Mauro Salazar J. / Quiróz. Vamos a seguir gobernando igual

Política

Vamos a seguir gobernando igual, porque también existe la gestión y también están los decretos». La frase pronunciada hace horas por el titular de Hacienda en el seminario de Clapes UC merece detenerse: no por su contenido programático, apenas la defensa rutinaria de una megarreforma en aprietos, sino por el desnudo formal con que la lengua del poder se deja ver allí, sin retórica, sin pliegue, sin esa cortesía parlamentaria que en otros tiempos cubría la operación con el barniz de la deliberación. Hay en esa frase un gesto que, leído bajo cierta clave, la que cierta tradición centroeuropea dejó como herencia para entender los engranajes íntimos del mando, resulta intolerablemente legible.

Habría que comenzar por el verbo. Seguir. Continuar. La declaración no anuncia un proyecto sino una inercia, y en esa inercia se condensa la operación más antigua del poder: aquella que se sostiene no en la legitimidad del acto sino en la mera capacidad de durar. El que sigue gobernando igual, independientemente del Congreso, independientemente del dispositivo deliberativo que la modernidad llamó parlamento, ejecuta el viejo gesto del superviviente, esa figura que constituye, según ciertas páginas inolvidables sobre los engranajes del poder, el corazón mismo de la lógica soberana. Sobrevivir al rechazo legislativo, sobrevivir a la inflación, sobrevivir al malestar, sobrevivir al desempleo. La política se vuelve técnica de permanencia, y no necesita aprobar nada: solo necesita estar.

Mauro Salazar J. / ¿La revuelta como khôra? Devenires sin horizonte compositivo

Filosofía, Política

Este trabajo propone una lectura filosófica de «La revuelta chilena como khôra» en contraste con Deleuze: qué objeciones y reconocimientos plantearía su arquitectura conceptual. La pregunta no es especulativa. El vocabulario deleuziano (Cuerpo sin Órganos en adelante CsO, agenciamiento, devenir-minoritario, ritornelo) se despliega aquí no para sustituir el marco batailliano del ensayo, sino para someter sus fundamentos ontológicos a una interrogación sistemática. El resultado no es refutación: es tensión productiva entre dos ontologías del exceso.

Dos términos articulan toda la discusión. La dépense de Bataille designa el gasto improductivo, soberano y sin retorno —el lujo, la fiesta, el sacrificio, el erotismo, la guerra— frente a la economía restringida del cálculo y la productividad. El CsO de Deleuze y Guattari es la superficie activa donde los flujos del deseo se distribuyen antes de toda organización jerárquica. La khôra batailliana es receptáculo pasivo que acoge sin producir; el CsO es plano activo que produce al conectar. Esa divergencia obliga al ensayo a confrontar los límites de su propio vocabulario y a articular lo que éste no alcanza a nombrar.

Miguel Ángel Hermosilla / Hacia una lectura del texto, “La constituyente” de Jaime Bassa

Filosofía, Política

Ni los muertos están a salvo cuando el enemigo vence. Y no ha dejado de vencer. Walter Benjamin

Habría que leer el texto, la constituyente, de Jaime Bassa como una posibilidad de convocarnos, nuevamente, ahora en tiempos de repliegue y agenda reaccionaria; en momentos en que la maquinaria neofascista clausura la “democracia neoliberal transitologica”, en tanto que instrumento también esta de dominación, y conculca derechos para intensificar sus mecanismos de acumulación, habría que leer, reitero, el texto “La constituyente de Jaime Bassa”, como una forma de pensar los modos de expresión popular que irrumpen de vez en cuando en el presente, para alterar el continuum histórico de Chile y abrir paso nuevamente a la impugnación y al debate en torno a las demandas postergadas de los pueblos, que siempre quedan enterradas bajo la violencia de la historia.

Mauro Salazar J. / Tomistas sin Santo Tomás. ¿Post-pinochetismo o corporativismo posrefundacional?

Filosofía, Política

Ministros que profesan: fe sin mundo, fe sin afuera Doctrina austríaca, pero callada, callada como callan los que mandan sin saber qué mandan. Capturan. articulan. redistribuyen —regresivamente, claro— (la palabra cae como cae el ingreso: hacia abajo) Modernizan: pero sólo lo punitivo lo demás: que se administre solo, que se reduzca, que se calle. Operan: sin frontera, sin contraparte, sin antagonista es decir: solos. Solos en el poder que es la peor de las soledades. (Epígrafe en prosa de Patricio Marchant)

