Claudio Aguayo / Cuatro hipótesis sobre el averroísmo

Filosofía

Cuando saltamos de las definiciones clásicas del pensamiento a la teoría averroísta sobre el intelecto, nos encontramos con un profundo abismo. Percibimos que en ese aparato ruidoso al que llamamos “historia de la filosofía”, el problema mismo del pensamiento como estructura singular del modo de ser “humano” (o animal) no ha sido radicalizado en absoluto. Por ejemplo, Hegel: no tiene ninguna posibilidad de pensar la singularidad del pensamiento. Al definir al pensamiento como lo más universal lo que ha hecho, en el fondo, es subsumir la singularidad en el modo de la “determinación” (Bestimmtheit), de la “cualidad” de la sustancia plástica-estratificada del pensamiento-método que tiende a su auto-reconciliación.

Rodrigo Karmy Bolton / Lo impensado como potencia y desactivación de las maquinas del poder

Filosofía
  1. ¿Cuáles son lo puntos cruciales formulados por Agamben en su crítica al presente?

Giorgio Agamben es un pensador de lo impensado. Esta sería la fórmula de lectura que propongo. Así, en la tradición filosófica estructurada bajo la noción aristotélica del acto descansa, intacta, una ontología de la potencia; en las múltiples máquinas del poder y sus efectos gloriosos, habita el trono vacío; en la extrema violencia del estado de excepción, la posibilidad de su propia revocación; en toda operosidad una inoperosidad que le excede y que, en cierto modo, ha quedado capturada. Como ves, Agamben es un pensador de la inmanencia pues no hay que buscar en otro lugar lo que la misma tradición ha legado sin necesariamente saberlo. Podríamos decir que la tradición siempre deja entrever una herencia que le excede, su impensado resto que está siempre por venir. No se trata de un “ya sido” que eventualmente haya sido superado (aufheben), sino de un “nunca sido” que asume la dimensión radical de una potencia. En este sentido, lo impensado no es una negatividad, sino la forma más extrema de positividad en la que se juega una singular noción de potencia que habita en las sombras en los “bajos fondos” de la tradición.

Pilar Herráiz Oliva / Aristóteles en París: averroísmo y condenas a la nueva filosofía

Filosofía
La recepción y difusión de la obra aristotélica en la Universidad de París, en el siglo XIII, supuso una conmoción intelectual. Las obras aristotélicas se van introduciendo progresivamente en París, ya precedidas por los comentarios de Averroes, en la década de 1220-1230. Maestros de artes y de teología leen y comentan estas obras recién recuperadas por medio de traducciones que se habían sucedido en los centros más importantes del saber en los siglos anteriores. Los latinos se habían hecho conscientes de la calidad y cantidad de obras que les eran desconocidas, fenómeno conocido como latinorum penuria, y tuvo lugar un movimiento de traducción sin precedentes en el que se dieron cita traductores de todo el mundo.