Alejandra Bottinelli / La palabra viva de los jóvenes de Gaza

Literatura, Política

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! […]

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Cesar Vallejo, Los heraldos negros

Hay palabras que son aviso: una sonrisa se está perdiendo para siempre y cae a nuestros pies: ¡tómenla, cuídenla, no la dejen morir!

Hay palabras que son como sombras que se quedan rondando nuestras cotidianeidades, como dobles de lo que somos en nuestros días de todos los días, y nos encuentran cuando, como al hombre del poema de Vallejo, alguien nos llama con una palmada por sobre el hombro y nos volteamos a ver nuestra mirada buscando otra mirada. Palabras sombras de las nuestras, que hacen figura con nosotros, que no nos dejan y se quedan a vivir junto a nosotros.

Hay palabras que son conjuro, de la estirpe de esas capaces de reunir a los astros y volverlos al tiempo, son palabras de fe, esto es, palabras-confianza, fidelidad, lealtad. Palabras fuertes que reposan en la promesa de seguir siendo, de permanecer a tu lado, de no soltarte, de no dejarte a ti misma, a ti mismo; palabras-confianza: la promesa misma que te constituye.

Gerardo Muñoz / Arcadia y la edad de los poetas

Filosofía

La reconstrucción arqueológica que hace Monica Ferrando de la Arcadia en tanto que paradigma político olvidado de la morada en la tierra — y que se retira del nomos de la fuerza y ​​la usurpación de la politicidad moderna — encuentra una condición central e ineludible en la poesía y en la voz de los poetas. Dado que se sustenta en un nomoi tripartito ( ley del corazón, del canto y del prado) que es exceso de la autonomía de la polis y el mesòn, es la voz poética la que actúa como metaxis de transmisión de su energía mitopoética capaz de garantizar una relación distinta con el mundo; una relación no entregada a la producción y la depredación. En esa toma de distancia con respecto a la polis y la demanda de isonomía, Ferrando recurre una y otra vez a los poetas y a la poesía. Considérese, por ejemplo, este pasaje del último capítulo dedicado al paradigma político de Virgilio: “La poesía, pues, está llamada —desde su propio y doloroso presente— a aventurarse, cual nuevo Orfeo pero como un memore veggente [un vidente memorioso], en la oscuridad del pasado para dar nueva forma al amor, sin conformarse con su mera imagen. A recorrer los estratos de la experiencia humana que han configurado el mundo para remodelar, a su vez, un amor reducido a un fantasma exangüe y engañoso” [1]. El espacio prepolítico de Arcadia reside en la voz poética, cuya tarea fundamental consiste en transformar el ideal del triunfo y la victoria en encantamiento y fascinación de una erótica que nunca puede colapsar en la autonomización de la imagen [2].

Javier Agüero Águila / Mistral/Cohen: sobre un alarido y un relámpago

Estética, Filosofía, Poesía

Escribe Gabriela Mistral:

[el amor] Tú lo quisieras vuelto un alarido,

viene de tan hondo que ha deshecho

su quemante raudal, desfallecido,

antes de la garganta, antes del pecho1.

En Mistral el amor es un fuego que se extingue sin darnos una chance (una). Es la cancelación del júbilo; el grito ahogado en el corazón de una desmesura que inhibirá para siempre su consumación. El clamor es afónico, la querella muda, no alcanza a tocar a lo otro inalcanzable, dejándonos varados en una penumbra repleta de fantasmas, en el imposible despótico que encadena el alma a la desolación más pura, más sincera. Amor que no pudo coronar, parafraseando a Heidegger, al último de los dioses y que se vaporizó en la sobreabundancia de mundo, en las insistencias multiplicadas y eventuales a cada segundo; en el oropel de la apariencia que despliega un destino de sufrimiento que restará perpetuamente incompleto.

Ramzi Salem / ¿Quién soy?

Poesía

¿Quién soy?
me preguntan los pájaros
girando sobre mi cabeza,
danzando en círculos con los errantes,
mirando fijamente las honduras de mis ojos,
hundiéndose en su brillante fulgor castaño,
y luego alejándose a través de mi mirada llena de lágrimas.

Buscan
los funerales de la memoria,
las tumbas de las rimas poéticas,
las salidas de los laberintos
y las entradas del anhelo.

Se esfuerzan por desenterrar mis secretos,
por traducir el cansancio de mis rasgos,
por interpretar la oscuridad bajo mis ojos,
por comprender el relato de mis lenguas
y la sombra dentro de mis palabras.

Aldo Bombardiere Castro / Tercera divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: lo imposible

Filosofía, Poesía, Política

Dentro del contexto de producción capitalista, y particularmente a medida que se agudiza el paradigma neoliberal hasta su fase neofascista, el concepto de “publicidad” se identifica con el plano del marketing. Esto no sólo ocurre a raíz de un proceso de subsunción real de la vida social bajo la maquinaria del tardo capitalismo intensificado, sino también en virtud de la apropiación economicista y privatizante de una significación política. En efecto, la idea de publicidad, en cuanto esencia significativa que concentraría las notas fundamentales inherente a la categoría de lo público (su sentido político y deliberativo, así como el entramado discursivo, valórico, cultural y lingüísticamente compartido que define a la ciudadanía), resulta capitalizada por el capitalismo, convirtiéndola en un espacio social al servicio del marketing privado. Dicho en términos gramaticales, la significación de los adjetivos y predicaciones capaces de cualificar diversos tipos concretos de publicidad (por ejemplo, publicidad científica, publicidad política, publicidad artística), desde hace mucho tiempo se ha visto capturada por la dinámica del capital, haciendo de la publicidad ya no una esencia ideal, sino un sustantivo, substancial y naturalizado, bajo el cual queda inmediatamente contenida su primaria referencia al mercado.

Aldo Bombardiere Castro / Segunda divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: Transparencia

Estética, Filosofía, Poesía, Política

El mundo aparece transparente. Pero cuidado: no es que el mundo parezca transparente, sino que, en su aparecer, se muestra así, supuestamente sin mediaciones. Sólo gracias a tal concepción afincada en la idea del transparente darse del mundo ante nuestra consciencia, el capitalismo cibernético es capaz de presumir del éxito ejercido por su propio proceso de absorción y abstracción de la vida, dando fruto a una lengua des-potenciada hasta su mínima expresión: la informática datificación de la transparencia.

En efecto, la empresa del capital cibernético consiste en asignar a los fenómenos la irrefutable univocidad de los datos. Las cosas, los horizontes, las experiencias mundanas, hoy han dejado de hacer resonar los ecos de su murmullo opaco y ambiguo en nuestros oídos. Al contrario, el capital cibernético se jacta de barajar los datos, y con ello de moldear y supeditar nuestra experiencia y afectos a la frenética velocidad de los flujos financieros; ostenta de su éxito a la hora de cifrar y recombinar innumerables cadenas de significantes neuronales, carentes de pensamiento, sobreabundantes de estimulación y anestésicos de la sensibilidad, absorbiendo, así, no sólo el mundo en códigos, sino también nuestra experiencia en su envolvente vacuidad. Con ello, reconduce el multiforme, proliferante y atonal caudal de la vida hacia un reseco estanque de datos veloces pero monocordes, de representaciones seductoras pero planas; estanque desprovisto de la tesitura y vibratos, de los ritmos, danzas y contradanzas, incluso inalterado frente a los gritos de quienes nos ahogamos en su solipsista y desértica lisura. El lenguaje del capital cibernético, con su clichés e imágenes sin imaginación ni demora, se trata de una máscara que, sin embargo, se nos presenta en como retrato y genuina -aunque precaria- narración descriptiva del mundo.