Mauro Salazar J. / ¿La revuelta como khôra? Devenires sin horizonte compositivo

Filosofía, Política

Este trabajo propone una lectura filosófica de «La revuelta chilena como khôra» en contraste con Deleuze: qué objeciones y reconocimientos plantearía su arquitectura conceptual. La pregunta no es especulativa. El vocabulario deleuziano (Cuerpo sin Órganos en adelante CsO, agenciamiento, devenir-minoritario, ritornelo) se despliega aquí no para sustituir el marco batailliano del ensayo, sino para someter sus fundamentos ontológicos a una interrogación sistemática. El resultado no es refutación: es tensión productiva entre dos ontologías del exceso.

Dos términos articulan toda la discusión. La dépense de Bataille designa el gasto improductivo, soberano y sin retorno —el lujo, la fiesta, el sacrificio, el erotismo, la guerra— frente a la economía restringida del cálculo y la productividad. El CsO de Deleuze y Guattari es la superficie activa donde los flujos del deseo se distribuyen antes de toda organización jerárquica. La khôra batailliana es receptáculo pasivo que acoge sin producir; el CsO es plano activo que produce al conectar. Esa divergencia obliga al ensayo a confrontar los límites de su propio vocabulario y a articular lo que éste no alcanza a nombrar.

I. El encuentro: Bataille y Deleuze ante el exceso

Deleuze leería «la revuelta como khôra» desde un punto de reconocimiento y un punto de resistencia. El reconocimiento es inmediato: hay en el ensayo algo que su pensamiento —elaborado con Guattari hasta Mil Mesetas (1980)— buscaba con obstinación. La insistencia en que el exceso no es residuo sino condición de posibilidad, en que lo político no comienza por la carencia sino por la abundancia. Ensayo [diagramático] y Deleuze comparten un enemigo común: la representación que convierte el acontecimiento en documento, el flujo en categoría, el devenir en ser, la revuelta en programa.

La resistencia llega con la misma inmediatez. Bataille piensa todavía demasiado en términos de economía. Cuando la invierte (escasez por abundancia, ahorro por gasto, acumulación por dépense) sigue prisionero de la pregunta por la energía como sustancia: de dónde viene, cómo se acumula, cuándo retorna como catástrofe. Es una pregunta de flujo, no de devenir. El flujo es energía que circula por los cuerpos; el devenir es producción de diferencia en el mismo acto de circular. El 18-O no fue solo descarga de energía reprimida: fue proceso de devenir que produjo lo que la dépense no puede producir. Diferencia. Cuerpos, territorios y circuitos afectivos que no existían antes del acontecimiento.

II. El CsO y la Plaza de la Dignidad: plano de inmanencia, no receptáculo

El CsO no es un cuerpo místicamente vacío. Es la superficie donde se inscriben las intensidades, el plano donde los flujos del deseo circulan antes de ser capturados por una organización. No hay nada que lo preceda: es el plano de inmanencia del deseo. «El cuerpo sin órganos no carece de órganos», escriben Deleuze y Guattari, «carece solamente de organismos, es decir, de esa organización de los órganos que compone un organismo». La diferencia con la khôra es capital: el CsO no es ausencia de forma sino resistencia a la organización jerárquica de las formas. Superficie que produce, no vacío que acoge.

Esta distinción transforma la lectura de la Plaza de la Dignidad. Para el ensayo, la Plaza es espacio khórico: receptáculo sin forma propia que hace posibles todas las formas que en él toman lugar. Desde Deleuze, fue algo más activo: la constitución provisional de un CsO colectivo, un cuerpo social que deponía su organización habitual (el individuo-empresa, los órganos sociales jerarquizados, la empresa sobre el sindicato, el consumidor sobre el ciudadano, el deudor sobre el trabajador) sin caer en desorganización total. El CsO es otro régimen de organización, molecular contra el régimen molar de las instituciones. La Plaza era plano de inmanencia activo, superficie donde la rabia, la alegría, el duelo y el erotismo colectivo circulaban sin ser capturados por ningún organismo que los jerarquizara.

