Mauro Salazar J. / Quiróz. Vamos a seguir gobernando igual

Política

Vamos a seguir gobernando igual, porque también existe la gestión y también están los decretos». La frase pronunciada hace horas por el titular de Hacienda en el seminario de Clapes UC merece detenerse: no por su contenido programático, apenas la defensa rutinaria de una megarreforma en aprietos, sino por el desnudo formal con que la lengua del poder se deja ver allí, sin retórica, sin pliegue, sin esa cortesía parlamentaria que en otros tiempos cubría la operación con el barniz de la deliberación. Hay en esa frase un gesto que, leído bajo cierta clave, la que cierta tradición centroeuropea dejó como herencia para entender los engranajes íntimos del mando, resulta intolerablemente legible.

Habría que comenzar por el verbo. Seguir. Continuar. La declaración no anuncia un proyecto sino una inercia, y en esa inercia se condensa la operación más antigua del poder: aquella que se sostiene no en la legitimidad del acto sino en la mera capacidad de durar. El que sigue gobernando igual, independientemente del Congreso, independientemente del dispositivo deliberativo que la modernidad llamó parlamento, ejecuta el viejo gesto del superviviente, esa figura que constituye, según ciertas páginas inolvidables sobre los engranajes del poder, el corazón mismo de la lógica soberana. Sobrevivir al rechazo legislativo, sobrevivir a la inflación, sobrevivir al malestar, sobrevivir al desempleo. La política se vuelve técnica de permanencia, y no necesita aprobar nada: solo necesita estar.

Mauro Salazar J. / Tomistas sin Santo Tomás. ¿Post-pinochetismo o corporativismo posrefundacional?

Filosofía, Política

Ministros que profesan: fe sin mundo, fe sin afuera Doctrina austríaca, pero callada, callada como callan los que mandan sin saber qué mandan. Capturan. articulan. redistribuyen —regresivamente, claro— (la palabra cae como cae el ingreso: hacia abajo) Modernizan: pero sólo lo punitivo lo demás: que se administre solo, que se reduzca, que se calle. Operan: sin frontera, sin contraparte, sin antagonista es decir: solos. Solos en el poder que es la peor de las soledades. (Epígrafe en prosa de Patricio Marchant)

Conviene preguntarse en qué sentido se importa cuando un gobierno repite los gestos de un régimen anterior, la Dictadura, sin disponer ya de las condiciones materiales y simbólicas que hicieron posibles esos gestos. Eso es, exactamente, lo que ocurre con el gobierno de José Antonio Kast: una operación de importación, en el sentido aduanero del término. Una retórica refundacional puesta en escena sin la maquinaria doctrinaria que en su momento la sostuvo. Lo que se importa del tramo refundacional alto del pinochetismo, el bienio 1979 a 1982, son dos elementos disociados de su contexto de enunciación: el formato del gabinete de privados confesionales y la cita del lenguaje refundacional. Pero esa importación se hace sin pasar por el filtro tomista guzmaniano que daba cuerpo conceptual al dispositivo. ¿«Empresariado tomista sin Santo Tomás»? O bien, tecnocracia a secas. La fórmula, escrita así, en su escándalo, dice toda la verdad de la operación: enuncia la falta del nombre que daba consistencia teológica al engranaje.

Rudy Iván Pradenas / El retorno de lo arcaico y el desquicio del poder: auctoritas, krátos, imperium

Filosofía, Política

Estesícoro, en efecto, como quiera que los de Hímera habían elegido a Fálaris general con plenos poderes (autokratora) e iban a concederle una escolta personal, después de haberle hecho otras consideraciones, les contó esta fábula. Tenía un caballo un prado para sí solo, pero llegó un ciervo y le estropeó el pasto. Queriendo entonces vengarse del ciervo, le preguntó a un hombre si podía ayudarle a tomar venganza del ciervo. El hombre asintió a condición de ponerle un bocado y montarse sobre él llevando unas jabalinas. (El caballo) estuvo de acuerdo y, una vez que lo hubo montado el hombre, en lugar de vengarse, se convirtió en esclavo del hombre. “Mirad así también vosotros –dijo–, no sea que queriendo vengaros de vuestros enemigos, vayáis a padecer lo que el caballo; porque ya tenéis el bocado al haber elegido a un general con plenos poderes, pero si además le dais una guardia y dejáis que se os monte encima, seréis entonces esclavos de Fálaris. (Aristóteles, Retórica 1393b11-24).

