El problema de la inteligencia artificial, sobre el cual hoy se discute no siempre con natural inteligencia, ha tenido en la historia de la filosofía occidental — como ya hemos tenido ocasión de mostrar aquí — un precursor: el intelecto único y separado del averroísmo latino. La analogía es tan estricta — un intelecto único y separado que piensa al margen de los individuos singulares — que puede incluso coincidir en la sigla que la expresa: Inteligencia Artificial – Intelecto Agente (como los averroístas llamaban al intelecto separado). Para los filósofos medievales, en esto más cautos que nuestros contemporáneos, el problema crucial era el del modo en que el intelecto único y separado se une (copulatur) a los hombres singulares, para que el pensamiento sea adquirido (adeptus) por el individuo y se pueda decir hic homo intelligit, este hombre piensa. El medio que permite esta unión era, para Averroes, la imaginación, de la cual nuestros contemporáneos parecen en cambio absolutamente privados. En la inteligencia artificial, en efecto, hic homo non intellegit, el hombre singular renuncia a pensar y delega la más preciosa de sus facultades a una máquina, que debería pensar en su lugar y mejor que él. Para seguir las instrucciones de este ineluctable maestro, la imaginación no es de ninguna utilidad (aunque incluso para aplicar una norma alguna forma de imaginación podría ser necesaria). Quizá el verdadero problema de la inteligencia artificial es que ha sido hecha posible por una pérdida general de la facultad de la imaginación, casi como si su advenimiento hubiera sido precedido por la instauración de una omnipresente imaginación artificial. Una humanidad que había perdido la imaginación estaba lista para privarse también del pensamiento (que, por lo demás, como ya enseñaba Aristóteles, sin la imaginación no es simplemente posible).
Aristóteles
Giorgio Agamben / El primer amigo y el primer enemigo
FilosofíaComo me escribe un amigo científico al que le gusta reflexionar, el acontecimiento fundamental en la historia del ser vivo fue la aparición de un microorganismo capaz de sentir dolor. Esta tesis debe precisarse, por supuesto, anteponiendo —o añadiendo— a «dolor» «placer». Si relacionamos esta capacidad fundamental del ser vivo con lo que Aristóteles escribe sobre la percepción de la sensación de existir («sentir que vivimos es de por sí dulce, porque la vida es un bien y es dulce sentir que un bien semejante nos pertenece»), podemos decir entonces que la forma primordial de la capacidad de sentir placer o dolor se refiere al hecho mismo de existir, al sentirse vivir. A la sensación de la dulzura del vivir corresponde, en efecto, aquella, simétricamente opuesta, en la que por alguna razón —o incluso sin ninguna razón aparente— sentirse vivir resulta doloroso.
Tariq Anwar / Sobre El problema de la distracción
FilosofíaPublicado en 2012, The Problem of Distraction (El problema de la distracción) de Paul North permanece, no sabría decir por qué, sin traducción al castellano. El libro no es un diagnóstico cultural más sobre la pérdida de atención en la era digital ni un manual para recuperar la concentración; es una arqueología filosófica de aquello que la tradición occidental ha excluido para poder constituirse como pensamiento del pensamiento. North sostiene que, bajo la comprensión habitual de la distracción como mero déficit de atención, se oculta un fenómeno mucho más radical al que denomina «distracción primordial», una interrupción intermitente e inmotivada del acto mismo de pensar, cuyo carácter no puede ser reducido a la función de un opuesto dialéctico ni explicado causalmente.
Giorgio Agamben / La gramática de Occidente
Filosofía, PolíticaEn un ensayo de 1942, Louis Renou podía afirmar que «en la base del pensamiento indio hay razonamientos de orden gramatical». Las tres categorías en las que, según la filosofía india, se articula toda la realidad —sustancia, cualidad, acción— derivan indiscutiblemente del análisis gramatical del lenguaje: nombre, adjetivo, verbo. La gramática de la lengua sánscrita de Panini y el comentario de Patañjali preceden, de hecho, a la mayor parte de los textos filosóficos indios.
Cabe preguntarse en qué medida esto vale también para la filosofía griega que está en la base de nuestra cultura. A esta hipótesis parece oponerse la tradición que atribuía a Platón y Aristóteles el descubrimiento de las partes del discurso y, en consecuencia, la invención de la gramática. La oposición se atenúa y desaparece en cuanto se entiende que lo que de este modo se sugería era que, para poder ser filósofos, Platón y Aristóteles antes tuvieron que ser gramáticos.
Juan de Dios Bares / La armonía de las esferas
FilosofíaEl artículo aborda la doctrina pitagórica de la armonía de las esferas, intentando reconstruir sus contenidos en el pitagorismo temprano, así como el la representación del mundo que le acompañó. Son analizados también los textos más decisivos en esta materia: El mito de Er en la República de Platón y los pasajes correspondientes en el De Caelo de Aristóteles.
Diana María Acevedo Zapata / El hysteron/proteron del tiempo
FilosofíaEl pasaje de la Física (218b21-219a) ha llevado a postular un concepto de tiempo determinado por las condiciones perceptivas de la psyche. Se muestra cómo las condiciones de percepción son un punto de partida en la investigación: lo que es primero y más cercano a los sentidos y más conocido para los seres humanos. El punto de llegada es la conexión necesaria entre la existencia del tiempo y la del cambio. La percepción del cambio de los durmientes de Cerdeña permite determinar los elementos que componen la experiencia del tiempo y proceder a determinar aquellos que componen la existencia de este.
