Rodrigo Karmy Bolton / El lenguaje no es humano. Una premisa “averroísta” para resistir a la Inteligencia Artificial

Filosofía, Política

A propósito del nonigentésimo aniversario del nacimiento de Abul-Walid Ibn Ahmad Ibn Rushd, conocido en el mundo latino como Averroes

1.- El lenguaje no es humano

Muchas de las críticas al advenimiento de la Inteligencia Artificial mantienen la premisa de que el lenguaje constituiría una esencia propiamente humana. En realidad, esa premisa “humanista” -antropológica- fue una invención específica de la interpretación latino-cristiana de Aristóteles ofrecida, básicamente, a partir de Tomás de Aquino en su querella contra Averroes. Con esta lectura, con la que Tomás pretendía desheredar a Averroes de la tradición aristotélica, la filosofía deviene antropología y el ser humano se convierte en sujeto y agente del pensamiento. Así, la defensa de las humanidades frente a la Inteligencia Artificial no hace otra cosa que repetir, bajo nuevas formas, viejas tesis sin poder volcarse sobre la enseñanza averroísta que cambia totalmente la premisa: el lenguaje -el lógosno es humano, sin embargo, permite el devenir humano del viviente.

Si el tomismo insistiría en que el cuerpo está anudado ontológicamente con el lenguaje (lógos) y por eso, el lógos definiría a la propia naturaleza humana, el averroísmo plantearía que precisamente porque el lógos está separado ontológicamente del cuerpo individual, por lo cual es uno para toda la especie y eterno como lo es la totalidad del cosmos, es que los seres humanos pueden participar de él.

En este sentido, el lenguaje no sería una sustancia antropológica sino cosmológica; como tal, el lenguaje no vendría a definir a lo humano, en cuanto este último -como todo animal- lo estaría por la imaginación. En este registro, es la imaginación la textura de la que está hecha el pensamiento y, como ha sido visto, imaginar y pensar redundan, según este esquema, en una y la misma cuestión.

La sugerencia averroísta señala que para ofrecer una crítica a la Inteligencia Artificial y, por tanto, una línea de fuga que permita plantear otra experiencia con ella, sería necesario hacer retroceder a la antropología e insistir en la tesis, tan aparentemente descabellada de que el lenguaje no es humano, sino cósmico; una sustancia transindividual -cósmica- que habita en los intersticios de nuestros cuerpos y de la cual solo podemos participar singularmente gracias a nuestra imaginación. Volviendo sobre una antigua figura usada por Aristóteles, Averroes compara dicha sustancia con el “diáfano” aristotélico, una sustancia transparente ubicada entre el ojo y el mundo, que funciona como un médium que permite ver los colores cuando ingresa la luz (pasa al acto) y ofrece solo oscuridad cuando la luz se retira (pasa a su potencia).

Pero que el lenguaje no sea humano y que, por tanto, esté ontológicamente separado de nosotros, no significa que, según Averroes, el viviente no pueda advenir humano gracias a su participación singular en el lógos. La precisión de la teoría gnoseológica de Averroes es aquí crucial pues propone la existencia de dos “sujetos”: la potencia del intelecto (intelecto material) como dispositivo receptor y la imaginación, como agencia capaz que singularizar al lógos en un cuerpo en particular permiten la participación.

En otros términos, podemos pensar, podemos actuar, en suma, podemos participar precisamente porque estamos separados ontológicamente del lenguaje. Si estuviéramos ontológicamente unidos no habría distancia ni hiato alguno que abriera a los cuerpos a su imaginación y de esa manera, no habría más que una vida arrojada al cadalso, totalmente impotente.

2.- La impotencia.

