El pensamiento como bien común: Averroes contra la lógica de la soberanía. Entrevista especial con Rodrigo Karmy Bolton

Filosofía, Política

En Ficción de la razón reproducimos la entrevista realizada por Márcia Junges al filósofo Rodrigo Karmy Bolton. Publicada recientemente en portugués por el Instituto Humanitas UNISINOS.

IHU: En este año en que celebramos el 900 aniversario del nacimiento de Averroes, ¿qué aspectos de su obra considera más urgentes para comprender los dilemas políticos, culturales y religiosos del siglo XXI?

RK: Si por “urgencia” entendemos lo fundamental de un problema y no necesariamente el apuro impuesto por el tiempo cronológico, diría que, resulta urgente su teoría del intelecto y su concepción de la ilustración. Respecto de la primera, Averroes la formula en sus tres comentarios al De Anima de Aristóteles (el pequeño, medio y gran), pero es en el Gran Comentario al De Anima de Aristóteles donde funge la teoría de los dos sujetos para entender la cuestión gnoseológica: un primer sujeto (en el sentido aristotélico de “sustancia” –“ousía”) remite al “intelecto material” o “potencia del pensamiento” que Averroes lo entiende como una sustancia cosmológica que es separada de los cuerpos individuales, único para toda la especie y eterno como lo es el mundo; un segundo sujeto (ahora en cuanto “motor”) lo remite a la imaginación que pertenece a cada uno de los seres humanos y que funciona como la fuerza de singularización, es decir, el “motor” que, al igual que en el campo de los sentidos el sensible hace pasar al acto al sentido, la imaginación -la imagen, en particular- permite pasar al acto a los inteligibles. Gracias a la imaginación cada ser humano en particular podrá participar de la potencia común del intelecto que, como señalamos, está intrínsecamente “separada” respecto de los cuerpos. Al proponer la noción del intelecto separado, Averroes ofrece una noción materialista de la gnoseología en la medida que, en mi lectura, dicho intelecto será “material” no porque esté hecho de materia entendida como “sustrato” sino porque se despliega como un receptor, un lugar, un espacio no representable.

Rodrigo Karmy Bolton / Materialismo expresivo. Una lectura para una izquierda de lo porvenir

Filosofía, Política

La derrota del progresismo a nivel mundial deja la cancha política abierta al neofascismo, pero, por otro lado, ofrece el esplendor de la invención para una izquierda (una izquierda de la izquierda) necesariamente porvenir. Se trata de una izquierda anti-capitalista que, en Chile, se traduciría en la forma de una impugnación radical al fantasma portaliano, dispositivo que codifica la política chilena a favor del poder oligárquico.

Un punto de partida para esta invención, puede residir en el pensamiento de Luis Emilio Recabarren. En particular, en su libro La Materia Eterna e Inteligente. Publicado en Buenos Aires durante el año 1917, sin saberlo, Recabarren retoma tópicos de cierta tradición filosófica judía y árabe que asumían la idea de que el intelecto era una sustancia impersonal y en común, cuestión que, con variaciones muy importantes, fue formulada en las filosofías de Averroes, David de Dinant o Siger de Brabante, Avicebrón, entre otros. Esa lectura que, por cierto, desafió en su momento a la Iglesia Católica al punto de que Tomás de Aquino sostuvo que Averroes era el “perverso deformador de Aristóteles”, posiblemente desemboca en Spinoza y su concepción de Dios entendido como Naturaleza. Recabarren, en la exigencia de formular una “perfecta ilustración” que desafíe la falsedad religiosa, vuelve sobre esa tradición oculta y, en contra de la de la Iglesia Católica, según la cual, el mundo habría sido creado ex—nihilo gracias a la prerrogativa jerárquica de la forma por sobre la materia, sostendrá que no hay forma por fuera de la materia sino que ésta no solo sería “eterna” (es decir, prescinde de un momento “creador”) sino que además, sería “inteligente” en la medida que tendría capacidad para autoorganizarse, singularizándose en los seres vivos y no vivos que conocemos.