La distinción molar/molecular permite una precisión que la dépense no alcanza. Lo molar es el régimen de las grandes organizaciones y las identidades fijas que dividen el campo social. Lo molecular nombra los flujos y las intensidades que escapan a esas categorías. El neoliberalismo chileno había producido durante 30 años una organización molar excepcionalmente rígida: el individuo-empresa como unidad molar por excelencia. Lo molecular no estaba ausente: estaba bloqueado, comprimido, coexistiendo con lo molar que intentaba capturarlo. El 18-O fue el momento en que esos procesos moleculares alcanzaron una velocidad y una intensidad que hicieron visible su coexistencia con lo molar.

III. Devenir-minoritario: el Negro Matapacos y la Wenüfoye

En el análisis de los símbolos del 18-O la lectura deleuziana produce sus resultados más originales. El ensayo lee el Negro Matapacos, la Wenüfoye y el Cristo con el ojo sangrante como operadores de desfondamiento, figuras khóricas que impiden la consolidación de cualquier sentido único. Cabría leerlos como figuras del devenir-minoritario: proceso de desterritorialización que trabaja contra el código dominante. No busca afirmar una identidad alternativa: busca escapar de la lógica misma de la identidad. No se trata de volverse minoría estadística sino de escapar del patrón de medida que la mayoría impone como estándar de lo real.

El Negro Matapacos es la figura más precisa del devenir-animal en Mil Mesetas. El devenir-animal no es imitación ni identificación simbólica: es captura de una zona de vecindad, de indiscernibilidad entre cuerpo humano y cuerpo animal, que produce algo que ninguno de los dos términos puede producir por separado. El quiltro negro (perro callejero sin raza, sin amo, sin función productiva asignada) es el animal que el neoliberalismo no puede domesticar: no es mascota, no es animal de trabajo, no es objeto de consumo. Es un anomal: el ser que habita los bordes de la manada y porta una capacidad de afecto singular que abre vecindad con lo que rodea. El devenir-Matapacos de los manifestantes no era identificarse con un perro: era capturar esa zona de vecindad con lo que escapa a toda clasificación, con lo que ladra donde debería haber silencio.

La Wenüfoye activa un devenir-imperceptible: movimiento por el cual una identidad se desterritorializa hasta no ser ya reconocible por los dispositivos de captura del poder, sin por ello desaparecer. La temporalidad mapuche que la Wenüfoye porta (la memoria del wallmapu, de lo que precede al Estado-nación y lo sobrevive) no opera en el 18-O como identidad reivindicada sino como línea de fuga que arrastra al campo popular hacia un devenir que ninguna institución chilena puede administrar. El devenir-mapuche del campo popular desfonda el orden neoliberal. Pero no se puede abstraer al sujeto político concreto que la bandera convoca. El wallmapu no es solo símbolo: es territorio bajo estado de excepción militarizado desde 2022, con muertes de comuneros y prisión de werkenes. Sin esa materialidad, el devenir-mapuche se vuelve metafísica. La co-presencia del reloj del capital y del calendario del wallmapu produce una línea de fuga que escapa a las dos formas de captura. El bloc de devenir que Deleuze y Guattari describen (el bloque que dos series heterogéneas forman al aproximarse sin reducirse) es lo que la Wenüfoye produjo en la Plaza: un bloque entre la temporalidad del wallmapu y la temporalidad de la revuelta urbana que las hizo vibrar en una frecuencia que ninguna institución podía nombrar. La coalición suma identidades; el devenir las disuelve en algo que todavía no tiene nombre.

IV. Máquinas deseantes y agenciamientos: el error de la khôra como receptáculo pasivo

La crítica más profunda no recae sobre los símbolos sino sobre la ontología que los soporta. La khôra que el ensayo moviliza es fundamentalmente pasiva: receptáculo que hace posibles las formas sin producirlas, espaciamiento que acoge sin crear. Esa pasividad es, para Deleuze, el vestigio del platonismo que ni Derrida ni Bataille logran disolver. La inversión deleuziana del platonismo consiste en mostrar que no hay región anterior a las formas, que la diferencia es producción, que lo virtual no precede a lo actual como el molde precede a la copia. El CsO no es anterior al deseo: es el plano donde el deseo se registra. Las máquinas deseantes no expresan energía previa: producen realidad al conectarse.