El problema de la Inteligencia Artificial no es sólo que lo que llama “inteligencia” es solo una máquina algorítmica o que sea “artificial” como si la inteligencia “humana” (otra vez, salvándonos por Tomás de Aquino) fuera algo propiamente “natural”. Me parece que el problema de fondo de la Inteligencia Artificial -que la hace una de las mejores maquinarias de guerra de todos los tiempos- es que, a diferencia de la teoría de los dos sujetos de Averroes que permitía la participación de cada singular en la unidad del lógos, ella impide toda participación y, al igual que el proceso de enajenación descrito por Marx respecto del capital, sustrae a los seres humanos del carácter común de su potencia. “Impedir” la participación significa reducir toda forma de vida al feroz destino de la fuerza.

La Inteligencia Artificial adviene así en una suerte de “mal averroísmo” (en el sentido que señala Hegel de “mala infinitud”) puesto que descarta de sí toda referencia a la imaginación reduciendo a los seres humanos a la completa impotencia que hace imposible cualquier antropogénesis. Frente a la Inteligencia Artificial, los seres humanos quedan sustraídos de su potencia: no pueden pensar ni actuar pues todo lo hace la máquina. No habrá pensamiento ni acción, no habrá ética sino automatismo algorítmico que, por serlo, actúa en razón exclusiva de la fuerza.

Es en este sentido que habría que tomar en serio la afirmación de Peter Thiel, según la cual, la “tecnología” define el paso “milagroso” del 0 al 1 en la medida que ella se define por ser una “creación ex nihilo” o lo que es igual, un momento de decisión absoluta. La Inteligencia Artificial es nada más que fuerza justamente porque impide la singularización del viviente en “humano”.

Por supuesto, la antropogénesis jamás se realiza en su totalidad, precisamente por la existencia del hiato entre cuerpo y lenguaje que impide que nos convirtamos en “adultos plenos”. La ficción ilustrada del “adulto pleno” se hunde en el averroísmo; porque se hunde toda referencia al hombre en cuanto sujeto.

Sin embargo, la Inteligencia Artificial sutura el hiato y con ello, imposibilita cualquier relación con la potencia del lógos. En La sociedad del espectáculo , Guy Debord, denunciaba el efecto de la masificación espectacular indicando con precisión cómo el espectáculo no era un conjunto de medios sin más sino una “relación social” entre los seres humanos cuyo efecto más decisivo era que a mayor integración mediática mayor se torna nuestro aislamiento. Me parece que esta fórmula, sigue siendo la que se juega en la lógica de la Inteligencia Artificial donde su fuerza solo amplifica la desolación y aislamiento expropiando la potencia común de la pluralidad de los mundos.

3.- Sutura

La Inteligencia Artificial es heredera del tomismo y su teología. No es casualidad que sus jerarcas actúen como verdaderos sacerdotes que, al estilo de Peter Thiel, conciban que la “tecnología” es un momento de decisión absoluta, pues con ella se pretende suturar el hiato entre cuerpo y lenguaje, entre vida y lógos. La sutura se inscribe en una visión propiamente escatológica que concibe el proceso que pone fin a la distancia, al hiato, a la incoincidencia constitutiva que, según el averroísmo, atraviesa a los seres humanos. “Escatología” en cuanto pretende realizar una doctrina de los fines últimos en la que se realice la sutura definitiva y con ello, se cristalice la total impotencia de los seres humanos. Si hay sutura, nada se puede decir ni hacer porque la in-fancia que nos enseña Giorgio Agamben (la potencia del pensamiento o intelecto material), resulta totalmente arrasada.

Palestina hoy es el centro de operaciones en la que se realiza esa escatología; política que no por casualidad sólo puede cumplir su “fin” (el “Gran Israel” como industria armamentista-algorítmica) con la condición del genocidio. Se trata de abolir toda distancia, en la medida que, según el viejo Averroes, solo esa distancia permitiría la participación, en cuanto ese hiato nos ofrece la combustión de la imaginación por la cual podemos singularizarnos.

En este sentido, la Inteligencia Artificial es una guerra contra la singularización y, a esta luz, una guerra civil contra el misterio que define nuestra relación con el lenguaje. Digo “misterio” no en un sentido “religioso” sino “ontológico”, en cuanto el lenguaje no se nos ofrece de manera inmediata, sino siempre en un juego de visibilidad e invisibilidad, en la intermitencia de lo que los antiguos gramáticos árabes definían entre el (lo manifiesto) zahir y el batin (lo oculto). De ahí que, el neofascismo sea el acelerante de la Inteligencia Artificial porque odia el misterio del lenguaje.

