Tariq Anwar / Sobre El problema de la distracción

Filosofía

Publicado en 2012, The Problem of Distraction (El problema de la distracción) de Paul North permanece, no sabría decir por qué, sin traducción al castellano. El libro no es un diagnóstico cultural más sobre la pérdida de atención en la era digital ni un manual para recuperar la concentración; es una arqueología filosófica de aquello que la tradición occidental ha excluido para poder constituirse como pensamiento del pensamiento. North sostiene que, bajo la comprensión habitual de la distracción como mero déficit de atención, se oculta un fenómeno mucho más radical al que denomina «distracción primordial», una interrupción intermitente e inmotivada del acto mismo de pensar, cuyo carácter no puede ser reducido a la función de un opuesto dialéctico ni explicado causalmente.

La investigación se organiza en torno a un diagnóstico de la relación entre atención y distracción. North muestra que la atención se define por una voluntad de posesión y unidad que requiere, para su propia autocomprensión, de una referencia interna a la distracción, pero una referencia que jamás produce un referente estable. La distracción es así conceptualizada únicamente desde la perspectiva de la atención, como su negación o su grado cero, lo cual ata ambos términos en una tautología. Esta operación, según el autor, no es reciente sino constitutiva del proyecto filosófico desde sus inicios, y es precisamente lo que le permite al pensamiento postularse como actividad continua, dueña de sí y ligada al ser. Frente a esa economía, North propone escuchar las irrupciones de un no pensar que no se deja traducir a falta de atención, un no pensar que, en lugar de desviarse de un objeto, suspende la relación intencional misma y, con ella, la temporalidad homogénea y la síntesis del sujeto.

El libro traza una historia discontinua y no lineal de esta distracción primordial mediante un patrón de destierro y retorno. En el primer capítulo, dedicado a Aristóteles, North examina un pasaje crucial del tratado De anima en el que el filósofo exige investigar la causa del «no-pensar-siempre» para, acto seguido, abandonar la cuestión de forma abrupta. La razón de ese silencio reside en la amenaza que una interrupción sin causa representaría para el intelecto divino y para la arquitectura metafísica que hace del nous el principio eterno y autosuficiente. La distracción, entrevista aquí como un «motor inmóvil» del no ser, es desterrada de la filosofía primera antes de que pueda desestabilizarla.

El segundo capítulo se sitúa en la Francia del Grand Siècle y analiza la figura de Ménalque, el distraído que Jean de La Bruyère incorpora tardíamente a Los caracteres. A diferencia del divertissement pascaliano, que sigue siendo una actividad del espíritu atrapada en una dialéctica teológica de huida de la miseria, el distraído de La Bruyère no persigue un objeto sustitutivo ni busca evadirse de su condición. Ménalque no piensa en otra cosa; simplemente no piensa. North subraya que este personaje no constituye un tipo moral más, sino un «recueil de faits de distraction» que desarma la lógica ejemplarizante del moralista. El distraído corta transversalmente las jerarquías sociales y revela la contingencia del mundo cotidiano, pero lo hace sin intención subversiva y sin poder ser juzgado por ello. La risa que provoca es ambigua, ya que nunca sabemos con certeza si quien está distraído es él o el observador que cree verlo.

Los tres capítulos siguientes abordan el retorno de la distracción en la teoría del siglo XX, en los márgenes o en el centro de la fenomenología. En el capítulo dedicado a Kafka, North lee la Zerstreuung como una diáspora de los elementos constitutivos del yo que vuelve imposible la responsabilidad ética y la comunidad basada en la copresencia. El análisis del relato «La construcción» muestra que el pensamiento planificador y acumulador de la criatura topa con un silbido casi inaudible que no puede ser localizado ni combatido, un ruido que disemina el fundamento mismo de la edificación y conduce al protagonista a admitir, sin entenderlo del todo, que está «demasiado distraído». Para Kafka, la obra de arte verdadera no toca la conciencia ni el deseo de novedad; opera cuando agota la apercepción y obliga a empezar siempre de nuevo, como quien se pierde en una ciudad desconocida y debe preguntar el camino en cada esquina.

El capítulo sobre Heidegger es uno de los momentos de mayor densidad crítica del libro. North sostiene que Zerstreuung es en Ser y tiempo la condición existencial que permite la multiplicidad de modos de ser en el mundo, la dispersión constitutiva del Dasein. Sin embargo, Heidegger convierte esa dispersión en un todo hermenéuticamente recuperable y exige luego una «visión no dispersa» que asegure la unidad del fenómeno del cuidado. La distracción se vuelve así principio ontológico y, al mismo tiempo, obstáculo a superar mediante una «disipación de la disipación» que restaura la potencia del pensamiento. North reconoce en esa operación una recaída en la metafísica de la presencia y un intento de domesticar aquello que podría romper la unidad del proyecto filosófico. El último capítulo, consagrado a Walter Benjamin, contrapone a este gesto una disipación interna producida por los nuevos medios, que Benjamin imagina como la base de una politización no contemplativa.

The Problem of Distraction propone, en suma, que la distracción no es un accidente que le sobreviene a la conciencia desde fuera, sino su límite más íntimo, aquel que la tradición ha necesitado conjurar una y otra vez. Al leer a contrapelo los momentos en que el «no-pensar-siempre» aflora en la escena del pensamiento, North no añade un capítulo más a la historia de las ideas, sino que cuestiona la posibilidad misma de escribir esa historia bajo el supuesto de una continuidad del espíritu. Aunque North no menciona en ninguna parte a Averroes, claramente este podría ser entendido como un texto averroísta, que asume que el pensamiento no es un proceso continuo, sino que existe precisamente por su falta de constancia.

Referencia

North, Paul. The Problem of Distraction. Stanford, CA: Stanford University Press, 2012.

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