Mauricio Rojas / El leve deslizamiento de palabras, la transparencia del desastre

Filosofía, Literatura

Así esta tarde que consideras similar a una tarde del fin del mundo más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida en la memoria: el espejo de la Naturaleza. Bolaño, Lluvia.

El relato de Bolaño Últimos atardeceres en la tierra, de su libro Putas asesinas de 2001, presenta en su forma narrativa el dispositivo perceptivo elaborado entre el lenguaje, la relación y el conocimiento. El relato indaga en su viaje, sobre las condiciones del conocimiento desde la poesía, la narrativa y la afección existencial; la percepción y su vaciamiento de sentido. Ahí emerge su estructura, lo no sensible de lo sensible. En el texto vemos como la construcción de una escritura conlleva la puesta en evidencia de las condiciones de la relación que es el elemento constitutivo de la cognición. En esa instancia la inminencia, el viaje, las imágenes, los signos que sostienen el relato se vinculan generando una plasticidad estructural en cuyo centro, un ánimo meláncolico, registra la mirada que se sostiene en el lenguaje narrativo, en el que emerge la relación como mediación que constituye el tiempo del conocer que afecta a la consciencia. De este modo, el análisis es un seguimiento delimitado por la puesta en evidencia de esta relación entre escritura y conocimiento, de los aspectos que la entrelazan. La escritura demarca esos pasos. De ahí que, nociones pensadas en el imaginario literario de Bolaño surgen como desplazamiento de una perspectiva que se intensifica como distancia crítica de la sensibilidad que, acompaña el conocer y lo expone a sus bordes con imágenes que anuncian el desastre o nos previenen de lo que no se puede contar. El desastre es entendido como aquello que no entra en el relato de la consciencia narrativa, pero configura sus bordes como el pliegue de la relación consigo misma. Esto se da en la figura de B, el signo que recorre y es recorrido por un movimiento en estado de extrañamiento.

Mauro Salazar J. / Fondecyt bajo el Gobierno Emergencia. Métrica, servicios y tecnocracia

Política

Cuando el Presidente José Antonio Kast dijo que las investigaciones financiadas con fondos públicos terminaban en «libros preciosos, empastados, en la biblioteca», no cometió un desliz sino que realizó una declaración espartana contra el campo crítico. La frase no fue un infortunio medial sino su programa político explícito. Reveló, desde una tosquedad deliberada, el desprecio profundo por el conocimiento desinteresado, por la investigación que se niega a ser productiva en términos de ganancia, por todo aquello que no se pueda convertir inmediatamente en números, en empleos, en plusvalía extractible. Pero lo que José Antonio Kast dijo sin saberlo es esto: existe algo que el poder político no puede comprar, que no puede reducir a mercancía, que no puede traducir en la gramática del capitalismo cognitivo. Y eso lo asusta. Porque un libro precioso, empastado, en una biblioteca pública, es un síntoma de lo inapropiable. El líder de Republicano entiende perfectamente eso. Por eso lo ataca. Porque sabe que esos libros contienen preguntas que amenazan el orden existente, que contienen herramientas de pensamiento que pueden ser usadas para imaginar lo diferente. Porque comprende que la investigación humanista, la ciencia básica, la teoría crítica, son precisamente los lugares donde germina la posibilidad de cuestionar.

Giorgio Agamben / La verdad y la opinión

Filosofía

El antiguo problema de la relación entre verdad y opinión, ya enunciado en los orígenes de la filosofía occidental en el poema de Parménides, adquiere hoy una nueva actualidad. Es, en efecto, evidente que la clara distinción entre las dos formas de conocimiento, para los antiguos obvia, está hoy completamente anulada. Solo hay opiniones que pretenden ser verdades. Resulta por tanto más urgente recordar que la verdad y las opiniones se sitúan en dos planos distintos. La verdad —que los griegos llamaban aletheia, que significa no-ocultamiento, apertura— concierne al ser, es decir, a la experiencia de que algo sea, de que haya algo en lugar de la nada. La opinión (que los griegos llamaban —y aún hoy llamamos— doxa) concierne a los entes, al conocimiento de que las cosas estén de una cierta manera en lugar de otra. La primera, dice Parménides, es inmóvil (atremes, que no tiembla, in-trepida), circular y fuera del tiempo; la segunda puede ser correcta o errónea y es, por tanto, mudable e incierta.