Mauricio Amar / Encontrar

Filosofía

Como se sabe, la lengua árabe no utiliza la cópula «ser» tan presente en las lenguas indoeuropeas (que no significa que no exista el concepto ser). Si quiero decir «yo soy filósofo» digo «anā [yo] failasūf [filósofo]». Esto significó un dolor de cabeza para más de un traductor cuando se trataba de traspasar el Ser aristotélico a la lengua árabe. La palabra preferida por los filósofos para el Ser, al menos desde Ibn Sina, fue al-wujūd [الوجود], cuya raíz ([و-ج-د] w-j-d) indica principalmente «encontrar», «hallar». Como salta a la vista, en la traducción el sentido de un concepto parece florecer, como si cada palabra estuviese habitada por puntos de fuga. Si hay razón en la idea de Werner Hamacher de que «una lengua es lengua solo en la medida en que ella es lengua para otra lengua –no en lugar de otra lengua, sino con miras a esta», debemos pensar en una nueva posibilidad para el ser que quizá está indicada en el encontrar. Porque encontrar es en realidad siempre una tarea fracasada, alegremente fracasada; en el momento mismo en que algo se afirma como verdad ha devenido otra cosa, se ha lanzado fuera de sí desde puntos imprevisibles. Encontrar implica haber buscado, haber corrido un velo, pero lo velado no es una simple relación entre lo que existe y lo que no existe, sino la condición misma de lo existente. El Ser, en este sentido, nunca es una esencia ni una sustancia, sino lo que exige la búsqueda, una necesidad que ha caída en el olvido, pero que no por ello deja de reclamar.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: clase de silencio

Filosofía

No se trataba de forzar una experiencia de contemplación, sino simplemente de dejar-pasar: dejar pasar al mundo. Nada tenía que ver con adoptar una posición de cercanía o lejanía con respecto a la existencia. Nada de eso. Más bien, apelaba a estar-con-el-mundo sin añorar ser-en-el-mundo. Se trataba de dejar pasar. Porque mientras se dejaba pasar al mundo era derogada nuestra propiedad sobre el propio yo. Imaginar, afectarse, enternecerse, filosofar. Todo desde la unísona sabiduría del silencio.

Giorgio Agamben / La verdad y la opinión

Filosofía

El antiguo problema de la relación entre verdad y opinión, ya enunciado en los orígenes de la filosofía occidental en el poema de Parménides, adquiere hoy una nueva actualidad. Es, en efecto, evidente que la clara distinción entre las dos formas de conocimiento, para los antiguos obvia, está hoy completamente anulada. Solo hay opiniones que pretenden ser verdades. Resulta por tanto más urgente recordar que la verdad y las opiniones se sitúan en dos planos distintos. La verdad —que los griegos llamaban aletheia, que significa no-ocultamiento, apertura— concierne al ser, es decir, a la experiencia de que algo sea, de que haya algo en lugar de la nada. La opinión (que los griegos llamaban —y aún hoy llamamos— doxa) concierne a los entes, al conocimiento de que las cosas estén de una cierta manera en lugar de otra. La primera, dice Parménides, es inmóvil (atremes, que no tiembla, in-trepida), circular y fuera del tiempo; la segunda puede ser correcta o errónea y es, por tanto, mudable e incierta.

Giorgio Agamben / Sobre la identidad

Filosofía

Kojève expresó una vez en forma de advertencia una crítica de la identidad sobre la cual es necesario reflexionar: «Sé aquello que nunca podrás llegar a ser». El error de quienes buscan una identidad es querer convertirse en lo que ya son. Lo que simplemente somos no es una identidad, es una experiencia originaria siempre en curso, que continuamente se nos escapa entre las manos y por eso nunca podemos llegar a ser. Y sin embargo, la sociedad en la que vivimos no hace más que atribuirnos una identidad que, con mayor o menor convicción, terminamos asumiendo. Esta identidad –en el fondo lo sabemos perfectamente– es necesariamente postiza y quien quiere verdaderamente convertirse en lo que es corre el riesgo –como le ocurrió a Nietzsche y como, aunque en medida menos evidente, le sucede a casi todos– de caer en la locura. Sabio, es decir sin identidad, es quien es siempre sin nunca llegar a ser: pero esto es precisamente lo que hoy las sociedades llamadas civiles consideran como extraño y rechazan hacia los márgenes, cuando no buscan pura y simplemente eliminarlo.

Simón Royo Hernández / Ontología anárquica y anarquismo político

Filosofía, Política

«Yo digo: todas las criaturas son un ser». Maestro Eckhart El fruto de la nada. Sermon 5: El anillo del ser

Por ontología se entiende la parte de la filosofía que estudia el ser en cuanto ser, lo que las cosas son en general. Si ese estudio se realiza de forma jerárquica, situando de manera vertical unos seres por encima de otros, hasta llegar al ser supremo o identificar el ser que sería fundamento de los demás seres, estaremos ante una ontología del arché, de los principios y los fines, de lo que gobierna sobre lo que es gobernado. Mientras que, si se realiza ese estudio de forma no jerárquica, situando de manera horizontal, en el mismo plano, a todos los seres, llegando a vislumbrar los modos de relación de unos seres con otros, estaremos en una ontología an-arché o anárquica, sin principios, fines ni jerarquías, mostrando las reglas de cooperación y equilibrio entre los seres, su ayuda mutua.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Hallazgo

Estética, Filosofía

¡La hemos vuelto a hallar! – ¿Qué?- – La Eternidad.Es la mar mezcladacon el sol. Arthur Rimbaud

A veces, sin necesidad de buscar, encontramos. Y no sólo encontramos cosas que yacían, más que perdidas, abandonadas. Antes bien, encontramos el acontecer de un hallazgo: un encuentro con la esencia que expele el ser.