Mauro Salazar J. / Nuestro despojo. Por qué un país de apellidos no es un país

Filosofía, Política

Un archivo de la cuestión social

Empiezo por una sospecha: en Chile el apellido no nombra, clasifica. No dice quién es alguien; dice dónde va. Es una contraseña que se hereda, una carta de recomendación escrita antes de nacer o una condena firmada por otros. Un estudio leyó los apellidos de más de cuatro millones de santiaguinos y dibujó con ellos el mapa que el país no quiere mirar: el de una oligarquía que se enlaza solo consigo misma, que necesita cuatro saltos para tocar al resto de la ciudad, que vive cerca en el plano y lejísimos en la sangre. Tal lista se lee como se lee una trampa: por lo que atrapa y por lo que deja escapar. El estudio existe, tiene nombre y fecha, no lo inventé: se llama «Surname affinity in Santiago, Chile», lo firmaron Naim Bro y Marcelo Mendoza, y salió en 2021 en una revista científica, PLOS ONE, con todos sus números en regla —cuatro millones de habitantes, dos redes de apellidos, cuatro pasos de distancia entre los de arriba y los demás—. Un dato frío, revisado por pares, que sin proponérselo cuenta la novela policial de un país.

Carlos Henrickson / El don de la pregunta correcta

Filosofía, Política

Entre la multitud de intentos de comprender el estallido social de 2019, lo más valioso (más allá de la voluntad intelectual de lectura, que como todo lo hecho de palabras, tiende a ser gratuito) es ese mismo carácter de multitud, que demuestra la extrema resistencia que puso el acontecimiento para su comprensión. Acaso un relativo consenso (ya que la pretensión de que existió una organización y orientación definida aún ocupa una que otra cabeza medio vacía) es que el término más acogedor podía ser, más que el pesadamente metafórico estallido, el acostumbrado y más inmediato de revuelta (que de todos modos guarda su secreto).

La (re)vuelta del carnaval (Valparaíso: Agua Derramada, 2025), de Sergio Guerra (Santiago, 1989), no surge desde la conciencia limpia del académico que proyecta su palabra como lectura precisa y neutralizada por el acto hermenéutico: tiene un antecedente obligatorio en su novela Tracción a sangre (Valparaíso: Schwob, 2023). Ahí, en lo que constituía una proyección de la revuelta en un escenario alucinado y futurista, se planteaba ya lo inaprensible de esta para una conciencia racional, forzosamente instalada frente a ella -en este caso desde el lugar del lector-, y la posibilidad única de vivirla solo a través de la experiencia misma. Lo común se presentaba en el momento mismo de esa revuelta, “coordinada” desde una conciencia superior: el personaje de Eva, quien establece una red telepática que mantiene integrados a sus participantes. La propia estructura de la novela señalaba, de algún modo, el extremo carácter de acontecimiento, un evento que no se configura en un proceso ni define las reglas de lo que viene tras él; cito lo que escribí en su momento:

Mauro Salazar J. / Genealogía de un despojo. Qué sería privatizar hoy

Filosofía, Política

Hay palabras que maduran sin que su superficie se altere. «Privatizar» es una de ellas: pronunciada hoy, parece decir lo mismo que decía hace medio siglo: transferir al mercado lo que estaba en manos del Estado. Pero bajo tal continuidad semántica ha migrado un desplazamiento radical que conviene rastrear. No para fijar un origen, sino para mostrar cómo un término técnico-económico (en sus estriados) fue mutando en dispositivo de dominación, y cómo su sentido actual ya no se deja contener por la gramática de la eficiencia que lo vio nacer. En suma, «Privatización» es una palabra trizada que ha desertado de su domicilio económico. Ya no nombra la transferencia de un activo, el traspaso contable de lo estatal a lo privado; nombra, bajo esa coartada técnica, un despojo que se rehúsa a comparecer con su nombre propio.