El concepto de agenciamiento es el más productivo y el más ausente del ensayo. Un agenciamiento es un conjunto de relaciones entre cuerpos, enunciados, flujos y territorios. No tiene principio organizador único ni jerarquía estable. El agenciamiento de la Plaza incluía los cuerpos de los manifestantes, los sonidos del cacerolazo, los grafitis sobre Baquedano, las canciones de Las Tesis, la Wenüfoye, el perro callejero, la cumbia bailada entre gases lacrimógenos. Ninguno de esos elementos es anterior a los demás: todos se producen mutuamente. La Plaza no es khôra que los acoge: es el nombre que damos retroactivamente al agenciamiento que esos elementos produjeron juntos. El ensayo construye una temporalidad lineal (energía pura, luego formas, luego capturas) que reproduce la lógica del fundamento. Para Deleuze no hay energía pura previa a las formas: hay agenciamientos que producen simultáneamente sus materiales y sus efectos.

V. Líneas de fuga y reterritorialización: el doble rechazo leído con Deleuze

La lectura deleuziana del proceso constituyente diverge de la batailliana en un punto con consecuencias políticas precisas. Para el ensayo, los rechazos plebiscitarios de 2022 y 2023 son signo de la resistencia de la dépense a dejarse capturar: la revuelta fue fiel a su lógica al no producir obra durable. Para Deleuze la pregunta sería distinta: qué líneas de fuga se abrieron y cuáles se cerraron. El 18-O comenzó como desterritorialización relativa (el neoliberalismo entró en crisis, sus códigos se descompusieron) y en su momento de mayor intensidad rozó la desterritorialización absoluta: línea de fuga sin reterritorialización visible. Eso es lo que el ensayo capta como dépense. El vocabulario deleuziano permite precisar lo que el batailliano no puede: esa línea de fuga no fue gastada sin retorno sino capturada, reconducida al territorio constitucional como nueva forma de axiomática.

La Convención Constitucional fue la máquina de reterritorialización por excelencia. La captura no tuvo éxito, y los dos rechazos lo prueban. No fracasó porque la dépense resistiera, sino porque la reterritorialización propuesta no fue lo bastante consistente para sostener los devenires que la habían producido. Una reterritorialización fracasa cuando no encuentra el plano de consistencia adecuado: aquel donde las multiplicidades se componen sin subordinarse a principio de unidad que las trascienda. La Convención no fracasó políticamente en sentido ordinario: fracasó por falta de consistencia. No logró componer un plano que sostuviera simultáneamente el devenir-mapuche, el devenir-feminista y el devenir-precarizado, sin que ninguno absorbiera a los demás ni todos se diluyeran en un mínimo común denominador.

Miguel Valderrama formularía aquí una advertencia desde la posthistoria. Qué régimen de historicidad opera bajo la maquinaria deleuziana que el ensayo despliega. Si la revuelta produjo diferencia y no gasto de excedente, esa diferencia productiva, leída desde la posthistoria, vuelve a operar como categoría continuista. Sutura lo que el acontecimiento del 18-O abrió como catástrofe de la representación. Hay aquí un modernismo historiográfico tardío: aplicar Mil Mesetas al 18-O reitera, en clave deleuziana, el gesto que la crítica cultural chilena practicó en los noventa sobre la postdictadura. No es desmérito, es síntoma. La pregunta verdaderamente histórica sería otra: qué resta del 18-O cuando se sustraen Bataille, Deleuze, Richard. Lo insepulto del acontecimiento. Lo que ningún vocabulario, por crítico que sea, alcanza a archivar sin traicionarlo.

