Mauricio Amar / La lengua del fin del mundo

Filosofía, Política

El lenguaje, como todos sabemos, ha sido objeto de una enorme operación que ha cambiado el destino de los humanos. Sobre él se han montado miles de estrategias, acaso la historia de las lenguas no se a otra cosa que una historia de estrategias sobre ellas. Pero ninguna se compara en su intensidad, violencia y capacidad de abarcarla como la que estamos presenciando hoy. Presenciarla, es decir, de algún modo vivir la transformación del lenguaje a tiempo real, es decir en el habla y en la escritura, nos pone ya en una situación muy difícil. Porque la transformación del lenguaje, de mi lengua que no es mía como dice Derrida, pero al mismo tiempo de todas las lenguas, incluso las que no alcanzo a imaginar, vuelve difícil siquiera decir hasta qué punto no puedo sino hablar desde esta operación, esta estrategia.

Esto, como todas las cosas humanas, tiene una genealogía. Y como toda genealogía es gris, porosa, necesaria de ser leída a contrapelo. No se puede sino estar agradecido de los europeos que en su momento supieron leer el funcionamiento del poder a pesar de las capas y capas de estrategias lingüísticas que se vertían sobre ellos. Estoy pensando en Adorno, en Foucault, Derrida y en Hamacher, figuras que hoy sería raro que provinieran de una Europa incapaz de pensar, salvo excepciones, sobre sus propias condiciones de existencia. Pero en ellos, que vivieron la emergencia y las consecuencias del fascismo de muy cerca, hay una comprensión que necesariamente anuncia lo que hoy aparece como lenguaje.

Carlos Andrés Ramírez / ¿Retornar a Averroes? Algunas reflexiones sobre el averroísmo de Rodrigo Karmy

Filosofía, Política

En una entrevista reciente para el Instituto Humanitas Unisonos (Junges 2026), Rodrigo Karmy recoge varias de sus tesis, desarrolladas en textos previos, sobre la contemporaneidad y relevancia de Averroes. La entrevista está llena de ideas sugestivas. La principal, quizás, radica en pensar a Averroes como fuente de una tradición filosófica alternativa respecto a la corriente dominante en la modernidad: aquella centrada en la ‘metafísica del sujeto’. Concebir la libertad como soberanía, sea ejercida por un individuo o por un Estado, es su consecuencia ético-política más determinante. Como antídoto contra la metafísica del sujeto, y punto de partida de una tradición, con bases aristotélicas, que pasa por Spinoza y Marx, aparece el pensador cordobés. El escándalo del averroísmo, la idea de un intelecto impersonal, combatido, por razones éticas y política por Tomás de Aquino, es reivindicado por Karmy como punto de acceso a una ‘modernidad alternativa’. A lo largo de la entrevista, se desarrollan las consecuencias de esta decisión filosófica considerando el pensamiento neoliberal, la noción de ‘persona’, la cuestión del comunismo y la Inteligencia Artificial. Aquí la historia de la filosofía, como sucede en sus más potentes ejercicios, es un insumo para repensar el presente.

Giorgio Agamben / Pensamiento e imaginación. Nuevamente sobre la inteligencia artificial

Filosofía, Política

El problema de la inteligencia artificial, sobre el cual hoy se discute no siempre con natural inteligencia, ha tenido en la historia de la filosofía occidental — como ya hemos tenido ocasión de mostrar aquí — un precursor: el intelecto único y separado del averroísmo latino. La analogía es tan estricta — un intelecto único y separado que piensa al margen de los individuos singulares — que puede incluso coincidir en la sigla que la expresa: Inteligencia Artificial – Intelecto Agente (como los averroístas llamaban al intelecto separado). Para los filósofos medievales, en esto más cautos que nuestros contemporáneos, el problema crucial era el del modo en que el intelecto único y separado se une (copulatur) a los hombres singulares, para que el pensamiento sea adquirido (adeptus) por el individuo y se pueda decir hic homo intelligit, este hombre piensa. El medio que permite esta unión era, para Averroes, la imaginación, de la cual nuestros contemporáneos parecen en cambio absolutamente privados. En la inteligencia artificial, en efecto, hic homo non intellegit, el hombre singular renuncia a pensar y delega la más preciosa de sus facultades a una máquina, que debería pensar en su lugar y mejor que él. Para seguir las instrucciones de este ineluctable maestro, la imaginación no es de ninguna utilidad (aunque incluso para aplicar una norma alguna forma de imaginación podría ser necesaria). Quizá el verdadero problema de la inteligencia artificial es que ha sido hecha posible por una pérdida general de la facultad de la imaginación, casi como si su advenimiento hubiera sido precedido por la instauración de una omnipresente imaginación artificial. Una humanidad que había perdido la imaginación estaba lista para privarse también del pensamiento (que, por lo demás, como ya enseñaba Aristóteles, sin la imaginación no es simplemente posible).

