Federico Ferrari / Peregrinatio. La extrañeza como contrapoder

Filosofía, Política

Nos hemos dejado engañar por la hipnótica fábula del apocalipsis. El discurso público, intoxicado por el espectáculo de la ruina inminente y por el narcisismo de la catástrofe, continúa contándonos que vivimos el fin de los tiempos. Un fin que se prolonga hasta el infinito, como en una serie de Netflix bien estructurada en la que el epílogo se pospone siempre al episodio siguiente. En realidad, la narración apocalíptica de masas no es sino una forma anestésica: sirve para enmascarar la única verdadera tragedia del presente, es decir, que nada cambia en el gran continuum de la historia de la opresión y que las cosas continúan deslizándose, sin perturbación alguna, por los rieles de su desmoronamiento político y social.

Giorgio Agamben / Estado y anomia II

Filosofía, Política

Si nos referimos a la doctrina contenida en la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses, podemos entonces decir, como ya hemos hecho en esta sección, que el catechón, el poder que retiene y retrasa el fin, que los Padres identificaban con las instituciones (el Imperio romano y la propia Iglesia), está hoy en crisis por doquier y asistimos, por tanto, al advenimiento del ánomos, de un poder sin ley que produce ruina y proclama ser Dios (por eso los Padres lo identificaban con el Anticristo).

Javier Agüero Águila / Mistral/Cohen: sobre un alarido y un relámpago

Estética, Filosofía, Poesía

Escribe Gabriela Mistral:

[el amor] Tú lo quisieras vuelto un alarido,

viene de tan hondo que ha deshecho

su quemante raudal, desfallecido,

antes de la garganta, antes del pecho1.

En Mistral el amor es un fuego que se extingue sin darnos una chance (una). Es la cancelación del júbilo; el grito ahogado en el corazón de una desmesura que inhibirá para siempre su consumación. El clamor es afónico, la querella muda, no alcanza a tocar a lo otro inalcanzable, dejándonos varados en una penumbra repleta de fantasmas, en el imposible despótico que encadena el alma a la desolación más pura, más sincera. Amor que no pudo coronar, parafraseando a Heidegger, al último de los dioses y que se vaporizó en la sobreabundancia de mundo, en las insistencias multiplicadas y eventuales a cada segundo; en el oropel de la apariencia que despliega un destino de sufrimiento que restará perpetuamente incompleto.