Mauro Salazar J. / Buenos Aires bajo las máscaras del 900

Estética, Filosofía, Política

La ciudad se ha enamorado de rufianes. Roberto Arlt



En 1920 Buenos Aires devino en un bullicio con afanes futuristas. Un universo visual donde todo era igual a París. Una pampa adulterada por el centro y la modernidad, donde tranvías, automóviles y rascacielos, prometían desterrar suburbios, candombes y conventillos. La erradicación de lo grotesco era una forma de desmantelar la intervención de Armando Discépolo.

Mauro Salazar J. / Pugliese Sforzato. La comunidad sensitiva

Estética, Filosofía, Política

a nuestros heraldos.a esa horrible condición de lo humano que nos confisca días posibles…

Durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1952) Osvaldo Pugliese (1905-1995) fue proscrito porque su “lira popular” no encuadraba en los moldes de la institucionalidad peronista. La policía hacía ronda en los espacios recreativos que eran -mayoritariamente- “pueblos de tango”, clubes de filiación pugliesiana. En cierta ocasión un comisario le mostró la orden oficial emitida desde la presidencia, y rezaba así: “El señor Osvaldo Pugliese está inhibido de trabajar en el orden nacional”. Eran tiempos donde la ausencia de Pugliese en la orquesta se expresaba con un clavel rojo sobre el piano. Todo en señal de respeto. La policía en la puerta prohibiendo la actividad de la orquesta. Bajo el gobierno de Perón, se esgrimía “una orden y comunicación…. Usted no puede trabajar en ninguna parte del país”.  Pugliese denunciaba el abuso de las casas discográficas, preservando los derechos de sus músicos, al punto que ello se expandirá a la instrumentación como una cooperativa. A poco tiempo ocurrió lo mismo bajo el gobierno de Arturo Frondizi (1958). Contra todo, impuso un “lenguaje comunitario-expresivo” en las formas rítmicas de una orquesta que no aceptaba “solistas”, salvo a condición de contribuir a mejorar el “acento” de una cooperativa evolucionista que evitaba toda “figura patronal”, evitando los “narcisismos del yo”.

Mauro Salazar J. / Ecos de Roberto Arlt. Entre suburbios y modernidades marranas

Filosofía, Política

Cómo expresar hoy […] el horror de este momento catastrófico, cuyas grietas candentes retuercen los nervios de la humanidad en toda la redondez del planeta, ¿cómo el fuego de un bosque retuerce los sarmientos de la vida? ¿Cómo facilitar la sensación de velocidad con que se precipita la muerte, la sensación de traición…y les lanza hacia el desconocido suicidio? […] Para este momento de vida que ya no es vida, sino agonía ¿qué estilo, qué palabra, qué matiz, qué elocuencia, qué facundia, qué inspiración dará el ajustado color? No sé. Creo que, en la misma tintorería del infierno, donde un diablo pintor combina los colores que con más precisión expresan la máxima crueldad del hombre, el matiz que puede expresar este momento aún no ha sido hallado. (1998: 538-539). La tintorería de las palabras.

La resaca urbana que retrata Roberto Arlt (1900-1942) descifra la “lengua viva” de una ciudad atribulada, pasmosa, que signa la pérdida del sentido -periurbano- en “rostros desfigurados” y tuertos incognoscibles ante la ralea modernizante. Comunión “de individuos y no de ciudadanos”, dirá Borges desde Florida1. Crítica a las Bellas Letras y giro decolonial que Contorno habría abrazado presurosamente contra las vanguardias del XX mediante “un nosotros o la nada”, al decir de Beatriz Sarlo (1983, 800). Máquina del tiempo que mitifica una disputa de hegemonías visuales entre estetas, astrólogos, realistas y curadores de lo fantasmático. La literaria psicoanalítica, el concepto de fantasía, como realización imaginaria y deformada por los deseos del bricoleur (Viñas, 2002). La metaforización de los espacios “aceleró” la proliferación de tribus y leyendas que hicieron estallar todo “pacto de lenguaje”. La ciudad del 900 se sostenía en trastornos cognitivos que litigaban contra figuras normativas y lenguas de la soberanía estatal. Una atmósfera de invenciones donde las imágenes circulan en discordias con la oleada modernizante. Un tumulto de los sentidos en disputa, ¿Cuáles imágenes de lo grotesco nos permiten reciclar la producción de cultura alterada? Urbanas, travestidas y horrorosas, de amargos y suicidas a lo Arlt, de tanos enlutados, de la soberanía parisina que denuncia David Viñas (2022, 386). De los cuerpos esmirriados en diversos regímenes de dominio-alteración y mutación del territorio suburbano. Por último, imágenes-síntomas de la revuelta por los trastornos múltiples del periurbano en 19142. Dada la babelización, todo sugiere que, en la expresiones de los márgenes, no pueden habitar imágenes dialectizables.

