Cotidianamente, casi sin sobresaltos, pero con la dureza de palabras que hieden cuerpos ablandados, subsumidos en el pánico del que todo lazo huye por contener alguna mancha que contagia a quien la porta, las palabras se enmarcan en la retórica de la guerra. Pero no solo no se trata de cualquier “guerra” sino que tampoco se trata de un gesto puramente retórico. Si acaso por “retórico” decimos algo suficientemente decisivo como la producción de una situación política precisa y no a la simple “falsedad” de aquello que pronuncia. Digamos que la retórica de la guerra ha catalizado, sin dudas, un singular tipo de guerra que resulta indistinguible de la normalidad: el “virus chino”, el “enemigo invisible”, el “combate contra la enfermedad”, “el sacrificio de los trabajadores” son algunas de las formulaciones que se escuchan y que resulta clave escuchar.

Isabel Argüelles Rozada / Angelus Novus: un comentario sobre el tiempo a propósito de las Tesis de Walter Benjamin

Filosofía, Política

El objeto de análisis de este artículo son las Tesis de la Filosofía de la Historia (1940) de Walter Benjamin, que consisten en una crítica mordaz al historicismo, fascismo y marxismo de su época. Presentan un carácter fragmentario y poético, y se apoyan al tiempo en el materialismo frankfurtiano y la teología judía. Esta original orientación compone una filosofía de la historia alternativa cuyo núcleo de crítica se encuentra, ante todo, en el mito del progreso. Contra esta idea inmovilista propone Benjamin una historia que rescate del pasado a las víctimas silenciadas por los opresores: el presente debe hacer justicia.

Claudio Aguayo / El fascismo como política de la verdad

Filosofía, Política

El fascismo es una política de la verdad. Devuelve al sujeto la experimentación de la soberanía sin interrumpir la esfera de la circulación ampliada. Soberanía en el sentido de Georges Bataille: el fascismo es una “forma soberana de la heterogeneidad” (2008, 167), la recomposición soberana de una estructura social en riesgo. “Circulación ampliada” decimos porque dicha esfera se extiende más allá de las fronteras de lo parlamentario. Carl Schmitt observó en 1950, a propósito del pensador católico contrarrevolucionario Juan Donoso Cortés, que la burguesía aparecía, en su época de consumación liberal, como la “clase discutidora”. “Su esencia es negociar, un definirse a medias que se mantiene a la expectativa con la esperanza de poder convertir el encuentro final, la sangrienta batalla decisiva, en debate parlamentario” (1963, 87). Esta apelación a la soberanía, a la violencia, a la estética de la batalla final y del corte puro, es propia de la afección fascista que emerge para devolverle al “pueblo” una experiencia que está más allá de su vida ordinaria y de la gestualidad monótona de la cotidianidad, de lo que Althusser llamaba tiempo de nada. Un tiempo vertical, la “reflexión cotidiana”, es pretendidamente interrumpido por la posibilidad de una experiencia negativa, henchida de interpelaciones corporales donde la violencia se funde en la soberanía.