Mauricio Amar / La lengua del fin del mundo

Filosofía, Política

El lenguaje, como todos sabemos, ha sido objeto de una enorme operación que ha cambiado el destino de los humanos. Sobre él se han montado miles de estrategias, acaso la historia de las lenguas no se a otra cosa que una historia de estrategias sobre ellas. Pero ninguna se compara en su intensidad, violencia y capacidad de abarcarla como la que estamos presenciando hoy. Presenciarla, es decir, de algún modo vivir la transformación del lenguaje a tiempo real, es decir en el habla y en la escritura, nos pone ya en una situación muy difícil. Porque la transformación del lenguaje, de mi lengua que no es mía como dice Derrida, pero al mismo tiempo de todas las lenguas, incluso las que no alcanzo a imaginar, vuelve difícil siquiera decir hasta qué punto no puedo sino hablar desde esta operación, esta estrategia.

Esto, como todas las cosas humanas, tiene una genealogía. Y como toda genealogía es gris, porosa, necesaria de ser leída a contrapelo. No se puede sino estar agradecido de los europeos que en su momento supieron leer el funcionamiento del poder a pesar de las capas y capas de estrategias lingüísticas que se vertían sobre ellos. Estoy pensando en Adorno, en Foucault, Derrida y en Hamacher, figuras que hoy sería raro que provinieran de una Europa incapaz de pensar, salvo excepciones, sobre sus propias condiciones de existencia. Pero en ellos, que vivieron la emergencia y las consecuencias del fascismo de muy cerca, hay una comprensión que necesariamente anuncia lo que hoy aparece como lenguaje.

Gerardo Muñoz / El basural de la lengua

Filosofía

En “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, encontramos una descripción extraordinaria que equipara el nominalismo absoluto con un enorme basurero, un recinto lleno de basura. En ese momento del relato el narrador nos dice: “Y también hacia elba: mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras” [1]. La absolutización de la memoria, sin olvido ni posibilidad de olvidar, convierte todos los nombres posibles e imaginables en algo ya presente, pero también inútil, hasta el punto de que no pueden ser pronunciados, y mucho menos recordados a distancia. El mundo de Funes es análogo al diseño tecnológico en el que nos encontramos hoy: la llamada “Inteligencia Artificial” recuerda cada nombre y cada entidad como si seleccionara objetos de un contenedor del basural. Da igual si los nombres elegidos son correctos o falsos; precisamente porque el acto de nombrar como tal ya no posee el encanto que confiere la divinidad de la voz. Cuando el lenguaje se convierte en un “vaciadero de basuras”, ya no existe ninguna relación entre el recuerdo y la voz humana que durante siglos ha sido la fuente de los afectos.

Felipe Valdés Sepúlveda / Lo chileno de Ruiz. Lengua, humor, melancolía

Cine, Estética, Filosofía

El sentido del humor y la melancolía son propios de lo chileno.1 Raúl Ruiz

Lengua

Días de campo (2004) o La recta provincia (2007) son dos películas en las que aparece con especial nitidez lo chileno de Ruiz. Sus imágenes no buscan producir una identificación inmediata con aquello que muestran, por el contrario, portan consigo una singular forma de comunicación, o de no-comunicación, propia de una relación particular con la lengua. En nuestra lectura, lo chileno no constituye un tema de su cine sino una práctica del lenguaje en la cual humor y melancolía encuentran un lugar común. Frente a la hospitalidad y la fascinación que suele producir el cine hollywoodense, las imágenes de Ruiz desorientan o, como escribe Walter Benjamin, parecen asaltar armadas a mitad del camino arrebatando las convicciones2.

Tariq Anwar / Una pequeña palabra

Poesía


Quisiera decir una pequeña palabra. Muy pequeña. Tanto como la longitud de Planck. Una partícula de palabra, de hecho. Una palabra contraída al máximo de lo que se pueda. Que no diga nada. Que esconda el futuro. Quisiera también imaginar esa palabra desplegándose, abriéndose camino sobre y bajo sí misma. Una palabra de agua, que no tiene otro espesor que su posibilidad. Una palabra así sería casi un dios, pero no. Casi, porque prácticamente todo cabría en ella. No, dado que sería la más inmanente de las lenguas. Una palabra-lengua que se asemeje a una miga de pan en la mesa. Pequeña palabra que prometa lo que la lengua de los burócratas ha dejado en el olvido. Tan pequeña que sólo pueda ser sobrepasada por el pasado. Ignorante de lo que vendrá, esta palabra podría ser toda una aventura.

Gerardo Muñoz / El inglés y las lenguas muertas

Filosofía

Todavía recuerdo con nitidez cómo hace unos años, en la librería de la Universidad de Harvard, la Colección Loeb de Clásicos del Latín y el Griego, con sus cubiertas rojas y verdes respectivamente, ya no se encontraba en los estantes. Al preguntarle a una dependiente, me dijo que esos libros de “lenguas muertas” ya no se vendían ahí. Esas fueron sus palabras. Si esta anécdota transmite algo, es precisamente la pregunta fundamental en torno a la noción de “lenguas muertas”. ¿Qué significa que una lengua haya muerto o esté muerta? Si, ​​de hecho, existe tal estatus ontológico para cualquier lengua que se haya rastreado desde nuestro pasado, esta pregunta hoy regresa con cierta urgencia, ya que el avatar más reciente de la cibernética, la «Inteligencia Artificial», ya supera no solo las supuestas “lenguas muertas” de la antigüedad que muchos lectores ya no pueden dominar, sino también la operatividad de las lenguas vivas de toda la humanidad en su conjunto.

Entrevista a Paula Cucurella / Sobre Rabia / Pena. Poesía migrante

Poesía

En Ficción de la razón, conversamos con Paula Cucurella, que acaba de editar la antología de poesía migrante Rabia / Pena en la casa editorial DobleAEditores.

Ficción de la razón: Paula, considerando el contexto mundial de auge de diversas formas de fascismos y la creciente persecución a los inmigrantes, cuestión que en Estados Unidos ha llegado a un nivel delirante, ¿qué significa como gesto la publicación de Rabia / Pena?

Paula Cucurella: La expansión del fascismo nos hace convivir con cosas profundamente contradictorias. En Estados Unidos, donde vivo y trabajo, conviven un nacionalismo agresivo —sostenido en mitologías de origen, políticas identitarias divisorias y discriminatorias y discursos de “defensa” de la nación— con una economía globalizante de libre mercado que necesita entrar en todas las economías locales, precarizarlas y desestabilizarlas, y luego desentenderse de las consecuencias de esa intervención.

En este contexto, se produce una situación muy sintomática: comunidades migrantes que llegaron hace cien años, ya asentadas en las economías locales, discriminan a las migraciones recientes invocando su “originariedad”, que fundamentalmente significa simplemente haber “llegado antes”. Esta es una de las grandes contradicciones del fascismo que vemos hoy, pero que también reconocemos en sus expresiones históricas. Lo peor es que nada nos garantiza que los migrantes de hoy en todo el mundo no harán lo mismo con les migrantes del futuro.