Mauro Salazar J. / Argentina 1900. Inmigración y derrames identitarios

Estética, Filosofía, Música, Política

“Me llamo Roberto Arlt, nací en una noche del 1900, bajo la conjunción de los planetas Saturno y Mercurio. Me he hecho solo. Mis valores intelectuales son relativos, porque no tuve tiempo para formarme. Tuve siempre que trabajar, y en consecuencia soy un improvisado o advenedizo de la literatura”. Confabulaciones.

¿Cuál era el futuro astral que prometía el 1900? Un liminal ensayo de Beatriz Sarlo (1989) desliza las huellas de una escritura que rastrea -sin afanes iniciáticos- una entrañable pérdida de sentido en una ciudad de “rostros desfigurados”, incognoscibles. Una comunidad sin reparto de los afectos. Comunión “de individuos y no de ciudadanos”, concitando a Borges. Bajo el fin de siècle pululan personajes -bastardos- sin destino que padecen la intraducibilidad de la experiencia en la hipérbole arltiana. La convulsionada porteñidad desactivó las fronteras entre géneros masivos y literatura culta. Con todo, las vanguardias literarias y estéticas fueron lanzadas a descifrar el mapa urbano de los 20′ y 30′ -Siglo XX- y las letras se debían a una nueva economía cultural. Todos los sucesos confluyeron en un excedente de sentidos, etnias, razas, símbolos, y lenguas sin enraizamiento. El juego de voces aparece indisolublemente ligado a la modernización del país hacia fines del siglo XIX. Una ráfaga de acontecimientos agravó las “estrategias de la mezcla”. El fondo material de la “modernidad periférica” (1989), alude a una geografía experimental donde ingresan al puerto trasandino, más de cuatro millones de inmigrantes (7 de cada 10 ciudadanos son extranjeros). Tal tráfago transcurrió en el marco del Yrigoyenismo, “perturbando” cualquier univocidad del lenguaje, asediando cuestiones de “identidad nacional” frente a un collage de mestizajes (1890-1930). “Nuestra ciudad se llama “Babel”, escribe Borges en 1925. Las “interferencias lingüísticas” fomentaron una lengua desgarrada e inestable que precipitó una inclemente “debacle idiomática” que “amedrenta” la conformación moral del Estado.

Mauro Salazar J. / Santos Discépolo. Más allá de las pasiones tristes

Estética, Filosofía, Música

a Carlos Ossa.

Una intervención de Sergio Pujol (1997), desliza una penetrante intuición cuando nos recuerda la “crisis de invención” en la obra del dramaturgo argentino durante los “años dorados” del Peronismo histórico (1946-1955). Si bien, sabíamos de tal hito gracias a los textos de Emilio de Ipola, aludimos a la condición peronofila del hijo de Santos. Con todo, tal tesis no era fácil de asimilar. Según ambos autores, el dramaturgo, habría padecido una “crisis curatorial”, un “vacío de inventividad”, que se puede atribuir al monumentalismo estético del primer peronismo –al cual suscribió sin miramiento de pasiones. No debemos olvidar que el pequeño Enrique, formado en la tradición religiosa, padeció tempranamente la muerte de sus padres napolitanos. Ello en un breve lapso de cuatro años -1906 y 1910, respectivamente-. El aporte de Armando Discépolo, su hermano mayor, dramaturgo teatral fundamental para retratar los desarraigos Tanos (1887-1971) en la “galería de los grotescos”. Lo anterior sugiere algunos cruces con un anarquismo que David Viñas alcanzó a consignar en el giro hacia Musfatá (1921). La obra de Armando, mediante un triple movimiento, desplaza el mito del italiano enraizado y lo devela en sus ambiciones para resguardar su identidad en medio de opciones donde no hay beatitud. La avidez era necesaria, cuestión similar ocurría con el “mito gaucho” y, especialmente, el vacío gubernamental del proyecto liberal argentino que, insistía, en mostrar el Centenario como una tierra solidaria -léase conventillo- con el italiano. La holgura del “sainete” quedaba atrás, “tu cuna fue un conventillo”, decía antes Vacarezza. Lo grotesco denuncia los frágiles lazos de la comunidad y las glorias del Centenario se desvanecen.

Mariana Gainza / Las libertades que nos faltan, los mitos que nos quedan

Filosofía, Política

En medio de una América Latina convulsionada, pero con el nuevo aire que respiramos en Argentina desde el mes de agosto, cuando se preanunció la derrota electoral del macrismo –finalmente ocurrida el 27 de octubre–, podemos mirar hacia atrás y ejercitar una retrospección sin melancolía, para recalibrar la mirada, redefinir la perspectiva, reorganizar los datos con los que contamos, volver a considerar las secuencias que valen. Porque la coyuntura actual es crítica, en el sentido de que hay algo relativo al porvenir que se decide en este presente; y en el sentido de que este presente pide la reescritura de los más cercanos y más lejanos pasados que lo precedieron. Entonces, al repasar ese pasado mediato ubicado justo antes de los cuatro años de gobierno macrista que acaban de terminar, preguntándonos por la posibilidad de retomar algunas cosas donde las habíamos dejado, recordamos aquel diagnóstico que se esgrimía como si aportara la razón histórica de la victoria electoral de Macri en 2015. “Fin de ciclo”. Eso fue lo que se dijo.