4.- La Inteligencia Artificial es la consumación del humanismo.

Es la consumación, justamente por su apuesta reducir velozmente la distancia ontológica entre vida y lógos e impedir así cualquier singularización de lo humano. “Humanismo” significa, entonces, sutura. Y en este sentido, humanismo y neofascismo coinciden catastróficamente en una misma escatología, aquella que solo puede aplanar la distancia entre cuerpo y lenguaje.

En este sentido es que, me parece, tendríamos que cambiar la perspectiva: no reprochar a la Inteligencia Artificial de no ser “humanista” sino justamente de serlo brutal y escatológicamente. Criticar a la Inteligencia Artificial de su falta de humanidad es simplemente fortalecer lo que se pretendía debilitar.

El “humanismo” es la matriz de la Inteligencia Artificial: ¿acaso no escuchamos todos los días cómo es que ésta “nos facilitaría la vida”, cómo es que nos promete un mundo sin esfuerzo sin necesidades, versión distópica de la otrora utopía comunista? En suma ¿un mundo sin deseo? ¿No es la Inteligencia Artificial el cumplimiento escatológico de Occidente que, como tal, coincide con su propio colapso y, en este sentido, con la realización del humanismo más absoluto, en el que se juega la técnica más avanzada de sutura entre vida y lógos, una vez que dicha cultura ha terminado por renunciar a la poesía y a la política (formas diversas en las que aún se podía habitar ese lugar)?

La habitabilidad que nos ofreció el lenguaje siempre estuvo condicionada por la separación ontológica entre vida y lógos descubierta por el averroísmo. Sin esa separación no hay participación, sin ésta última, la singularidad de la existencia es simplemente borrada. Justamente, si el centro de operaciones es Palestina es porque en ella se juega el laboratorio del borramiento: la nakba. De ahí que, con el devenir de la Inteligencia Artificial, nos enfrentemos a la nakba del lenguaje, de toda imaginación; en suma, a la nakba como borramiento de toda experiencia.

5.- Línea de fuga.

“El lenguaje no es humano” es la premisa de la resistencia. La puesta en curso de otra manera de pensar la existencia que no pasa por el caduco humanismo que aún pretenden profesar las universidades (que alguna vez fue vanguardia de los más vastos imperialismos) sino por el nuevo humanismo que ilusiona cumplir la promesa de, por fin, suturar lo que para Averroes era insuturable y que en el siglo XX, Freud volvió a subrayar. Una línea de fuga de la Inteligencia Artificial significa pensar otra experiencia con ella, que permita habitarla en vez de someterse a ella y que impida, a toda costa, representárnosla como un mero “instrumento” que podría ser manipulado al arbitrio del hombre concebido como señor de la Tierra. Sabía Heidegger que la figura del “instrumento” es la representación humanista por excelencia. Es, por esto, la profundización del problema en el que estamos. Nada soluciona ni explica la idea de que “depende del uso” que se le dé a la Inteligencia Artificial. Mas bien, ello reafirma la escatología humanista que pone en funcionamiento a la misma maquinaria. “Experiencia” es algo distinto a “instrumento”. Con la primera salimos de nosotros mismos porque poblamos el lugar del hiato; con la segunda controlamos y todos los esfuerzos se dirigen a suturar ese hiato expulsándonos del único paraíso del que vivimos: la palabra.

6.- Pluralidad de mundos

Quizás, sea necesario pensar una teoría de la pluralidad de los mundos en la línea en que los propone Joseph Raffanell I Orra. Mas, agregarle la mirada averroísta que posibilite pensar la “interdependencia” entre ellos de una manera radical. En este sentido, tendríamos que partir señalando que cada mundo habría que verlo como una intersección entre cuerpo y alma, entre vida y lógos puesto que se desenvuelve en una apertura radical a la inteligencia común que nos constituye.

