Como se sabe, la lengua árabe no utiliza la cópula «ser» tan presente en las lenguas indoeuropeas (que no significa que no exista el concepto ser). Si quiero decir «yo soy filósofo» digo «anā [yo] failasūf [filósofo]». Esto significó un dolor de cabeza para más de un traductor cuando se trataba de traspasar el Ser aristotélico a la lengua árabe. La palabra preferida por los filósofos para el Ser, al menos desde Ibn Sina, fue al-wujūd [الوجود], cuya raíz ([و-ج-د] w-j-d) indica principalmente «encontrar», «hallar». Como salta a la vista, en la traducción el sentido de un concepto parece florecer, como si cada palabra estuviese habitada por puntos de fuga. Si hay razón en la idea de Werner Hamacher de que «una lengua es lengua solo en la medida en que ella es lengua para otra lengua –no en lugar de otra lengua, sino con miras a esta», debemos pensar en una nueva posibilidad para el ser que quizá está indicada en el encontrar. Porque encontrar es en realidad siempre una tarea fracasada, alegremente fracasada; en el momento mismo en que algo se afirma como verdad ha devenido otra cosa, se ha lanzado fuera de sí desde puntos imprevisibles. Encontrar implica haber buscado, haber corrido un velo, pero lo velado no es una simple relación entre lo que existe y lo que no existe, sino la condición misma de lo existente. El Ser, en este sentido, nunca es una esencia ni una sustancia, sino lo que exige la búsqueda, una necesidad que ha caída en el olvido, pero que no por ello deja de reclamar.
Filosofía
Javier Agüero Águila / Lavidalamuerte
FilosofíaEl seminario impartido por Jacques Derrida en la Escuela de Altos Estudios de París, entre 1975 y 1976, se tituló La vida la muerte. Y ya en el nombre, sin necesidad de entrar en las 14 sesiones que componen este curso, es posible detenerse y acaso sumergirse en los estuarios múltiples de la deconstrucción.
Tampoco sería requisito para un texto como éste acercarse a la manera excepcional en que el argelino hace hablar a los que serán los “ejes” del seminario (Hegel, Nietzsche, Heidegger, Canguilhem, Freud o Jacob). Simplemente va de hacer la pausa, corromperse en el no-paso, olvidar todas las pistas de caza y abrazar la distorsión a la que pueden llevar estas cuatro palabras: La vida la muerte.
Mauricio Amar / La lengua del fin del mundo
Filosofía, PolíticaEl lenguaje, como todos sabemos, ha sido objeto de una enorme operación que ha cambiado el destino de los humanos. Sobre él se han montado miles de estrategias, acaso la historia de las lenguas no se a otra cosa que una historia de estrategias sobre ellas. Pero ninguna se compara en su intensidad, violencia y capacidad de abarcarla como la que estamos presenciando hoy. Presenciarla, es decir, de algún modo vivir la transformación del lenguaje a tiempo real, es decir en el habla y en la escritura, nos pone ya en una situación muy difícil. Porque la transformación del lenguaje, de mi lengua que no es mía como dice Derrida, pero al mismo tiempo de todas las lenguas, incluso las que no alcanzo a imaginar, vuelve difícil siquiera decir hasta qué punto no puedo sino hablar desde esta operación, esta estrategia.
Esto, como todas las cosas humanas, tiene una genealogía. Y como toda genealogía es gris, porosa, necesaria de ser leída a contrapelo. No se puede sino estar agradecido de los europeos que en su momento supieron leer el funcionamiento del poder a pesar de las capas y capas de estrategias lingüísticas que se vertían sobre ellos. Estoy pensando en Adorno, en Foucault, Derrida y en Hamacher, figuras que hoy sería raro que provinieran de una Europa incapaz de pensar, salvo excepciones, sobre sus propias condiciones de existencia. Pero en ellos, que vivieron la emergencia y las consecuencias del fascismo de muy cerca, hay una comprensión que necesariamente anuncia lo que hoy aparece como lenguaje.
Gerardo Muñoz / El basural de la lengua
FilosofíaEn “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, encontramos una descripción extraordinaria que equipara el nominalismo absoluto con un enorme basurero, un recinto lleno de basura. En ese momento del relato el narrador nos dice: “Y también hacia elba: mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras” [1]. La absolutización de la memoria, sin olvido ni posibilidad de olvidar, convierte todos los nombres posibles e imaginables en algo ya presente, pero también inútil, hasta el punto de que no pueden ser pronunciados, y mucho menos recordados a distancia. El mundo de Funes es análogo al diseño tecnológico en el que nos encontramos hoy: la llamada “Inteligencia Artificial” recuerda cada nombre y cada entidad como si seleccionara objetos de un contenedor del basural. Da igual si los nombres elegidos son correctos o falsos; precisamente porque el acto de nombrar como tal ya no posee el encanto que confiere la divinidad de la voz. Cuando el lenguaje se convierte en un “vaciadero de basuras”, ya no existe ninguna relación entre el recuerdo y la voz humana que durante siglos ha sido la fuente de los afectos.
Dionisio Espejo / Música, cultura de masas y resistencia: una cartografía del conflicto sonoro
Estética, Filosofía, Música, SonidoEste ensayo propone una reflexión filosófica sobre la música como práctica cultural y política, alejándose de una comprensión puramente estética o historiográfica. Su tesis central sostiene que la modernidad ha desplazado progresivamente la música desde el ámbito de la presencia y del acontecimiento compartido hacia el de la representación, la reproducción técnica y la mercancía. A partir del diálogo con la crítica de la industria cultural —especialmente con Walter Benjamin, Theodor W. Adorno y Guy Debord—, así como con una concepción de la música entendida como praxis, se analiza el modo en que las transformaciones tecnológicas y económicas han modificado no solo las formas de producción y circulación musical, sino también las condiciones mismas de la escucha y de la experiencia comunitaria. El recorrido abarca desde las controversias estéticas de la modernidad hasta la cultura de masas y la inteligencia artificial, defendiendo que la cuestión decisiva no reside en la innovación técnica, sino en la sustitución del acontecimiento musical por su representación. Frente a esta dinámica, el ensayo reivindica la música como una práctica de presencia, conocimiento y resistencia cultural, capaz de constituir comunidad y de preservar espacios de creación no subordinados a la lógica del mercado.
Monica Ferrando / La voz de la tierra
FilosofíaEn Arcadia, Pan era una voz: la voz del viento entre las ramas, de los manantiales entre las rocas, de los llamados de los seres. Como la voz de la montaña que ofrece su ayuda, incluso la gran ciudad (Atenas) acabó escuchándolo. ¿Lo comprendió y lo valoró? Incluso Eco, la ninfa, era una voz. Impotente ante Narciso, cegada por su propia belleza incomprendida, era una voz fluida, pero fue relegada (o se retiró por sí misma) a la tierra. ¿Silenciosa? No.
Este trabajo nació de escuchar esa voz; las figuras emergieron de ella una tras otra, cada una en su propio espacio, cada una nutrida por su vientre, pero atadas a una modulación dictada por la tierra y su canto. Este es el mito —la historia— que las une.