Mauro Salazar J. / Kast como sedimento autoritario. Metamorfosis del enemigo interno

Filosofía, Política

El resultado de la segunda vuelta del 14 de diciembre de 2025 (58,17% para José Antonio Kast frente a 41,83% para Jeannette Jara) suele leerse con la gramática de la coyuntura: la inseguridad, la fragmentación, el cansancio del ciclo progresista, la inflación de la promesa de orden. Esa lectura no es equivocada, pero se detiene en la superficie del proceso político. Lo que el dato electoral esconde es la materia de la que está hecho ese triunfo: no la coyuntura que lo precipitó, sino el «sedimento autoritario» que lo hizo posible. Porque hay una anomalía que ninguna explicación coyuntural disuelve: una demografía importante de la adhesión a la salida autoritaria no proviene de quienes la vivieron, sino de quienes nunca la conocieron. Hecha la salvedad, el hallazgo es inequívoco y confirma la centralidad de la cohorte adulta intermedia. De los seis grupos demográficos analizados, Kast ganó en cuatro, con su mayor apoyo concentrado en el tramo de 35 a 54 años: 69,7% entre los hombres y 61,9% entre las mujeres.

Julio Cortés Morales / Convivencia vial. Breve guía práctica para usuarios de aceras y bicicletas en tiempos de gobiernos de emergencia

Política

La bici forma parte de la historia de cada uno de nosotros. Su aprendizaje remite a momentos particulares de la infancia y adolescencia. Gracias a ella, todos hemos descubierto un poco de nuestro propio cuerpo, de sus capacidades físicas, y hemos experimentado la libertad a la que está indisolublemente ligada” (Marc Augé, Elogio de la bicicleta).

“La bicicleta se ha transformado en una ideología” (Louis De Grange).

El joven trabajador en la motocicleta convierte el trabajo en Dios porque andar en moto le gusta. Su verdadera alegría al andar en moto consiste en que se emiten sonidos anales. Quedamos como tontos si llevamos las explicaciones demasiado al detalle” (Max Horkheimer en conversación con Theodor W. Adorno).

Presentación

Coincidiendo con los anuncios de instalación del primer gobierno abiertamente pinochetista del siglo XXI, los habitantes de la larga y angosta faja de tierra tuvimos que asimilar, además del bencinazo del ministro Quiroz, noticias relativas a limitaciones al Transantiago y negativa a la construcción de más ciclovías por parte del ministerio conducido por De Grange, y más recientemente diversos anuncios en seguridad que se concentran en el “vandalismo” y las “incivilidades” para así poder criminalizar de manera reforzada a los más pobres.

En medio de tanto anuncio de estos patriotas se me echó a perder mi tradicional bicicleta negra, y me demoré cerca de un mes en enviarla a un taller para ser reparada. En esas largas semanas recordé lo infernal del metro y los buses en horario punta, además de la tradición que tiene el Transantiago de hacer desfilar casi pegaditos a dos o tres buses del mismo recorrido, para luego dejar de pasar por cerca de media hora. Vi chóferes y pasajeros estresados, lanzazos y empujones, cuando no agarrones y turbazos. Desde el otro lado del vidrio de la micro miraba con envidia a los ciclistas que pedaleaban y avanzaban mucho más rápido que todos los vehículos motorizados juntos, y eso me motivó finalmente a enviar a al taller a la “flaca negra híbrida” (ese sería su nombre técnico), para poder seguir pedaleando en medio del cemento y el smog.

Mauro Salazar J. / Parásitos. La comunidad clausurada

Filosofía, Política

I. Lo que el establo sabe y la columna se niega a saber

Conviene comenzar por la biología, no porque ella ofrezca una metáfora amable, sino porque desmiente a la metáfora antes de que la política alcance a domesticarla. Cuando el asesor presidencial del gobierno entrante — Cristian Valezuela— escribió, en octubre de 2025, que el Estado chileno «no está enfermo: está podrido», que se había vuelto «un cuerpo hinchado, lleno de parásitos que viven de él, lo drenan y se reparten sus restos como si fuera un botín», no enunciaba un diagnóstico: ensayaba una condena. Creía que la palabra «parásito» nombraba sin resto lo que sobra, lo que extrae sin devolver, lo puramente sustractivo. Esa creencia es, justamente, lo que ninguna ecología seria sostiene, y conviene decirlo sin atenuantes: la metáfora descansa sobre una ignorancia que se disfraza de evidencia clínica.