Por eso, nunca existe el “mundo” aislado y en solitario sino siempre la pluralidad o multiplicidad de mundos: dado que la potencia del pensamiento es una y para todos necesariamente, gracias a la imaginación, ha de singularizarse de diversos modos. Cada modo es un lugar, un mundo que tendrá su relación propia con dicha potencia, cada mundo se intersecta de modo único.

Pero, justamente porque se intersecta singularmente, cada mundo no puede sino ofrecer una “interdependencia” con otros mundos que puebla. “Interdependencia” que define la textura transindividual de la potencia del pensamiento o inteligencia común que, necesariamente, se expresará en múltiples modos o formas de vida, esto es, en una pluralidad de mundos.

La muerte de los mundos significa sustraerlos de su potencia, reducir ese mundo a su impotencia e impedir que participe del común, tal como la Inteligencia Artificial sionista lo hace en la Franja de Gaza. El aislamiento de un “mundo” respecto de la potencia que le da vida, es el proceso por el cual la pluralidad de mundos se transforma en la homogeneidad de lo que llamaremos “globo”.

Un “globo” es una superficie lisa, plana y transparente. Carece de sorpresas. No tiene lugar alguno para habitar porque ha sido totalmente privado de la potencia. “Mundos” define a una superficie rugosa, siempre pletórica de otros, y lleno de opacidad. A veces puede ser amenazante, cuan menos que el planisferio del globo que resulta de su asfixia. Un globo es cerrado sobre sí mismo, por eso, carece de intersección e “interdependencia” con otros mundos, en cambio los mundos devienen siempre intersectados con otros. Dicho directamente: en un globo la justicia es imposible, no así en los mundos en cuya singularidad pueblan otros. La Inteligencia Artificial pretende transformar al lenguaje y los mundos que posibilita en la lisa planicie de un globo. Mas aún: intenta transformar la pluralidad de los mundos en globos que se inflan de capital.

La forma de vida es una singularidad de los mundos que resiste al globo; modo en que se expresa la totalidad de la potencia y que se sustrae al terrorismo totalitario del globo que amenaza con imponerse. Las formas de vidas no son “sujetos”, sino su exceso, su deseo, el hiato entre vida y lógos que, alguna vez, Averroes identificó en su gnoseología. En suma se trata de un modo de ser de la potencia, de su singularización.

Sólo podremos modificar la experiencia tanática que tenemos de la Inteligencia Artificial si irrumpimos con la pluralidad de mundos. La resistencia palestina no es simplemente una resistencia anti-colonial en el viejo sentido del término, sino una de las formas contemporáneas orientadas a desactivar la escatología asesina con la que el imperialismo intentó suturar la pluralidad de mundos.

Modificar nuestra relación a la Inteligencia Artificial -es decir, destruirla- significa irrigar de erotismo aquello que ha mutado en desierto, ofrecer mundos donde la imposición del globo terminó decididamente triunfante. Resistencia que habrá que plantear con la idea fundamental de que el “lenguaje no es humano” pero que necesariamente el constituirse humano del viviente pasa por él.

Insistir en la crítica “humanista” es fortalecer a la Inteligencia Artificial y su dispositivo de sutura. En cambio, la distancia entre cuerpo y lenguaje advertida por el averroísmo, en rigor, signa el realismo de una comedia que no solo es “(…) más antigua y profunda que la tragedia (…) sino también que es más próxima que esta a la filosofía (…)”. La “comedia” esa experiencia “alegre y juguetona”, minoritaria por definición, gracias a la cual reímos porque los monstruos que nos amenazaban se desactivan exponiéndose como simples disfraces con los que podemos tener otra experiencia.

En la comedia, toda escatología se ha derrumbado, porque en ella ya no existe ninguna distancia que suturar, no hay nada que se deba realizar pues la distancia se ha vuelto el refugio que ofrece habitabilidad. Es aquí donde la pluralidad de mundos puebla, la errancia no es más que justicia y la felicidad una nueva ética.

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