Javier Agüero Águila / Lavidalamuerte

Filosofía

El seminario impartido por Jacques Derrida en la Escuela de Altos Estudios de París, entre 1975 y 1976, se tituló La vida la muerte. Y ya en el nombre, sin necesidad de entrar en las 14 sesiones que componen este curso, es posible detenerse y acaso sumergirse en los estuarios múltiples de la deconstrucción. 

Tampoco sería requisito para un texto como éste acercarse a la manera excepcional en que el argelino hace hablar a los que serán los “ejes” del seminario (Hegel, Nietzsche, Heidegger, Canguilhem, Freud o Jacob). Simplemente va de hacer la pausa, corromperse en el no-paso, olvidar todas las pistas de caza y abrazar la distorsión a la que pueden llevar estas cuatro palabras: La vida la muerte. 

Javier Agüero Águila / Amar lo que no se toca, amar lo que se va

Filosofía


A María Magdalena

1. La frase en latín Noli me tangere se traduce, literalmente, como “No me toques”, y serían las palabras que, según el evangelio de Juan1, Jesús resucitado le habría dicho a María Magdalena. Y son palabras mágicas al tiempo que trágicas; mágicas porque las lanza una suerte de espectro que ha pasado por la alquimia de la resurrección para que estremezcan a una viva; trágicas porque Jesús le dice, tal vez a quien más lo amó en su vida: “No me toques”.

Ahora ¿por qué Noli me tangere? ¿En qué sentido este pasaje de Juan abre una grieta entre la vida y la muerte? ¿Cuál sería en este momento, si puede haber algo así, el gesto del muerto hacia la viva que se le acerca pero que es rechazada, negada y menguada en el vértigo desbordante de su amor por atreverse a tocar, de nuevo, a eso mágico-trágico que está a punto de ascender? Se piensa que, en algún sentido (o más bien por inventar uno) solo es posible amar lo que no se puede tocar, lo inasible que no pertenece; a aquella o aquel que estando ahí, para nosotros y que asumimos como el lugar donde podríamos vaciar todo el amor del mundo nos dirá –no sin un asomo de crueldad– “No me toques”.

Javier Agüero Águila / Blue train en la madrugada

Filosofía

Ya entran las 6 de la mañana y John Coltrane suena y su música es una pira, una zona de sacrificio; con el saxo que flambea y me toca ahí donde no hay mente ni corazón; es otro el lugar en que juega con una improvisación del demonio su Blue train; esa especulación tránsfuga que pacta con la creación a cada segundo, en cualquier suspiro, en la dispersión de las ceremonias; su sonido repulsa las homofonías, son notas que no suturan, no cesan en su planeo poético ni tienen piedad cuando van tras el fuego del arte en serio, cuando es a vida o muerte. Todo va aéreo: noble como una benzodiazepina a la hora justa o imposible como el pulso de la niebla.

Javier Agüero Águila / Suspira madrugada y “ven aquí, chipriota”(Safo)

Filosofía

Nota

Amo la madrugada, sus traiciones, sus promesas. Sus ruidos sencillos, sus silencios de perro. Amo la madrugada que es desesperación, noche azul y turbia. Amo la madrugada que se esconde en susurros, en poemas que van por la yugular y dejan la carne suspirando. Amo la madrugada que tiembla en los párpados, la que arde en las manos. Amo la madrugada que pega un tiro por la espalda, la que besa con una idea. No sé qué sería de mí sin la madrugada. Probablemente un planeta de puro sol, triste y en el que nunca anochece, envenenado de luz. Una nota musical echada a la tormenta de la memoria, un vacío inmoral donde se repiten descarados amaneceres. Amo la madrugada porque en ella me regreso y sobrevivo; porque soy un loco vampiro, soberbio y deshecho.

Omar Elabd / Devils for my Darling

Música

La memoria del ser amado no puede sino ser una ficción, necesaria, por cierto. El compositor egipcio Omar Elabd nos lleva a una navegación por las tramas sutiles de un recuerdo, una historia de amor que, como toda historia de amor, es imaginada. Un álbum lleno de sutilezas sonoras, de una cierta tranquilidad de ensoñación. Escuchemos Devils for my Darling de Omar Elabd.

Javier Agüero Águila / Beckett y la meseta de los mil fracasos (fracasemos juntos)

Filosofía

A mi hermano Rodrigo Romero,

el que experimenta y que, como Beckett,

besa las calles de Dublín

“Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”. “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.

Esta suerte de mantra literario, reconocido por quienes se interesan en este tipo de lugares poco comunes, es un extracto de Rumbo a peor, un texto de Samuel Beckett publicado en 1983, seis años antes de su muerte.

El pasaje ha tenido muchas y hasta bizarras lecturas, desde empresarios que lo han transformado en un cierto de tipo de “optimismo bursátil” y materia de coaching, hasta filósofos como Alain Badiou que han reconocido su admiración por el autor irlandés desde su más temprana juventud. También, con la debida distancia, es mi caso.