Mauro Salazar J. / Santiago trizado. Modernización tanática y ciudad sin voz

Filosofía, Política

La ciudad se ha enamorado de rufianes. Roberto Arlt

Santiago no expulsa de cualquier manera: reordena el «exilio interno» que inviste la ciudad gestional-operativa con imágenes capaces de tornar aceptable la administración del daño que producen sus dispositivos. Lo que fue «casa parronal» pasó a ser departamento estudio o loft. Antes, mucho antes, la barrialidad del siglo XX hizo de la vecindad un pliegue de reconocimiento; hoy, devenida estética compulsiva de extracción de información, convierte esos cuerpos, nombres y trayectorias en materia de una datología que organiza la visualidad misma de la modernización.  Pero toda visualidad del progreso deja fuera de campo aquello que desplaza.

Ya nadie sube a un tren con maletas aunque el destierro ocurra, cotidiano y administrado con boleta digital; la revuelta de 2019 fue la suspensión del Santiago henchido en conexiones. Fue el desplome del último pliegue imaginal (neoliberal) que se contaba a sí misma como modelo (fort export) y que desde entonces sobrevive como escenografía de su propia clausura; se llama «exilio interior» a esta forma de irse sin partir, y conviene tomarlo sin dulzura, porque no designa un duelo sino una operación de silencios: algo es quitado de su sitio mientras el cuerpo permanece en él, y ahora esa operación se cumple. Además, en una ciudad de plataformas, sin escena ni aduana visible, de modo que este texto recorre, capa por capa, cómo se fabrica un destierro sin fronteras. El Santiago operario, empapado de servicios modernizantes, termino por develar que la noche administrativa nunca consigue ser total.

Mauro Salazar J. / Crónica de una ciudad sin duelo. Servicios sin huella

Filosofía, Política

«Quien aquí entre, abandonad toda esperanza» Infierno, Dante. Comedia. Canto III, verso 9.

Santiago y sus grises anonimatos. La ciudad neoliberal tiene un modo particular de digerir la muerte: no la niega, la administra. No la esconde sino que la desplaza. El cadáver interrumpe el tránsito del Metro de Santiago y el transeúnte del andén se irrita. Lo que el enojo revela, en el fondo, es un pasajero sin derecho a duelo y el silencio pavoroso del que sigue vivo, explotado y no puede permitirse leer la escena como advertencia sin quebrarse él mismo. El enojo funciona entonces como mecanismo de distancia narrativa: convertir al otro en obstáculo o escombro, es más soportable que tolerar la imagen que devuelve el espejo. Entonces, es mejor cerrar los ojos. Vivos y muertos conviven, sin derecho a duelo, en el tiempo circular del andén.

Mauro Salazar J. / Codelco. Neutralidad ideológica y transparencia del capital

Política

La llegada de Bernardo Fontaine a la presidencia del directorio de Codelco no puede ser comprendida únicamente como un relevo administrativo ni como la incorporación de un economista de orientación liberal a la conducción de una empresa estatal. Su llegada expresa algo más profundo: la instalación, en el corazón de la principal empresa pública de Chile, de una racionalidad que pretende presentarse como situada más allá de la ideología. Seguridad, eficiencia, productividad, disciplina financiera, transparencia, reducción de costos, revisión de inversiones, evaluación de activos y alianzas público-privadas aparecen como categorías técnicas, casi desprovistas de conflicto político. Justamente allí reside el problema. Cuando una determinada racionalidad, herencia agudizada de nuestra modernización terciaria, logra presentarse como simple administración de hechos objetivos y la ideología no desaparece: cambia de estatuto. El lenguaje aparentemente neutral de la gestión funcionaría como soporte ideológico del capital.

Paloma Castillo / Perder la memoria duele

Filosofía

Creo que pasé gran parte de mi vida preocupada por el tema de la memoria. Mi abuela tuvo arterioesclerosis y siempre tuve miedo de que mi padre terminara así sus días. Busqué durante mucho tiempo una “solución” para mi preocupación: veneno de alacrán, sangre de rana morada, pata de araña y cuanto producto mágico encontraba o alguien me recomendaba. Llegaba a su casa y él, que según mi madre solo me obedecía a mí, se los tomaba sin chistar. O eso me decía.

(¿Veneno de alacrán eso no era para el cáncer? No importa- lo llevo igual. De algo servirá)

Nunca me pregunté cómo se suponía que el veneno de un alacrán iba a sostener algo dentro de la cabeza de mi padre. Uno sabe que esas cosas no funcionan. Y sin embargo insistía, con una seriedad de procedimiento, como si el gesto de ir a buscarlo y la obediencia de él al tomárselo hicieran por sí solos el trabajo. Ahora pienso que ese era el punto. No era un tratamiento, era un rito. Yo administraba algo y él lo recibía, y mientras eso ocurriera estábamos haciendo algo.

Mauro Salazar J. / No future. Cuerpos expuestos y finitudes compartidas

Filosofía, Política

El futuro nunca fue un lugar al que se llega, sino una promesa que sostiene el presente para que no colapse sobre sí mismo. Cuando esa promesa se retira, no desaparece el tiempo: desaparece la razón para atravesarlo. Cabe recordar que Margaret Thatcher llegó al poder en 1979 abriendo una zona de despojos. El reloj se detuvo. Y una consigna callejera resumió lo que los discursos oficiales tardarían décadas en admitir: «no future». No era un lamento adolescente, aunque naciera en bocas frescas. Era un diagnóstico que ponía en tensión los movimientos de vida. Lo que aquella frase anunciaba no era la ausencia de mañana en sentido literal, sino la clausura de la capacidad de imaginar un orden distinto al que ya gobernaba las calles, los salarios y los cuerpos. Desde entonces, cada generación ha repetido esa sentencia con matices propios, pero el núcleo permanece intacto: vivir sin la posibilidad de proyectar una forma de existencia que no sea la administración indefinida del presente. Imaginemos esa condición como una habitación sin ventanas donde el reloj sigue andando pero el calendario se ha detenido.

Julio Cortés Morales / Dos conferencias de Adorno sobre el fascismo

Filosofía, Política

El complejo escenario actual, con el avance de un paquete de iniciativas fascistoides en la agenda gubernamental y parlamentaria (reforma constitucional en seguridad pública, Ley Naín-Retamal 2.0, Ley antibarricadas 2.0, Nueva modificación al tipo penal de apremios ilegítimos, entre otras), me motiva a dar a conocer en esta versión online dos capítulos del libro “La religión de la muerte” (2023), que a mi juicio contiene insumos teóricos para entender esta arremetida del neofascismo democrático instaurando una verdadera dictadura policial/militar con conducción civil.

Fascismo contra la democracia y fascismo en la democracia (1959)

En una conocida conferencia de Theodor Adorno en 1959, ante un Consejo coordinador de trabajos entre cristianos y judíos, traducida en la versión que tengo como “¿Qué significa renovar el pasado?”, el “teórico crítico” de Frankfurt en su característico y sombrío estilo constata que “el nacionalsocialismo subsiste, y hasta hoy no sabemos si sólo como un espectro de la monstruosidad pasada, que no ha conseguido desaparecer de por sí, o que no ha muerto aún; o si permanece en los hombres como una disposición a lo indecible, y en las relaciones que provoca”.