Javier Agüero Águila / La ruina y el porvenir (Una imagen a partir de “La lengua del fin del mundo” de Mauricio Amar)

Filosofía, Política

Este texto está redactado en un teclado diseñado para escribir en otra lengua: “una que no es la mía”. Cada palabra -o casi cada palabra- que suelto nace “condenada” a la ruina; es malparida, la “q” es la “a”, la “d” es la “s”, los acentos no corresponden, las comas no son comas, la sintaxis no es reconocida y debo volver una y otra vez sobre una escritura arruinada desde antes de ser ruina. Y entonces no puedo sino pensar en esto y detenerme y apuntar que la ruina, antes de serlo, es siempre su todavía parcial e inexorable llegada. Ella va ahí donde no fue esperada, ni invocada o presentida; solo estuvo sin más, íntegramente diferenciada, en la espectralidad de una promesa que no por ser promesa deja de estar contenida en la ruina. 

Así es que es sobre esta suerte de escritura secundaria, resorte de un permanente error, que algo puede ser dicho; mas se trataría de un error que no fracasa, tampoco triunfa, sin embargo esva siendo y tiene sentido, todo el sentido en el tiempo y en el espacio porque tal como lo sostiene Jacques Derrida: “La ruina no ocurre como un accidente a un monumento ayer intacto. En el comienzo está la ruina” (Mémoire d’aveugle, 1990, p. 72).

Aldo Bombardiere Castro / Primera divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: culpa

Filosofía, Poesía, Política

A pesar de hoy, a pesar de los brazos sin piel que estallan bajo o sobre las pantallas; a pesar de los ayeres, de los olvidos y de los mártires apenas recordados; a pesar de la culpa, debemos escribir sin culpa. A pesar de hoy y justamente porque hoy aún escribimos, porque aún vivimos con culpa, hemos de escribir sin culpa.

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Sí. Heráclito lo sabía: el logos modula y despliega las lenguas de fuego con que se escribe la poesía. La idea heraclítea del hombre que nunca se baña dos veces en el mismo río apunta al centelleo de un devenir. En realidad, consiste en un pensamiento y no en una idea: la frase constata algo: el devenir sólo puede empezar a ser pensado por la filosofía en virtud de imágenes poéticas. Por otra parte, la forma conceptual del concepto “devenir”, su intento de ser acuñado en calidad idea, representa un accidente más en el movimiento del kosmos. La pretensión de detener con una mano el pulso polimorfo que recorre tanto al universo como a todo ente constitutivo de éste, consiste en el acto contra el cual, sin necesidad de tocarlo, la poesía se reconoce en resistencia, siendo resistencia. Estar a la escucha del logos nada tiene que ver con intentar traducir aquello que el logos nos tiene qué decir, con desentrañar la preexistencia de su mensaje. Estar a la escucha del logos significa disponerse a resistir en tal escucha, disponerse a escuchar, antes que todo, nuestro acto de escucha y la potencia de su sutil irrupción dispuesta a lo que irrumpa. Siguiendo a Heráclito, hablamos de una pequeña guerra, del caos y el caleidoscopio dibujado por el caos mismo, donde, manteniendo el combate, uno y otro logran danzar y disolverse en sus polos contrarios. Para el escuchar poético, en verdad, no importa el contenido de lo escuchado, en cuanto concepto a comunicar, codificable o transmisible; de importar algo, sólo importa el estar atento a la escucha, incluso, cuando el susurro de lo viniente no termine, ni tampoco cese, de llegar.