Roque Farrán / Ejercicios materialistas: cuando la fricción conduce la transformación

Filosofía

Al principio fue el ejercicio, la repetición incansable hasta alcanzar el dominio justo de la técnica y la automatización del movimiento; luego, la combinación imprevista y resuelta de técnicas y movimientos, la improvisación o modulación singular realizadas como un juego; por último, la prueba ante lo real, el éxito o fracaso, poco importa el resultado en lo que se alcanza materialmente. Material no miente. Hablo de lo que sé, de lo que he incorporado con el tiempo como saber, hecho cuerpo en el ejercicio continuado y las más arduas pruebas; pero también las más felices: allí donde el tiempo se ha suspendido por un instante. Quizás una idea de la eternidad. Voy a contar un poco más.

Hace mucho tiempo inscribo mis intervenciones coyunturales y elaboraciones teórico-conceptuales bajo esta rúbrica: ejercicios materialistas (Farrán, 2018). Pero solo recientemente he podido entender mejor las razones de ello y dar cuenta de su historicidad, e incluso sistematicidad, al punto de proponer que entre la explicación o interpretación del mundo y su transformación efectiva están los ejercicios filosóficos de preparación; punto nodal del giro práctico que sostengo (Farrán, 2022). Esto en buena parte lo entendí gracias a Foucault, si bien la perspectiva filosófica que asumo no es exactamente la misma que la de él. Le llamo realismo implicativo al modo de asumir la herencia filosófica para pensar nuestro presente y actuar en consecuencia. Por supuesto, la filosofía como una serie de ejercicios espirituales es una práctica muy antigua, tal como lo mostró Hadot (2006), el asunto es cómo podemos reactivar o reactualizar los ejercicios en función de los saberes que nos han constituido desde la modernidad a esta parte: revoluciones políticas, descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas mediante. Por eso Foucault tampoco se queda en la historización o el comentario erudito de las prácticas de sí, sino que busca pensar el nudo entre saber, poder y subjetivación en lo que denomina una ontología crítica de nosotros mismos (Foucault, 1996). No obstante, como esto último también podría llevarnos a esquemas de historización demasiado amplios o generales, retomo la idea de ejercicio que se encuentra omnipresente en los últimos seminarios de Foucault y realizo otro anudamiento; esta vez entre ontología, crítica y ética.

Giorgio Agamben / El primer amigo y el primer enemigo

Filosofía

Como me escribe un amigo científico al que le gusta reflexionar, el acontecimiento fundamental en la historia del ser vivo fue la aparición de un microorganismo capaz de sentir dolor. Esta tesis debe precisarse, por supuesto, anteponiendo —o añadiendo— a «dolor» «placer». Si relacionamos esta capacidad fundamental del ser vivo con lo que Aristóteles escribe sobre la percepción de la sensación de existir («sentir que vivimos es de por sí dulce, porque la vida es un bien y es dulce sentir que un bien semejante nos pertenece»), podemos decir entonces que la forma primordial de la capacidad de sentir placer o dolor se refiere al hecho mismo de existir, al sentirse vivir. A la sensación de la dulzura del vivir corresponde, en efecto, aquella, simétricamente opuesta, en la que por alguna razón —o incluso sin ninguna razón aparente— sentirse vivir resulta doloroso.

Giorgio Agamben / La gramática de Occidente

Filosofía, Política

En un ensayo de 1942, Louis Renou podía afirmar que «en la base del pensamiento indio hay razonamientos de orden gramatical». Las tres categorías en las que, según la filosofía india, se articula toda la realidad —sustancia, cualidad, acción— derivan indiscutiblemente del análisis gramatical del lenguaje: nombre, adjetivo, verbo. La gramática de la lengua sánscrita de Panini y el comentario de Patañjali preceden, de hecho, a la mayor parte de los textos filosóficos indios.

