Javier Agüero Águila / La ruina y el porvenir (Una imagen a partir de “La lengua del fin del mundo” de Mauricio Amar)

Filosofía, Política

Este texto está redactado en un teclado diseñado para escribir en otra lengua: “una que no es la mía”. Cada palabra -o casi cada palabra- que suelto nace “condenada” a la ruina; es malparida, la “q” es la “a”, la “d” es la “s”, los acentos no corresponden, las comas no son comas, la sintaxis no es reconocida y debo volver una y otra vez sobre una escritura arruinada desde antes de ser ruina. Y entonces no puedo sino pensar en esto y detenerme y apuntar que la ruina, antes de serlo, es siempre su todavía parcial e inexorable llegada. Ella va ahí donde no fue esperada, ni invocada o presentida; solo estuvo sin más, íntegramente diferenciada, en la espectralidad de una promesa que no por ser promesa deja de estar contenida en la ruina. 

Así es que es sobre esta suerte de escritura secundaria, resorte de un permanente error, que algo puede ser dicho; mas se trataría de un error que no fracasa, tampoco triunfa, sin embargo esva siendo y tiene sentido, todo el sentido en el tiempo y en el espacio porque tal como lo sostiene Jacques Derrida: “La ruina no ocurre como un accidente a un monumento ayer intacto. En el comienzo está la ruina” (Mémoire d’aveugle, 1990, p. 72).

Aldo Bombardiere Castro / Notas musicales: sobre la anestesia apolínea y la amnesia dionisíaca

Filosofía, Música

Preludio: divagación

La música siempre será más que audición y contemplación pasiva. La música, también, siempre será más que la danza hacia la cual nos impele. Un rasgo característico de la música es su aspecto gestual: parece ser un signo sin significado, una transposición de superficies que vuelve imposible determinar su carácter quiditativo (qué precisamente es). Dicho en términos semióticos, la música –tanto al nivel de sus notas como de su ejecución- podría expresar la apertura de un signo carente de significado: insinuación de un detrás, de una esencia imposible de conceptualizar. Sin embargo, por lo mismo, también se vuelve una posibilidad de derogar el significado: un acto sígnico cuyo (deseo de) significado se esfuma en el mismo instante en que el cuerpo deja de agitarse.