Conviene preguntarse en qué sentido se importa cuando un gobierno repite los gestos de un régimen anterior, la Dictadura, sin disponer ya de las condiciones materiales y simbólicas que hicieron posibles esos gestos. Eso es, exactamente, lo que ocurre con el gobierno de José Antonio Kast: una operación de importación, en el sentido aduanero del término. Una retórica refundacional puesta en escena sin la maquinaria doctrinaria que en su momento la sostuvo. Lo que se importa del tramo refundacional alto del pinochetismo, el bienio 1979 a 1982, son dos elementos disociados de su contexto de enunciación: el formato del gabinete de privados confesionales y la cita del lenguaje refundacional. Pero esa importación se hace sin pasar por el filtro tomista guzmaniano que daba cuerpo conceptual al dispositivo. ¿«Empresariado tomista sin Santo Tomás»? O bien, tecnocracia a secas. La fórmula, escrita así, en su escándalo, dice toda la verdad de la operación: enuncia la falta del nombre que daba consistencia teológica al engranaje.

Mauro Salazar J. / Una glosa a «Un espejo trizado». Circuitos y posiciones de las modernidades Ensayo sobre cultura, política y modernidad periférica. (FLACSO, 1988)

Filosofía, Política

I. Cómo se rompió el espejo

Hay un momento en la historia intelectual de Chile donde la pregunta por la cultura deja de poder formularse en los términos heredados, no porque los términos se hayan agotado por desgaste conceptual, sino porque la violencia los rompió desde afuera, los devolvió fragmentados, obligó a su rearticulación desde los bordes. Ese momento no es un instante puntual sino una lenta acumulación de fracturas superpuestas: el golpe de 1973, los años de silencio administrado por la dictadura, la emergencia de centros académicos privados como espacios de resistencia intersticial y, sobre todo, el largo proceso que en la segunda mitad de los años setenta y durante toda la década de los ochenta se denominará, con imprecisión productiva, «renovación socialista». En ese cruce de heridas y reformulaciones —donde la herida no es metáfora sino condición material de la escritura—, la obra de José Joaquín Brunner, y en particular el volumen de ensayos reunidos bajo el título «Un espejo trizado» (FLACSO, 1988), emerge como uno de los ejercicios más sostenidos de reconfiguración del análisis cultural en el cono sur latinoamericano.

La renovación socialista no fue un movimiento homogéneo ni produjo un programa articulado. Fue, antes que nada, un proceso de duelo intelectual: el duelo por la derrota del proyecto de la Unidad Popular, por la imposibilidad de sostener la teleología revolucionaria, por la erosión de los grandes relatos que habían organizado la política de izquierdas desde los años sesenta. El duelo no como estado sino como trabajo: la labor oblicua de quien debe seguir pensando con los fragmentos de lo que ya no puede sostenerse entero. En ese contexto, el marxismo deja de ser un instrumento de certeza científica para convertirse en un campo de interrogación abierta. La pregunta que se abre, y que Brunner asume con una urgencia que la escritura cifra pero no disimula, es ésta: si la revolución fracasó, si el paradigma leninista había mostrado sus límites operativos y sus efectos perversos, ¿desde qué lugar analítico puede pensarse la sociedad, la cultura, la política chilena? ¿Con qué herramientas conceptuales, extraídas de qué tradiciones, producidas bajo qué presiones institucionales?

Comunismo Acéfalo / Más allá de la burocracia y el culto a la acción: Notas sobre la protesta y la imposición del orden social

Filosofía, Política

¡Un oasis de horror en medio de un desierto de tedio!” Charles Baudelaire

Introducción

El acelerado ritmo que ha marcado los anuncios de las medidas económicas de la actual administración vuelve difícil estar constantemente al tanto de cada una. Muchos se han referido a esto cómo una estrategia que busca saturar los medios y desorientar a la oposición, lo que Steve Banon (el ex-estratega de Trump) ha denominado “inundar la zona”1. La rápida reducción de apoyo popular hacia Kast y su gobierno (del 50% al 43%) no parece de importarles, después de todo a sus ojos el apoyo del “pueblo” fue necesario para llegar a la Moneda, pero el que perdure o no durante el gobierno, es algo meramente accesorio. 

No podemos comprender la estrategia de Estado del nuevo gobierno, sin dar cuenta de sus fundamentos en un ideario conservador, antiigualitario y antiilustrado cuyas inspiraciones trazan una línea desde Diego Portales a Jaime Guzmán. Para el nuevo gobierno es preferible que la democracia liberal y sus fundamentos queden progresivamente al margen, —pero siempre con el cuidado de no romper con ella formalmente—, para, en su lugar, imponer un orden social implacable que no tema hacer uso constante de la fuerza represiva del Estado, y que permita la proliferación de la ganancia por parte de los grandes conglomerados empresariales del país.