Giorgio Agamben / Sobre el fin del mundo

Filosofía

El tema del fin del mundo ha aparecido varias veces en la historia del cristianismo y en cada ocasión han comparecido profetas anunciando como próximo el último día. Es extraño que hoy esta función escatológica, que la Iglesia ha dejado caer, haya sido asumida por los científicos, que se presentan cada vez más a menudo como profetas, que predican y describen con absoluta certeza las catástrofes climáticas que conducirán al fin de la vida en la tierra. Singular, pero no sorprendente, si se considera que en la modernidad la ciencia ha sustituido a la fe y ha asumido una función propiamente religiosa -es, en efecto, en todos los sentidos, la religión de nuestro tiempo, aquella en la que los hombres creen (o, al menos, creen que creen).

Abdennur Prado / El tiempo de la revelación y la filosofía de la historia

Filosofía

El modelo básico de una hipotética “filosofía islámica de la historia” solo podría estar basado en el ciclo de la profecía: el Dador ha enviado sucesivos profetas a la humanidad, para recordar a los humanos un pacto primordial e interior a cada criatura. Pero este no es un pacto que la divinidad haya establecido con nadie en concreto en un momento concreto de la historia. De ahí que el Corán lo sitúe en el tiempo meta-histórico y lo haga extensivo a toda la humanidad:

Y cuando tu Sustentador sacó de las espaldas de los hijos de Adán
a su propia descendencia y les hizo que dieran testimonio:
¿Acaso no soy Yo vuestro Sustentador?
Contestaron: “Sí, lo atestiguamos”.
(Corán 7:172)

Abdennur Prado / La modernidad como perversión del cristianismo. A propósito de Últimas conversaciones con Iván Illich

Filosofía, Política

Durante décadas Iván Illich desarrolló una crítica radical de la industrialización y de la burocratización de la existencia, mostrando como la Modernidad había llevado al ser humano a ser esclavo de las herramientas; es decir, de todos aquellos medios de los que se ha dotado, para alcanzar unos objetivos que, finalmente, desconoce o han quedado fuera de su alcance. Particularmente sonadas fueron sus polémicas sobre la escolarizacion (La sociedad desescolarizada, 1971), sobre la energía y los transportes (Energía y equidad, 1974) y sobre la medicina institucionalizada (Némesis médica, 1975), además de su apuesta por lo que llamó La convivencialidad (1973) y El género vernáculo (1982). A causa de estas y otras obras, pasó por ser un crítico feroz de la industrialización, con un toque de arcaísmo y una dimensión ética que le daba su sello característico, pero que también resultaba incómodo para las ortodoxias de izquierdas y derechas, lo cual ha llevado a una exclusión sistemática de sus planeamientos en el ámbito académico.

Cuauhtémoc Nattahí Hernández Martínez / Capitalismo, separación y profanación. La crítica de la separación en Giorgio Agamben

Filosofía

En “Elogio de la profanación”, Giorgio Agamben sitúa la religión como aquella instancia que separa la esfera divina y la mantiene inaccesible a los hombres: lo sagrado, de este modo, se constituiría como un campo inaccesible, segregado o separado de la esfera humana. Profanar, por el contrario, consistiría en levantarlas barreras que instituye la separación, tanto en sus formas religiosas como seculares. Lo que analizamos en el texto es esta tensión entre separación y profanación, con el objetivo de mostrar que existe en el pensamiento de Agamben todo un gesto filosófico que tiene que ver, precisamente, con la crítica de la separación.

Mauricio Amar Díaz / Más allá de la teología política

Filosofía

El momento político e histórico en que vivimos urge reconsiderar cada uno de los conceptos heredados por la teología occidental. Quizá esto signifique demasiado trabajo para una generación de pensadores, pero vale la pena el intento si lo que se avizora en cada mirada crítica es la posibilidad de un orden de cosas diferente. Ya salta a la vista que la relación entre lo político y lo teológico dista de ser una amalgama antojadiza, aunque cada uno de los polos pueda ser evidenciado como irreductible al otro. No hay teología sin política, sin un dios soberano que crea el mundo y lo sostiene ordenando sus creaturas más o menos a su voluntad. No hay política moderna (como bien recuerda Schmitt) sin una teología que traspasando sus fronteras ha puesto en juego dentro de la jerga política los conceptos de economía y soberanía.