Mauricio Acevedo / Giordano Bruno. Vicissitudine o de la manifestación universal de la naturaleza. (A propósito de imaginar una nueva Constitución)

Filosofía, Política

La inminente realidad de un cambio de Constitución en Chile ha permitido imaginar irrevocablemente la posibilidad de una sociedad distinta. En cambio, la reticencia al cambio suscita la reflexión de una imagen de mundo que valida a un Chile similar al régimen policial portaliano del siglo XIX, esto es, la legitimación de un paradigma que invisibiliza y excluye esa posibilidad de una abertura infinita a la alteridad.

En este contexto, el pensamiento de Giordano Bruno deviene más contemporáneo y visible que nunca. La razón radica en que la infinita potencia de transformación y de la alternancia entre contrarios se expresan como un efecto natural de la rueda rítmica del tiempo. Este dinamismo fenoménico es inmanente a la naturaleza y Bruno lo define desde el concepto de vicissitudine.   Esta noción en De gli Eroici  Furori (1585) lo define como una «revolución y círculo[1]» que oscila entre la unidad inamovible de la sustancia y diversidad infinita de transformación.

Mauricio Acevedo / Giordano Bruno. Universo infinito: Perfecta y unigénita imagen de la divinidad

Filosofía

Uno de los rasgos más notables de la nova filosofía del Nolano, está relacionada con la primera obra pintada del intelecto primero1. Se trata de la figuración de un insigne y único retrato, el universo infinito.

A juicio del erudito, Salvatote Carannante, «La particular fisonomía que la dependencia de Dios asume en la Nova filosofía, puede ser profundamente reconstruida, aprovechando la decisión de Bruno para describir el cosmos infinito como el «gran simulacro» y la «gran imagen» de la divinidad2». De este modo la imagen de un universo es inseparable de la imagen pura de un infigurable, Dios. No obstante, la divinidad puede ser comprendida en la multiplicidad, su más fiel vestigio. Vinculando así unidad y multiplicidad como dos categorías importantes en el proyecto bruniano.

Mauricio Acevedo / Esfera infinita

Filosofía
« [La esfera infinita] es grandeza máxima, mínima, infinita, indivisible y que comprende toda medida1»

Esfera infinita es una categoría teológica-teúrgica porque desde ella se habla acerca de lo divino y porque desde ella se comprende una plena incidencia de lo divino en lo lisa y llanamente fenoménico2. En la teología filosófica de Giordano Bruno, esfera infinita, es una categoría constitutiva de la teología trinitaria Padre, Hijo, Espíritu Santo, pero ahora transferido al naturalismo y, por cierto, anticristiano3. En efecto, desde el naturalismo bruniano, la noción esfera infinita será un modo sutil de representarnos un infigurable Dios Nolano, en La lampada delle trenta statues, se refiere al Padre del siguiente modo.

“No existe estatua del padre: su imagen arquetípica es, sin embargo, la luz infinita, en la que concurren las tres cualidades, de modo que el sol, los rayos y el calor están en todas partes y desde todas partes se difunde sin ninguna distinción entre ellos, sino en la unidad e identidad de estos tres: luz, rayo y calor; como en el mismo sustrato, en la misma cantidad y en la misma forma coexistieron fuente [Anfitrite4], río, mar, porque él es la fuente en la que fluye el río, el río que es esa misma fuente, y es río y fuente que son el mismo mar y lago; así que donde quieras que mires y cualquier cosa veas, aparece y es un río, para ser también fuente y mar; lo que parece ser mar eso mismo es fuente y río, y lo que parece fuente es el mismo mar y río5”.

Mauricio Acevedo / Volver al templo de Mnemosine. Giordano Bruno y el arte de la memoria

Filosofía
Exordio a la obra de Marco Matteoli, “Nel tempio di Mnemosine, L’arte della memoria di Giordano Bruno”. (Primera parte).

El erudito italiano, Marco Matteoli, ha vuelto a colocar en boga una veta –casi desconocida– en el variopinto pensamiento de Giordano Bruno. Se trata de la relación del Nolano con el arte de la memoria. Cuestión que, no obstante, fue considerado en algún momento por el tamiz hermenéutico del instituto de Warburg, por italianos como Paolo Rossi y por el filósofo español Ignacio Gómez de Liaño.