I

(Auctoritas)

En Chile, ya tenemos el bocado puesto. Las riendas las manejará José Antonio Kast a partir del próximo 11 de marzo. Su candidatura se definió por dos rasgos –o, más bien, por dos carencias– que sus opositores señalaron de manera insistente: promesas que no podrá cumplir y la negativa sistemática a responder por ellas ante la opinión pública.Pero estas cuestiones no son las que realmente nos importan aquí. No interesa lo que Kast no hizo ni lo que no será capaz de hacer, sino aquello que sí hizo para llegar al poder y qué hará finalmente con él: es decir,cómo logró ponernos el bocado y de qué modo manejará las riendas.

Kast fue interpelado insistentemente por el gobierno progresista-centrista y por su candidata, con el fin de que diera cuenta de las inconsistencias de su programa de gobierno y aceptara hablar en la lengua consensual que creían dominar: la de una política secularizada y pacificada, hecha de promesas razonables y de mala conciencia liberal. Kast, recordando el modo en que perdió su candidatura anterior al quedar atrapado en ese juego discursivo de moralinas de batallas culturales, no respondió. Hizo algo distinto. Ejecutó un giro que llamaremos retorno de lo arcaico.

Mauro Salazar J. / El abrazo de Managua. Kast sumido en la geopolítica trumpista

Filosofía, Política

«Allí está Alejandro, y Dionisio fiero, que hizo a Sicilia padecer años dolorosos. […] Toda la primera fosa, entre el arco y la roca, está llena de tiranos que se dieron a la sangre y al despojo.» (Inferno, Canto XII, 107-108, 103-105)

I.

Trump ha designado a los cárteles latinoamericanos como organizaciones terroristas extranjeras, y en ese gesto nominativo que pretende nombrar lo otro absoluto, se despliega una economía política cuyas consecuencias exceden con mucho el marco declarado del combate al narcotráfico. Lo que se presenta como guerra contra las drogas (sin negar su gravedad) es, en rigor, un dispositivo de reordenamiento hemisférico que encuentra en Chile, y específicamente en la figura de José Antonio Kast, su nodo de articulación más paradójico: el aliado que replica la retórica del amo sin convertirse jamás en su objeto, el subalterno que mimetiza el discurso securitario imperial para blindarse frente a él. Aquí yace el desfonde.

La democracia opera fundamentalmente como sistema inmunitario: régimen que protege a unos mediante la exposición galopante de otros. La inmunización de los cuerpos privilegiados exige, correlativamente, la producción incesante de una población expuesta, de una plebe cuya vida puede ser administrada, deportada, encarcelada o eliminada sin que tal operación constituya escándalo alguno para el orden vigente. La política trumpiana radicaliza esta lógica hasta su expresión más extrema: al declarar terroristas a los cárteles, habilita una zona de indistinción donde cualquier persona latinoamericana vinculada —aunque sea tangencialmente— a las redes del narcotráfico puede ser objeto de eliminación extrajudicial.

Mauro Salazar J. / Tironi ante el espejo de la Restauración. Artes de la huella

Filosofía, Política

«Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara». El hacedor (1960), epílogo.

Higienes de la memoria

En las últimas horas Eugenio Tironi ha reparado en las palabras de José Antonio Kast porque habría apelado luego de su triunfo electoral, «a la disciplina, al orden, a la jerarquía, a la limpieza, a la exigencia de los padres hacia los hijos, hacia la salud y el cuidado personal, la educación física. O sea, ciertas virtudes personales que serían la base de una sociedad sana, basada, por cierto, en la familia y obviamente bajo la égida, la protección, de Dios, que fue invocado varias veces en su discurso». Tironi: Kast se presenta como una restauración del Chile aristocrático del siglo XIX (Cooperativa.cl).

Tironi destila una gestionada perplejidad frente a una restauración integrista de largo aliento, invoca la motosierra de Milei y el ama conservadora-guzmaniana. No se trata de volver tediosamente (o, de cualquier manera) a impugnar sus enunciados, ni gatillar a la bandada contra su lograda expansión en materia de asesorías, sino observar los efectos políticos de enunciación (gestos, rictus, señales). Hay densificación en el personaje y su trayectoria, no aludimos a un converso más. Con todo ha borrado, o cree haber borrado, las huellas de su propia conversión (ex militante devenido empresario), sino cómo hoy analiza el triunfo de la derecha con la distancia serena, aséptica, del «sociólogo neutral». Lo que habría que interrogar es precisamente su neutralidad argumental: ¿desde qué lugar habla quien ha atravesado el espectro político entero —de la militancia al establishment— y ahora se instala en una exterioridad ficticia, como si su propia trayectoria no estuviera cifrada en aquello mismo que describe?