Cabe preguntarse en qué medida esto vale también para la filosofía griega que está en la base de nuestra cultura. A esta hipótesis parece oponerse la tradición que atribuía a Platón y Aristóteles el descubrimiento de las partes del discurso y, en consecuencia, la invención de la gramática. La oposición se atenúa y desaparece en cuanto se entiende que lo que de este modo se sugería era que, para poder ser filósofos, Platón y Aristóteles antes tuvieron que ser gramáticos.

Simón Royo Hernández / Ontología anárquica y anarquismo político

Filosofía, Política

«Yo digo: todas las criaturas son un ser». Maestro Eckhart El fruto de la nada. Sermon 5: El anillo del ser

Por ontología se entiende la parte de la filosofía que estudia el ser en cuanto ser, lo que las cosas son en general. Si ese estudio se realiza de forma jerárquica, situando de manera vertical unos seres por encima de otros, hasta llegar al ser supremo o identificar el ser que sería fundamento de los demás seres, estaremos ante una ontología del arché, de los principios y los fines, de lo que gobierna sobre lo que es gobernado. Mientras que, si se realiza ese estudio de forma no jerárquica, situando de manera horizontal, en el mismo plano, a todos los seres, llegando a vislumbrar los modos de relación de unos seres con otros, estaremos en una ontología an-arché o anárquica, sin principios, fines ni jerarquías, mostrando las reglas de cooperación y equilibrio entre los seres, su ayuda mutua.

Aldo Ocampo González / Desfigurar la inclusión, fracturar lo sensible

Filosofía, Política

La cultura visual que crea el género académico y el movimiento sociopolítico indexado como educación inclusiva, articula formas para visualizar aquello que no ha sido nombrado, visibilizado y representado. Por tanto, su cultura visual parte del reconocimiento que, sí, es posible representar lo irrepresentable. Este acto, de naturaleza profundamente sociopolítica reconoce en el registro de lo irrepresentable la tarea de des-objetualizar la existencia del Otro, subyugada a una pragmática epistemológica de la abyección (Ocampo, 2020). Esta es la fuerza operante de las ontologías ortopédicas, normativas o, también, llamadas, discrecionales. En ellas, cada sujeto es convertido en un objeto de conocimiento, cuya experiencia es representada a través de criterios que reducen la experiencia humana a mecanismos que la objetivizan y la explican a través de criterios diagnósticos que maximizan la interpretación de sus patologías y disfunciones que, en el terreno pedagógico, se expresa a través de la ideología de la anormalidad, la defectología, etc. No olvidemos que, la matriz de esencialismos-individualismos habita en el corazón de la ontología discreta. En esta oportunidad, me he propuesto explorar algunos argumentos claves para explicar cómo y porqué desfigurar la inclusión –específicamente, sus tecnologías de regulación ontológicas–, pues, reconozco en dicha empresa, la posibilidad de fracturar efectivamente el repertorio de elementos que definen lo sensible.

Giorgio Agamben / El barro y las estrellas

Filosofía

Todo el mundo recuerda la anécdota, relatada por Sócrates en el Teeteto, de la sirvienta tracia, «ingeniosa y graciosa», que se ríe al observar a Tales que, manteniendo la mirada fija en el cielo y las estrellas, no ve lo que hay bajo sus pies y cae en un pozo. En una nota en el Quaderno genovese, Montale reivindica en cierto modo el gesto del filósofo, escribiendo: «Aquel que arrastra los pies en el barro y los ojos en las estrellas; ése es el único héroe, ése es el sol viviente«. Que el poeta de 21 años resuma y anticipe en esta nota lo esencial de su futura poética no ha pasado desapercibido a los críticos; pero igualmente importante es que esta poética, como toda verdadera poética, implica, por así decirlo, una teología, aunque negativa, que un estudioso cuidadoso ha resumido drásticamente en la fórmula «teología de la miga» («Sólo lo divino es total en el sorbo y la miga» – se lee en Rebecca «Sólo la muerte la vence si pide la porción entera»).