Aldo Bombardiere Castro / Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Tres casos de música nacionalista en torno a la noción de patria

Estética, Filosofía, Música, Política

La música no requiere de imágenes. Ella, en su esencial caudal de sucesiones sin sucesos, excede la clausura de la lógica representacionalista. Sin embargo, esto no significa que pueda, de manera circunstancial, contener o donar o despertar imágenes. Exceder no es carecer, sino superar el reduccionismo de la efectividad de los elementos meramente donados. Tales elementos, tales imágenes que la música suscita en nuestra imaginación, sólo puede ser posible, gracias a su esencia imaginal, sin nunca agotarse en la mera imaginación reproductiva ni en las imágenes que de ésta se desprenden. Caudal de sucesiones sin sucesos necesarios, sucesiones sin sucesos determinantes pero, no obstante, capaz de suscitar a ojos de nuestra consciencia una polifonía de imágenes. El acto contingente de suscitar imágenes que se puede desencadenar en la experiencia musical no resiste restricciones ni ataduras. Fuente absoluta y esencial desde la cual pueden llegar a fluir imágenes infinitas y polimorfas, abiertas a la irrefrenable exposición del devenir, fuente de imágenes innecesarias, pero, sin embargo, siempre posibles más allá de la mera facultad imaginativa, la música resuena como la imagen de lo irrepresentable.

Paloma Castillo / El sujeto del que nadie quiere bajarse o de lo importante de ir a ver Los invasores al Teatro Nacional Chileno

Estética, Filosofía, Política

Hay una escena que cualquiera que haya pisado un seminario de izquierda en los últimos diez años reconoce de inmediato. Alguien, en algún momento, pide la palabra y dice que el verdadero problema es el sujeto. Que mientras no resolvamos la cuestión del sujeto, todo lo demás es voluntarismo. Que la clase obrera ya no es lo que era, que la multitud todavía no es lo que será, que el pueblo es una categoría tramposa. Habla quince minutos, a veces cuarenta. Nadie lo interrumpe, porque interrumpirlo sería confesar que uno no leyó lo suficiente. Y al final de esos cuarenta minutos no se decidió nada, no se hará nada, pero todos salen con la sensación reconfortante de haber estado cerca de algo profundo.

Tariq Anwar / La imagen pobre

Estética, Filosofía, Política

La rebelión de las imágenes degradadas en el capitalismo audiovisual

En Los condenados de la pantalla (2014), la videoartista y teórica alemana Hito Steyerl ofrece una de las cartografías más interesantes y políticamente incisivas de la cultura visual contemporánea. El libro, que reúne una serie de ensayos publicados originalmente en la revista e-flux, se inscribe en la tradición materialista inaugurada por Harun Farocki y prolonga las reflexiones sobre el cine imperfecto y el Tercer Cine. Sin embargo, su contribución fundamental es la introducción del concepto de imagen pobre, una noción que condensa las contradicciones del capitalismo de la información, las jerarquías de resolución y las nuevas formas de alienación que atraviesan la producción, circulación y consumo de imágenes en la era digital. Si bien los temas que aborda son amplios, nos concentraremos aquí en algunas páginas donde aborda la idea de la imagen pobre.

Mauro Salazar J. / Vibratum. Organología y temblor

Estética, Filosofía

«La sensación es vibración». Gilles Deleuze, Francis Bacon. Lógica de la sensación (1981)

El campo de las plásticas sonoras permanece bajo escasez interpretativa. La carencia de una literatura crítica ajustada al espesor material de su objeto no responde a la debilidad del territorio artístico, sino a la insuficiencia de los paradigmas mediales del significado. Los aparatos hermenéutico-semióticos forjados para el texto y la imagen, consagrados durante el XX como instrumental analítico transversal, fracasan ante la densidad propia del acontecimiento sónico. La economía interpretativa del signo descansaba sobre tres pilares: clausura del objeto, fijación del referente, transparencia del sentido. Tales pilares articulaban el régimen del significado que dominó la crítica del siglo pasado y que aún rige sectores enteros de los estudios musicológicos rioplatenses.

Lo sónico desestabiliza tal arquitectura por completo. Su materialidad vibratoria carece de borde aprehensible; su temporalidad propagante deshace toda fijeza referencial; su condición ondulatoria recorre cuerpos, arquitecturas, atmósferas, infraestructuras computacionales antes de cualquier inscripción semántica. Los alcances del proceso ondulatorio exceden el oído individual y alcanzan zonas donde el paradigma del significado no podría operar: la modulación del sistema nervioso autónomo, la coproducción afectiva entre cuerpo y medio, el contagio rítmico colectivo. El expansivo sonido escapa al «régimen representacional» por su condición vibratoria, temporal, propagante.

Dionisio Espejo Paredes / El cliché de la reconciliación, o la escenificación histórica del crimen

Estética, Filosofía, Política

0. La historia como drama: Máscaras, víctimas y la guerra que nunca termina

Nos centraremos en una critica el cliché de la reconciliación, especialmente en el contexto español de la memoria histórica, considerándolo una escenificación que beneficia a los verdugos. Consideramos que la historia no se interpreta de forma neutral, sino que se representa como un drama donde cada persona elige una máscara (vencedor o vencido). La falsa reconciliación, ejemplificada con el intento nazi de crear un «comité de reconciliación», es una coartada para la impunidad y el olvido forzado, que exige a las víctimas perdonar sin reconocer el daño ni hacer justicia. Frente a esto, se defiende una reconciliación genuina que parta de la víctima (como en procesos restaurativos), basada en la verdad, la responsabilidad y la empatía, y se advierte que sin juicio previo, el conflicto se perpetúa. Finalmente, se hace un llamamiento a desenmascarar estos mecanismos para romper el ciclo de violencia heredado.

Mauro Salazar J. / Discépolo. Un presente de Grottos. Comicidad de Palacio

Estética, Filosofía, Política

Cesura. Texto de crisis: País como «modelo» significaba, y aquí está la trampa, que los habitantes mismos del país, Chile, comenzarían a mirarse desde fuera, como observados, como ejemplares, como destinados a demostrar algo a la posteridad. Cuando un país se vuelve modelo, deja en cierto modo de habitarse a sí mismo: se exhibe. Y la exhibición, ya se sabe, es siempre la antesala del derrumbe.

Escribir sobre Discépolo, digámoslo con la lentitud que exige el duelo, es escribir sobre el momento en que una palabra (¿País?) pierde su origen y empieza a sobrevivirse a sí misma, sin si quiera nombrar su decadencia. Es cuando su sobrevivencia espectral se ha engrillado. Sobrevivencia que es, exactamente, lo contrario de la vida. Hay un verso, un solo verso, que merece detenerse: «se nos fue la mina». Dicho así, sin énfasis, sin retórica, en la austeridad brutal del lunfardo que nombra mediante una metáfora minera (década perdida) aquello que no puede nombrarse de otro modo: la pérdida. No una pérdida entre otras, no una pérdida; la pérdida en cuanto tal, la pérdida que precede y excede todas las pérdidas particulares. La mina, yacimiento, mujer, patria, fe, sentido, se fue. Y con ella se fue, también, la posibilidad misma de seguir diciendo País. Porque ¿qué queda cuando se va la mina? Queda el vacío y la galería vacía. Queda —y esto es lo terrible— la voz que debe seguir cantando en el vacío, la voz que debe prestar su garganta al silencio de la mina ida. Me detengo aquí. Hay que detenerse. La filosofía universitaria no se detiene nunca: avanza, concluye, sistematiza, pontifica.