Sergio Villalobos-Ruminott / Sobre mímesis disruptiva

Filosofía, Política

La mímesis disruptiva implica una comprensión no restringida de la mímesis—entendida tradicionalmente como mera copia pasiva o reproducción subordinada al original— al transformarla en un espacio de intervención crítica, desestabilización y reconfiguración no identitaria. Este giro, anticipado por Walter Benjamin mediante su apelación a una facultad mimética ligada a las correspondencias mágicas y la experiencia profana, es también elaborado conceptualmente por Philippe Lacoue-Labarthe, quien desmonta la ontología de la presencia al definir la mímesis como una inestabilidad que es, a su vez, constitutiva del sujeto. En los ámbitos político y cultural, esta fuerza disruptiva se operacionaliza a través de la concepción de la performance de Judith Butler, donde la repetición paródica del género subvierte y expone el carácter construido de las normas hegemónicas; de la mimesis colonial (colonial mimicry) de Homi Bhabha, que describe la imitación de los colonizados como un simulacro defectuoso y amenazante (un “casi lo mismo, pero no del todo”) que fisura la autoridad colonial; y del entramado de mímesis y alteridad en Michael Taussig, donde el acto mimético es una facultad encarnada que permite asimilar lo ajeno, fusionando la copia con el poder del otro para subvertir las divisiones cartesianas occidentales. La mímesis disruptiva puede ser pensada también en relación con la noción de repetición de Gilles Deleuze, donde el acto mimético deja de ser una copia subordinada a un supuesto “original” para convertirse en la producción de una diferencia. En esta dinámica, la repetición no reproduce lo mismo, sino que desposee al original de su autoridad y libera la potencia del simulacro (las potencias de lo falso), generando devenires múltiples que subvierten las jerarquías de la representación clásica a través de un juego constante de variaciones e intensidades.

Mauro Salazar J. / IA e hipótesis comunista

Estética, Filosofía, Política

«En una sociedad comunista no hay pintores, pero hay hombres que, entre otras cosas, también pintan». La ideología Alemana.1845

Cuando Terry Eagleton sitúa lo estético como el territorio donde la ideología burguesa administra sus propias fisuras, no describe un dominio autónomo del gusto ni un refugio de la sensibilidad. Describe un dispositivo. Lo estético, y con él la escritura, su forma más disciplinada, aparece como aquello que permite a un orden social nombrar su propio malestar sin tener que resolverlo. La literatura no flota por encima del trabajo; es, ella misma, una manera de trabajar, y por eso mismo una manera de ser separado del propio hacer. Ahí empieza la tesis que interesa retomar: la escritura (sin negar su densidad como fuente de movilidad, prestigio y diferenciación social) no es el estricto afuera de la alienación, sino uno de sus laboratorios más pulidos, el lugar donde el sufrimiento de la división del trabajo se vuelve «forma», se vuelve «estilo», y en ese volverse forma queda, paradójicamente, neutralizado.

Giorgio Agamben / La verdad y la opinión

Filosofía

El antiguo problema de la relación entre verdad y opinión, ya enunciado en los orígenes de la filosofía occidental en el poema de Parménides, adquiere hoy una nueva actualidad. Es, en efecto, evidente que la clara distinción entre las dos formas de conocimiento, para los antiguos obvia, está hoy completamente anulada. Solo hay opiniones que pretenden ser verdades. Resulta por tanto más urgente recordar que la verdad y las opiniones se sitúan en dos planos distintos. La verdad —que los griegos llamaban aletheia, que significa no-ocultamiento, apertura— concierne al ser, es decir, a la experiencia de que algo sea, de que haya algo en lugar de la nada. La opinión (que los griegos llamaban —y aún hoy llamamos— doxa) concierne a los entes, al conocimiento de que las cosas estén de una cierta manera en lugar de otra. La primera, dice Parménides, es inmóvil (atremes, que no tiembla, in-trepida), circular y fuera del tiempo; la segunda puede ser correcta o errónea y es, por tanto, mudable e incierta.