En “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, encontramos una descripción extraordinaria que equipara el nominalismo absoluto con un enorme basurero, un recinto lleno de basura. En ese momento del relato el narrador nos dice: “Y también hacia elba: mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras” [1]. La absolutización de la memoria, sin olvido ni posibilidad de olvidar, convierte todos los nombres posibles e imaginables en algo ya presente, pero también inútil, hasta el punto de que no pueden ser pronunciados, y mucho menos recordados a distancia. El mundo de Funes es análogo al diseño tecnológico en el que nos encontramos hoy: la llamada “Inteligencia Artificial” recuerda cada nombre y cada entidad como si seleccionara objetos de un contenedor del basural. Da igual si los nombres elegidos son correctos o falsos; precisamente porque el acto de nombrar como tal ya no posee el encanto que confiere la divinidad de la voz. Cuando el lenguaje se convierte en un “vaciadero de basuras”, ya no existe ninguna relación entre el recuerdo y la voz humana que durante siglos ha sido la fuente de los afectos.
Heráclito
Aldo Bombardiere Castro / Primera divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: culpa
Filosofía, Poesía, PolíticaA pesar de hoy, a pesar de los brazos sin piel que estallan bajo o sobre las pantallas; a pesar de los ayeres, de los olvidos y de los mártires apenas recordados; a pesar de la culpa, debemos escribir sin culpa. A pesar de hoy y justamente porque hoy aún escribimos, porque aún vivimos con culpa, hemos de escribir sin culpa.
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Sí. Heráclito lo sabía: el logos modula y despliega las lenguas de fuego con que se escribe la poesía. La idea heraclítea del hombre que nunca se baña dos veces en el mismo río apunta al centelleo de un devenir. En realidad, consiste en un pensamiento y no en una idea: la frase constata algo: el devenir sólo puede empezar a ser pensado por la filosofía en virtud de imágenes poéticas. Por otra parte, la forma conceptual del concepto “devenir”, su intento de ser acuñado en calidad idea, representa un accidente más en el movimiento del kosmos. La pretensión de detener con una mano el pulso polimorfo que recorre tanto al universo como a todo ente constitutivo de éste, consiste en el acto contra el cual, sin necesidad de tocarlo, la poesía se reconoce en resistencia, siendo resistencia. Estar a la escucha del logos nada tiene que ver con intentar traducir aquello que el logos nos tiene qué decir, con desentrañar la preexistencia de su mensaje. Estar a la escucha del logos significa disponerse a resistir en tal escucha, disponerse a escuchar, antes que todo, nuestro acto de escucha y la potencia de su sutil irrupción dispuesta a lo que irrumpa. Siguiendo a Heráclito, hablamos de una pequeña guerra, del caos y el caleidoscopio dibujado por el caos mismo, donde, manteniendo el combate, uno y otro logran danzar y disolverse en sus polos contrarios. Para el escuchar poético, en verdad, no importa el contenido de lo escuchado, en cuanto concepto a comunicar, codificable o transmisible; de importar algo, sólo importa el estar atento a la escucha, incluso, cuando el susurro de lo viniente no termine, ni tampoco cese, de llegar.