La crítica cultural completa la objeción. Richard reconocería la potencia conceptual del desplazamiento de la khôra hacia el plano de inmanencia activo: una de las lecturas más rigurosas que el 18-O ha recibido desde la filosofía continental, capaz de sostener el devenir-mapuche, el devenir-feminista y el devenir-precarizado sin disolverlos en consenso. La operación deleuziana corre, sin embargo, el riesgo de la mística de la revuelta: auratizar lo plebeyo como acontecimiento puro, sin enlaces ni relevos entre el «antes» y el «después». Falta el descifre de la materialidad de los significantes inflacionarios, los gestos de recomposición sin absorber lo político en omnisciencia hegemónica. El Rechazo, que Richard califica como la máxima derrota de la izquierda en cincuenta años, no fue solo inconsistencia del plano deleuziano: fue ausencia de horizonte compositivo. Las preguntas finales son justas; formularlas no basta. Hay que descifrar las temporalidades superpuestas del reloj y la wenüfoye, los fraseos de los grafitis sobre Baquedano, los chispazos del cacerolazo sin política afirmativa. En Tiempos y modos, Richard subraya que la potencia destituyente, sin diseño compositivo, deja vibrando un libreto binario del ataque-contra-ataque que la masculinidad filosófica ocupa contra el sistema de dominación. La objeción queda anotada para que la lectura no se convierta en consuelo erudito.

VI. La ritournelle y los rituales del 18-O

El concepto que más directamente ilumina la dimensión ritual es el de ritournelle, elaborado a partir del niño que tararea una cancioncilla en la oscuridad: pequeño conjunto de gestos, sonidos, ritmos repetidos que trazan un territorio provisional, un espacio habitable que la ritornelo produce al repetirse. El cacerolazo nocturno del 18-O es ritornelo en sentido técnico preciso. No es expresión de la rabia acumulada ni síntoma de energía reprimida: es gesto rítmico repetido que traza noche tras noche el territorio de la revuelta, que conecta los cuerpos aislados en sus casas con el agenciamiento colectivo de la Plaza. El golpe de las ollas no comunica contenido: produce territorialización. Esa territorialización es provisional, frágil, necesariamente repetida: el territorio de la ritornelo no subsiste sin la ritornelo. Cuando los vecinos dejaron de salir a sus balcones, el territorio se deshizo. No es dépense sin retorno: es la lógica de la ritornelo, que produce territorio mientras se repite y lo pierde al interrumpirse.

Los tres momentos de la dinámica de la ritornelo corresponden a los tres tiempos del cacerolazo. El caos: ruido indiferenciado, oscuridad de la ciudad neoliberal donde cada cuerpo está encerrado en su consumo, su deuda, su miedo privado. La ritornelo: el golpe de la olla traza un círculo de orden en el caos, hace del balcón un territorio provisorio. La apertura al cosmos: el territorio se abre a las fuerzas del afuera, el cacerolazo de un balcón se conecta con el de otro, y el sonido individual se convierte en el sonido de una ciudad que se reconoce a sí misma como campo de fuerzas. La performance de Las Tesis funciona como ritornelo abierta al cosmos: la coreografía traza territorio provisional que se desterritorializa al transmitirse a sesenta países, convirtiéndose en línea de fuga que escapa a todo territorio específico.

VII. La crítica fundamental: Bataille sin diferencia, y la pregunta política pendiente

La crítica más decisiva es de ontología, no de política: Bataille piensa el exceso sin pensar la diferencia. La dépense es gasto de una energía siempre la misma (flujo solar, plusenergía termodinámica, excedente irreductible) que se distribuye de modos distintos sin producir nada cualitativamente nuevo. El gasto glorioso (lujo, fiesta, arte, erotismo) y el gasto catastrófico (guerra, destrucción) son formas de disipar el mismo excedente. Lo que cambia es la forma de la disipación, no la naturaleza de lo que se disipa. La ontología batailliana es de la inmanencia del exceso, pero no de la diferencia: el exceso no produce diferencia, solo formas distintas de desaparecer.

