Rodrigo Karmy Bolton / La inteligencia artificial como gramática. Una lectura desde Averroes

Filosofía, Política

1.- Voz

En La voz humana Giorgio Agamben traza una precisa arqueología acerca del modo en que la deriva occidental de la filosofía comprende la relación entre phoné y lógos, entre voz y lenguaje. A partir de las consideraciones de Émile Benveniste, Agamben vuelve sobre el problema que había trabajado en su Seminario de 1979 El lenguaje y la muerte. Un seminario sobre el lugar de la negatividad intentando, nuevamente, dilucidar el lugar de la voz. Es importante notar que, tanto en su seminario de 1979 como en su trabajo de 2023, Agamben insiste sobre el problema del “lugar” poblado por la voz (la chorá, indicada por Platón en Timeo, 52 d), un sitio o sede (50 c) donde se ubicaría la voz en su expresividad pero que la tradición occidental, habría obturado en su forma negativa, concibiéndola como grámma, la letra. Por eso, la cuestión se resuelve en una interrogación acerca de la expresión aristotélica de “lo que está en la voz” (tá en té (i) phoné), el problema del “lugar” que ha sido obliterado por la primacía de la “letra” que, como representación primera, reduce a la voz a ser un fundamento negativo sobre el cual, sin embargo, descansa todo el proceso de significación lingüística y la metafísica occidental. Por esta razón, para Agamben la filosofía ha fracasado en su apuesta por liberar a los seres humanos porque jamás habría logrado “pensar la voz absolutamente” -como dirá en su seminario de 1979. El fracaso de la metafísica -en rigor, su triunfo como fracaso- muestra cómo la tradición occidental de pensamiento habría clausurado el “afuera” gracias al dispositivo del grámma que mantiene el ”lugar” de la voz en su forma puramente negativa y que, al modo de un katechón, impide la afirmación de la chorá como “tener-lugar” de la voz. No se trata de la materia como “sustrato”, al modo en que lo concibió Aristóteles, dirá Agamben, sino como un “estar-en, el materializarse y el tener lugar” (p. 68). Tal como en Timeo -dirá Agamben- la chorá se abre como un lugar en el que la oposición phoné y lógos experimenta una “indeterminación” radical en donde los opuestos se fluidifican. El materialismo leído por Agamben vía Platón es aquí fundamental: la materia no es “sustrato” supeditado a la forma, ni la “voz” es una negatividad supeditada a la “letra”. Si la apuesta se orienta a “pensar la voz absolutamente” es porque la chorá desactiva la oposición phoné-lógos de la máquina antropológica, ofreciendo así, nada más que el “tener-lugar” o si se quiere, la decibilidad de toda lengua, su potencia. Si la filosofía occidental clausuró la chorá en la forma negativa de la voz fue justamente porque la supeditó al grámma y, en este sentido, habría hecho de la gramática: “(…) la reflexión sobre las letras en cuanto componentes mínimos de la voz, es la disciplina fundamental de Occidente y por ello se enseña a los niños, es decir, a aquellos que deben acceder a la lengua y en realidad pueden hacerlo sólo si primero aprenden a leer, esto es, a reconocer las letras que han sido inscritas en la voz.” (p. 86). La filosofía occidental sería una gramática y, en este sentido, una sutura de la posibilidad de revocar la máquina antropológica sostenida en base a la exclusión e inclusión de la phoné y lógos, del animal y el humano. Pensar la voz absolutamente significaría habitar la chorá, poblar la potencia y perder la gramática, desarticular su régimen de la fuerza cuya sombra biopolítica nos persigue hasta el presente.

El pensamiento como bien común: Averroes contra la lógica de la soberanía. Entrevista especial con Rodrigo Karmy Bolton

Filosofía, Política

En Ficción de la razón reproducimos la entrevista realizada por Márcia Junges al filósofo Rodrigo Karmy Bolton. Publicada recientemente en portugués por el Instituto Humanitas UNISINOS.

IHU: En este año en que celebramos el 900 aniversario del nacimiento de Averroes, ¿qué aspectos de su obra considera más urgentes para comprender los dilemas políticos, culturales y religiosos del siglo XXI?

RK: Si por “urgencia” entendemos lo fundamental de un problema y no necesariamente el apuro impuesto por el tiempo cronológico, diría que, resulta urgente su teoría del intelecto y su concepción de la ilustración. Respecto de la primera, Averroes la formula en sus tres comentarios al De Anima de Aristóteles (el pequeño, medio y gran), pero es en el Gran Comentario al De Anima de Aristóteles donde funge la teoría de los dos sujetos para entender la cuestión gnoseológica: un primer sujeto (en el sentido aristotélico de “sustancia” –“ousía”) remite al “intelecto material” o “potencia del pensamiento” que Averroes lo entiende como una sustancia cosmológica que es separada de los cuerpos individuales, único para toda la especie y eterno como lo es el mundo; un segundo sujeto (ahora en cuanto “motor”) lo remite a la imaginación que pertenece a cada uno de los seres humanos y que funciona como la fuerza de singularización, es decir, el “motor” que, al igual que en el campo de los sentidos el sensible hace pasar al acto al sentido, la imaginación -la imagen, en particular- permite pasar al acto a los inteligibles. Gracias a la imaginación cada ser humano en particular podrá participar de la potencia común del intelecto que, como señalamos, está intrínsecamente “separada” respecto de los cuerpos. Al proponer la noción del intelecto separado, Averroes ofrece una noción materialista de la gnoseología en la medida que, en mi lectura, dicho intelecto será “material” no porque esté hecho de materia entendida como “sustrato” sino porque se despliega como un receptor, un lugar, un espacio no representable.

Rodrigo Karmy Bolton / Silencio en común. Acerca de “Persona” de José Carlos Agüero

Filosofía, Política

Cuando me invitan a comentar un libro casi nunca escribo algo. De hecho, hace años que no lo hacía. Pero esta vez, debo decir, la experiencia fue diferente. La escritura llegó de improviso y el proceso de comentar “Persona” de José Carlos Agüero me fue irresistible. Quizás, debamos hablar de lo irresistible, del deseo que nos arrebata en el instante de la escritura, la hendidura y las mil máscaras que sobrevienen en este singular proceso. Se trata de un momento de personificación, digamos, aunque, por cierto, José Carlos me provoca al invitarme a esta sala. Me provoca, ante todo, porque hace años he pretendido destruir literalmente la noción de persona, trazando su genealogía y mordiendo sus problemas teológico-jurídicos en razón de desactivar su máquina y abrir un porvenir. Sin embargo, hoy me veo presentando un libro titulado Persona.