Gilles Deleuze hace lo mismo que Platón: establece su causa, identifica a sus rivales y toma de ellos todo aquello que lo fortalece, para derrotar al enemigo con sus armas. La causa de Deleuze se llama, en principio, «materialismo ateo». Pero esta es una causa muy limitada desde una perspectiva filosófica. Requiere ser expresada de forma más potente, como una invitación a experimentar con uno mismo y con la vida, afirmar la diferencia y privilegiar el devenir, la creatividad frente al resentimiento, jugar a desterritorializarse y a territorializarse, a hacer como un rizoma y no plantarse como un árbol, proliferando los buenos encuentros y las buenas vibraciones, inventando a cada paso conceptos que nos liberen de lo ya sabido y de lo ya interpretado… Con el bello propósito de lograr un plano de inmanencia pura y escapar de la servidumbre a los fantasmas de la trascendencia. Con esto ya ha incorporado otros conceptos más apetecibles. En todo momento parece claro tanto lo que afirma como lo que niega. Pero se trata tan solo de posiciones de principio. Son enunciados fuertes, pero lo dejan todo por pensar. Si hablamos de materialismo, ¿qué es la materia? Cuando se habla de trascendencia e inmanencia, ¿de qué/quién y con respecto a qué/quién? Si hablamos de ateísmo, ¿a qué nos referimos cuando decimos «Dios»? ¿En qué sentido inventar conceptos o plantear líneas de fuga es liberador?
Devenir
Javier Agüero Águila / Beckett y la meseta de los mil fracasos (fracasemos juntos)
FilosofíaA mi hermano Rodrigo Romero,
el que experimenta y que, como Beckett,
besa las calles de Dublín
“Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”. “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.
Esta suerte de mantra literario, reconocido por quienes se interesan en este tipo de lugares poco comunes, es un extracto de Rumbo a peor, un texto de Samuel Beckett publicado en 1983, seis años antes de su muerte.
El pasaje ha tenido muchas y hasta bizarras lecturas, desde empresarios que lo han transformado en un cierto de tipo de “optimismo bursátil” y materia de coaching, hasta filósofos como Alain Badiou que han reconocido su admiración por el autor irlandés desde su más temprana juventud. También, con la debida distancia, es mi caso.
Javier Agüero Águila / Un río, el devenir y un punto aparte
FilosofíaPara la mujer
que lucha todos los días
contra un patriarcado feroz y
que jamás (¡jamás!) … se arrodillará
He pensado, no precisamente ahora sino tal vez desde hace mucho, en el río.
El río; el que escurre y discurre eternamente independiente de nosotros, antes de nosotros y después hasta que el mundo sea mundo –entendamos a la eternidad como lo que termina con el fin del mundo–. El río, quizás, como la única forma de trascender aquí y ahora sin darnos chance alguna. No podemos detener al río, solo distiende su flujo sin vernos, sin considerarnos o, al final y si se quiere, dejando nuestra propia existencia lejos de nuestro alcance.
Mauro Salazar J. / ¿La revuelta como khôra? Devenires sin horizonte compositivo
Filosofía, PolíticaEste trabajo propone una lectura filosófica de «La revuelta chilena como khôra» en contraste con Deleuze: qué objeciones y reconocimientos plantearía su arquitectura conceptual. La pregunta no es especulativa. El vocabulario deleuziano (Cuerpo sin Órganos en adelante CsO, agenciamiento, devenir-minoritario, ritornelo) se despliega aquí no para sustituir el marco batailliano del ensayo, sino para someter sus fundamentos ontológicos a una interrogación sistemática. El resultado no es refutación: es tensión productiva entre dos ontologías del exceso.
Dos términos articulan toda la discusión. La dépense de Bataille designa el gasto improductivo, soberano y sin retorno —el lujo, la fiesta, el sacrificio, el erotismo, la guerra— frente a la economía restringida del cálculo y la productividad. El CsO de Deleuze y Guattari es la superficie activa donde los flujos del deseo se distribuyen antes de toda organización jerárquica. La khôra batailliana es receptáculo pasivo que acoge sin producir; el CsO es plano activo que produce al conectar. Esa divergencia obliga al ensayo a confrontar los límites de su propio vocabulario y a articular lo que éste no alcanza a nombrar.
Aldo Bombardiere Castro / Primera divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: culpa
Filosofía, Poesía, PolíticaA pesar de hoy, a pesar de los brazos sin piel que estallan bajo o sobre las pantallas; a pesar de los ayeres, de los olvidos y de los mártires apenas recordados; a pesar de la culpa, debemos escribir sin culpa. A pesar de hoy y justamente porque hoy aún escribimos, porque aún vivimos con culpa, hemos de escribir sin culpa.
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Sí. Heráclito lo sabía: el logos modula y despliega las lenguas de fuego con que se escribe la poesía. La idea heraclítea del hombre que nunca se baña dos veces en el mismo río apunta al centelleo de un devenir. En realidad, consiste en un pensamiento y no en una idea: la frase constata algo: el devenir sólo puede empezar a ser pensado por la filosofía en virtud de imágenes poéticas. Por otra parte, la forma conceptual del concepto “devenir”, su intento de ser acuñado en calidad idea, representa un accidente más en el movimiento del kosmos. La pretensión de detener con una mano el pulso polimorfo que recorre tanto al universo como a todo ente constitutivo de éste, consiste en el acto contra el cual, sin necesidad de tocarlo, la poesía se reconoce en resistencia, siendo resistencia. Estar a la escucha del logos nada tiene que ver con intentar traducir aquello que el logos nos tiene qué decir, con desentrañar la preexistencia de su mensaje. Estar a la escucha del logos significa disponerse a resistir en tal escucha, disponerse a escuchar, antes que todo, nuestro acto de escucha y la potencia de su sutil irrupción dispuesta a lo que irrumpa. Siguiendo a Heráclito, hablamos de una pequeña guerra, del caos y el caleidoscopio dibujado por el caos mismo, donde, manteniendo el combate, uno y otro logran danzar y disolverse en sus polos contrarios. Para el escuchar poético, en verdad, no importa el contenido de lo escuchado, en cuanto concepto a comunicar, codificable o transmisible; de importar algo, sólo importa el estar atento a la escucha, incluso, cuando el susurro de lo viniente no termine, ni tampoco cese, de llegar.
Mauricio Amar / Utopía
Filosofía, PolíticaEl mundo que conocíamos se disuelve a gran velocidad sin que en el horizonte veamos esperanzas de un mundo más justo. La guerra a gran escala ha despertado nuevamente y, como deberíamos saberlo todos, la guerra es siempre el juego del capital. Como siempre, se trata de conseguir recursos para territorios del centro productivo de los últimos doscientos años que, sin embargo, debido a su propio proceso de aceleración del capitalismo, ahora devienen relativamente descentrados y con una hegemonía cuestionada. La promesa del mundo capitalista es hoy que no hay futuro, cuestión que, aunque no todos lo comprenden, hasta la deriva fascista de Europa lo intuye. Que no haya futuro significa que para la mayor parte del planeta lo que se avecina es la vida en territorios hostiles a ella, la propagación de diversas y desconocidas enfermedades pandémicas, enfrentamientos cada vez más intensos por asegurar los recursos naturales, lo que va de la mano con grandes oleadas migratorias y la instalación sobre los propios recursos de las corporaciones que hoy controlan los datos y la banca, que serán las únicas con capacidad militar. Esa imagen ciberpunk del mundo la imaginamos muchos, pero nuestra imaginación se ha construido con las películas y novelas de una industria cultural ligada a la propia acumulación de capital ¿podemos imaginar de otro modo?
