Javier Agüero Águila / Amar lo que no se toca, amar lo que se va

Filosofía


A María Magdalena

1. La frase en latín Noli me tangere se traduce, literalmente, como “No me toques”, y serían las palabras que, según el evangelio de Juan1, Jesús resucitado le habría dicho a María Magdalena. Y son palabras mágicas al tiempo que trágicas; mágicas porque las lanza una suerte de espectro que ha pasado por la alquimia de la resurrección para que estremezcan a una viva; trágicas porque Jesús le dice, tal vez a quien más lo amó en su vida: “No me toques”.

Ahora ¿por qué Noli me tangere? ¿En qué sentido este pasaje de Juan abre una grieta entre la vida y la muerte? ¿Cuál sería en este momento, si puede haber algo así, el gesto del muerto hacia la viva que se le acerca pero que es rechazada, negada y menguada en el vértigo desbordante de su amor por atreverse a tocar, de nuevo, a eso mágico-trágico que está a punto de ascender? Se piensa que, en algún sentido (o más bien por inventar uno) solo es posible amar lo que no se puede tocar, lo inasible que no pertenece; a aquella o aquel que estando ahí, para nosotros y que asumimos como el lugar donde podríamos vaciar todo el amor del mundo nos dirá –no sin un asomo de crueldad– “No me toques”.

Javier Agüero Águila / Gaza (que llegue lo otro)

Filosofía, Política

Gaza: banda de tierra situada en el Oriente Próximo. Limita al suroeste con Israel al noreste de la península del Sinaí y al oeste con el mar Mediterráneo (pareciera que el Estado de Israel quisiera empujarlos al mar, así, sin más, en una suerte de solución fácil pero final). Sus fronteras son tubérculos que salen de una mapa planificado y dibujado por la deletérea mano del imperialismo, de la crueldad que está sola, desamparada, y sí, así podría entenderse.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: borrachera, cuerpo e inmundicia

Estética, Filosofía, Literatura

Las noches de verano no requieren de sueños ni de esperanzas. Sobre las mesas de un bar cuya materia se desvanece hasta confundirse con el humo, o bajo la luz de faroles callejeros que se cruzan de brazos mientras uno cruza las piernas, el calor del verano asedia. Las noches de verano no permiten sueños ni esperanzas: ya no permiten dormir ni dentro ni fuera de casa. Tras la historia de un mal año, y perseverando más allá de infatigable cansancio, el cuerpo por fin pide exactamente aquello que la noche le ofrece: sudor, fluidos y carne. Luces y opacidades. Recuerdos y olvidos. Borracheras.