¿Quiénes son los justos? ¿Qué significa ser justo? Ciertamente no se trata de una cualidad de un sujeto, de un atributo de este o aquel hombre, de esta o aquella mujer. La justicia —ha escrito Benjamin— es un estado del mundo, es una dimensión del ser, no de la voluntad o de la intención. Justas son las cosas, decía Spinoza, cuando las ves no en un cierto tiempo o en un cierto lugar, sino cuando las ves en Dios. Por eso la justicia es algo que no puedes nunca tener, sino solo contemplar. Y, sin embargo, cuando ves las cosas como son en Dios, el ser flor de esa flor, el ser sonrisa de esa sonrisa, el ser inocente de ese inocente, entonces sientes una exigencia a la que no puedes sustraerte, una exigencia que no te pide ni te manda nada, sino que actúa en ti más allá de toda voluntad o de toda intención —es así, y no hay nada más que hacer. No olvidaré jamás las palabras de una muchacha que formaba parte de una organización de la resistencia en un país ocupado por los nazis. Había sido arrestada y torturada y no había hablado. Cuando fue liberada, los compañeros querían celebrarla como a una heroína, le decían que si había logrado soportar la tortura era por la fuerza de sus convicciones políticas, por su fidelidad a la causa y similares tonterías. Pero ella movía la cabeza y decía solamente: no, lo hice porque así me gustaba, por capricho. Había visto la justicia, había sentido una exigencia que la superaba por todas partes, pero no había pensado un solo instante en ser justa, en que la justicia pudiera pertenecerle. Si solo hubiera creído en la justa causa, pero no hubiera visto la justicia, habría cedido a la tortura, habría hablado.
Filosofía
Gonzalo Díaz-Letelier / La lengua del otro. Traducción, imperialidad occidental y cibernética
Filosofía
Presentación ante Comité de Defensa (University of California, campus Riverside, 20 de mayo de 2026)
Miembros del comité, colegas, amigxs.
La investigación que presento hoy, titulada The Tongue of the Other. Translation, Western Imperiality, and Cybernetics, es el resultado de un largo recorrido intelectual que comenzó hace años con conversaciones mantenidas en distintos lugares y lenguas, y que ahora culmina provisionalmente en este escrito. Quisiera comenzar agradeciendo a mi comité, presidido por el profesor Dr. Jacques Lezra, y a todas las personas que hicieron posible este trabajo. Pero pasemos directamente al tema que nos ocupa.
El problema en cuestión
Esta disertación parte de una observación y de una sospecha. La observación es que, hoy en día —en medio del régimen contemporáneo de guerra y genocidio—, los dos polos que emergen como los nuevos articuladores del “orden mundial” parecen ser la soberanía estatal y la “globalización”. O, si se prefiere, nacionalismo e imperialismo. La cuestión de la identidad se polariza alternativamente entre el cosmopolitismo liberal de la globalización y todo tipo de autoafirmaciones inmunitarias y repliegues en la idiosincrasia. Pareciera que uno debiera elegir —sin otra salida posible— entre ser partisano de la globalización o, “por el contrario”, del nacionalismo.
Javier Agüero Águila / Beckett y la meseta de los mil fracasos (fracasemos juntos)
FilosofíaA mi hermano Rodrigo Romero,
el que experimenta y que, como Beckett,
besa las calles de Dublín
“Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”. “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.
Esta suerte de mantra literario, reconocido por quienes se interesan en este tipo de lugares poco comunes, es un extracto de Rumbo a peor, un texto de Samuel Beckett publicado en 1983, seis años antes de su muerte.
El pasaje ha tenido muchas y hasta bizarras lecturas, desde empresarios que lo han transformado en un cierto de tipo de “optimismo bursátil” y materia de coaching, hasta filósofos como Alain Badiou que han reconocido su admiración por el autor irlandés desde su más temprana juventud. También, con la debida distancia, es mi caso.
Gerardo Muñoz / Nakba e intifada
Filosofía, PolíticaEn un texto reciente escrito para rememorar la Nakba, el pensador Mauricio Amar proponía de manera velada algo que merece una cuidadosa atención: nuestra época está enmarcada por dos nociones que nos han sido donadas por la experiencia palestina, esto es, la nakba y la intifada [1]. Son dos palabras que, lejos de activar una oposición dialéctica, son el grado de la curvatura de una experiencia histórica que en el presente nos entrega algo un espejo nocturno, que es imagen de pensamiento y tranquilidad. Pensar con claridad es preparar una salida de las ruinas y hostilidades; y en segundo término, rechazar en todo momento el estratagema de la “pacificación” y de los tratados de paz (también en sus formulaciones cosmopolitas) aún enraizados en las turbias corrientes de la barbarie. Las antiguas palabras de Tácito siguen resonando como viejas campanas: “hacen un desierto y lo llaman paz (ubi solitudinem faciunt, pacem appellant). ¿Y qué no es la Pax israeliana sino una guerra sin fin bajo los presupuestos de la usurpación desfigurada del llamado del theos? En nombre de la “paz”, la oscuridad cae sobre la tierra, pues ya no hay garantía de tranquilidad ni de concordia. Y es sólo en la vía tranquilitas que los pensamientos, como ligeras nubes de verano o esponjas del móvil que se inclina sobre una cuna, se amontonan en un lugar de entonación tan imperceptible como provisoria.
Tariq Anwar / Sobre El problema de la distracción
FilosofíaPublicado en 2012, The Problem of Distraction (El problema de la distracción) de Paul North permanece, no sabría decir por qué, sin traducción al castellano. El libro no es un diagnóstico cultural más sobre la pérdida de atención en la era digital ni un manual para recuperar la concentración; es una arqueología filosófica de aquello que la tradición occidental ha excluido para poder constituirse como pensamiento del pensamiento. North sostiene que, bajo la comprensión habitual de la distracción como mero déficit de atención, se oculta un fenómeno mucho más radical al que denomina «distracción primordial», una interrupción intermitente e inmotivada del acto mismo de pensar, cuyo carácter no puede ser reducido a la función de un opuesto dialéctico ni explicado causalmente.
Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: horizonte y utopía
Filosofía, Política¿Cuál es el destino que abre el horizonte? ¿Hacia dónde nos orienta? ¿De dónde proviene su estela? ¿Acaso existe un detrás suyo? Pero, ¿qué es el horizonte, si acaso es? O, por el contrario, ¿acaso sólo indica la extensión infinita de todo caminar y, con ello, lo infinito del caminar mismo? Y en tal caso, ¿podría ser que el horizonte tan sólo nos abriera paso para dibujar, en lugar de un mundo nuevo, la proyección perfeccionada de éste? Y de ser así, el horizonte nos permitiría, más que danzar con lo porvenir, ¿únicamente clavar en el futuro la coreografía ya acotada al insípido ritmo de nuestras ilusiones? En ese sentido, todo horizonte sería la prolongación infinita de esta tierra que hoy pisamos, de este cemento sobre el cual nuestros pies a ratos se elevan y de este cemento entre el cual nuestros pies continúan sangrando. Entonces, ¿cuáles encuentros ya ocurridos nos aguarda el horizonte? ¿Qué promesas y luminosas libertades no cesa de recitar a nuestro oído para despertarnos esta misma sed que se jacta de llegar a apaciguar? ¿Qué huidizos deseos estimula, cuáles son los delirios con que nos arrebata, en virtud de cuáles piernas cruzadas nos entierra la daga de su tan deseada como esperable utopía?