El 18-O no fue descarga de energía preexistente: fue producción de diferencia. Produjo cuerpos que no existían antes (la Primera Línea, el cuerpo político de Las Tesis, el cuerpo indignado de los tres millones del 25 de octubre), territorios que no existían antes (la Plaza de la Dignidad como espacio de devenires heterogéneos), flujos que no existían antes (los circuitos de afecto, rabia y alegría que conectaron cuerpos radicalmente aislados por el neoliberalismo). Esos productos no son gasto de energía anterior: son diferencias, novedades, producciones del devenir. Si la revuelta fue producción de diferencia y no gasto de excedente, lo que se pierde con su captura no es energía sino potencia. Y la potencia, en vocabulario spinoziano-deleuziano, no se disipa: se bloquea. Lo que el proceso constituyente fracasado dejó no fue energía gastada sin retorno sino potencia bloqueada, devenir interrumpido que persiste en estado latente, disponible para nuevas conexiones.

Hay que nombrar lo que la elegancia conceptual elude: derrota. La categoría de derrota productiva, trabajada por Garcés (2024), Ruiz y Luna en la sociología chilena post-2023, da espesor histórico a lo que el devenir-interrumpido apenas insinúa. Más decisivo aún: qué pasa con la potencia bloqueada cuando el campo se llena de Kast. La reacción ultraderechista, consolidada el 14 de diciembre de 2025 con 58,21% para Kast (el presidente más votado en la historia de Chile), opera con la misma producción de diferencia que el texto celebra, pero invertida: produce nuevos cuerpos (Plan Implacable, deportaciones masivas), nuevos territorios (frontera militarizada, prisiones de máxima seguridad), nuevos circuitos afectivos (miedo, orden, libertad del crimen). La potencia bloqueada de la izquierda no permanece neutral: es capturada por el polo opuesto.

La pregunta política decisiva, que ninguna filosofía del exceso puede responder sola, es ésta: cómo liberar la potencia bloqueada sin repetir los agenciamientos ya capturados. Cómo se traza una línea de fuga que no sea interceptada por la misma máquina de reterritorialización que interceptó la anterior. Tal pregunta no tiene respuesta en la dépense. Tiene respuesta provisional, experimental, siempre en riesgo de fracasar, en la práctica de los devenires. Pablo Oyarzún formularía una objeción benjaminiana antes del cierre. La advertencia que elaboró en Evadir sigue siendo pertinente: no aplicar al acontecimiento una plantilla conceptual previamente asegurada. Aquí, sin desmerecer el ejercicio, hay aplicación. La maquinaria deleuziana se despliega con virtuosismo, pero no escucha lo que el acontecimiento secretamente anuncia. La fuerza del 18-O excede tanto la dépense batailliana como el devenir deleuziano. Excede la pretensión misma de capturarla en arquitectura conceptual.

Las dos voces críticas convergen en lo esencial: el riesgo de la captura conceptual del acontecimiento. Richard exige diseño compositivo donde el ensayo propone potencia bloqueada; Oyarzún exige interrupción benjaminiana donde el ensayo propone producción de diferencia. La doble objeción no invalida el itinerario: lo limita. Marca el punto donde la maquinaria deleuziana debe ceder a otra exigencia, y desde donde el cierre político se vuelve ineludible. Si las preguntas pendientes son justas, formularlas no basta. La articulación política mínima que el momento exige es horizonte, no programa: componer un plano de consistencia donde el devenir-mapuche autonomista, el devenir-feminista, el devenir-precarizado y el devenir-sindical no se sumen como coalición ni se disuelvan en consenso. La tarea es que produzcan, en su mutua aproximación, lo que ninguno por sí solo podría producir. La izquierda chilena no ha perdido como totalidad: son los devenires capturados separadamente, devorados por la máquina de reterritorialización ultraderechista. La articulación de devenires heterogéneos frente a la consolidación de la reacción es condición material de cualquier reapertura. Ésta no es la herencia del 18-O: es la pregunta política que la «potencia bloqueada» habrá de inventar bajo el gobierno de Kast (2026-2030), o bajo la sombra de su prolongación. El acontecimiento no se conjuga: se atestigua. El atestiguamiento, hoy, es trabajo de articulación o no es nada. Lo demás es escritura entre dos accidentes.

Dr. Mauro Salazar J. Ufro/Sapienza

Bibliografía

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Richman, M. H. (2002). Sacred Revolutions: Durkheim and the Collège de Sociologie. Minneapolis: University of Minnesota Press.

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